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En busca de la reina de Saba


Ahora, en el lugar donde pudo estar su último hogar y su sepulcro, la profesora y museóloga Lynne Teather de la Universidad de Toronto, está tratando de desenterrar la historia de la reina (historia contada parcialmente en el Viejo Testamento) y a la vez rendirle tributo con un nuevo museo nigeriano y un centro de interpretación.

Peregrinos musulmanes y cristianos llegan cada año a este lugar en Ike-Eri, Nigeria, para rezar y rendirle honores a la reina de Saba (también conocida como Bilikisu Sungbo por los islámicos) a pesar de que Etiopía sostiene que está realmente enterrada en su territorio.

"Los conocimientos indígenas y las tradiciones orales sostienen que éste es el santuario de la reina. Trabajar con el proyecto Bilikisu Sungbo, no sólo nos permitirá aprender sobre esta reina maravillosa, sino que pondremos en marcha un estudio de viabilidad sobre cómo unir del mejor modo el turismo y estos sitios llenos de herencias históricas", explica Teather.

Teather quiere investigar el impacto en la población local de construir las instalaciones vinculadas al museo proyectado, las nuevas oportunidades de empleo y las presiones sociales al hacer de esto una atracción turística. Todo ello, mientras se intenta desvelar la historia de esta figura poco conocida en la historia.

"Uno de los desafíos para arqueólogos e investigadores como yo, es que, por ejemplo, puede haber mucha tradición oral sobre Bilikisu Sungbo en este lugar, pero nadie está autorizado a hacer una excavación por tratarse de un sitio religioso. Por tanto, nos vemos obligados a emplear otros métodos de investigación" señala Teather.

Esplendor doméstico para el primer emperador de Roma



La Casa de Augusto se abrió al público, tras 20 años 'a oscuras', con todos sus frescos restaurados.

IRENE HERNANDEZ VELASCO

ROMA.- Durante los primeros 36 años de su vida, Cayo Octavio Turino fue conocido simplemente como Octavio. Pero cuando el 16 de enero del año 27 a.C. el Senado romano le concedió el título de Augusto, el primer emperador romano decidió hacerse llamar a partir de entonces por esa distinción religiosa. Y, por supuesto, se construyó una casa a la altura de su divinidad imperial.


Pero antes incluso de ser coronado como emperador, el patricio Augusto siempre vivió bastante bien. Hijo de un pretor y de una sobrina de César, Atia, disfrutaba una casa situada en la exclusiva colina del Palatino (la zona en la que vivían los ricos romanos) y que, al convertirse en emperador, ordenó enterrar para construirse otra aún más espectacular. Quizás por haber sido sepultada, esa primera casa de Augusto antes de ser Augusto ha logrado sobrevivir hasta nuestros días. Fue descubierta hace casi 40 años, a finales de la década de los 70, por Gianfilippo Carretón, uno de los arqueólogos que durante el siglo pasado más excavó en la zona del Palatino. Y aunque la domus en cuestión es anterior al nombramiento de Octavio como Augusto, fue bautizada con el nombre de Casa de Augusto.

Esa casa está considerada por muchos (incluida la Dirección Arqueológica de Roma) como el monumento más destacado de todo el Palatino, tanto por su importancia artística como histórica. Sin embargo, sus puertas sólo han estado abiertas al público durante un breve periodo en el año 1985.

Pero desde el último 2 de marzo, después de un profundo y minucioso trabajo de restauración que se ha prolongado durante años y que ha costado más de 1,5 millones de euros, la Casa de Augusto podrá ser admirada. «Han sido necesarios cerca de 20 años de trabajo para poder reabrir al público la primera casa de Augusto, aquella en la que vivía antes de ser emperador», asegura Angelo Bottini, responsable de la Dirección de Bienes Arqueológicos de Roma. «Pero ha valido la pena. Se trata de una residencia del último período de la República, con una riquísima decoración».

Las visitas a la Casa de Augusto se realizarán en pequeños grupos de cinco o 10 personas, acompañadas de profesionales y previo pago cada uno de ellos de una entrada de ocho euros. Vale la pena pagar esa suma por ver la explosión de rojos y las escenas mitológicas que rodeaban a Augusto en su vida doméstica. «Abrir al público todo esto supone un gran servicio a la humanidad», declara exultante Walter Veltroni, alcalde de Roma.

A pesar de que son sólo cuatro las estancias de la casa que en breve podrán admirarse -cuando, evidentemente, la residencia era mucho mayor-, esos cuatro aposentos son sencillamente magníficos. En la planta baja se encuentran tres de ellos: un recibidor, un gran salón comedor (el llamado oecus) y otra sala. Todos decorados con frescos espléndidos.

Un estudio privado

Pero lo mejor está en la planta de arriba. Allí se encuentra una pequeña estancia, íntima y preciosa a la vez, en la que los expertos consideran que Augusto tenía su estudio privado. La sala está toda cubierta con refinados frescos de motivo arquitectónico y equilibrados colores, un testimonio de primer orden del refinado gusto decorativo del que posteriormente fuera el primer emperador de Roma. «Es una maravilla», sentencia entusiasta Andrea Carandini, uno de los máximos estudiosos del Palatino. «Junto con los de la casa de Livia son los frescos más bellos de ese periodo», sentencia una de las restauradoras que les ha devuelto la lozanía.

Porque, con el tiempo, los frescos de la Casa de Augusto se habían ido deteriorando, reducidos en algunos casos a fragmentos diminutos. En el estudio, por ejemplo, sólo dos tercios de los frescos de la pared frontal y un trozo de la decoración de la bóveda estaban en pie. Todo el resto se había desplomado y había quedado convertido en pequeños trozos.

Ha sido necesaria más de una década de laborioso y paciente trabajo por parte de especialistas para poder reconstruir los frescos de la Casa de Augusto. «Era el puzzle más fascinante de la época contemporánea», resume Francesco Rutelli, el ministro italiano de Cultura.

La 'domus' de Livia

Livia Drusila Augusta fue la segunda esposa de Augusto, pero la primera gran mujer de su vida. Contrajeron matrimonio en torno al año 49 a.C. y, a pesar de no haber tenido hijos comunes, su unión duró 52 años y Livia siempre gozó del privilegio de ser la consejera de confianza de su esposo. El éxito de su matrimonio es posible que en parte se debiera al hecho de que vivían en casas separadas. Porque mientras el que con el tiempo se convertiría en el primer emperador de Roma habitaba en la llamada Casa de Augusto, Livia residía en un rico apartamento adyacente a la residencia de su marido pero totalmente privado. La domus en cuestión fue descubierta en 1869 por el arqueólogo Pietro Rosa y, en justo homenaje a su insigne inquilina, fue bautizada como Casa de Livia.

La Casa de Livia estuvo abierta al público durante los años 80. Pero en los 90, ante el riesgo que para sus delicados frescos entrañaba el tropel de personas que a diario acudían a admirarla, el Ayuntamiento de Roma optó por echarla el cierre. Sin embargo está previsto que durante 2008 vuelva a abrir sus puertas a los visitantes, tras haber sido sometido a un concienzudo proceso de restauración. Cuando eso ocurra, será posible deleitarse con los magníficos frescos de la Casa de Livia que narran la leyenda mitológica de Io y Argos.


por Reinaldo Lopes

Uma semente que sobreviveu ao governo do rei Herodes e a uma batalha sangrenta entre judeus e romanos é a mais antiga a germinar no mundo, afirmam pesquisadores israelenses. Apelidada de "Matusalém", homenageando o mais idoso personagem da Bíblia, a muda de tamareira brotou de um genitor com cerca de 2.000 anos de idade, e pode até ajudar no melhoramento genético das tâmaras modernas, se tudo correr bem.

A história cinematográfica da tamareira Matusalém está na edição desta semana da revista especializada americana "Science". A semente que deu origem à plantinha, hoje com três anos de idade, veio da fortaleza de Masada, perto do mar Morto, no atual estado de Israel. A fortaleza foi construída pouco antes do nascimento de Cristo pelo rei Herodes e, décadas mais tarde, durante a guerra entre romanos e judeus, foi atacada pelo exército de Roma. Nenhum dos defensores judeus sobreviveu ao ataque.

No entanto, escavações arqueológicas nos anos 1960 acharam as tâmaras debaixo dos escombros da fortaleza. Sarah Sallon e seus colegas do Instituto Louis Borick de Medicina Natural em Jerusalém, conseguiram datar duas das sementes, comprovando que elas tinham cerca de 2.000 anos de idade. Uma terceira semente foi plantada e aos 15 meses de vida, pedacinhos de sua casca que ainda estavam aderidos à muda também foram datadas. A idade obtida foi cerca de 200 anos mais recente - o que era de se esperar quando se considera o grau de contaminação com carbono mais recente, absorvido do ar e do solo durante o crescimento da plantinha -

Calor e secura

Os pesquisadores dizem acreditar que o clima único da região do mar Morto, extremamente quente e seco, ajudou na preservação da semente de Matusalém. A saúde da mudinha parece muito boa, com exceção de algumas manchas brancas nas folhas provavelmente ligadas a uma falta de nutrientes na semente. O grupo também aproveitou para fazer uma análise genética da tamareira, comparando-a com plantas atuais da mesma espécie, oriundas do Egito, do Marrocos e do Iraque. A surpresa é a semelhança genética relativamente baixa entre a planta-Matusalém e as atuais, provavelmente porque as modernas são plantadas de forma clonal, sem cruzamento entre os indivíduos. Se Matusalém produzir frutos, seu DNA poderá trazer "sangue novo" (ou seria sangue velho?) às tamareiras modernas, já que os judeus da época de Jesus tinham desenvolvido plantações de alta qualidade da espécie.