No es fácil. Encontrar el o la confidente correcto, la reserva lógica, la fidelidad absoluta, la disposición exacta e inclaudicante es todo un hallazgo que debemos agradecer. Yo tengo la suerte, el privilegio de contar con una otra mitad religiosa en la persona de ìyá Omolújemola que me complementa en presencia y sustituye perfectamente en ausencia; ìyá Peggie a bàbá Carlos Jacod que es la suya en su caso. Esos seres únicos que son a la vez hermanos, hijos, padres y amigos en dosis terapéuticas y están siempre al pie del cañón en las batallas y sentados a la mesa en la época de paz.
Conocí a bàbá Carlos a través de Internet. Poco, porque como hijo de Osànlá que es, es calentón y se supera ante la pavada o el agravio. Luego personalmente y me cayó bien. Hoy puedo decir que no sólo me cae bien, sino que me despierta un gran afecto y respeto al observar de cerca su actuación de factotum al lado de ìyá. Uno observa divertido las miradas distraídas entre ellos como seguramente en mi casa se puede percibir también cuando son innecesarias las palabras... Es que en esta religión que prioriza la oralidad, muchas veces es necesario un código diferente y se acude a la mirada, pero ésta no puede ni debe ser evidente o perentoria, sino que tiene que tener el ingrediente de lo profundamente espiritual que permite a dos seres comunicarse en una suerte de telepatía.
No es tan fácil: se llega al cabo de tiempo, experiencias compartidas, buenas y malas, familiaridad, convicciones semejantes y amor. Mucho amor. Ese amor que carece de tintes terrenales y abarca todo un espectro de sensaciones de pertenencia y honorabilidad.
Por ese sólo motivo bàbá Carlos -me permito llamarle Carlitos, con afecto y sin mengua de respeto- es admirable. Siempre está atento, consciente, lúcido, silencioso a veces y eficaz siempre. Sin duda, da o devuelve aquello que recibe. Pero se ha ganado también ese espacio intransferible que hace que uno no conciba esa casa tan querida sin su presencia sólida y constante, sin su buen humor y sin el peso justificado de su ironía. Es uno de aquellos seres humanos a los que categorizo de imprescindibles.Bàbá Carlos, recibe mis humildes respetos desde el fundamento a la amistad que estamos tejiendo, y gracias por la reciprocidad que me extiendes.