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Los imprescindibles (segunda parte) bàbá Carlos Jacod


Cuando se transita por el camino religioso con el mandato de Òrun de formar, conducir y liderar, uno se da cuenta de la existencia de la soledad. Del mismo modo que la Tierra pare en lo oscuro y solitario la virtualidad de una semilla, un sacerdote o sacerdotisa enfrenta en esos momentos críticos la sensación de responsabilidad ante su cargo. Bah, no siempre, claro. Como en la vida secular, hay quien pare por deporte o por irresponsabilidad; pero me refiero a ese sacerdocio consciente que hace la labor para la que ha venido con verdadera competencia. Cuando hablo de soledad, también aludo a esa sensación de desasosiego que nos invade en la práctica, cuando hay que resolver mil cosas a la vez y no únicamente detalles precisos del ritual; esa toma de decisiones que indefectiblemente proyectan en el tiempo -el futuro incierto de las veleidades humanas que desoyen lo previsto por las divinidades- y que a menudo nos perturban: poseemos una cantidad de información transmitida desde Òrun con un objetivo preciso y lógicamente necesitamos ampararnos, sostenernos y cambiar ideas con quienes sienten y hacen como nosotros.
No es fácil. Encontrar el o la confidente correcto, la reserva lógica, la fidelidad absoluta, la disposición exacta e inclaudicante es todo un hallazgo que debemos agradecer. Yo tengo la suerte, el privilegio de contar con una otra mitad religiosa en la persona de ìyá Omolújemola que me complementa en presencia y sustituye perfectamente en ausencia; ìyá Peggie a bàbá Carlos Jacod que es la suya en su caso. Esos seres únicos que son a la vez hermanos, hijos, padres y amigos en dosis terapéuticas y están siempre al pie del cañón en las batallas y sentados a la mesa en la época de paz.
Conocí a bàbá Carlos a través de Internet. Poco, porque como hijo de Osànlá que es, es calentón y se supera ante la pavada o el agravio. Luego personalmente y me cayó bien. Hoy puedo decir que no sólo me cae bien, sino que me despierta un gran afecto y respeto al observar de cerca su actuación de factotum al lado de ìyá. Uno observa divertido las miradas distraídas entre ellos como seguramente en mi casa se puede percibir también cuando son innecesarias las palabras... Es que en esta religión que prioriza la oralidad, muchas veces es necesario un código diferente y se acude a la mirada, pero ésta no puede ni debe ser evidente o perentoria, sino que tiene que tener el ingrediente de lo profundamente espiritual que permite a dos seres comunicarse en una suerte de telepatía.
No es tan fácil: se llega al cabo de tiempo, experiencias compartidas, buenas y malas, familiaridad, convicciones semejantes y amor. Mucho amor. Ese amor que carece de tintes terrenales y abarca todo un espectro de sensaciones de pertenencia y honorabilidad.
Por ese sólo motivo bàbá Carlos -me permito llamarle Carlitos, con afecto y sin mengua de respeto- es admirable. Siempre está atento, consciente, lúcido, silencioso a veces y eficaz siempre. Sin duda, da o devuelve aquello que recibe. Pero se ha ganado también ese espacio intransferible que hace que uno no conciba esa casa tan querida sin su presencia sólida y constante, sin su buen humor y sin el peso justificado de su ironía. Es uno de aquellos seres humanos a los que categorizo de imprescindibles.Bàbá Carlos, recibe mis humildes respetos desde el fundamento a la amistad que estamos tejiendo, y gracias por la reciprocidad que me extiendes.

Òrìsà



Òrìsà (se pronuncia orisha) es energía de la naturaleza que se vuelve extensión de Olódùmàre (Dios) en la tierra, Él se extiende a través de Òrìsà.



Los Òrìsà son divinidades (divisiones de Dios) que pertenecen a la naturaleza; al ser extensiones de Dios, son perfectas. Cada ser humano contiene la energía de Òrìsà dentro de si, lo que hace que cada ser humano sea "hijo" de determinado Òrìsà. Al hacer ceremonias consagratorias hacia el Òrìsà Tutelar uno se convierte en Awò Òrìsà (Seguidor de Òrìsà) su sacerdote o sacerdotisa.



Cuando una persona se consagra a la divinidad Òrunmìlá (el Testigo de la Creación), se le llama Omo Awò (Estudiante), porque se dedica al estudio del Sistema Filosófico-Adivinatorio Ifá (el Oráculo) Y cuando tenga el conocimiento suficiente será llamado Bàbálawò (en el caso de los hombres), o Ìyànifá la mujer a Òrunmìlá consagrada. La diferencia entre el Culto a Òrìsà y el Culto a Ifá es simplemente la forma de adoración y el enfoque que se da, porque a los Òrìsà se les adora como energías de la naturaleza y a Òrunmìlá como Testigo de la Creación. El enfoque común, que es dado por ambos cultos, es el de la necesaria alineación del ser humano con las energías de la naturaleza (los Òrìsà) y con su destino predeterminado, o la misión específica de cada quien.

Alrededor de las corrientes teológicas de las creencias africanas en América -en este caso enfocado al aspecto yorùbá- se ha escuchado mucho la idea de que Òrìsà es castigador con sus hijos y con aquellos que le insulten; sin embargo, antes de llegar a esta conclusión producto de un sincretismo cultural, analicemos algunos puntos:

* La práctica de la religión Òrìsà es una cultura de amor y tolerancia a todos los seres vivientes.

* Las escrituras de Ifá enseñan que la agresión y la venganza no son las mejores soluciones, porque todo lo que se da se recibe.

* Los Òrìsà no son entes, que reciben órdenes de parte de cualquier humano y mucho menos perderían tiempo en pensar cómo castigar a los Omo Òrìsà o a los Àlèjò.

* Òrìsà no es una divinidad que comulgue con la idea de la violencia y la agresión.
* Òrìsà no es una divinidad que coincida con la naturaleza del "ojo por ojo y diente por diente". Esta creencia es producto de la influencia católica sobre los esclavos africanos.

En base a estos puntos agrego que los Yorùbá dicen: "Cuando agravian a Òrúnmìlà, Él se sienta a observar". Esta frase es lo más opuesto al mito de que los Òrìsà castigan, que como hemos anticipado, tan sólo es producto de la transculturación y sobre todo del fanatismo, influenciado por la doctrina clerical romana transfusionada durante la colonia.

Encontramos entonces que las divinidades no son sólo parte de un culto religioso, sino que son elementos fundamentales de nuestra vida diaria -aun si no tenemos la mas mínima idea de lo que representan los Òrìsà, ya que podemos estar en contacto con ellos desde aun antes de nacer a través de la energía del planeta que habitamos y Ellos ayudaron a organizar. En efecto, en la cosmogonía yorùbá encontramos que cada divinidad tiene algo que ver con los elementos de la naturaleza como custodio o controlador. Al igual que cualquier otra religión, en la de Òrìsà y en la de Ifá existe la creencia en un Dios omnipotente que es llamado Olódùmáré, nombre que significa El Dueño de Todo Aquello que Existe. Los yorùbá tienen la creencia firme que las divinidades no son únicamente para un culto donde el sacrificio, el canto y el rezo sean los elementos que conforman la práctica. Más allá de esto, las divinidades están tan cerca de nosotros, que al estar tan acostumbrados a su contacto directo no percibimos sus energías elementales. Òrìsà, como señalamos, es parte fundamental de la naturaleza. Elemento y divinidad, parte de la esencia humana que interfiere de un modo u otro en la personalidad que se vuelve arquetípica cuando la energía de Òrìsà se integra a los humanos. Cuando una persona contiene ritualmente la energía de un Òrìsà determinado, se dice que es Omo Òrìsà (Hijo de Òrìsà) Es fácil encontrar cualquier arquetipo de Òrìsà en una persona, porque siempre se encontrarán rasgos o elementos que pueden mostrar que una persona es hijo de determinado Òrìsà, sin embargo sólo se puede determinar con certeza a través del Oráculo, un sistema binario que guarda un complejo conjunto teológico-filosófico que aporta su mensaje a quienes buscan ese refugio o ese consejo.



Ifà es un depósito empírico y filosófico que determina situaciones, problemas y soluciones de la manera más clara; un complejo de varios elementos rituales que componen no solo a un Oráculo, sino un modo de ser que busca el mejoramiento de la existencia a través del amor, el estudio, la sabiduría, el conocimiento y sobre todo la honorabilidad por parte no sólo de los sacerdotes sino también de los simples creyentes.


En la búsqueda del buen carácter, la comunión con la naturaleza y la conexión con las divinidades Òrìsà, los iniciados mantienen un estilo de vida que está fundamentado sobre la paciencia, el respeto absoluto a los tiempos y formas que marca el ritual, ya que la cultura yorùbá remarca una frase que es recomendada a todos los iniciados...


"Sùúrú bàbá n'Ìwà" (La paciencia es el padre del carácter)



Significa que quien logre tener paciencia obtendrá a cambio lo más elemental en la vida para sobrevivir y cohabitar con armonía: el buen carácter, que los yorùbá llaman Ìwà pèlé. El entendimiento de este concepto es altamente indicado para la comunidad nigeriana, porque ésta solicita que en las aldeas los habitantes mantengan su buen carácter, ya que este es el modo en que todos podrán estar en armonía, todos en una misma frecuencia. Esta es parte de la enseñanza de los Òrìsà que se mantiene vigente en las aldeas nigerianas y sobre todo en los Ègbé Òrìsà (Centros de culto a Òrìsà) de América y Europa.



En la práctica, como ya se mencionó anteriormente, los Òrìsà tienen personalidades arquetípicas que influencian en los hombres. La continua movilidad de Èsù, el apasionamiento de Sòngó, la fortaleza de Ògún, son generadores de confusión acerca de quien es el Òrìsà tutelar de un iniciado. Sin embargo, resulta importante entender que todas las energías de Òrìsà se encuentran en nuestra personalidad, ya que todos concentramos fuerza física -parte de Ògún, que además es el encargado de crear la estructura ósea- todos somos pasionales en distintas medidas, y esta cualidad es parte de la naturaleza del Òrìsà Sango; todos sentimos amor, cosa que la Òrìsà Òsun posee y administra por ser la divinidad del amor y del agua que nutre, en fin, tratar de enumerar a todos los Òrìsà y sus cualidades arquetípicas seria una lectura interminable. Debemos recordar que Òrìsà se encuentra en todos los elementos de la tierra y sobre todo en nuestros cuerpos que son parte de ella; y al estar conscientes de esto nos acercamos a una práctica devocional más real e integradora con el universo.