Mostrando entradas con la etiqueta cultura afro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura afro. Mostrar todas las entradas

Reflexiones que uno mismo se hace, en palabras de ìyá Fáwunmi


Hay quienes creen que ir a Nigeria para una consagración tiene el valor agregado de la Tierra (por ser africana) el aire que se respira (por ser aire africano) el agua (por ser africana) y el fuego (por ser africano)
¿Será que Olódumàre ha hecho diferencias al utilizar los 4 elementos de la Naturaleza?
Nada más inexacto para estas visiones snobs que comprobamos a menudo en personas que se lanzan a temerarios viajes a países africanos en búsqueda de lo que creen es puro, verdadero y más eficaz. Resulta patético ver como muchos se entregan a una ceremonia detrás de otra sin siquiera comprender el idioma ni los pasos que se seguirán para la consagración. Los nativos hacen todo naturalmente, concentrados en lo que es su modo o uso habitual de hacer consagraciones. Consagraciones que duran muchas horas, interminables horas, en las cuales el Iyawó apenas puede mirar a algun traductor que en su amañado inglés traduce en un murmullo algunas frases cortas. Cientos de rezos y cánticos se suceden partiendo de diferentes bocas que los entonan y el resto repite en eco. No se puede interrumpir, no se puede cortar el misterio de las invocaciones. El Iyawó es un ser pasivo sujeto a recibir el àse, a ser levantado o sentado según se le indique con gestos, o literalmente alzado por los brazos si no entiende las señales.
Come lo que le ofrecen, bebe y balbucea alguna que otra palabra de su deficiente vocabulario yorubá. En forma mecánica es llevado a Èsù, ofrece, vuelve al Igbodù, pasa al baño de omiero en el rio, desnudo totalmente, vuelve al Igbodù y... así transcurre su "soñada" consagración.
En el mejor de los casos, como el de Linaje Odugbémi, su Arabá Agbaiyé le irá guiando y explicando las instancias iniciáticas después... nunca antes, pero por lo menos las tendrá.
En el peor de los casos el Iyawó quedará en el limbo de sonidos y rituales que no recordará más que parcialmente y que no podrá nunca reproducir cuando llegue a su pais occidental. Ahí es dónde comenzará su drama existencial: ha sido consagrado, es portador de un àse, pero todo lo vivió aislado en sus propios pensamientos, en sus dudas e incomprensión total de esa algarabía ritualística que es bien diferente de la de occidente; que no sabe cómo hará para aprender, cómo reproducir y transmitir. Le esperan seguramente muchos años de voluntad y sacrificio por indagar, aprender y recopilar material de estudio.

Los Iyawos de fe, lo consiguen. Los sinverguezas, lo inventan.

Lévi-Strauss cumple 100 años

El destacado antropólogo, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX y padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, celebra un siglo de vida.


Javier Albisu, EFE

Claude Lévi-Strauss, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX, destacado antropólogo y padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, que influyó de manera decisiva en la filosofía, la sociología, la historia y la teoría de la literatura, cumple cien años de vida. 
A pesar de su longevidad e intensa actividad intelectual desde antes de la Segunda Guerra Mundial, Lévi-Strauss - miembro de la Academia de Francia desde 1973 - goza de buena salud y se mantiene lúcido, como relató a la prensa el director del museo Quai Branly de París, Stéphane Martin, institución que alberga un teatro con el nombre del célebre antropólogo. 
Francés nacido en Bruselas el 28 de noviembre de 1908, este centenario humanista es hijo de un judío agnóstico de origen alsaciano que le educó en un ambiente artístico, aunque terminó cursando estudios de Derecho y Filosofía en la Sorbona de París. 

El autor de "Mythologiques" ejerció como profesor de esta última disciplina hasta que recibió una invitación de Marcel Mauss, padre de la etnología francesa, para ingresar en el recién creado Departamento de Etnografía. Fue así como despertó en Lévi-Strauss la curiosidad por una materia en la que desarrollaría una brillante carrera y que le ha concedido un "lugar preeminente entre los investigadores del siglo XX", explicó a Efe el profesor de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Díaz Maderuelo. 

Su nueva vocación le llevó a aceptar un puesto como profesor visitante en la universidad brasileña de São Paulo, de 1935 a 1939, estancia que le posibilitó llevar a cabo trabajos de campo en el estado amazónico de Mato Grosso y en la Amazonía. Allí realizó estancias esporádicas entre los bororo, los nambikwara y los tupi-kawahib, experiencias que le orientaron definitivamente como profesional de la Antropología, campo en el que su trabajo aún hoy "sigue siendo válido para la mayoría de los antropólogos", señaló Díaz Maderuelo sobre el autor de "La Pensée sauvage". 

Tras regresar a Francia, en 1942 se trasladó a Estados Unidos como profesor visitante en la New School for Social Research de Nueva York, antes de un breve paso por la embajada francesa en Washington como agregado cultural.  De vuelta a París, fue nombrado director asociado del Museo del Hombre y se convirtió después en director de estudios en la École Pratique des Hautes Études entre 1950 y 1974, trabajo que combinó con su enseñanza de Antropología Social en el Collège de France, hasta su jubilación en 1982, al tiempo que dirigía el Laboratorio de Antropología Social. 

Hijo intelectual de Émile Durkheim y de Mauss, e interesado por la obra de Karl Marx, por el psicoanálisis de Sigmund Freud, la lingüística de Ferdinand de Saussure y Roman Jakobson, el formalismo de Vladimir Propp y un largo etcétera, es además un apasionado de la música, la geología, la botánica y la astronomía.

Las aportaciones más decisivas del trabajo de Lévi-Strauss se pueden resumir en tres grandes temas: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos. 

La teoría de la alianza defiende que el parentesco tiene más que ver con la alianza entre dos familias por matrimonio respectivo entre sus miembros que, como sostenían algunos antropólogos británicos, con la ascendencia de un antepasado común.
Para Lévi-Strauss, no existe una "diferencia significativa entre el pensamiento primitivo y el civilizado", señaló Díaz Maderuelo, pues la mente humana "organiza el conocimiento en parejas binarias y opuestas que se organizan de acuerdo con la lógica" y "tanto el mito como la ciencia están estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente".

Comparten, por tanto, la misma estructura, sólo que aplicada a diferentes cosas.

Respecto a los mitos, el intelectual sostiene desde la reflexión sobre el tabú del incesto que el impulso sexual puede ser regulado gracias a la cultura. 

"El hombre no mantiene relaciones indiscriminadas, sino que las piensa previamente para distinguirlas. Desde ese momento ha perdido su naturaleza animal y se ha convertido en un ser cultural", comentó Díaz Maderuelo.

Para Lévi-Strauss las estructuras no son realidades concretas, sino más bien modelos cognitivos de la realidad que sirven al hombre en su vida cotidiana.
Las reglas por las que las unidades de la cultura se combinan no son producto de la invención humana y el paso del animal natural al animal cultural -a través de la adquisición del lenguaje, la preparación de los alimentos, la formación de relaciones sociales, etc.- sino que siguen unas leyes ya determinadas por su estructura biológica. 





Una aproximación al candombe y la cultura afro-uruguaya


Hoy a las 21.00 horas en la sede de la Asociación Cultural y Social Uruguay Negro (Lorenzo Carnelli 1142) se proyectará el documental "Kandongue" de Anan Nodedt. La cinta se centra en los relatos del profesor Tomás O. Chirimini que versan sobre la llegada de los esclavos africanos a nuestro país, y a partir de ahí intenta seguir el derrotero de la cultura afro hasta la actualidad. El acceso a la función será gratuito.

“Itãs Odu Medéia” mescla a lenda grega de Medéia a rituais da cultura afro-brasileira

Resultado da pesquisa teatral da atriz e diretora Luciana Saul, a peça "Itãs Odu Medéia" estréia dia 13 de maio, às 21 horas, no Espaço Cultural Arte Tangível, trazendo no elenco os atores da companhia de teatro Arte Tangível, Thomas Holesgrove, Renata Mazzei, Alexandre Saul e Luciana Saul, que mesclam trechos de versões de Medéia escritos por Eurípides, Chico Buarque e Paulo Pontes, Sêneca e Heiner Muller com rituais do Candomblé. No galpão da própria companhia –com aproximadamente 240 m²-, a platéia caminha por entre o cenário (construído pelos próprios atores), dividido em doze partes com objetos que simbolizam a história dos orixás. Em alguns pontos do espetáculo, o público entra na história entoando orações ou degustando comidas oferecidas aos orixás.

As quatro versões de Medéia escolhidas pela diretora –“Medeia”, de Eurípides; “Medeia”; de Sêneca; “Medeamaterial”, de Heiner Muller, e “Gota D’água”, de Chico Buarque e Paulo Pontes- serviram como guias à ação do espetáculo. Eles constituíram mais um estimulo para a criação da encenação. “Dessa maneira, permitimo-nos fazer os cortes necessários em função das necessidades da cena. Invertemos, por vezes, a ordem lógica racional de causa e efeito de alguns dos textos e colocamos cenas simultâneas e cenas repetidas do mesmo texto ou de textos diferentes”, explica a diretora Luciana Saul. Ela completa: “As cenas também apresentam danças, cantos e outros elementos dos rituais do candomblé. Eles vão costurando o texto e apresentando os cenários e as histórias que estão por vir”.

Além das Medéias grega, romana, alemã e brasileira, a preparação do espetáculo apoiou-se também em outros textos, coletados das obras de Pierre Fatumbi Verger (“Lendas Africanas dos Orixás” e “Orixás”) e de Reginaldo Prandi (“Mitologia dos Orixás”), que descrevem as histórias mitológicas dos Orixás. Os textos são: “Oiá transforma-se num búfalo”; “Sobre Obá e Oxum”, “Oxum dança para Ogum na floresta e o traz de volta à forja”; “Xangô é escolhido rei de Oió”; “Xangô é reconhecido como o Orixá da justiça”; “Euá casa-se com Oxumaré”; “Euá se apaixona por um forasteiro”; “Oxumarê transforma-se em cobra para escapar de Xangô”; “Ogum é transformado em orixá”; “Disputa entre Nanã Buruku e Ogum”; “Xangô vence Ogum na pedreira”; “Xangô mata o monstro e lança chamas pela boca”; “Oxum Apará tem inveja de Oiá”.

SIMBOLISMO NOS CENÁRIOS E FIGURINOS

A diretora Luciana Saul afirma que “Itãs Odu Medeia”, assim como os rituais do Candomblé, baseia-se nos cinco sentidos: visão, olfato, tato, audição e paladar. O galpão de 240 m² onde acontece o espetáculo, foi dividido em doze mini-cenários cada um representando um orixá. “Cada parte do espetáculo é regida por um orixá, assim como os personagens. Tentamos traduzir isso nos elementos cênicos e nos figurinos. Por exemplo, Medéia acumula algumas características de Iansã (também cultuada pelo nome de Oyá), que é a Rainha dos Ventos, por isso sua roupa é confeccionada a partir de um tecido leve e esvoaçante”, explica a diretora.

A influência dos orixás também pode ser conferida no cenário, que foi construído pelos próprios atores, num exercício de aproximação da cultura do candomblé. Na parte regida por Iemanjá, a Rainha do mar, muitas redes de pescadores. Já no cenário de Oba, que cortou suas orelhas e as colocou numa sopa para conquistar o marido, vemos a sopa a que faz referência o mito.

Num determinado momento do espetáculo, os personagens oferecem ao público as comidas dos orixás. A platéia degustará milho, pipoca, acarajé, bolinho de Oxalá (feito de inhame) entre outros pratos que serão servidos em folha de bananeira.

SINOPSE

Nesta nova obra, a Arte Tangível reconta o mito eterno de Medéia e a história do seu crime contra seus próprios filhos. Medéia está enlouquecida, com raiva, quando o seu homem, Jasão, a abandona para casar-se com a filha do rei Creonte. Em resposta aos gritos, as reclamações públicas e às maldições lançadas por Medéia sobre a família real, Creonte resolve mandá-la para o exílio sob pena de matá-la se ela não for embora. Mas esta sentença só serve para exacerbar a raiva da mulher e quando ela percebe o ponto fraco de Jasão, resolve vingar-se terrivelmente, matando todos aqueles que estão em volta dele: até os seus próprios filhos. Para a diretora Luciana Saul, “o mito, que se originou na Grécia Antiga, é mais relevante do que nunca no mundo contemporâneo, onde ‘crimes de paixão’ figuram diariamente na mídia. A história de Medéia discute desejo, inveja, traição e raiva. Explora a fronteira tênue entre o amor e o ódio e provoca perguntas sobre os limites da vingança”.

A PESQUISA

A peça “Itãs Odu Medeia” é resultado da pesquisa teatral da atriz e diretora Luciana Saul, que concluiu recentemente sua tese de Mestrado na Escola de Comunicações e Arte da USP, sobre rituais de candomblé para o teatro (“Rituais do Candomblé, uma inspiração para o trabalho criativo do ator”) “A pesquisa que culminou neste espetáculo objetivou extrair dos elementos dos rituais do Candomblé referências para ativar o poder de criação do ator e, posteriormente, possibilitar que este ator levasse o que aprendeu para seu trabalho de atuação e seus movimentos no palco”, explica a diretora. “Por meio dos toques, das danças e mitos dos Orixás, desenvolvemos um treinamento específico para nosso elenco, buscando a modelagem da energia dos atores na criação dos aspectos diversos de seus personagens”, diz Luciana Saul.

Oxumarê, o Arco-Íris


Oxumarê, o Arco-Íris
REGINALDO PRANDI



"Na antiga África negra, em tempos imemoriais, vivia Oxumarê, filho de Nanã, a mais antiga das mulheres. A beleza de Oxumarê era admirada por todos, que invejavam o luxo de suas roupas coloridas. Um dia a chuva resolveu castigar a Terra; os rios se encheram, as doenças se espalharam e os animais começaram a morrer afogados. Oxumarê, que não tinha muita simpatia pela chuva, cortou o céu com seu punhal de prata e a fez parar. Desde então, toda vez que isso acontece, ele pode ser visto enfeitando o céu, sob a forma de um arco-íris".

Essa e outras histórias, como a do caçador de elefantes que virou um rio e a da mulher que se transformava em búfalo, foram trazidas para o Brasil pelos escravos.

Oxumarê, o Arco-Íris completa a trilogia sobre mitologia dos orixás para crianças e jovens, iniciada com Ifá, o Adivinho, seguida por Xangô, o Trovão. O novo livro traz aventuras de personagens míticos como Iansã, Exu, Ogum e Iemanjá, que fazem parte do patrimônio cultural que o Brasil herdou da África. As histórias narradas nos três volumes baseiam-se no livro Mitologia dos orixás, publicado em 2001 pela Companhia das Letras.

La tienda ilustrada de los milagros






Todos rieron cuando el vetusto detective inglés Sherlock Holmes fue reconocido como hijo del poderoso orixá en la película "O Xangô de Baker Street", de Miguel Faria Júnior (basada en la novela homónima de Jô Soares) Pero más allá de las curiosidades y de aquello que es denominado erróneamente macumba, poco sabemos acerca de la rica creencia que llegó a Brasil de la mano de los esclavos africanos y que actualmente permea la cultura y el arte brasileño.

En la entrevista que aparece a continuación, Reginaldo Prandi, profesor titular de Sociología de la Universidad de São Paulo (USP), autor de Mitologia dos Orixás (Companhia das Letras), explica cómo fue incorporado el candomblé a la cultura brasileña y cómo éste se adaptó a nuevos conceptos sociales. Pero que el lector no se engañe: esta explicación no es tan elemental como le gustaría que fuera al querido Watson...

Un blanco estudiando a la comunidad negra. ¿Hubo algún problema por eso?
- No. La comunidad del candomblé está muy acostumbrada a la intromisión de los blancos, y existe toda una tradición de investigadores blancos, como Roger Bastide y Pierre Verger, que mantuvieron un contacto muy intenso con el candomblé. Incluso recientemente, los candomblés fueron muy perseguidos por la policía, y entonces hombres con una cierta importancia en la sociedad blanca -intelectuales, artistas, militares, médicos etc.- funcionaban como una especie de puente entre el terreiro (local de celebración del culto) y la sociedad, defendiendo a los candomblés y a sus seguidores. Estos hombres empezaron a recibir por parte del candomblé, como retribución, un título de alto prestigio, llamado ogã, que en iorubá significa superior, magíster, padre protector. Son aquellos a quienes se acude en los momentos difíciles. Pasada la fase de la persecución policial, el título continuó siendo atribuido a los amigos y cultores de la tradición de los orixás. Como algunos de los sociólogos e antropólogos que me precedieron en la investigación de los terreiros, tengo ese título de ogã. Pero mis investigaciones fueron llevadas a cabo antes de que yo recibiera esa honra.

¿Cuál es el valor del mito?
- El mito en el candomblé es sumamente importante, pues antes que nada éste enseña quiénes son los orixás, cuáles son sus poderes mágicos, sus campos de actuación, de dónde ellos provienen, cuáles son sus preferencias y tabúes, cómo debe relacionarse el devoto con cada uno de ellos. Además, los mitos explican cómo el mundo y la propia humanidad fueron creados y cómo está constituido el ser humano. Para el cristianismo, por ejemplo, el ser humano está formado por cuerpo y alma. Para el candomblé, el ser humano está constituido por un cuerpo y varias almas, y cada alma contiene las siguientes dimensiones del espíritu: la individualidad de la persona o su cabeza, su herencia familiar o antepasado reencarnado y su origen primordial u orixá. Como se cree que en la vida todo se repite, cada persona es en parte la reencarnación de alguien que vivió antes y al mismo tiempo la descendencia de un orixá determinado. Si me preguntan: "¿Usted de quién es hijo?". Respondo: "Soy hijo de Oxalá", así como otra persona puede ser un hijo de Oxum, o de Iemanjá, Xangô, Ogum, etc. Como cada persona hereda de su orixá las virtudes y defectos de las cuales hablan sus mitos, los mitos pueden enseñar por qué somos de una manera y de esa manera obramos.



¿Es difícil para quien entra en el candomblé asumir esa nueva creencia?
- La gran dificultad reside en que la lógica del candomblé difiere de aquella a la cual alguien criado de acuerdo con los valores occidentales está acostumbrado. Un nuevo adepto al candomblé debe aprender conceptos que son completamente nuevos para él, que viene de una cultura blanca, cristiana y europea. El tiempo, por ejemplo, es circular y demarcado por la realización de tareas, y no por el reloj. La sabiduría se obtiene con la experiencia de vida, es algo que se construye a lo largo de la vida, y nunca por medio de libros y de la escuela, pues el candomblé se origina en una cultura ágrafa, en la cual la transmisión del conocimiento se efectúa por vía oral. Por eso en el candomblé solamente los viejos pueden ser sabios. De todo eso derivan otros conceptos y muchas reglas que regulan la vida religiosa e interfieren en la vida cotidiana de los iniciados.

¿El candomblé puede ser encontrado en todo Brasil?
- Sí, prácticamente en todo el país. En las capitales y en las grandes ciudades, con seguridad. En las ciudades de 10 mil ó 15 mil habitantes es más difícil que el candomblé haya llegado, pero la religión umbanda, que se propagó a partir de la década del 50, ya está en ellas.

Usted dijo que el candomblé está transformándose. ¿Cómo transcurre esa transformación?
- El candomblé se formó en el nordeste de Brasil en el siglo XIX, especialmente en Bahía y en Pernambuco, desde donde se esparció por Brasil durante la segunda mitad del siglo pasado. En ese movimiento de expansión se fue adaptando a las nuevas geografías y a los tiempos. Por ejemplo: el candomblé utiliza mucho hierbas para preparar baños y remedios, así como para otras prácticas rituales. Se dice que sin esas hojas no existiría el culto de los orixás. El terreiro ideal debería tener un terreno cubierto de vegetación, en donde las hierbas pudieran nacer espontáneamente y ser escogidas libremente. ¿Qué terreno podría tener su bosque sagrado en una ciudad como São Paulo? En términos de precio de la tierra, eso es inviable. Entonces hay que adaptarse. Buscar las hierbas lejos es cada vez más trabajoso y peligroso por causa de los asaltos. Mejor es comprárselas a un proveedor especializado. En el Largo da Pólvora (plaza), en el centro de São Paulo, por ejemplo, existen puestos de vendedores que ofrecen todas las hierbas necesarias para los diferentes rituales. Los vendedores son gente de la religión con un nuevo negocio impensable hace 30 años: plantan, colectan, transportan y venden las hojas. Esto es una adaptación a la sociedad actual. Otra: antes, cuando alguien iba a iniciarse, tomaba sus ropas, iba al terreiro y permanecía allí recogido durante uno, dos o tres meses, viviendo durante ese período una vida totalmente ajena al mundo exterior al terreiro. Actualmente, el tiempo de recogimiento en el terreiro no puede durar más que las cuatro semanas de vacaciones en el trabajo, y hasta un poco menos, para aprovechar algunos días en otras cosas. Y así fue como el tiempo de iniciación actual pasó a ser de veintiún días. Ésa es una adaptación importante que acarrea otros cambios en términos de aprendizaje religioso y disciplina.

¿Cuáles son los principales descubrimientos expresados en su libro Mitologia dos Orixás?
- Yo no los llamaría descubrimientos. El libro es una colección organizada de mitos, sistematizados y reescritos; una especie de reunión de historias que estaban dispersas, de leyendas que se encontraban por ahí, en centenas de fuentes escritas y orales.

Pero en Brasil estamos más acostumbrados con otras mitologías...
- Sí, principalmente la griega clásica, que de cierta manera está constituida por muchos elementos importantes del pensamiento occidental. La mitología greco-romana forma parte de la cultura occidental desde hace muchos siglos. Pero los mitos africanos, ¿quién los conoce? Leí un simpático comentario en el sentido de que la mitología que organicé sería la mayor mitología viva. Porque la mitología griega está muerta, solamente existe en los libros. La que yo organicé está viva en los terreiros de los cultos afro-brasileños. Ahora bien, en la medida en que este libro pone a disposición de todos un conocimiento que antes estaba restringido a un grupo minoritario -los seguidores del candomblé-, quizás su contenido pueda ser más conocido en el futuro. En una comparación rápida, vea el caso de la novela Porto dos Milagres, de la TV Globo, transmitida el año pasado. A través de ésta, los telespectadores aprendieron algo sobre Iemanjá que antes desconocían. Con el libro, tal vez la mitología africana que está en nuestras raíces culturales pueda ser aprendida y estimada por muchos, independientemente de la religión, y pueda, quien sabe, ser incorporada por los segmentos de la cultura brasileña hasta ahora acostumbrados solamente con los mitos occidentales. En un tiempo de valoración creciente de la diversidad cultural, Mitologia dos Orixás puede tener alguna utilidad.

¿Existe alguna correspondencia entre los mitos griegos y los del candomblé?
- Sí, existen muchas correspondencias. Xangô, por ejemplo, es un orixá muy parecido con Zeus, de la mitología griega. Ambos lidian con la justicia, con rayos, y ambos son grandes jefes, y ejercen poder sobre los otros dioses. Oxum es la diosa del amor y la belleza, como Venus. Exu, el mensajero del panteón, equivale a Hermes, y así sucesivamente. En las religiones politeístas, que es el caso de estas religiones, existe una división del trabajo entre los dioses, y eso nos lleva a establecer esas aproximaciones. Es posible incluso que los dioses africanos y griegos tengan orígenes comunes, pero no existe una investigación conclusiva que nos permita afirmar esto con certeza.

Identidad y memoria afrobrasileñas

por Reginaldo Prandi (Universidad de San Pablo)


En esta mesa que trata sobre la construcción de la memoria social, quiero hablar de un segmento de la población brasileña que enfrenta explícitamente un serio problema de construcción de la memoria, problema que se instala no sólo como una necesidad de identidad que aluda no sólo a un pasado de origen, sino también como una necesidad imperiosa en función de la propia realidad social de esa población, que por razones históricas tiene que enfrentar todavía muchas luchas en Brasil: los afrobrasileños.

I

La cultura africana diluida en la formación de la cultura brasileña incluye un vasto conjunto de items que abarcan la lengua, la culinaria, la música y diversas artes, además de valores sociales, representaciones míticas y concepciones religiosas conservadas no sólo a partir de una matriz africana única, sino de varios, múltiples orígenes, provenientes de diferentes pueblos africanos. Fuera del campo religioso, ninguna de las instituciones culturales africanas logró en ese ínterin,sobrevivir con sus estructuras propias. Por el contrario, cada contribución es el resultado de un largo y lento proceso de disolución y extinción étnica a tal punto que, ante una determinada marca cultural, incluso pudiendo reconocer en ella un origen africano genérico, es difícil y hasta a veces imposible identificar al pueblo o a la nación de la cual proviene. Todo es simplemente África, perdidas las diferencias y especificidades. Más que eso, los propios afro descendientes, por no conocer su propio origen, ni sabiendo si sus antepasados eran bantos o sudaneses — los dos grandes grupos étnico-lingüísticos de nuestra formación africana —, tampoco pueden identificar los orígenes de los aspectos culturales, como si la cultura brasileña como un todo, al apropiarse de ellos hubiese borrado las fuentes. La memoria que se tiene de África es vaga, genérica, indefinida.

Aunque la identidad étnica de negros esclavos y negros libres se haya preservado hasta fines del siglo XIX, sobretodo entre los que habían llegado de África desde hacía menos tiempo y que estaban organizados en congregaciones católicas, con la formación de la sociedad de clases ya bajo la República, cada vez más las organizaciones de corte estamental y étnico fueron perdiendo el sentido, y aspectos de las culturas africanas fueron siendo absorbidos del mismo modo cada vez más por la cultura nacional, la cual es primordialmente blanca, europea y cristiana. Aunque en muchos aspectos, sobre todo en el campo de las artes, podamos identificar a fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX manifestaciones culturales característicamente negras, su supervivencia dependía de su capacidad de ser absorbida por la cultura blanca. Es el caso por ejemplo de la música popular brasileña, en la cual los ritmos y estructuras melódicas de origen africano sobrevivieron en la medida en que pasaron a interesar a los compositores blancos y a los consumidores de la cultura blanca. Así el lundu negro abría camino al choro blanco; la música de los candomblés de los negros pobres suministraba la matriz para el samba nacional de las clases medias. En otras palabras, la preservación de aquello que es africano requería destruir o disfrazar precisamente el origen y la marca negra en un proceso de blanqueo que alcanzó a todas las áreas, y del cual la umbanda es el ejemplo emblemático en el ámbito de la religión, que sólo fue revertido en forma limitada a partir de los años 60 cuando por el contrario, el pluralismo cultural y la valorización de los orígenes étnicos pasaron a constituir la orientación de los productores y consumidores culturales en un movimiento de contorno cultural que fue bastante expresivo en Brasil.

II

Aproximadamente a mediados del siglo XIX, con la presencia de esclavos, negros libertos y sus descendientes en las grandes ciudades, cuando la población negra conoció mayores posibilidades de integración entre sí, con mayor libertad de movimiento y mayor capacidad de organización, dado que incluso el esclavo ya no estaba preso en el domicilio del señor — negro de ganho que era entonces —, pudiendo congregarse en residencias colectivas concentradas en barrios urbanos donde estaba su mercado de trabajo y viviendo con sus pares en una época en que tradiciones y lenguas traídas de África estaban vivas en virtud de la reciente llegada, se creó en Brasil lo que tal vez sea la reconstrucción cultural más bien acabada del negro en Brasil, capaz de preservarse hasta en la actualidad: la religión afro brasileña.

En las diferentes grandes ciudades del siglo XIX surgieron grupos que recreaban en Brasil cultos religiosos que reproducían no sólo la religión africana, sino también otros aspectos de su cultura en África. Los creadores de esas religiones fueron negros de etnias nagôs o iorubás, especialmente los de las ciudades y regiones de Oyó, Lagos, Ketu, Ijexá y Egbá, y los de los pueblos fons, aquí llamados jejes, sobretodo los mahis y los daomeyanos. Florecieron en Bahía, Pernambuco, Alagoas, Maranhão, Río Grande do Sul y, secundariamente, en Río de Janeiro. Aunque haya también surgido y se haya mantenido una religión equivalente por iniciativa de negros bantos, la modalidad banta recuerda mucho más a una adaptación de las religiones sudanesas que propiamente a cultos del África meridional, tanto en relación con el conjunto de divinidades como en función de las ceremonias y procesos de iniciación.

La religión negra que en Bahía se llamó candomblé, en Pernambuco y Alagoas, xangô, en Maranhão, tambor-de-mina y en Rio Grande do Sul, batuque, fue organizada en grupos de "naciones", o "naciones de candomblé" (Lima, 1984), como es sabido, en cada una de ellas la nación africana que la identifica es responsable de la mayoría de sus elementos, aunque hay gran intercambio de elementos entre ellas, resultado de los contactos entre naciones en Brasil e incluso anteriormente, en África. En Bahía surgieron los candomblés ketu e ijexá y más recientemente el efã, todos de origen marcadamente nagô o iorubá, además de un candomblé de culto a los ancestros, el candomblé de egungum. También es de Bahía el candomblé jeje o jeje-mahi, mientras que en Maranhão el tambor denominado mina-jeje dependió más de tradiciones de los jejes daomeyanos, allí también se fue creando la denominación mina-nagô, de predominio iorubá. En Pernambuco sobrevivió la recreación de la nación ebgá, también llamada nagô, y en Río Grande do Sul, las naciones iorubanas oyó e ijexá. En Alagoas se creó un culto de nación xambá, igualmente nagô, hoy prácticamente extinguida. En Bahía, como en otros lugares, tuvimos la formación de los candomblés bantos, con tres referencias básicas: candomblé angola, congo y cabinda, pero sólo las dimensiones de la lengua ritual y de la música parecen ser su marca de identidad, puesto que sus dioses son los orixás de los nagôs y sus ritos siguen los de los candomblés nagôs y jejes.

Como dije antes, la religión negra que se reorganizó en Bahía y otros lugares, es una reconstrucción no sólo de la religión africana, sino también de muchos otros aspectos culturales del África original, una memoria cultural. Tomemos el candomblé ketu, que inclusive sirve de modelo a los demás. Primero, se reorganizó en el plano de la religión la comunidad africana perdida en la Diáspora, creándose a través del grupo religioso relaciones de jerarquía, subordinación y lealtad basadas en los patrones familiares y de parentesco existentes en África, haciéndose de la familia-de-santo, la comunidad de culto, una especie de miniatura simbólica de la familia iorubá.Los iorubás tradicionales son poligínicos, con familia grande habitando residencias colectivas formadas por cuartos y departamentos contiguos, los compounds, rindiendo culto a los dioses, los orixás, que son particulares para cada familia, ciudad y región (Fadipe, 1970) El jefe vive con su mujer principal y los hijos de ella en los aposentos principales y las demás esposas viven con sus hijos, ocupando cada una cuartos separados. Las áreas comunes están reservadas para cocina, ocio, trabajo artesanal y almacenamiento. La familia rinde culto al orixá del jefe masculino, divinidad ancestral que él hereda por línea paterna y que es el orixá principal de todos los hijos. Cada esposa rinde culto también al orixá de la familia de su padre, que es el segundo orixá de sus hijos. Así, los hermanos deben rendir culto al orixá del padre, que es el mismo para todos, y al orixá de la madre, que puede ser diferente de acuerdo con la herencia materna. Como los iorubás creen que descienden de sus orixás, el origen de cada individuo no es necesariamente el mismo. Un compound es así una reunión de diferentes cultos, cada uno con sus ceremonias, mitos y tabúes. Hay un dios general y dioses particulares alabados en las casas de las diferentes esposas. La familia también tiene como culto común la devoción a Exu, orixá trickster que establece la comunicación entre los diferentes planos y personajes de este mundo y del mundo paralelo de los dioses y espíritus. También se rinde culto a los orixás que protegen la ciudad, en general orixás de la familia del rey, los orixás del mercado - centro económico y de sociabilidad de la ciudad - y otros que pueden ser adoptados por libre elección de cada uno. El jefe de la familia es el jefe del culto del orixá principal, iniciándose entre miembros de la familia a los sacerdotes que deben recibir a la divinidad en trance ritual durante las grandes celebraciones festivas. Lo mismo ocurre con respecto a los orixás secundarios, los de las esposas. El culto al orixá de la adivinación, llamado Orunmilá o Ifá, es practicado fuera del ámbito familiar, por una congregación de sacerdotes llamados babalawô, encargados de, a través de prácticas adivinatorias, leer e interpretar el futuro de las personas, conocer el designio de los dioses, prescribir los sacrificios propiciatorios a los orixás. La adivinación del babalawô es practicada a través de la interpretación de un enorme acervo de mitos (sus instrumentos adivinatorios seleccionan los mitos a ser interpretados en cada consulta al oráculo), mitos que él aprende durante la iniciación y que explican al iorubá su mundo, la vida, la muerte, la acción de los dioses y todo lo demás que existe, y que suministran e inspiran los valores y las normas de la sociedad iorubana. Otra sociedad que abarca toda la ciudad, a veces más de una, es la que se dedica al culto de los ancestros fundadores de la ciudad, los Egungun, culto estrictamente masculino, responsable de la administración de la justicia en el plano de las relaciones comunitarias. A esta organización religiosa que rinde culto a los fundadores y héroes humanos, se contrapone otra, la sociedad Geledé, que conmemora los ancestros femeninos, las grandes madres. La religión de todos los días, de todas maneras, es la religión familiar; no se separa religión y familia en la vida cotidiana.

El candomblé, creación brasileña, se estructuró como esta familia iorubá. El grupo de culto es dirigido por un jefe, masculino o femenino con autoridad máxima, y el orixá del fundador del grupo es el orixá común de aquella comunidad, para el cual es erigido el templo principal. Los templos secundarios, denominados casas o cuartos-de-santo son construidos para cada uno de los orixás o familias de orixás alabados por el grupo. La jerarquía reproduce la de la familia iorubá, debiendo los miembros más jóvenes respeto y sumisión a los más viejos, a cuyos pies se postran en alabanza, como hacen los hijos iorubanos para con los más viejos y como hace todo iorubá en respeto a las autoridades. Se supone que los más jóvenes deben aprender de los más viejos, transmitiéndose el conocimiento religioso por medio de la palabra no escrita. La jerarquía ahora es regulada no por la edad, sino por el tiempo de iniciación, puesto que la inclusión en la familia (religiosa) se hace por libre adhesión y no por nacimiento. Las mujeres viejas, vale decir, iniciadas desde hace más tiempo (y en Brasil el séptimo año de iniciación consiguió el estatuto del año que marca el señorío) se llaman entre sí como egbônmi, que en iorubá significa "mi hermana mayor" y es nada más que el tratamiento que las esposas más antiguas - y por consiguiente más importantes - del jefe usan entre sí. La recién iniciada es llamada iawô, o joven esposa, novia, que es como las esposas más viejas llaman a las más jóvenes. Claro que con el pasar del tiempo esas denominaciones reservadas a las mujeres pasaron también a ser usadas para los iniciados masculinos. Además de las prácticas iniciales, como el rasurado de la cabeza que marca el ingreso de las niñas a la pubertad, el uso de incisiones en la piel indicativas de origen tribal y familiar (los agberês del candomblé), costumbres de lo cotidiano familiar africano fueron igualmente incorporadas en Brasil a la religión como fundamento sagrado que no debe ser cambiado: dormir en estera, comer con la mano, postrarse para saludar a los más viejos, mantenerse con la cabeza baja frente a las autoridades, bailar descalzo, etc. El candomblé reprodujo en la religión puestos de mando del gobierno de las ciudades. El consejo del rey de Oyó, ciudad de Xangô, inspiró la creación del consejo de los obá o mogbá en terreiros de este orixá. El general balogun se transformó en cargo de alta jerarquía, en el culto a Ogum. Las mujeres encargadas de administrar el abastecimiento material de la corte del rey inspiraron a las ialodê de los candomblés. La mujer encargada de velar por el culto a Xangô en el palacio del rey de Oyó, y por eso mismo llamada Ekeji Orixá, que significa la segunda persona del orixá, fue ciertamente el modelo del cargo de las equédis, que son las mujeres que no entran en trance y que visten y bailan con los orixás, incorporados en sus sacerdotisas y sacerdotes.

III

El candomblé que se formó en Brasil fue pues, más que la reconstrucción de la religión. No siendo la religión africana una esfera autónoma en relación con las demás que forman la sociedad tradicional, para que ella fuese comprensible en Brasil muchos otros aspectos de la sociedad africana tuvieron que ser aquí reconstruidos, por lo menos simbólicamente, dado que en Brasil las estructuras familiares y societarias africanas estaban completamente ausentes, sustituidas, incluso en el caso del esclavo, por los patrones íbero-brasileños. Eso evidentemente acarreó muchos cambios. Con la destrucción de la familia africana en Brasil, se pierden para siempre los linajes y las estructuras de parentesco, la identidad sagrada no puede más ser basada en la idea de que cada ser humano desciende de una divinidad a través de un linaje biológico. Esa herencia basada en la familia de sangre fue substituida por una concepción de linajes mítico-espirituales. Se continuó creyendo que cada individuo desciende de un orixá, que es considerado su padre y a quien debe culto, pero ahora eso no depende de la familia biológica y el orixá de cada uno sólo puede ser revelado a través del oráculo del jogo-de búzios (juego de caracoles), que en Brasil es prerrogativa de los jefes de culto, las mães y los pais-de-santo. Pero se mantuvo la idea de un segundo orixá rigiendo al individuo, el adjunto o juntó, que en África era el de la madre biológica y que aquí es identificado también por medio del oráculo. A través de la religión, como señaló Roger Bastide (1975), se recreó en Brasil con las inevitables adaptaciones, un África simbólica que fue, durante por lo menos un siglo, la más completa referencia cultural para el negro brasileño. Como institución ahora de la sociedad brasileña, funcionó como una especie de isla a la cual el negro podía retirarse periódicamente en un refugio idílico capaz de atenuar, ¿quién sabe?, las asperezas de la vida cotidiana en la sociedad blanca que lo incluía. Cuando el tráfico negrero cesó, e inmediatamente después la esclavitud llegó al final, se inició el lento e inconcluso proceso de integración del negro a la sociedad de clases entonces en formación. El candomblé como reunión de negros originarios y descendientes de determinadas etnias o naciones africanas fue dejando de ser comprensible. Las nuevas adhesiones de los negros, la mayoría ya nacida brasileña, a las diferentes naciones de candomblé,dejaron de ser orientadas por su origen étnico y pasaron a constituirse en una elección personal, teniendo peso en la decisión las simpatías por el jefe del grupo, el conocimiento y amistad de los adeptos, localización del terreiro, etc. De todos modos, a comienzos del siglo XX, definitivamente la escisión ya no era más étnica. Así como el negro olvidó su origen y la lengua de sus padres y abuelos, el candomblé también olvidó el significado de las palabras y la sintaxis de sus lenguas sagradas. Aunque los cánticos y rezos hayan sido preservados en las lenguas originales, modificadas y adulteradas evidentemente para cada generación, las diversas lenguas del candomblé dejaron de ser lenguas de comunicación, para ser lenguas rituales intraducibles. Los mitos de origen de los cuales hablan los cánticos sagrados fueron igualmente en gran parte olvidados, la memoria ancestral fue dejando de reafirmar las verdades originales antiguas para dar a luz a nuevos asuntos, impuestos por el imperativo de vivir en un mundo contemporáneo en constante transformación.

IV

La reconstrucción de la cultura religiosa africana en Brasil fue orientada - no sin que ocurrieran cambios y pérdidas - por un proceso que dejaba entrever el hecho de dar sentido a la memoria y a la identidad del negro en la diáspora. Para los iorubás y otros pueblos africanos, antes del contacto con la cultura europea, el tiempo es cíclico, no lineal, no histórico. El presente es nada más que una repetición del pasado, de algo que ya sucedió y es conocido. Esos acontecimientos del pasado están vivos en los mitos, que hablan de grandes aventuras, actos heroicos, descubrimientos y todo tipo de eventos de los cuales la vida presente sería una repetición continua. El mito habla del pasado remoto que explica la vida en el presente. El tiempo mítico es sólo el pasado distante, donde está la verdad del presente. El tiempo del mito es el tiempo de los orígenes (Prandi, 2001) Ese pasado remoto de narrativa mítica es colectivo y habla del pueblo como un todo. Pasado de generación en generación por medio de la oralidad, es él el que da el sentido general de la vida a todos y suministra la identidad grupal y los valores y normas esenciales para la acción en aquella sociedad, confundiéndose totalmente con la religión. El tiempo cíclico es el tiempo de la naturaleza, el tiempo reversible y también el tiempo de la memoria, que no se pierde, sino que se restituye. El tiempo de la historia, en contrapartida, es el tiempo irreversible, un tiempo que no se enlaza con la eternidad, ni con el eterno retorno (Prigogine, 1991: 59) El tiempo del mito y el tiempo de la memoria describen un mismo movimiento de reposición: sale del presente, va hacia el pasado y vuelve al presente – no hay futuro tal como lo concebimos en Occidente - La religión es la ritualización de esa memoria, de ese tiempo cíclico, o sea la representación en el presente, a través de símbolos y puestas en escena ritualizadas, de ese pasado que garantiza la identidad del grupo – ¿quiénes somos, de dónde vinimos, hacia dónde vamos? Es el tiempo de la tradición, del no cambio, tiempo de la religión, la religión como fuente de identidad que reitera en lo cotidiano la memoria ancestral. En el candomblé, emblemáticamente, cuando el filho-de-santo entra en trance e incorpora un orixá asumiendo su identidad representada por la danza característica que recuerda las aventuras míticas de esa divinidad, es el pasado remoto, colectivo, el mito, que aflora en el presente para mostrarse vivo, el trance ritual repitiendo el pasado en el presente, en una representación en carne y hueso de la memoria colectiva.

El mito, ahora en Brasil, como elemento constitutivo de la religión afro brasileña, debe ser comprensible no sólo exclusivamente para el negro y todo afro descendiente, sino también para el blanco que adhiere a la religión de los orixás. No está más referido a un pasado genealógico, consanguíneo, que identifica y legitima cada tronco familiar como en África, sino que enlaza espiritualmente a cada miembro de la religión independiente de su origen étnico, a uno de los antepasados que forman el panteón de las divinidades alabadas en suelo brasileño: los orixás Exu, Ogum, Oxóssi, Ossaim, Omulu, Nanã, Oxumarê, Euá, Xangô, Obá, Iansã, Oxum, Logum Edé, Iemanjá, Odudua, Oxaguiã, Oxalá. El candomblé, que es brasileño, enseña que cada ser humano desciende de uno de esos dioses, independientemente de su origen familiar, étnico, racial o geográfico. Los orixás son ahora divinidades universales.

V

Así el candomblé fue dejando de ser fuente de memoria e identidad del negro. Traspuesta la primera mitad del siglo XX, la posibilidad de ser elegido el candomblé como religión dejó de ser prerrogativa del negro, abriéndose la religión afro brasileña a todos los brasileños de todos los orígenes étnicos y raciales. La sociedad blanca que a comienzos del siglo había creado una versión más blanqueada del candomblé, la umbanda, prendió entonces en otro movimiento de inclusión aquella que durante un siglo había sido la religión de los negros. Ya estábamos en la sociedad de masa y el candomblé sería el gran depósito de la cultura brasileña más cercana a África.

A fines de los años 60 y comienzos de los 70 se inició junto a las clases medias importante actividad de recuperación de nuestras raíces culturales, reflejo de un movimiento cultural mucho más amplio, que en Estados Unidos y en Europa, y de allí a Brasil, cuestionaba las verdades de la civilización occidental, el conocimiento universitario tradicional, la superioridad de los patrones burgueses vigentes, los valores estéticos europeos, volviéndose a las culturas tradicionales, sobre todo las de Oriente, buscando nuevos sentidos en las viejas subjetividades, en valores olvidados y escondidas formas de expresión. En Brasil se efectuó un gran retorno a Bahía, con el redescubrimiento de sus ritmos, sus sabores culinarios y toda la cultura de los candomblés. Las artes brasileñas en general (música, cine, teatro, danza, literatura, artes plásticas) ganan nuevas referencias, el turismo de las clases medias del Sudeste eligió un nuevo flujo en dirección a Salvador e demás puntos del Nordeste (Prandi, 1991, 1996) El candomblé se expandió muy rápidamente por todo el país, dejando de ser una religión exclusiva de negros; la música bahiana de inspiración negra se convirtió en consumo nacional; la comida bahiana, que no era otra cosa que comida votiva ofrecida a los orixás en los terreiros fue a todas las mesas, y así prosperó.

Si aspectos de origen africano componían la cultura brasileña en las más diversas áreas, con el movimiento de los años 60 y 70 ocurrió todo un redimensionamiento de la herencia negra, con lo cual aquello que antes era tratado como exótico, diferente, primitivo, pasó a ser incorporado como habitual, cercano, contemporáneo. La propia música popular incorporó al viejo y sucesivamente blanqueado samba nuevos golpes, pero cercanos a la percusión de los terreiros del candomblé. Las escuelas de samba del carnaval no se cansan de hacer desfilar a los orixás en la avenida. La televisión, en las noticias y en la ficción, sobre todo en las novelas, no consigue dejar de lado referencias constantes a los dioses de los terreiros, al jogo-de-búzios, a los pais y mães-de-santo, sean ellos presentados como auténticos o falsos. La cultura de una minoría ahora ya es consumo de todos.

VI

La valorización de la cultura negra en Brasil sobrevino juntamente con la formación de los movimientos de minorías, entre los cuales el movimiento negro en sus más diferentes manifestaciones intensificó a los afro descendientes la cuestión del origen y de la identidad. Después de siglos de integración, mestizaje y blanqueo (físico y cultural), sectores de las poblaciones negras y mestizas cuestionan y son cuestionados sobre su origen africano y afro descendiente. Mientras intelectuales y artistas no identificados con una causa negra tratan de manera general de incorporar y diluir al África brasileña en un arte y en un discurso de corte universal, surgen aquellos interesados justamente en lo contrario: delinear el origen negro como origen suyo, haciendo de la creación artística el documento de la propia identidad. Pero el negro, obligado a incorporarse a una cultura nacional, europea, blanca y cristiana sin la cual no era posible sobrevivir — y el sincretismo católico de las religiones afro brasileñas es la demostración emblemática de esa obligatoriedad de ser brasileño y por consiguiente católico, incluso cuando se es africano y se alaban los orixás, vodun e inquices — pues bien, ese negro olvidó su origen... Ya no es capaz de saber de dónde vinieron sus ancestros, si eran de esa o de aquella tribu o ciudad, qué lengua hablaban, ni incluso sabe si eran bantos o sudaneses.

La superioridad numérica de los negros iorubás en Salvador del siglo XIX transformó su lengua, el iorubá, en una lengua común de los negros esclavos y libertos de los más diferentes orígenes étnicos que convivían en la ciudad. Cuando los diferentes grupos organizaron su religión en Bahía, fueron candomblés nagôs con muchas contribuciones rituales de los jejes, los que mejor consiguieron imponerse como modelo de culto, de tal modo que sus dioses, los orixás, acabaron ganando relevancia, primero local y después nacional, capaz de opacar la presencia de los vodun de los jejes y de los inquices de los bantos. Mientras los orixás pasaron a ser reconocidos como las auténticas divinidades africanas, sobre todo con el surgimiento de la umbanda que los diseminó por todo el país, los vodun quedaron limitados a unos pocos templos de Salvador y ciudades del Recôncavo y completamente escondidos del resto do país en los templos de Maranhão. Los inquices bantos desde largo tiempo habían sido sustituidos por los orixás y encantados caboclos. Como si todo lo que es negro remitiese a los pueblos nagôs, como si todos los dioses africanos fuesen orixás.

El ensayista y poeta norteamericano Steven White, analizando la poesía producida en los últimos quince años por poetas brasileños negros, como Estevão Maia, Oliveira Silveira, Edimilson de Almeida Pereira, Ricardo Aleixo y Lepe Correia, entre otros, muestra perfectamente cómo la búsqueda de una identidad negra, africana, de origen, acaba remitiendo a la necesidad de que se reinvente un pasado a través de la religión que se profesa hoy, y que es la fuente brasileña por excelencia de la memoria de los orígenes africanos (White, 1999) La religión tradicional reconstruida de este lado del Atlántico pasa a ser fuente de memoria creada del presente para el pasado, en un camino inverso. El proceso de elaboración de ese pasado mítico va a beber en las propias tradiciones corrientes que brotan de las instituciones religiosas negras más vivas en el escenario cultural del país, y la identidad se define a partir de un origen idealizado que el poeta adopta como suyo. La reconstrucción del pasado que orienta la construcción de la identidad se hace así a partir de la cultura brasileña y no del verdadero y perdido origen étnico, familiar y, en última instancia, racial. Incluso cuando el negro se expresa para afirmar su negritud, su condición africana, no le resta a él más que hacerlo como brasileño. Aunque el pasado ancestral perdido sea África pluriétnica, multicultural, el pasado recuperable es aquél que Brasil logró incorporar en la construcción de una nueva civilización, pasado que sólo puede ser reinventado, memoria recreada. Entre el Brasil contemporáneo y la vieja África, como así también la antigua Europa y las perdidas civilizaciones indígenas, se sitúa nuestra propia historia, lo cual nos impide o auxilia en el reencuentro de nuestro punto, en las sinuosidades de la civilización que ella misma engendró. La recuperación del pasado ancestral, que hoy ya no es comprensible en su totalidad, nos hace elaborar la memoria restablecida con las insignias míticas que emergen en el presente. Del Brasil de hoy se hace el África de ayer, África simbólica que es memoria e identidad posible de los afrobrasileños.


Bibliografía

Bastide, Roger
. As religiões africanas no Brasil. São Paulo, Pioneira, 1975.
Fadipe, N. A, The Sociology of the Yoruba. Ibadan, Ibadan University Press, 1970.
Lima, Vivaldo da Costa et alii. Encontro de nações de candomblé. Salvador, CEAO/UFBa e Inamá, 1984.
Prandi, Reginaldo. Os candomblés de São Paulo: a velha magia na metrópole nova. São Paulo, Hucitec e Edusp, 1991.
Herdeiras do axé: sociologia das religiões afro-brasileiras. São Paulo, Hucitec, 1996.
Mitologia dos orixás. São Paulo, Companhia das Letras, 2001.
White, Steven F. A reinvenção de um passado sagrado na poesia afro-brasileira contemporânea. Estudos Afro-Asiáticos, Rio de Janeiro, nº 35, pp. 97-110, julho de 1999.

La Academia de Mestre Pastinha


En el Largo do Pelourinho, Mestre Pastinha y discípulos circa 1936

TOQUES DE BERIMBAU

El toque de Angola, así como el toque de São Bento Pequeno, son usados para acompañar el canto de la ladainha y el canto de entrada, pudiendo también ser usados para el canto corrido, cuando los capoeiristas van a jugar lentamente.

El toque de São Bento Grande: es muy importante, porque acompaña cualquier tipo de juego, además de ser ideal para el acompañamiento de cantos corridos.

El toque de São Bento Pequeno: es un toque intermediario entre el toque de Angola y el de São Bento Grande.

El toque de Iuna: ejecutado a través del berimbau viola, es el toque ritual porque solo es admitida su ejecución cuando dos capoeiristas experimentados -generalmente mestres- van a "vadiar", exigiendo una perfecta coordinación de los movimientos que sólo es adquirida después de muchos años de práctica de la capoeira.

El toque de Benguela: era usado para acompañar el jogo de faca (juego de cuchilla) hoy extinto. Era el juego en donde uno o dos de los capoeiristas empuñaban un cuchillo, luchaban o simulaban una pelea entre si.

El toque de Cavalaria: es un toque de aviso y no puede ser usado en un juego de capoeira. Antiguamente cuando los capoeiristas eran perseguidos, se creó el Esquadrão de Cavalaria da Guarda Nacional (Escuadrón de Caballería de la guardia Nacional) que tuvo en una determinada época, como preocupación mayor, el combatirlos. De ahí se originó el toque de Cavalaria. Un capoeirista se quedaba en una colina o en una esquina un poco distante de donde se formaba la roda de capoeira, y cuando la Cavalaria da Guarda Nacional se aproximaba el que estaba vigilando daba inicio al toque del mismo nombre avisando a los camaradas que huyeran o que se prepararan para enfrentarlos en violentas batallas.

El toque de Samba de Angola: sólo es usado para la ejecución de la samba de roda o de la samba duro. En la samba de roda, mientras los instrumentos tocan el pueblo baila a la manera de los africanos, en pares o en grupos. En el samba duro, que únicamente es permitido para hombres, mientras samban se aplican rasteiras entre si.

El toque de Apanha a Laranja no Chao Tico-tico: en las fiestas de Santa Bárbara era usado para el 'torneo' que consistía en lo siguiente: dos capoeiristas se exhibían intentando agarrar con la boca un lienzo blanco que era arrojado al medio de la roda, consagrándose vencedor aquel que lo tomaba. El referido toque es acompañado con la melodía del mismo nombre que se originó de una broma de roda muy conocida, donde se destaca la presencia de mestres antiguos que echan un carné en medio de la roda y comienzan a jugar en su busca.

Los toques de Santa Maria, Jogo de Dentro (Amazonas) y Samongo (Samanto): son usados de preferencia en cantos corridos cuando es utilizado el jogo de dentro.

"Movimento afro a gente faz no dia-a-dia"


por Taiana Laiz

“A mídia só destaca o trabalho da cultura afro daqueles que já se destacaram”, afirma Carlos Alberto Alves de Almeida, mais conhecido como Bimbau, expondo sua insatisfação com relação à abordagem que a mídia dá às entidades afros de Salvador. Em 1982, sendo chamado para integrar a diretoria do Afoxé Badauê, a sua vida começou a mudar e hoje ele é adorado nas comunidades afros de Salvador. Baiano legítimo, é coordenador-geral da produção artística afro do Subúrbio, e já foi destaque em algumas das principais folhas culturais da cidade, embora ainda seja um quase desconhecido entre algumas das entidades existentes na Bahia. Nesta entrevista, ele reafirma sua verdadeira profissão, e expõe seu desagrado com relação à ajuda do Estado.

Vamos começar com umas perguntas protocolares. Onde o senhor nasceu e como teve contato com a cultura afro?
Bimbau - Eu nasci em Acajutiba, interior da Bahia, e vim para Salvador com 7 anos de idade, sendo que já cheguei aqui trabalhando porque minha família era muito carente. Entreguei jornal à noite, com 17 anos fui pro Exército, logo após trabalhei na redação do impresso do jornal Tribuna da Bahia, depois passei um período na Forgia Nordeste Metalúrgica no Centro Industrial de Aratu. Me profissionalizando em metalúrgico, trabalhei por quatro anos no Aço do Brasil, e fui parar na Conforgia em São Paulo. Voltando a Salvador fiz o curso de operação de andaime industrial e logo fui chamado para trabalhar na Copene. Em 82, fui surpreendido pelo chamado para compor a diretoria do Afoxé Badauê, depois desse primeiro contato com a cultura afro resolvi vir morar no Subúrbio, e comecei a desenvolver dança e capoeira para as crianças, foi daí que pude montar meu primeiro afoxé que se chamou Afoxé Uganda. Mais tarde resolvi mudar de modalidade e o meu projeto ficou conhecido como Arca de Olorum, e foi assim que fui me envolvendo com a cultura e fazendo cultura até hoje.

Qual a análise que o senhor faz acerca do desempenho do segmento e valorização da cultura afro na Bahia?
A análise que eu faço é positiva, porque em si o meu trabalho dentro e fora de Salvador é reconhecido. O valor da cultura é uma coisa indiscutível, mudou muito e é por isso que está sendo bem aceita digo não só pelo negro mais também em seu geral, tanto pelas pessoas que nos visitam como por aquelas que já atuam dentro do segmento afro.O senhor tem um Projeto Social chamado Arca de Olorum voltado para crianças, jovens e adultos carentes da comunidade. Como surgiu este projeto?
Este projeto surgiu em cima da carência não só cultural como social. Nós no dia-a-dia vamos vendo as necessidades que as pessoas têm e conseguimos trabalhar em cima disso. Agora, estamos com um projeto chamado moda afro, este projeto foi inspirado em cima da carência da mulher de casa, e baseado no tempo que a mulher tem como forma de ser preenchido.

O senhor desenvolve para estes jovens várias atividades que estimulam o aprendizado da cultura afro. Quais os incentivos que o Estado tem dado para ajudar neste aprendizado?
Eu não gosto nem de comentar isso porque acho que o Estado deveria estar inserido o ano todo, porém ele entra com uma ajudazinha apenas no carnaval, sendo que a ajuda do carnaval deste ano ainda nem chegou ao meu projeto. Se você for depender da ajuda que o Estado dá, você não faz nada pra ajudar na comunidade.

E como eles vêem a cultura afro representada pelo seu projeto?
No começo fui até tachado como maluco pela comunidade, porque eu encarava a cultura afro como algo forte dentro de mim, então pra você chegar dentro de um povo que enxerga você de forma diferente é um pouco difícil. Porém eu tive resistência não me deixei levar pelo que falavam e continuei resistindo e fiz a coisa mudar. Hoje meu trabalho é bem aceito e muito mais valorizado.

Você já fez ou faz parte de algum movimento afro?
Movimento afro a gente faz no dia-a-dia a partir do momento que a gente já está inserido nela. O próprio Projeto Arca de Olorum é um movimento afro, então em si eu faço parte de vários movimentos afros aqui na cidade.

O senhor acha que a cultura afro está sendo bem representada aqui na Bahia?
Sim, primeiro porque nós temos uma entidade afro que se chama Ile Aiyê, é uma entidade que já correu o mundo. Segundo porque também temos o Axé Music onde temos nossas amigas Ivete, Margarete Menezes e a própria Daniela, as quais estão levando a nossa cultura para fora do país, e fazendo ser bem aceita.

Além da dança afro quais as demais atividades que seu projeto desenvolve?
Capoeira, percussão, oficina de instrumento, dança de rua, costura, esportes para crianças, e agora moda afro com penteados afros.
O senhor já tem em vista outras idéias para o seu projeto social?
Sim, minha idéia é montar um centro de cultura no bairro do Rio Sena envolvendo todos os segmentos afros e abrindo para a população em geral. Meu ideal agora é empregar esse trabalho na comunidade.

Como o senhor acha que a mídia retrata a cultura afro? Há preconceito?
Muita. A mídia só destaca o trabalho da cultura afro daqueles que já se destacaram, como por exemplo, o Ile Aiyê e um pouco do Olodum, sendo que o Ile Aiyê e o Olodum não podem representar as inúmeras entidades que existem em Salvador. São 48 entidades carnavalescas só de um segmento e mais 32 de outro. O que mais me chateia é que eles falam tanto em socialismo, trabalhos sociais, trabalhos culturais, e nenhum desses dois fazem trabalhos voltados à comunidade, e nem por isso o Ile Aiyê deixou de receber 1 milhão, e o Olodum 600 mil da Lei Ruanê do governo federal.

O que o senhor acha que podemos fazer para mudar essa situação?
Continuar dando segmento aos projetos culturais para que um dia possam nos enxergar de forma individual. E pedir a imprensa um pouco mais de respeito aos segmentos, as questões, e as pessoas.(junho de 2007)