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Cómo viste una bahiana: signo y símbolo






El vestuario llamado de bahiana es una indumentária tradicional, y es la misma ropa usada en los terreiros de candomblé. Existen ropas para todas ocasiones. La ropa de ração es la más simple, mientras que las ropas hechas con bordado Richelieu pueden costar alrededor de quince mil reales. Este vestuario puede tener un color especial cuando se trata de bahianas de eventos turísticos. La de la bahiana de Escuela de Samba es un caso aparte, pues se trata de una idealización del modelo tradicional, con el color y el estilo de acuerdo con el enredo de la escuela ese año, así como las del Maracatu en el Nordeste.

La ropa de ração es la ropa usada diariamente en una casa de candomblé. Son ropas más bien simples, hechas de morim o cretona. Tanto pueden ser de color como blancas, dependiendo de la ocasión en la roça de candomblé. Componen el juego: saia (axó) falda de poco ruedo para facilitar los movimientos, el singuê (especie de chal amarrado en el pecho que sustituye al corpiño), camisú o camisa de mulata, generalmente blanca y adornada con puntillas y bordados, calçolão (especie de bermuda amarrada por un cordón en la cintura, y un poco ancha para facilitar los movimientos y proteger el cuerpo en caso que sea necesario sentarse en el suelo), pano da costa y el ojá, tira de paño que se amarra a la cabeza formando un turbante.

El axó tiene una presencia muy grande en el rito jeje, pues la ropa habla con un lenguaje de simbolismo muy especial, ya que además de lo ético y moral, los axós dan a las mujeres cuenta de su posición dentro de la casa. Es hermoso notar la sencillez y la reverencia que estas ropas expresan en su apariencia y modo de ser: ¡respeto por encima de todo! Las mujeres del jeje -y especialmente las del jeje mahin- componen su vestuario con singuê, xokotô (especie de calza, también llamado "cauçulu"), falda por encima y camisu rendado.

El vestuário de una iyalorixá es diferente al usado por las equéjis e iawôs, y se caracteriza por el uso de la "bata" -que es usada por fuera de la falda y con el camisu por debajo- que en las casas tradicionales solamente ella puede usar. Obviamente ella puede permitir a sus hijas egbomi -más antiguas- usar esta vestimenta también, pero jamás concederá el uso de la bata a una equéji, a una iawô o a una abiyan.

La bata es símbolo del cargo o puesto dentro de la jerarquía del candomblé. El paño de la costa, o aláká, doblado sobre el hombro también tiene su significación: es un símbolo del cargo, pues las iawô lo usan amarrado en el pecho, las egbomi en la cintura y únicamente las iyalorixá en el hombro.

Normalmente, faldas y blusas con bordado Richelieu también son usadas únicamente por las iyalorixá, así como el paño de la costa o Aláká tejido como antaño en telar manual africano.

Los turbantes también llamados "torso" u ojá que son usados por todos alrededor de la cabeza, normalmente son más largos y más ornamentados -así como determinados hilos-de-cuentas cuando usados por una iyalorixá- y se considera que no pueden ser usados por personas que no tienen cargo jerárquico. El collar de segi con coral, engarzado en hilo de oro, por ejemplo, sólo puede ser usado por las iyalorixá con más de 50 años de feitura, convirtiéndose de ese modo en el símbolo de senioridad.


O que é que a bahiana tem?

Paño de la Costa

Un símbolo vivo detenido en el tiempo

Casi en extinción, el paño de la Costa tradicional hecho de algodón en telar de mano encuentra en un anciano tejedor de la ciudad de Salvador su carta de sobrevivencia. Y su desaparición definitiva será cuando este maestro artesano que teje los paños de las iyawo vuelva al Òrun. La continuidad del trabajo artesanal está casi siempre vinculada a los intereses familiares, cuando las técnicas son perpetuadas por las nuevas generaciones manteniendo las mismas características de los trabajos originales.

Hoy, Abdías do Sacramento Nobre es el único artesano popular que fabrica paños de la Costa. Brasileño de Salvador y descendiente de africanos, recibió las enseñanzas del arte del tejido manual de Alexandre Gerardis da Conceição, su padrino africano que trabajaba exclusivamente para los terreiros, proveyendo los paños que eran usados por el personal religioso de las mismas. “El Maestro Abdías”, como es llamado y conocido, trabaja todos los días y como media su tiempo de producción es de seis horas. La fabricación de esta prenda es muy lenta y trabajosa porque todos los hilos de algodónson estirados de a uno para luego ser tejidos en el telar. El proceso tradicional es, en esta fabricación, seguido rigurosamente. El maestro Abdías respeta las enseñanzas que ha recibido y continúa tejiendo los paños de los orisha siguiendo paso a paso sin saltearse las etapas de ejecución del tejido. Un paño de la Costa lleva en tiempo continuo de trabajo entre dos y tres meses, y se convierte en una pieza única cuyo costo (en 1976) es del orden de Cr$ 5.000. Según el maestro artesano, son pocas las hijas de santo que pueden costearse uno de sus paños debido al precio que se ve obligado a fijar para compensar su material noble y trabajo, por lo que hoy su canal de venta está casi todo dirigido a turistas y coleccionistas que aprecian en su obra más que el simbolismo religioso o social el atractivo estético y la hechura tradicional. También se le ha preguntado sobre los nombres populares de estas originales piezas de vestir, así como la relación entre cada una de estas piezas y el orisha al que adornarán. “Existen los paños de Oshanlá, de Ògún, Yemanjá, Oshumare y Euwá –que ostentan sus símbolos y colores- y los de Obalúaiyé y Nàná que se forman con hilos de color morado en la trama”. De este modo, personalizando cada paño de la Costa como un tipo diferente y particular, el maestro Abdías amplía las focalizaciones sobre los diversos aspectos funcionales y simbólicos de la prenda, así como su importancia dentro de los ritos del terreiro.

“Paño de calabaza” es otro modo de llamarlo, pero este nombre está casi en desuso”. Y justifica: “Se les llama paños de cuia (calabaza cortada al medio) porque las viejas tías cuando salían a venderlos los transportaban en grandes recipientes de ese tipo. En las ferias y mercados los clientes revolvían las calabazas en busca de aquel que más les convenía, por eso eran así conocidos entre la gente del pueblo. El tejido era colocado en esos recipientes para protegerlos y poder fijar así los remates de cada pieza con trozos de madera o cantos rodados.” El proceso de coser el paño que realiza el artesano es el antiguo: las tiras realizadas en el pequeño telar de mano deben ser cosidas una a una siguiendo el padrón de diseño, y luego con un trozo de madera o una piedra lisa se golpean las uniones para disimular el añadido. Cuando lo tenemos en la mano creemos que un paño de la Costa es un tejido realizado en una sola etapa, sin embargo es una serie de tiras de más o menos quince centímetros de ancho por dos metros de largo que, unidas, forman el tradicional adorno bajo todos sus aspectos: textura del tejido, tamaño, técnica de descripción simbólica y color adecuado para el uso requerido. Paciencia y vocación son los dos requisitos más imprescindibles al artesano que confecciona y conoce los secretos del paño de la Costa. El maestro Abdías se sabe el único en desplegar este arte, pero también el último, lo que habrá de provocar la total desaparición de esta pieza del vestuario sagrado como objeto único de técnica exquisita.

Habrá que recurrir entonces a los paños tejidos en serie y en telares industriales, seguramente mucho más baratos, aunque carentes de personalidad y magia…

Raúl Lody