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Palabras indigestas


Luego que Mirtha Legrand contara en su programa que durante la última dictadura militar de su país sufrió el secuestro de dos familiares, el jefe de gabinete Aníbal Fernández replicó con dureza. "No la veo preocupada por lo que estaba sucediendo, porque los archivos la muestran de otra manera", dijo.

"La familiaridad con la que hablaba de los peores como Videla y todos estos siniestros personajes del mal llamado Proceso de Reorganización Nacional, eran prácticamente familiares para ella. Y después vemos fotos de ella con Astiz y con Massera y que de golpe y porrazo se acordó de este tema, si es que fuera cierto; se nota una profunda utilización del tema", señaló Fernández.

Llama la atención que don Fernández ignore las fotos que circulan profusamente y que certifican que su patrón -el ex presidente y actual primer caballero- también cenó, almorzó y mantuvo risueños encuentros con gorilas de esos tiempos difíciles... El que esté libre de pecado, arroje la primera piedra. La controversia radica en que la Legrand no parece comulgar mucho con el matrimonio que habita la quinta presidencial de Olivos, y entonces hay que largarle los perros para que tenga y guarde.

Los años pasan, y Legrand es una señora grande que desde hace por lo menos setenta se mantiene en ese limbo que algunos gustan llamar "la farándula". Único testigo vivo -digo, en actividad- de la época de los teléfonos blancos; actriz discutible, pero por cierto la única a la que puede llamarse "diva" en un sentido de estricta justicia, seguramente será recordada como un ícono del espectáculo rioplatense dentro de algunas décadas.

Menos probable será que en ese recuerdo a la protagonista de "Los martes orquídeas", "La doctora quiere tangos" o "La patota" alguien memorice también
la olvidable figura de Fernández, el bigotoso mastín de los pingüinos cuyo único mérito es la obsecuencia con los que pagan su sueldo desde el bolsillo de todos los argentinos.

A la Chiqui, -que es la diva, la Legrand o la viuda Tinayre- no le paga su sueldo el pueblo y se le pueden perdonar sus recuerdos o sus olvidos, porque es una figura del entretenimiento, del dolce far niente: no tiene la misma responsabilidad que los actores políticos cuya función no es entretener, sino hacer y sin robar, además.

No me gusta la señora como actriz, por cierto. No comparto muchas de sus apreciaciones, tampoco. Hasta a veces diría que me rompe un poquitín los quinotos. Pero me parece respetable una mujer de casi nueve décadas que renueva su vigencia cada día y dentro de su futilidad es todo un personaje que recuerda otros buenos tiempos, aquellos en los que Argentina hacía cine para el mundo, a veces bueno y a veces olvidable, pero era toda una industria floreciente.

Si sobrevivió a Perón, a la Junta Libertadora, a los golpes cívicos y militares, a Perón de nuevo y a la atosigada Isabelita de manos dadas a Lopecito, a los presidentes de la restauración democrática que desembocan en esta señora gesticulante y declamatoria que se sienta en el sillón de Rivadavia... seguro que tiene cuerda para mucho más.

Fernández: ¡Vaya a la cucha! Seguimos almorzando con la señora Mirtha Legrand de Tinayre.

Tocando em frente

Cada qual carrega a sua história
e o dom de ser capaz, de ser feliz!


Magia y sueño: poesía del pueblo en Jards Macalé


Jards Anet da Silva (Río de Janeiro, 3 de marzo de 1943), más conocido como Jards Macalé, es un actor, cantante y compositor brasileiro.

Nació en el barrio de Tijuca al pie del Morro da Formiga y rodeado de música: en el morro con sus batuques en casa de sus vecinos Vicente Celestino y Gilda de Abreu; en su casa, en los afoxés, las valsas y las modinhas tocadas al piano por la madre, doña Lígia -que también cantaba- y en el acordeón por el padre. El coro familiar tenía a Roberto (el hermano menor) y a Jards. En la radio, Orlando Silva, Marlene, o Emilinha Borba.

Aún niño pero ya casi un adolescente se mudó para Ipanema, donde recibió el apodo de "Macalé" -era el nombre del peor jugador del equipo del Botafogo de la epoca- Adolescente, formó su primer grupo musical, el dúo "Dos en el Balance"; vino después el Conjunto Fantasia de Chico, de jazz y samba-canción. Estudió piano y orquestación con Guerra Paez, violoncelo con Peter Dauelsberg, guitarra con Toríbio Santos y Jodacil Damasceno y análisis musical con Ester Scliar.

Comenzó su carrera profesional en 1965, como guitarrista en el Grupo Opinión. Hizo asimismo la dirección musical de los primeros espectáculos de Maria Bethânia. Tuvo composiciones suyas grabadas por Elizete Cardoso y Nara Leão. Con Gal Costa, Paulinho da Viola y José Carlos Capinam, creó la agencia Tropicarte, para administrar los propios espectáculos.

En 1969 participó del 4.º Festival Internacional de la Canción presentando la canción Gotham City, y lanzó su primer disco, "Sólo Muerto". Trabajó con Gal Costa en el disco Le-Gal y en el show Mi nombre es Gal. En 1971 viajó para Londres a invitación de Caetano Veloso, con quien tocó y grabó. El mismo año, de vuelta al Brasil, lanza su primer LP, Jards Macalé. En 1974, lanzó el LP Aprender a Nadar.

Participó como actor y compositor de la banda sonora de las películas El Amuleto de Ogum y Tienda de los Milagros, de Nelson Pereira dos Santos. También compuso para las bandas sonoras de Macunaíma de Joaquim Pedro de Andrade, El Dragón de la Maldad contra el Santo Guerrero, de Glauber Rocha, La Reina Diabla, de Antônio Carlos Fontoura, Aparta, malandro!, de Hugo Carvana, y Getúlio Vargas, documental de Ana Carolina. Compuso también bandas sonoras para teatro.

En 1976, acompañó a Moreira da Silva en el samba de breque Quita los lentes y recoge al hombre.

Macalé es autor de canciones como Vapor Barato, Ángel Exterminador, Apenas Secreto, Movimiento de los Barcos, Calle de Real Grandeza, Alteza, Hotel de las Estrellas, Poema de la Rosa. Tuvo como compañeros de composición a Capinam, Wally Salomão, Torquato Neto, Naná Vasconcelos, Xico Chaves, Jorge Mautner, Glauber Rocha, Abel Silva, Vinícius de Moraes, Fausto Nilo. Entre los intérpretes de sus canciones están Gal Costa ("Hotel de las Estrellas" y "Vapor barato"), Maria Bethânia ("Ángel exterminador" y "Movimiento de los barcos"), Clara Nunes ("El más que perfecto"), Camisa de Vênus ("Gotham City") y Rappa ("Vapor Barato"), entre otros.

Aunque haya actuado también junto a Gilberto Gil y Caetano Veloso, rompió con ellos por considerar que el tropicalismo había sido cooptado por la industria cultural, perdiendo su independencia.

Sus discos

  • Sólo Muerto (compacto de 1970)
  • Jards Macalé* (1972)
  • Banquete de los Mendigos (LP doble), en homenaje al 25º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Grabado en vivo, con varios artistas (1973);
  • Aprender a nadar (1974)
  • Contrastes (1977)
  • Cuatro Batutas y un Coringa (1984)
  • Río Sin Tom/ Blue Sued Shows (1987)
  • Let's play that (1994)
  • Lo que yo hago es música (1998)
  • Macalé Canta Moreira (2001), además del single
  • Participó de los songbooks de Ary Barroso, Noel Rosa y Tom Jobim.
  • Amor, Orden & Progreso (2003)
  • Real Grandeza conteniendo exclusivamente canciones de su parceria con Waly Salomão: y con la participación de Maria Bethânia, Adriana Calcanhotto y Luiz Melodía, entre otros artistas. (2005)
  • Pedid Bis, cantando canciones de Ismael Silva al lado de Dalva Torres.

De muito usada a faca já não corta...

Francisco -Chico- Buarque de Hollanda (Río de Janeiro, 19 de junio de 1944) es un poeta, músico, compositor, dramaturgo y novelista brasileño.

Se le conoce principalmente por sus canciones de refinada armonía, deudoras en parte de Antonio Carlos Jobim, y por sus letras, que oscilan entre una temática de carácter intimista, hasta cuestiones como la situación cultural, económica y social de Brasil. A lo largo de su vida ha ido alternando su carrera musical con la de novelista y dramaturgo. Su último libro, Budapeste (2005), fue muy aclamado y ganó el importante Prêmio Jabuti.


Chico Buarque, en concierto.

Nació en el seno de una familia intelectual y privilegiada. Su padre, Sérgio Buarque de Hollanda, era un conocido historiador y sociólogo. Chico fue un niño estudioso, con un interés precoz en la música y la escritura. Desde temprano le impresionó la música, sobre todo la bossa nova y en especial el trabajo de João Gilberto.

Se casó con la actriz teatral y cinematográfica -hoy también televisiva- Marieta Severo, con quien tiene tres hijas -Sílvia, Helena y Luíza-

El debut público de Buarque como músico y compositor ocurrió en 1964 y pronto se hizo una reputación a través de su participación en festivales musicales y programas de televisión. Su primer álbum, "Chico Buarque", mostraba el trabajo por venir con sambas pegadizas caracterizadas por juegos de palabras creativos y un trasfondo de nostalgia trágica. Su cada vez mayor actividad política contra la dictadura militar de Brasil le valió ser arrestado en 1968 y lo movió al exilio a Italia en 1969. Chico Buarque regresó a Brasil en 1970, donde empleó su fama y habilidad para escribir canciones como protesta contra la dictadura. En esta época su sencillo de protesta (ligeramente disimulada) "A pesar de você" pasó desapercibido de alguna manera por los censores militares y se convirtió en el himno del movimiento democrático. Después de vender 100.000 copias, el sencillo fue finalmente censurado y todas las copias fueron retiradas del mercado. A pesar de la censura, canciones como "Samba de Orly" (1970), "Acorda amor" y "Cálice" (1974), y "Vai passar" (1983) hicieron patente la continua oposición al régimen de Chico.

Durante los años setenta y ochenta, Chico colaboró con cineastas, dramaturgos y músicos en trabajos que protestaban contra la dictadura.

En el año del golpe militar de Brasil, 1974, Chico escribió sobre la situación y evitó la censura al usar analogías crípticas y juegos de palabras. Por ejemplo, en la canción "Cálice" juega con las palabras portuguesas para "cállese" ( cale-se) y "cáliz" (cálice) para cantar sobre la opresión militar bajo la apariencia de un relato carnavalesco con aire bíblico. Aunque bien es cierto que sus letras también abordan temas de carácter más personal, con un encanto sutil y en un contexto musical hondo y refinado. Silvio Rodriguez le nombra en su canción "Quién fuera". En 1998, la escuela de samba de Mangueira ganó el primer lugar del carnaval carioca con un tema de homenaje a Chico Buarque.

La plus belle pour aller dancer!

Sylvie Vartan (nacida el 15 de agosto de 1944) es una actriz y cantante francesa, de música pop, de origen búlgaro y armenio.

A la edad de 21 años -en 1965- contrajo nupcias con el cantante francés de rock Johnny Hallyday. Juntos tuvieron un hijo, David Hallyday, que siguiendo la tradición familiar también se ha hecho cantante. Johnny Hallyday y Sylvie Vartan fueron la "pareja de moda" de su generación en Francia, atrayendo constantemente la atención de la prensa rosa. Johnny y Sylvie se divorciaron en 1980. Ella luego se volvió a casar; esta vez con el empresario discográfico americano Tony Scotti.

En el año 2005 Vartan fue nombrada embajadora de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud.

Sus mayores éxitos como cantante los ha obtenido por medio de las canciones "Pas d'essence", "Comme un garçon", "J’ai un problème, je crois bien que je t’aime", "La plus belle pour aller danser" e "Irrésistiblement". Es importante notar que Sylvie, reconocida por ser una buena lingüista, ha hecho un repertorio de sus canciones en varias lenguas. Por ejemplo, su versión italiana de "Irresistiblement", titulada "Irresistibilmente" fue un gran éxito cuando la cantó por la televisión Italiana en los años 70.

En Francia sigue siendo la artista femenina de su generación que más éxito tiene cuando edita un disco o va de gira. Su último concierto fue en el Palacio de Congresos de Paris en septiembre/octubre del 2007 y su último CD salió en junio de 2009.


Una Venus tallada en ébano

Freda Josephine Carson nació en Saint Louis, Missouri, el 3 de junio de 1906, en el seno de la familia de Eddie Carson, quien era percusionista de vaudeville, y Carrie McDonald, lavandera.

Al poco tiempo, Eddie abandonó a su familia y la madre de Josephine se casó con Arthur Martin, un hombre desempleado, por lo que la situación económica de la familia no sería la mejor por mucho tiempo. Así, Josephine abandonó la escuela y pasó su infancia trabajando como doméstica y niñera para ayudar a la subsistencia de su grupo familiar, que se vio ampliado con dos hermanas y un hermano. Además, como toda persona negra en aquella época, fue víctima de duras situaciones de racismo.

A los trece años, esta joven trabajaba como mesera en The Old Chauffeur's Club, donde conoció a quién sería su primer marido por un corto tiempo, Willie Wells. Acostumbrada a trabajar desde niña, Josephine nunca dependió de sus compañeros sentimentales económicamente, por lo que nada la detuvo en su búsqueda de la felicidad. En 1921 contrajo matrimonio por segunda vez con Willie Baker, de quien se divorció también, aunque conservó su apellido con el que sería famosa.

Al alcanzar la edad de diecisés años se convirtió en bailarina y se unió a un grupo de danza de Philadelphia y viajó con The Jones Family Band y The Dixie Steppers, pero al principio fue rechazada como artista pues la consideraban torpe y demasiado oscura. En 1923, logró unirse al coro de The Dixie Steppers que representaban la comedia musical Shuffle Along de Sissle and Blake, y se trasladó a Nueva York. Prontó logró presentarse en Broadway en el espectáculo Chocolate Dandies. De igual forma, actuó en el Plantation Club y en el Cotton Club de Harlem.

Luego en 1925, y antes de los diecinueve años, se tralada a París como corista de La Reveu Négre, donde brillaría con su rutina Danse Sauvage. Su primera presentación en la ciudad de las luces fue el 2 de octubre de 1925, sobre la escena del teatro Music-Hall de los Campos Elíseos, donde bailó vestida sólo con un cinturón hecho de bananas. Con su talento y belleza, Josephine se ganó en instantes al público parisino, ávido de exotismo, y así en sólo tres meses consiguió un primer papel en La Folie du Jour en el teatro Folies Bergère y alcanzó el estrellato. Para 1927, era la artista del espectáculo mejor pagada de todo Europa y rivalizaba con Gloria Swanson y Mary Pickford por ser la mujer más fotografiada de todo el mundo.

Se dice que se le debe a esta Venus Negra, como era llamada frecuentemenete, el éxito del charleston en Europa. Su influencia fue tal que las mujeres parisinas de marcada blancura, se aplicaban cremas de nueces para oscurecer su piel y parecerse a la imponente americana Baker. Una voz privilegiada para el jazz, un sensual cuerpo que mostraba con orgullo levemente cubierto con extravagantes trajes, y una verdadera aptitud para la danza, fueron la explosiva fórmula con la que Josephine, también conocida como la Perla Negra o la Diosa Criolla haría historia. En 1930 se dedicó profesionalmente al canto donde también cosecharía grandes éxitos. Por la misma época, participó en varios largometrajes como La Sirena de los Trópicos (1927), Zou-Zou (1934) y La Princesa Tam-Tam (1935) Como disfrutara de una posición económica más que holgada, trasladó a su familia desde Saint Louis hasta Les Milandes, en Francia. A pesar del sorprendente éxito en Europa, Josephine no era aceptada del todo por el público de Estados Unidos, para los que era inaceptable que una mujer negra disfrutara de ese poder y esa sofisticación. En 1936, intenta actuar de nuevo en su tierra natal en el Ziegfeld Follies, pero regresa a Europa despreciada por su propia gente y con varias ingratas críticas de los periódicos estadounidenses. Josephine no sólo era extravagante en el escenario. Amaba a las mascotas y por ello llegó a tener un leopardo, un chimpancé, una culebra, un cerdo, una cabra, una lora, un perico, varios peces, tres gatos y siete perros.

En 1937 agradecida con el público francés por su aceptación, adquiere la nacionalidad francesa y se casa por tercera vez con Jean Lion, de quien se divorciará de igual forma. Además, participó en la II Guerra Mundial siviendo de entretenimiento a las tropas aliadas y fue condecorada por ello con la Cruz de Lorena, en oro. Luego, en 1947 se casó con el director de orquesta Joe Bouillon, con quien decidió adoptar a doce niños. Ella los llamaba "la tribu del arcoiris", porque los niños eran de etnias diferentes, ya que ella quería demostrar que la diferencia étnica no impedía que las personas se vieran como hermanos. Los llevó por todo Estados Unidos y Francia para que todos vieran que felices eran a pesar de las diferencias.

Josephine Baker regresó a Estados Unidos con la intención de luchar por la integración y contra la discriminación racial durante la década de los cincuenta. Exigía que en sus presentaciones el público estuviera integrado, y cuando el Stork Club de Nueva York la rechazó inició una batalla periodística, por lo que la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP) eligió el 20 de mayo como día de Josephine Baker en reconocimiento a sus esfuerzos.

Paris 1959 - Josephine Baker

Paris 1959 - Josephine Baker con su marido Joe Bouillon
y siete de sus nueve hijos adoptivos

La estrella volvió a divorciarse, y en Estados unidos encontró una íntima amistad con el artista Robert Brady. Nunca se casaron legalmente pero vivieron juntos y en 1973 realizaron una ceremonia simbólica por la cual quedaron unidos hasta el fin de sus días. Esto lo supo poca gente, pues Josephine temía que la ridiculizaran y no tomaran en serio lo que era fundamental para ella. Ese mismo año, se presentó en el Carneguie Hall, y aunque tenía temores por sus experiencias anteriores, esta vez fue ovacionada por un público muy afetuoso y emocionado. La situación fue más que satisfactoria para ella, pues al fin era verdadeamente aceptada por su propia gente.


París, 15 de Abril de 1975 - Funeral de Josephine Baker

París, 15 de Abril de 1975 - Funeral de Josephine Baker. Asisten entre otros la Princesa Grace de Mónaco (con gafas) así como varios veteranos de la Resistencia Francesa

El 8 de abril de 1975, esta valiosa y valiente mujer de sesenta y ocho años realizó una presentación especial en el Teatro Bobino en París para celebrar los cincuenta años de su carrera. Entre la numerosa audiencia, se encontraban personalidades como la Princesa Grace de Mónaco y Sophia Loren. Dos días después la leyenda llegó a su fin, pues Josephine entró en coma y murió el doce de abril de 1975 por una hemorragia cerebral. La procesión funeral que desfiló por las calles de París fue enorme. Josephine Baker fue la primera mujer norteamericana a la que le otorgaron honores militares en Francia. Fue enterrada en Mónaco.

La "Carmen" de Stalin


Su singularidad iconográfica oculta una nulidad intelectual casi absoluta. Fue la adaptación celtibérica del estalinismo. Estuvo a punto de meterse a monja. En el 68 suscribió una tibia crítica a la invasión de Checoslovaquia. Apoyó con entusiasmo las masacres de los demócratas alemanes, húngaros o checos.

Dolores Ibárruri es la española más fotografiada de nuestra Historia: su nombre es más conocido que el de cualquier mujer realmente importante en la cultura o la política del siglo XX, que ha tenido la veneración de una parte de nuestro pueblo y concitado el odio de otra parte mucho mayor. Pero casi nada de lo que se le atribuye, bueno o malo, es propiamente suyo. Su singularidad iconográfica oculta una nulidad intelectual casi absoluta: no hay un libro, un artículo, una sola frase que, de ser buenos, sean suyos, y que, de ser suyos, sean buenos.

Como gran sacerdotisa de la iglesia marxista-leninista, fue vulgar hasta en la sumisión con que siguió las directrices del más genocida de los movimientos políticos contemporáneos: el comunismo de la época de Stalin, en el que interpreta un papel de poco guión y mucha cámara.
La Pasionaria, como se le conoció siempre, es la carátula hispánica del dogma estalinista: una imagen clásica y sombría, elegante y arrogante, derrotada y noble, -convencional en el fondo- de lo español para extranjeros.

Si la
Carmen de Merimée fue una popularísima españolada para la pequeña burgesía occidental, la Pasionaria fue una representación del antifascismo mediterráneo para la izquierda de todo el mundo. Dolores Ibárruri es la "Carmen" de Stalin, una rebelde de lo más obediente.

Nació en Gallarta (Vizcaya) en 1895, de familia minera y carlista. Comenzó su andadura política por vía matrimonial al casarse con un minero socialista llamado Julián Ruiz, con el que adquirió ciertos rudimentos de marxismo. No pasó hambre de niña, como se ha dicho, y su formación escolar hasta los 15 años fue bastante buena para la época. El ambiente familiar, las lecturas piadosas y su fortísimo carácter favorecieron una devoción religiosa que la llevó a las puertas del convento. Pero - leyendas aparte- no pasó de ahí.


Ayudó a su marido en la Huelga Revolucionaria de 1917, lo acompañó en la escisión procomunista del PSOE en 1919 y entró en el PCE y en el Comité Provincial de Vizcaya en 1920.
Tras unos cuantos años de penalidades y aventuras en los que tuvo cinco hijos (Ester, Rubén, Amagoya, Azucena y Amaya, éstas trillizas, de las que murió Amagoya al poco de nacer y Azucena a los dos años), fue afirmando su vocación política y encauzándola a través del periodismo de partido. El Minero Vizcaíno y La Lucha de Clases fueron los escaparates del seudónimo Pasionaria que eligió ella misma porque su primer artículo salió durante la Semana de Pasión de 1918.

Su carrera fue lenta, condicionada por el carácter minúsculo y sectario del comunismo español. Después del empujón inicial del marido, su padrino político fue José Bullejos. Por él entró en el Comité Central en 1929, pero en 1932 la
troika Bullejos-Adame-Trilla cayó por pretender cierta autonomía con respecto a Moscú. Dolores Ibárruri, tras un amago de respaldo, traicionó a Bullejos y lo injurió ritualmente. Nunca más se rebeló en serio contra la URSS. Así sobrevivió en la dirección del PCE hasta su muerte en 1989, pocos meses antes de la caída del Muro.

Pasionaria
fue publicista eficaz y mitinera notable dentro del género tremendista, pero la II República tenía oradores formidables y en las Cortes a las que llegó en febrero del 36 el nivel parlamentario de los comunistas era bajísimo. Aunque no había muchas mujeres dedicadas a la política, La Pasionaria era superada en prestigio y popularidad dentro de la izquierda por Victoria Kent, Margarita Nelken o Federica Montseny. Al fracasar parcialmente el Alzamiento del 18 de julio y convertirse en Guerra Civil, el PCE va tomando importancia en función de la presencia soviética, previo pago del oro del Banco de España. Pero son Negrín y Alvarez del Vayo los hombres de Moscú en el Gobierno.

Los ministros Hernández y Uribe, José Díaz, secretario general del PCE, y la muy fotografiada Dolores simplemente obedecen al hombre de Stalin, Palmiro Togliatti, escoltado siempre por el búlgaro Stepanov y el húngaro Erno Gerö.


La gran historia de amor y rencor de
La Pasionaria comenzó entonces en plena Guerra Civil cuando en 1937 se enamoró de Francisco Antón, guapo mozo pero de nulo nivel intelectual y político al que Dolores Ibárruri convirtió en super-comisario político, por el que se enfrentó con Indalecio Prieto para que no fuera a pelear al frente y al que promocionó hasta la cúpula del Partido Comunista de España (PCE) Terminada la guerra, fue atrapado en Francia por los nazis, pero La Pasionaria consiguió que Stalin se lo reclamara a Hitler y volviera a sus brazos en Moscú. Mantuvieron relaciones durante una década. Pero cuando Dolores pasaba de 50 él no tenía 40, y además ella tuvo problemas de salud y se separaron.

Por aquel entonces, Francisco Antón se había enamorado en Francia de una chica muy joven y muy guapa, con la que tuvieron familia -una hija nació subnormal- y pareció que, simplemente su historia había terminado. ¡Sí, sí, terminar! Cuando fracasaron las guerrillas del todo,
Pasionaria siguió siempre con su táctica habitual de culpar a alguien de haber hecho mal lo que ella había pensado bien.

Todas las purgas del PCE encabezadas finalmente por
Pasionaria, son iguales. Alguien es un obstáculo, ya por listo o ya por tonto. La dirección con Dolores al frente carga contra él. Si los rusos no lo respaldan, lo aplastan. Si ella se da cuenta de que la URSS puede no estar de acuerdo, pacta en secreto con los rebeldes y carga contra sus compañeros de la víspera. Así una y otra vez. El golpe más asombroso lo dio en 1956 cuando Uribe, su mano derecha, se dispone a terminar con la disidencia calculada de Carrillo y Claudín. Santiago Carrillo acaba siendo la mano derecha de Dolores y Uribe es condenado por el «culto a la personalidad» de Dolores y rematado por el objeto de culto. Aplauso unánime.

Pero la venganza contra Antón fue algo especial. Primero lo hizo culpable junto a Santiago Carrillo del fracaso del Partido en el interior. Carrillo defendió a Antón, pero viendo que nada detendría a Dolores, traicionó a su compañero de París y pasó a acusarlo de las peores fechorías. Llamado a Moscú, Antón acepta su derrota y suscribe una humillante autocrítica. Pero Dolores no está satisfecha: quiere que se le acuse de más delitos, aunque no sean ciertos. Antón se arrastra y se acusa de todo. No es suficiente.
En Checoslovaquia tiene que trabajar hasta 20 horas diarias, con su joven esposa que no puede atender a la hijita subnormal, pero la antigua amante es implacable... Cuando Antón ha reconocido hasta el número de sus víctimas en el partido durante años, es cuando Dolores revela para sorpresa de todos algo que sólo podía conocer por su intimidad con él: que su padre pertenecía a un organismo policial. Vuelta a confesar y arrastrarse. Y para rematarlo del todo -pues eso acarreaba la liquidación física-, Dolores lo acusa finalmente de ser un "agente extranjero". Todo esto se hace en la cúpula del PCE, sin que se entere la base. Nadie puede preguntar por qué si Pasionaria sabía que era un hijo de policía y un agente capitalista, se lo calló durante tantos años mientras dormía con él. Pero Líster, Uribe, Carrillo y demás estaban dispuestos a liquidar a Antón. Lo salvó la muerte de Stalin.

Vázquez Montalbán ve en esta historia el feminismo de Dolores. De su marido, exiliado, sólo se acordó en 1977, para un reportaje. ¡Tuvo suerte!
De la guerra se recuerdan sus fotos. No cuando trabajó para derribar a Largo Caballero y luego a Prieto, cuando pidió públicamente y obtuvo la ilegalización del POUM, con el encarcelamiento de su dirección, la tortura y asesinato de Nin y la calumnia póstuma.

Preconizó la resistencia a ultranza contra Franco, como quería Stalin, aunque ella huyó por avión con la dirección del Partido sin haber facilitado un éxodo menos horrible ni preparado una mínima estructura de resistencia.


Inmediatamente después, ensalzó el pacto nazi-soviético y glosó el reparto y represión de Polonia entre Stalin y Hitler. Algunos se lo recordaron cuando murió su hijo Rubén en Stalingrado, pero ella siguió apoyando con entusiasmo las masacres de los demócratas alemanes, checos o húngaros por la policía y el ejército soviéticos.
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En el 68 suscribió la tibia crítica carrillista a la invasión soviética de Checoslovaquia, aunque el PCE nunca rompió con la URRS. Exiliada de lujo en Moscú, nada hizo de imprevisible o que pusiera en riesgo sus prebendas casi burguesas.
Volvió convertida en mito a España en 1977 y presidió la Mesa de Edad de las primeras Cortes democráticas. ¡Suprema ironía! Sus alabanzas a Stalin y a la represión comunista en medio mundo darían para un libro tan grueso como repetitivo. Su carrera y su vida son bastante banales, salvo para los mitómanos impenitentes, y su única gran verdad es que resultó fotogénica hasta el final.

Grande Morales Solá: Una elección incómoda

"Las disculpas se las piden los novios" José Mujica dixit...

Lula habló y no dijo casi nada. Hugo Chávez se siguió peleando con el viejo fantasma de Bush. Piñera se entusiasmó "más con el futuro que con el pasado" en una alusión elíptica y breve. Parecía caminar sobre arenas de vidrio. Mujica se sumó a un "consenso" vago e impreciso, porque no quería nombrar a Néstor Kirchner, y no lo nombró. El paraguayo Lugo recordó que existen diferencias entre los presidentes sudamericanos, pero las enterró en el acto. El canciller colombiano Jaime Bermúdez, en un acto casi solitario de recordación, mencionó la necesidad de "respetar los derechos de la democracia". Alvaro Uribe no estaba y Alan García se quedó en Perú.

La elección de Néstor Kirchner como primer secretario general de la Unasur valió más por los silencios, las incomodidades, los giros idiomáticos y las referencias disfrazadas que por lo que realmente se dijo. No hizo falta que Mujica subrayara el "costo político" que deberá pagar en Uruguay por haber levantado el veto impuesto en su momento a Kirchner como referente sudamericano. La decisión de vetarlo del entonces presidente Tabaré Vázquez contó con el apoyo explícito de todos los jefes políticos uruguayos, oficialistas y opositores. "Vengo de un país fieramente institucional, donde ningún presidente podría colocarse por encima del Congreso, el lugar donde están los representantes del pueblo", disparó Mujica, aparentemente ingenuo, seguramente pícaro. Sabía dónde hablaba y a quiénes les hablaba.

La política tiene sus dosis de hipocresía, pero Uribe y Alan García no podían llegar tan lejos; no podían, en fin, venir a aplaudir la designación de Kirchner, cuando antes habían aplaudido escondidos y eufóricos el veto de Tabaré Vázquez. Piñera no tiene historia presidencial y por lo tanto pudo disimular más fácilmente su aceptación. Pero es a Chile al que nunca le gustó la entronización de Kirchner; no le gustaba a la Concertación de Bachelet y menos le gusta a la derecha de Piñera.

¿Qué pasa entonces con Kirchner? El primer problema del ex presidente argentino es que nunca lo ilusionó la política exterior. No le agrada viajar al exterior, no entiende las diferencias culturales ni quiere entenderlas y, encima, hace política interna con las relaciones internacionales. Les agrega a éstas, además, una enorme cuota de ideología. El propio Chávez recordó ayer, en un discurso extrañamente breve, que Kirchner le gritó a Bush en Mar del Plata, en 2005: "No nos vengan a patotear". Chávez mismo no sabía si "patotear" es una palabra del lunfardo porteño o patagónico, según confesó. Pero "patota" es una palabra usada en casi todo el Cono Sur. Chávez hizo bien en marcar esa fecha, porque fue cuando comenzó -evidentemente al menos- un significativo vuelco del ex presidente hacia las posiciones más radicales del presidente venezolano, del ecuatoriano Rafael Correa y del boliviano Evo Morales. Hasta entonces, Kirchner bregaba más por llevarse bien con Bush que con sus pares latinoamericanos. Incluso Kirchner es, hasta hoy, el único presidente que visitó Venezuela y decidió recibir dos veces, no una, a la oposición antichavista. La primera fue en Caracas en febrero de 2004 y la segunda fue en la isla Margarita, varios meses después. Era Kirchner y no el embajador Eduardo Sadous el "anfitrión" de los antichavistas, según la falacia lanzada por el ministro Julio De Vido. Un testigo de esos dos encuentros, el argentino-venezolano Adolfo Salgueiro, descendiente de Juan B. Justo, encargado ahora del buró internacional de la oposición en Venezuela, recuerda que Kirchner reconoció entonces, veladamente, algunos excesos de Chávez. Asegura que Kirchner les dijo entonces que "las ventajas económicas de la relación con Venezuela no serán razón para abjurar de los principios de democracia y pluralismo que me comprometí a sostener en la Argentina y también afuera".

"Nuestras expectativas se diluyeron luego y ahora el sol brilla sobre la realidad", aseguró Salgueiro irónicamente. Kirchner no los recibió nunca más.

La designación de Kirchner sucede en un momento en el que también brilla el enorme fuego del escándalo por presuntos sobornos en la relación entre argentinos y venezolanos. Chávez (con quien Cristina Kirchner tiene hasta más afinidad que su esposo) labró una relación tensa -y belicista también- con Colombia, se metió en las elecciones peruanas y bolivianas, y habló públicamente mal del anterior gobierno chileno.

A Kirchner le tocará ser un árbitro imparcial (¿?) en esos pasionales enredos sudamericanos. El segundo problema de Kirchner es que nunca creyó en la Unasur, a la que consideró una "creación de Brasil", a la que "Duhalde fue funcional". Ese es el argumento real por el que no asistió a la reunión inaugural de la alianza, en Cuzco, aunque pretextó que sufría un extraño mal de alturas. "Yo corro cualquier riesgo por la unidad sudamericana", le respondió Lula indirectamente desde Brasilia. ¿Estaba equivocado Kirchner? Tal vez no. Es cierto que la Unasur fue una idea de Brasil que comenzó con Fernando Henrique Cardoso y se concretó con Lula. Y también es cierto que Duhalde fue el dirigente sudamericano que más trabajó en sus tiempos de secretario general del Mercosur por esa unión de naciones. En el fondo, Kirchner no creía en la viabilidad de una unión de países tan diferentes, conducidos por líderes tan distintos. Tampoco en esto carecía de argumentos.

La mejor prueba de que la Unasur es un sueño más que un proyecto (para usar las diferencias semánticas que ayer destacó Piñera) es la situación del Mercosur. Nunca la unión de los cuatro países sudamericanos, el proyecto más viejo y avanzado de unión de países de América latina, estuvo tan mal como ahora. Brasil y la Argentina viven peleándose por asuntos comerciales. Uruguay y Paraguay recelan de aquellos dos países, los más grandes del Mercosur porque se sienten relegados y, a veces, ofendidos. La Argentina y Uruguay tienen un pleito propio e irresuelto hasta ahora: la crisis por la papelera Botnia y el corte del puente binacional de Gualeguaychú-Fray Bentos.

"El Mercosur es la alianza de Brasil y la Argentina. Punto", solía ningunear Kirchner. El ex presidente tiene ahora en sus manos dos posibilidades. Una es la continuidad de su alianza de hecho con Chávez y Correa (este último fue el arquitecto obstinado de su designación), lo que abriría una crisis política tras otra en la Unasur y el probable abandono de la nueva organización regional por parte de algunos países. La otra es aprender el ejercicio de comprender al otro, de escucharlo, de armonizar posiciones y de aceptar que se puede pensar distinto sin cometer un delito. Aunque improbable, nada es imposible.

El Emperador que cayó del cielo

Reeducado por el pueblo chino
Celeste Emperador del Mundo
Con coleta según la moda manchú


Dos mil eunucos vivían pendientes del más pequeño de sus caprichos. Pero el destino tenía preparadas unas cuantas sorpresas para el último emperador de China. Entre ellas, que acabaría siendo un comunista convencido.

Aisin Gioro Pu-yi estaba destinado a dominar el mundo. Los 5.000 años de historia de China decían que el emperador que ocupara su trono sería el principal personaje en la tierra, como intermediario entre los dioses y el pueblo más avanzado y poderoso del planeta. Ciertamente, su economía suponía aproximadamente un tercio del total mundial a principios del siglo XIX y además, a lo largo de los siglos, los demás habían seguido su camino y les habían imitado tanto en la escritura como en formas de gobierno o en pensamiento filosófico, lo que había llevado a los chinos a ponerse un nombre al país que mantienen hasta la actualidad: “El Imperio central”. Coreanos, japoneses o vietnamitas, por ejemplo, les copiaban en su escritura, leían a sus pensadores mientras que otros como los reinos budistas del sudeste de Asia, aunque no habían adquirido su cultura, reconocían la hegemonía del emperador chino enviando periódicas embajadas. Sólo eran los occidentales los que no reconocían esa superioridad de la civilización china o ese papel central de su emperador como hijo del cielo, por lo que no merecían otro apelativo que “bárbaros” o, cuando creaban problemas, “diablos rojos”.

Los últimos tiempos habían demostrado que ese poderío en el mundo estaba siendo desafiado por los demás. Desde la derrota en la primera Guerra del Opio (1840-42), China pudo comprobar que los occidentales estaban más desarrollados en armamento, mientras que las progresivas concesiones territoriales en los puertos de su costa demostraron que el poder del Emperador ya no era tal, porque incluso dentro del propio territorio chino tuvieron que permitir que los extranjeros impusieran su ley. Después, incluso, la derrota militar frente a los antiguos subordinados japoneses en 1895 y las inmensas deudas que hubieron de reconocer a las potencias occidentales a raíz del fracaso de la revolución Boxer de 1900 pusieron al Imperio chino en un trance especialmente difícil. Pu-yi tenía un futuro difícil, pero las circunstancias de su proclamación lo dificultaron aún más ya que llegó al trono de forma irregular. Primero, su antecesor el joven emperador Guang Hsu [Guangxu] murió de una forma sospechosa tras estar diez años arrestado en palacio. Segundo, había otros parientes mucho más cercanos del emperador anterior. Tercero, las intrigas palaciegas de la “reina viuda” Tzu Hsi fueron la razón de su nombramiento, porque habiendo detentado durante muchos años el poder en la sombra, la única forma de esta “emperatriz madre” de mantener el poder tras la muerte de su hijo era adoptando a un sobrino que resultó ser el pequeño Dzai Tien, a quien elevaron al trono en noviembre de 1908 con el nombre de emperador Hsuang Tung. Lo peor, no obstante, era que Pu-yi sólo tenía poco más de dos años y medio cuando le nombraron emperador en una ceremonia donde sus lloros pudieron mucho más que el protocolo imperial. Aun cuando hubiera querido simplemente detener el declive del trono, su tarea había de ser titánica, pero la situación no tardó en empeorar más aún.

Cuando Pu-yi empezaba simplemente a balbucear sus primeras palabras en octubre de 1911, la rebelión contra la dinastía Ching se expandió por toda China de forma imparable, con una fuerza cada vez mayor de la Alianza Revolucionaria que, dirigida por Sun Yat-sen, tenía entre sus objetivos acabar con los príncipes Ching. Con esta situación y entre negociaciones, China pasó a ser una república provisional mientras que la Corte accedió a la abdicación del joven monarca cuando éste iba a cumplir su sexto cumpleaños. Como recompensa se les permitió seguir en la Ciudad Prohibida, mantener sus tesoros imperiales y recibir una suma anual para sus gastos en lo que pasó a llamarse el “Tratado de Buena Voluntad”. La situación del pequeño Pu-yi desde entonces fue contradictoria: siguió manteniendo la pompa imperial, pero dentro de una república. Su vida en la Ciudad Prohibida se desarrolló al igual que la de sus antecesores, rodeado de reverencias, ceremonias y de calificativos como “Señor de los Diez Mil Años” o “Bienaventurado Hijo del Cielo”. Sus órdenes de azotar eunucos eran continuas, los profesores eran despedidos cuando a él se le antojaba y aunque se le trataron de inculcar conceptos como “humanidad” y “justicia”, el rango de emperador celeste le colocaba por encima del bien y del mal. Vivió una infancia y una juventud tan aislado como sus antecesores, porque no tuvo amigos de juegos; ni siquiera sus propios hermanos se atrevían a llamarle Pu-yi, sino que le trataban como a un emperador, arrojándose a sus pies mientras pasaba. Seguía en definitiva viendo el mundo a través de la obediencia que le brindaban en la corte. Pero su poder ya no llegaba más que a las puertas de la Ciudad.

Por eso la obsesión de su vida fue recuperar ese trono y ese esplendor de los tiempos antiguos. Restauración fue la palabra clave que centró sus ambiciones y sus sentimientos personales desde antes incluso que llegara a la mayoría de edad. Convencido de la necesidad de su vuelta, las excusas de Pu-yi para justificarla fueron muy variadas: para acabar con la anarquía, para llevar a su país por la vía de la modernización utilizando las energías de los extranjeros, etc. Pu-yi probó a apoyar generales monárquicos, a financiar cuentistas que le prometían planes inverosímiles, e incluso vendió las joyas que la casa imperial atesoraba desde siglos para conseguir un retorno a unos tiempos gloriosos de los que él sólo había oído referencias. La ambición ilusa de Pu-yi sólo le permitía escuchar a quienes le decían que debía tomar el poder y retomar los numerosos ejemplos históricos de retornos al poder sin que nada hubiera cambiado a pesar de que en China, para esos años, la gran mayoría de la clase educada rechazaba de plano el sistema imperial y se negaba a aceptar siquiera una monarquía constitucional. Pero el pobre Pu-yi fracasó siempre. Nunca le faltaron motivos para mantener la ilusión. La mentalidad imperial solo despareció lentamente y el primer presidente posterior al imperio, Yuan Che-kai [Shikai], se hizo proclamar emperador por unos meses en 1916. Al año siguiente, los monárquicos de Chang Hsun [Zhang Xun] provocaron una restauración que le repuso en el trono como emperador. La ilusión sólo se pudo mantener unas semanas antes de volver a abdicar, al quedar claro el escaso apoyo militar y sobre todo al caer en la Ciudad Prohibida la primera bomba lanzada en China desde un avión militar. Al alcanzar la mayoría de edad, Pu-yi no consiguió ganar una imagen de estadista o siquiera de gobernante con capacidad de mando porque ni su decisión de expulsar a los eunucos en 1923 ni sus medidas para evitar la corrupción y el robo de los almacenes imperiales consiguieron efecto alguno, o detener la desaparición progresiva de una gran cantidad de tesoros que se vendían después en las propias cercanías de la Ciudad Prohibida.

Si Pu-yi era incapaz de gobernar la Ciudad Prohibida, permitir que intentara hacer lo mismo con el país sería una locura, pensaron un buen número de seguidores. Después, la derrota de un general aliado suyo provocó su expulsión definitiva de la Ciudad Prohibida que desde entonces quedaría como un museo público, cultural e histórico. El emperador destronado estuvo por un tiempo en la Residencia del Norte en una situación que no podía continuar por mucho tiempo a causa de la tensión con el gobierno provisional revolucionario, mientras que consideraba cada vez más factible su vuelta al trono apoyado por las potencias extranjeras. Así, se escapó al poco tiempo al Barrio de las Legaciones de Pekín, una zona donde las autoridades chinas no tenían ningún poder y que ante los temores del recién exiliado de sufrir un atentado le podía ofrecer seguridad. De allí pasó a Tianjin, la ciudad costera más cercana a Pekín que también era una concesión internacional donde aunque ya había sido privado de título por la república pudo seguir apoyando conspiraciones varias (desde armar a bandas de rusos blancos a recibir propuestas de dinero y armas de un buen número de los generales perdedores en la guerra civil) gracias al dinero sacado de la venta de joyas y tesoros imperiales, así como de las propiedades que seguía manteniendo. Su idea no obstante, era marcharse a estudiar al extranjero. La fascinación por lo extranjero le comenzó a Pu-yi desde 1919, cuando a raíz del fracaso de la restauración, el nuevo presidente ordenó que se le diera una educación avanzada bajo tutores occidentales. De esta forma conoció al escocés Reginald Johnston, un catedrático de literatura en Oxford con un conocimiento del chino excelente que fue contratado por medio de la Embajada inglesa. Su influencia fue grande, porque a través de él Pu-yi quedó fascinado por la cultura occidental al ver por ejemplo, fotografías de aviones, de cañones, de caramelos, al aprender sobre el ritual del té o al leer la revista de modas “Esquire”.

Esos descubrimientos le dejaron una huella visible. Asimilando el sentimiento de superioridad occidental que le transmitía su maestro Johnston durante las clases en el “Palacio del Crecimiento Espiritual”, Pu-yi no sólo se cortó la coleta manchú a raíz de una burla de Johnston al denominarla “coletita de cerdo”, sino que pasó a occidentalizar su nombre a Henry (Hen Li) e incluso provocó quejas de sus ministros de perder la “dignidad imperial” utilizando un bastón de paseo, gafas Zeiss o perfumes Max Factor. Johnston fue mucho más que un profesor: también le informó sobre la situación de la lucha entre potencias, sobre los posibles apoyos que le prestaría Inglaterra, e incluso le aconsejó sobre los planes de huida al Barrio de las Legaciones. Pero más que occidentalizado, Pu-yi estaba avergonzado de sus propios compatriotas. Teniendo la vida de un dandy como su ideal de existencia, se consideraba más inteligente que el resto de sus súbditos chinos de los que pensó que eran incapaces tanto para el gobierno como para la civilización, al punto de que se asombró en una ocasión que el conductor de una locomotora fuera… un chino. Un chicle de menta o una simple tableta de aspirina le llevaban a pensar que todo lo extranjero era bueno y que lo chino era malo y la única excepción que llegó a ver como ideal fue, precisamente, el sistema imperial que él debía restaurar. Los japoneses tuvieron un papel curioso como objeto de admiración, porque aunque eran asiáticos, eran también un ejemplo claro de país desarrollado que incluso les había vencido militarmente años atrás. Además, al contrario que con los occidentales, las posibilidades de cooperar en pos de esa ansiada restauración fueron mayores ya que teniendo ellos su propio sistema imperial era fácil que pensaran, como le decían al propio Pu-yi, que las raíces de todo desorden radicaban en que China carecía de emperador. Tras haber iniciado una buena relación a partir de la conmoción que supuso el terremoto de Tokio de 1923, los japoneses prestaron su embajada a Pu-yi para que se instalara durante su escapada al Barrio de las Legaciones desde el Palacio de Verano en 1924, y durante su estancia en Tianjin siguieron manteniendo unas relaciones muy cordiales mientras que aumentaban su presencia en el norte de China. Para el emperador depuesto era una nueva esperanza para su ansiada restauración no sólo por el halago por el entusiasmo con el que le acogían, tanto con demostraciones escolares, como llamándole “emperador”, sino porque su presencia en el Norte de China era cada vez mayor y sobrepasaba con mucho a la de los países occidentales. Fueron los únicos compañeros de viaje, fiables y poderosos, aunque ellos también exigieron un pago.

La principal decisión tomada por Pu-yi fue incitada precisamente por los japoneses. A partir de 1931 invadieron Manchuria, la región al Norte de China donde el sistema imperial conservaba más importancia, y sus éxitos frente a las tropas chinas fueron continuos. Por ello cuando los militares japoneses le propusieron escaparse secretamente a la zona dominada por ellos, a Pu-yi le bastó una simple promesa para lanzarse a la aventura y desatender los consejos en contrario formulados por su entorno. Era una apuesta arriesgada, porque ya no era sólo enfrentarse a sus compatriotas chinos que luchaban contra los japoneses, sino a las potencias occidentales que estaban en contra de los métodos japoneses de penetración en China y además, a sólo dos meses del ataque japonés, por lo que era aún pronto para saber el resultado. A pesar de ello, Pu-yi apostó por Japón y viajó a Mukden, la capital de la Manchuria ocupada por Japón. La apuesta le salió bien por un tiempo. A pesar de que el ejército japonés se resistió en un principio, Pu-yi consiguió de nuevo su sueño dorado y por fin en el año 1933, el gobierno japonés le reconoció como Emperador del Manchukuo, el estado marioneta al servicio de Japón. A tenor de los resultados, Pu-yi consiguió lo que buscaba: su rostro apareció en oficinas y edificios de la administración mientras que el partido gobernante -la Liga de la Concordia- obligaba a comprar su retrato a los particulares. Además, escolares y soldados se inclinaban ante su foto diariamente y leían solemnemente sus escritos imperiales, que después habían de aprenderse de memoria. Si era eso lo que quería, por un tiempo pudo sentirse satisfecho. Era la tercera vez y parecía que era la vencida. Pero su triunfo fue efímero. No sólo porque bien pronto pudo comprobar que los japoneses eran los que mandaban y él tenía muy poco poder incluso puertas adentro del palacio, sino porque pronto le bajaron de categoría para señalar claramente su puesto inferior frente al emperador japonés. Como él mismo afirma, se dio cuenta de que no era más que un “rey de la baraja.” Si en un principio le decían que era pariente de la familia imperial japonesa, con el tiempo pasaron a llamarle rey y después a limitar su relación al ejército de Kanto, el que dominaba el Manchukuo, mientras que Japón ya no era “aliado” sino “país padre” del Manchukuo. Además, cada vez más le controlaron el acceso con el exterior y las demostraciones populares de afecto pasaron a ser más escasas.

Las mieles de la Restauración se volvieron amargas por último cuando las bombas de los últimos años de la Guerra del pacífico presagiaron la tercera abdicación que, esta sí, fue la última de todas. Prisionero de las tropas soviéticas a partir de 1945, Pu-yi empezó desde entonces lo que él mismo denomina su segunda vida. Para esos momentos lo que le pasó a preocupar ya no era restaurar nada sino mantener algo. Su propio pellejo en concreto, porque como colaborador entusiasta de los japoneses podía ser objeto de muchas acusaciones. Así, participó en el Tribunal Internacional del Extremo Oriente para acusar a varios japoneses y para negar evidencias de cartas a favor de Japón escritas en tiempos de la guerra que entonces resultaban comprometedoras. Aún así tuvo suerte, porque durante los cinco años que vivió recluido en Siberia recibió de los soviéticos un excelente tratamiento, recluido en un sanatorio donde incluso tuvo servicio. En 1950 regresó a China, de nuevo con la certeza meridiana de que sería colocado frente a un pelotón de ejecución. Se equivocó, pero sobre todo porque le ocurrió lo más inesperado: convertirse de corazón al espíritu de los anteriores enemigos. Pu-yi fue uno de los muchos prisioneros que recibió las tácticas de reeducación en las que todo el comportamiento y reflexión formaba parte de discusiones entre grupos de trabajo que debían auto-inculparse. Y su conversión fue una de las más famosas, representando una excelente propaganda. No le fusilaron, ciertamente, pero los efectos de esos casi diez años que estuvo recluido allí (1950-59) tuvieron un efecto letárgico hasta su muerte, porque no sólo se inculpó de muchos crímenes y colaboración con los japoneses -tanto antes como después de su escapada a la Manchuria ocupada- sino que fue más allá: aprendió en estos años a ser un hombre normal. Por primera vez se ató los zapatos él mismo, acabó haciendo su turno de limpieza dentro de la celda de varios, e incluso se esforzó por lavarse la ropa con la misma velocidad que los demás para evitar ser objeto de burla entre el grupo. Así con los años Pu-yi recibió un indulto y pudo incorporarse a la sociedad, trabajando como jardinero en el jardín Botánico de la Academia Sínica. Se “restauró” de la forma menos pensada: especializándose en plantas tropicales.

Las difíciles relaciones sentimentales de un emperador

El preceptor escocés de Pu-yi, Johnston, da cuenta de una anécdota poco después del fracaso de la primera Restauración, cuando el joven le comentaba lo hastiado que estaba de tener que aprender los clásicos chinos y las enseñanzas de Confucio. Por ello, cuando Johnston le dijo que si volviera a gobernar tendría que dejar las lecciones, Pu-yi le preguntó incrédulo “¿Se acabarían realmente las lecciones si tuviera que hacer de emperador?” Algo parecido ocurrió con su relación con las mujeres, porque su condición de emperador en potencia también dominó sobre cualquier otro sentimiento. Pu-yi tuvo relación con muchas mujeres, pero resulta difícil decir que amara a ninguna de ellas. Tuvo nueve madres entre la natural, la viuda de su tío el emperador, y las varias concubinas que recibían el nombre de esposas imperiales o “Esclarecidas Madres” (aunque por su edad habría sido más clarificador denominarlas “ancianas madres”) El propio Pu-yi reconoce que “a pesar de ser rico en madres, nunca conocí el amor maternal”, porque apenas se preocupaban de otra cosa que de enviarle la comida y de saber que ya había acabado, además de rápidas visitas rodeadas de cantidades inverosímiles de eunucos. Su madre natural se suicidó a los dieciséis años, a causa de un problema dentro de la corte con una de las esposas imperiales, Duen Kang, la Concubina de Jade del anterior emperador. Lo único parecido al amor maternal que recibió Pu-yi fue el que le dio hasta los nueve años su nodriza Wang Momo, que fue despedida en cuanto cumplió esa edad por orden de las otras madres suplentes de más alta categoría. En el matrimonio, el rango imperial siguió dominando sobre los sentimientos y poco fue el tiempo que dedicó a sus mujeres; ni al elegirlas, ni conviviendo con ellas. Su primera boda fue a los quince años con una muchacha de doce a la que escogió por medio de una fotografía, aunque después de haber sido presionado. Se llamaba Wang Run y con los años pasó a llamarse también Yi Li So Bai (Elisabeth) Su vida en común se limitó a los actos oficiales y las compras y los regalos fueron una parte esencial de la relación mutua que cada vez era menos llevadera por culpa del consumo creciente de opio, hasta el punto de calificarla de “repugnante” y de “opiómana incurable”. Su segunda mujer, Wen Hsiu, le abandonó en 1931 cuando estaba viviendo en Tianjin, pero lo que le provocó este abandono más que nada fue darse cuenta de la anormalidad de su vida matrimonial ya que, enfrascado en las normas de etiqueta de la corte por las que se había casado (“para mí las relaciones entre hombre y mujer eran relaciones entre soberano y súbdita”), sus ansias de conseguir la restauración evitaron que se preocupara por encontrar otro tipo de relación. La familia de Wen Hsiu por otra parte también parece que compartió esta ausencia de sentimientos de la que habla Pu-yi, porque tras esa separación se pudo constatar el deseo de recibir una buena compensación de la familia imperial. Los japoneses se preocuparon de encontrarle sustituta: primero en 1937 con una mujer manchú, Tan Yu-ling, que tampoco le cambió su forma de relacionarse con las mujeres porque a pesar de haber conseguido el rango de Concubina Imperial Pu-yi escribió sobre ella: “fue más un nombre que una esposa”. La segunda sustituta, casi una niña, se la encontraron al poco de morir Tan Yu-ling en 1942 y su nombre ni siquiera aparece en las memorias sino como “Concubina de la Dicha”. Al final de la guerra, y a los tres años de matrimonio fue devuelta a su familia. La relación más feliz de su vida careció de la fogosidad de la juventud, pero se aprovechó de las renovadas ganas de vivir tras haberse convertido en “una nueva persona” después de la salida de la cárcel del pueblo. Li Chu-hsien, con quien vivió los últimos años de vida, era una enfermera que procedía de Hangchou y recibió muchísimo menos regalos que las anteriores: no había ya abrigos de pieles o alhajas para compensar a su esposa en los momentos de infidelidad, como había hecho con las anteriores.

Cenicienta Siglo XX: la Princesa española de Kapurtala

Ésta es Anita Delgado, bailarina malagueña que se casó en 1908 con el Maharajá de Kapurtala. Llegó a la boda subida a lomos de un elefante en una ceremonia majestuosa. Aquí con un tradicional sari indio.

Anita Delgado y Briones nació en la malagueña calle Peña el 8 de febrero de 1890 y falleció en Madrid el 7 de julio de 1962. Era una cantante de cuplés de principios del siglo XX, hija de Ángel Delgado y Candelaria Briones, que dirigían un pequeño café.

El 31 de mayo de 1906 el Rey de España Alfonso XIII se casa con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg. A la celebración acudieron en Madrid representantes de la nobleza de todas las dinastías del mundo y entre ellos el Maharajá de Kapurtala (India) Jagajit Singh, de treinta y cuatro años de edad, multimillonario y con un harén de ciento veinte mujeres.

Una noche el joven Maharajá decidió asistir a un café-teatro -el Central-Kursaal- y allí cayó enamorado de una bella cupletera de tan sólo dieciséis años llamada Anita Delgado. Dicen que él intentó inmediatamente que la joven se retirara con él, pero fue rechazado con vehemencia andaluza por la joven y bella muchacha.

El escritor Ramón del Valle-Inclán, el pintor Julio Romero de Torres y el ensayista Pío Baroja, así como un grupo de asiduos tertulianos que se reunían frecuentemente en este café-teatro decidieron hacer de celestinos y escribieron una carta al Maharajá de Kapurtala cuando éste ya había regresado a París, dando una detallada explicación de las condiciones en las que Anita Delgado aceptaría a casarse con él. Era una broma de intelectuales, pero desembocó en la fastuosa boda de Anita Delgado con el Maharajá el día 28 de enero de 1908.

La novia acudió a la ceremonia a lomos de un elefante indio suntuosamente engalanado. Pronto se convirtieron en una pareja de moda, y sus viajes a través de Europa, Estados Unidos y América eran puntualmente consignados por los periódicos y revistas del corazón. Su marido la obsequiaba día sí, día no, con espléndidas joyas, como la esmeralda en forma de media luna que llevaba en la frente el elefante más veterano del palacio, de la que la andaluza se había encaprichado…

En 1918 el matrimonio sufre una crisis y llega a la separación, por lo que Anita regresa a España con una sobrina mientras su único hijo –Ajit- permanece en India. Pasado un tiempo Anita se instaló en París con él, habiendo obtenido el permiso correspondiente del Maharajá. En el París de los Años Locos asiste a bailes, fiestas y cenas de gala, y lleva una vida divertida y bastante rumbosa. Vivió lujosamente en su piso de la Avenida Víctor Hugo gracias a la muy generosa pensión que recibía de su ex-marido el Maharajá indio.

Años más tarde fue fotografiada junto a su amante y amigo Ginés Rodríguez, que fuera su secretario personal cuando residía en las mansiones reales de Kapurtala. Al finalizar la guerra civil española Anita se volvió a vivir a Madrid, donde disfrutó de una vida holgada gracias a las remesas que recibía puntualmente de su ex-esposo, que exigía en nombre de su honor que ésta viviera como una princesa…

Cuando podía viajar a Europa, uno de los hijos mayores del Maharajá (y también al parecer amante de Anita) pasaba a visitarla, viviendo juntos una historia de amor y pasión que jamás pudo llegar más allá de aquellos encuentros esporádicos y completamente secretos. La muerte de su ex marido acaeció en 1949, afectándole a Anita muy profundamente.

Anita Delgado falleció en 1962, en su lujosísimo piso de Madrid, debido a problemas cardíacos. En la actualidad una sobrina nieta suya vive en India, que no llegó a conocer a Anita Delgado pero sí a su hijo Ajit, fallecido el 4 de mayo de 1982 en Nueva Delhi tras una penosa enfermedad.

Extractos de su autobiografía.

“Además yo misma recordaba bien la primera vez que había visto a Su Alteza, en Madrid, y lo mucho que me había sorprendido que el hombre fuera tan cargado de broches, pulseras, anillos y collares. Y como todo se pega con el convivir, pues a mí se me contagió aquella afición de Su Alteza por las piedras, las joyas y las chucherías, por lo que con el paso del tiempo me fui haciendo un joyero de bonitas y valiosas piezas. Recuerdo que en el año nueve se me antojó una esmeralda en forma de medialuna. La piedra formaba parte de los adornos que enjaezaban la cabeza del elefante más antiguo de palacio. Me encapriché de ella, pues yo pensaba que era una pena que una piedra tan hermosa la luciese un elefante y se la pedí al Príncipe. Por fin, tras hacerse bastante de rogar, me la regaló. La esmeralda de la medialuna es mi joya preferida. Me gusta tanto que me hice retratar con ella en numerosas ocasiones. Por muchas joyas que me regalen siempre será mi favorita…

Mi esposo tenía mucha ilusión por ver publicado un librito que yo misma escribía contando cosas de los viajes que hacíamos. Al Maharajá le encantaba ver que yo escribía cada día mi diario, que respondía a mi correspondencia y que anotaba anécdotas de nuestra vida cotidiana. Así fue que en 1915, Su Alteza entregó mi manuscrito a una casa de ediciones de Nueva York. La obra se titula “Impressions de mes voyages aux Indes” y está firmada con mi nombre indio. Es un libro precioso y muy singular”.

…Y sobre mojado, lluvia

Los maharajás de Kapurtala -en India- están dispuestos a iniciar una guerra en los tribunales para impedir que Penélope Cruz lleve al cine la vida de sus antepasados tal como la refleja la novela éxito de ventas 'Pasión India', del español Javier Moro. La polémica ha saltado a las primeras páginas de la prensa india con la publicación de la edición en inglés de la novela de Moro, que retrata la vida del Raja-i-Rajgan (rey de reyes) Jagajit Singh, séptimo maharajá de Kapurtala, y de su esposa española, la bailarina de flamenco y cupletera Anita Delgado, cuyos derechos ha comprado la actriz española para llevarla a la pantalla grande.

Shatrujit Singh, uno de los herederos del actual maharajá de Kapurtala, no oculta su ira contra el escritor que ha conseguido colocar la novela en los primeros puestos de ventas en India y España, y le acusa sin tapujos de "mentiroso" y de haber "humillado la memoria" de su antepasado. 'Pasión India' es una novela "absolutamente sensacionalista, una creación de la imaginación mentalmente enfermiza del autor, que sólo trata de añadir escándalo a la historia para que el libro se venda más", aseguró este miércoles el príncipe indio. Shatrujit Singh anunció que viajará a España para llevar a Moro ante los tribunales, tratar de obligarle a cambiar los nombres o corregir el texto y evitar que la película se lleve a cabo, algo que el escritor español considera prácticamente imposible. Se espera que Penélope Cruz viaje a India para buscar exteriores para su película, lo que ha despertado una gran expectación en este país donde el cine levanta pasiones. "No tenemos nada contra Penélope, a la que seguramente Moro ha desinformado. Nosotros estaríamos encantados de que protagonizase una película sobre la vida real de la princesa Anita, pero no esta basura" -afirma Singh- tataranieto del maharajá Jagajit Singh. En ningún momento el airado familiar especificó qué pasajes en concreto considera falsos, aunque previsiblemente se refiera a la supuesta infidelidad de Anita Delgado con uno de sus hijastros y el posterior aborto al que la obligó el soberano antes de meterla en un barco de vuelta a su Andalucía natal.

Señala Javier Moro: 'Yo he hecho por primera vez un retrato muy humano del maharajá, no una caricatura'. Por ello no comprende el enfado de los herederos del maharajá y se pregunta: "¿Qué es exactamente lo que les parece mentira? El libro está basado en una investigación; pero lo que es posible es que tengan una versión muy idealizada de su abuelo. Yo le muestro por primera vez como un ser muy humano, no una caricatura. Es verdad que digo que le gustaban las chicas bien jóvenes, pero es que eso es cierto: lo he retratado con sus debilidades y sus grandezas. También he contado que era muy querido y que más de un millón de personas acudieron a su entierro" afirmó el escritor. Para Moro el problema detrás de esta polémica posiblemente sea que "les molesta no haber sacado dinero del libro". En India, las familias de las antiguas realezas, a pesar de haber perdido legalmente sus títulos y privilegios siguen gozando de gran respeto en sus territorios y muchos desempeñan cargos públicos. 'Pasión India' es una creación de la imaginación mentalmente enfermiza del autor', según los denunciantes. Según el descendiente de Singh, su familia no es la única que está en contra del libro ya que hace comentarios "escandalosos" de otros antiguos maharajás como el de Patiala, del que el libro afirma que "sólo estaba interesado en el sexo", algo que tampoco ha gustado nada a su bisnieto, el actual jefe de Gobierno del estado del Punjab. "Moro tiene todo el derecho del mundo a escribir un libro de ficción, pero no a utilizar personajes reales con nombres reales, ilustrado con fotos reales y luego decir que es sólo ficción y fruto de la imaginación del autor. En la India es inaceptable un comportamiento como el suyo", declara enfadado.

Pero el escritor y periodista español replica: "¿Cómo no se va a poder hacer un libro de ficción basado en hechos reales? Se ha hecho siempre: es un género literario. Además, Anita vivió hace un siglo y su vida era de entero dominio público. Los diálogos evidentemente son inventados; pero las situaciones son ciertas, y muchas están reflejadas en los periódicos de la época y en los diarios de la malagueña. Deberían ir a investigar a la British Library, pues todo está ahí", comenta tranquilo mientras afirma que ha tenido la deferencia de cambiar los nombres de las personas más cercanas en la versión india para no herir a nadie. La polémica que ha generado la obra que relata extravagancias de la vida de palacio y de la infiel Anita no le da ningún miedo a Moro pues piensa que "es muy buena publicidad".

Carta abierta a Penélope Cruz de Manuel Lucas Sanchís, sobrino bisnieto y ahijado de Anita Delgado Briones, Princesa de Kapurtala

Al parecer nuestra internacional actriz Penélope Cruz ha comprado todos los derechos del libro "Pasión India" escrito por un tal J. Moro. Esto ha indignado a la familia hindú de mi tía bisabuela Anita Delgado Briones y por supuesto a toda la familia española de la que fuera Princesa de Kapurtala.

Todo ello se justifica por la gran cantidad de errores, incertezas, frivolidades y mediocridades que se acumulan en el citado libro que intenta dar una imagen más vendible de su protagonista y del mundo en el que por las casualidades de la vida le tocó vivir.

Recomiendo a Penélope Cruz que caso de que desee realizar una digna película sobre Anita Delgado Briones -en la que se ensalce el buen gusto, el amor, el afán de superación y adaptación, la belleza y el sustrato histórico de la vida y época que rodeó la existencia de la Princesa de Kapurtala- no haga el guión de la película en base al citado libro, pues nada tiene que ver con la realidad por lo menos en los aspectos más importantes.

Mi abuela doña Victoria Winans Delgado, sobrina carnal de Anita Delgado, facilitó fotos, datos familiares, soportes documentales y material de todo tipo a la escritora gallega Elisa Vázquez de Gey, que ha publicado varios libros sobre la figura de la Princesa de Kapurtala con datos directamente obtenidos de la familia española de Anita Delgado a la que moralmente nombró como su biógrafa personal. Entiende la familia española en cuyo nombre y representación le escribo, que cualquier película que se realice sobre la vida de nuestro familiar debe realizarse con el intento de ensalzar la figura de una española a la que la vida le llevó a vivir una existencia única, un cuento de hadas en los albores del siglo XX, pero no una película en la que los harenes, las supuestas infidelidades y las conspiraciones totalmente fuera de contexto busquen el morbo, la mediocridad de un posible desnudo de la actriz, o la simple relación de unos pocos episodios de la vida de la protagonista totalmente infundados.

Por tanto si quieren hacer algo importante, estudien el personaje, infórmense, documéntense adecuadamente y con ello tendrán la colaboración totalmente desinteresada como hasta la fecha lo ha realizado, de la familia española de Anita Delgado, de cara a dar a conocer la vida de una española a la que un mirlo blanco hizo cambiar su normal existencia.

Muchas gracias, Manuel Lucas Sanchís. Sobrino bisnieto y ahijado de Anita Delgado Briones, Princesa de Kapurtala.

Respuesta a la carta de Manuel Lucas Sanchís por parte de Javier Moro, autor de "Pasión India".

¡Pero cómo sufren los bisnietos! Tanto el bisnieto del Maharajá de Kapurtala como el sobrino-bisnieto de Anita Delgado están que trinan… ‘Pasión India’, la novela que cuenta la historia del Maharajá de Kapurtala y su esposa española les ha humillado profundamente, dicen.

Están indignados, heridos en su orgullo, dispuestos a librar batalla para que Penélope Cruz, que ha comprado los derechos de adaptación cinematográfica, fracase en su empeño. El sobrino bisnieto Manuel Lucas Sanchís se permite, en una carta abierta a Penélope Cruz que ha enviado a todos los medios de comunicación, aconsejar a nuestra actriz mas internacional que haga una película sin harenes, ni conspiraciones, ni desnudos. O sea que haga una gran mentira, ‘un cuento de hadas’ como dice. Y aconseja basarla en un libro que se jacta de ser la biografía ‘autorizada’ de Anita Delgado. Como su nombre indica, una biografía ‘autorizada’ ha sido sometida obligatoriamente al férreo control de los familiares. Por definición, es una biografía que no puede contarlo todo…

A estos dos bisnietísimos que dicen representar a la totalidad de sus respectivas familias (lo cual es falso, por supuesto) parece indignarles ciertos episodios que narro en ‘Pasión India’. ¿Pero cuáles en concreto? No saben, no contestan. Los bisnietos son tan poco precisos que me pregunto si de verdad lo han leído. De modo que me brindo para acompañarles a las hemerotecas de Paris y Nueva Delhi y a la British Library de Londres para que conozcan ellos mismos la documentación que he utilizado para escribir ‘Pasión India’. Quizás entonces suavicen el tono de sus recriminaciones.

Pero lo que más sorprende es el momento que han escogido para manifestar su indignación. ¿Por qué vociferan ahora si el libro lleva dos años en el mercado? ¿Por qué lo hacen justo cuando ‘Pasión India’ se consolida como un éxito internacional y en el momento en que Penélope Cruz confirma su intención de llevarlo a la pantalla? ¿Es que han tardado dos años en revolvérseles las tripas? Creo más bien que todo este griterío de sobrinos-bisnietos y tataranietos ultrajados, zaheridos y supuestamente humillados, no hace más que ocultar el atractivo tintineo del dinero.

Con su reacción desproporcionada y violenta pretenden coaccionar a Penélope Cruz, así como a Colomo Producciones y Sogecine, los demás productores de la película. Es un proceder que se parece mucho a lo que se llama vulgarmente chantaje. Pero se han topado con profesionales muy acostumbrados a lidiar con este tipo de comportamientos.

Javier Moro