Mostrando entradas con la etiqueta afroamericanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta afroamericanos. Mostrar todas las entradas

¿No habrá un poquito de racismo?


"Las venias para Rosario Portell como embajadora en China y Francisco Pírez en la OMC también generaron reparos. En el segundo caso, los colorados no votaron la venia debido a su falta de experiencia (¿?) Pírez es un abogado afrodescendiente de 30 años que vivió su niñez y adolescencia en hogares del Iname. En el caso de Portell, se abrió "una carta de crédito" pero se marcaron las dudas, entre otras cosas por denuncias en su contra en la Expo Zaragoza".
El País Digital

Francisco Pírez tiene el enorme mérito de haber trascendido a ese depósito de niños y adolescentes que hoy es INAU como antes fue INAME, Consejo del Niño y antes aún Asilo de Expósitos. Es decir, salió de un organismo que ampara (¿?) a niños abandonados por sus padres, separados de ellos por razones "de seguridad" o internados para corregirse -esbozo una involuntaria sonrisa, porque este asunto es triste- de ser problemáticos o infractores, un eufemismo para decir que son menores delincuentes.

Pírez no sólo superó ese handicap, sino que estudió al punto de recibirse de abogado en la Universidad de la República, donde se cree que las cosas son gratuitas pero cómo cuestan a quienes no tienen papis y mamis con haberes... Pero abogado y todo, ejemplo de trabajo y estudio en ese ambiente donde es más común ser abatido de un balazo en un asalto o asesinar a sangre fría durante un copamiento, Pírez tiene la contra de ser negro en este país donde decimos a los gritos que no somos racistas, pero si le preguntamos a alguien qué diría si su hija le presenta un novio negro hace gárgaras y pucheretes antes de decir "bueno, tendría que contestarlo en ese momento, ahora no sé. Pero mira que yo tengo la mejor onda: voy siempre a las Llamadas, y le doy la mano a Kanela"...

Los colorados, quizá por aquello de que en el siglo XIX también eran conocidos como "candomberos", tuvieron la posibilidad de dar una nueva oportunidad a este gran trabajador que es Francisco Pírez, pero lo desaprovecharon. Eso sí, porque carece de experiencia, no porque su color hubiera debido hacer pensar a los que lo recibieran como embajador que en Uruguay hay mucho negro... y que no sólo son porteros de banco o de edificio, o soldados, o peones de estancia. Vaya por dios, a los afroorientales les ha dado por estudiar en la Universidad, adónde hemos llegado!

Claro, si aquí todos
acabamos de bajar de un barco europeo y a los indios por suerte los mató alevosamente Bernie Rivera, el hermano del traidor contumaz a la orientalidad que fundó el Partido Colorado.

Aguante, Pancho Pírez. Habrá justicia para todos.

La vida es difícil y no basta con ser gracioso


Gary Wayne Coleman (8 de febrero de 1968, Zion, Illinois, US - 28 de mayo de 2010, Provo, Utah, US) fue un actor estadounidense que obtuvo fama y reconocimiento en su niñez.

Nació con una enfermedad congénita del riñón que terminó causándole nefritis (una destrucción autoinmune del riñón), hecho que detuvo su crecimiento a una edad temprana llevándolo a desarrollar una estatura pequeña: 1,40 m (4' 8") lo que se convirtió en su característica más distintiva. Coleman tuvo dos trasplantes de riñón, uno en 1973 y otro en 1984, y requería diálisis constante.
Durante los ocho años de emisión del sitcom estadounidense Blanco y Negro (Different Strokes) ("Arnold", en Colombia, España y Uruguay), fue visto por millones de televidentes en todo el mundo de la década de los 80, siendo uno de los más vistos en la historia de la televisión; su personaje se caracterizaba por la famosa línea que era "¿De qué estás hablando, Willis?" o "Kimberly" según el caso de quien se tratase.("what'chu talkin' 'bout, Willis?") Gracias a esta fórmula que causaba simpatía, Coleman fue una figura popular, protagonizando algunos largometrajes y películas de televisión incluyendo On the Right Track, y The Kid With the Broken Halo. The Kid With the Broken Halo finalmente sirvió como la base para que Hanna-Barbera produjera la serie animada The Gary Coleman Show de 1982.
En el punto más alto de su fama con Blanco y Negro, Coleman ganaba U$S 70,000 por episodio que cobraban sus blancos padres adoptivos, de profesión cristianos fundamentalistas y sumamente exigentes con el pequeño que se había convertido en una mina de oro bendecida por el Señor... Como creció, aun a pesar de su problema, el favor del público no siguió acompañándolo, porque no es lo mismo un negrito gracioso que un enanito con barba que se asoma. Después de la cancelación del show que le llevó a la cima, su carrera artística decayó repentinamente, y nunca pudo recuperarla ni siquiera en los últimos tiempos en los que todo el mundo sabía de sus dificultades. Para colmo, los buenos cristianos de sus padres adoptivos misteriosamente perdieron todos los ahorros (quizá hayan dejado de pagar con puntualidad los diezmos y el Señor se irritó con ellos) y el muchacho debió ganarse la vida como parking-boy tratando de ejercer su seducción de niño para aumentar sus propinas. Coleman volvió por un tiempo a ser famoso cuando demandó a sus padres adoptivos y a su manager por la apropiación indebida de su fondo fiduciario de U$S 9,5 millones, de los que recibió U$S 1.280.000 con el fallo del 23 de febrero de 1993. El origen del pleito era que sus padres en connivencia con su representante habían utilizado el fondo del fideicomiso para ellos mismos, dejando en el banco solamente $60.000 para quien producía el dinero. En 1999 Coleman se declaró en bancarrota y atribuyó sus problemas financieros a la mala gestión de sus fondos.
Estuvo casado con la pornostar Mary Carey unos meses, debido a que ella lo demandó por abuso y maltrato.
Falleció el 28 de mayo de 2010 luego de varios días en coma tras una caída en su casa que le provocara una hemorragia intracraneal. Tenía tan sólo 42 años.

Una Venus tallada en ébano

Freda Josephine Carson nació en Saint Louis, Missouri, el 3 de junio de 1906, en el seno de la familia de Eddie Carson, quien era percusionista de vaudeville, y Carrie McDonald, lavandera.

Al poco tiempo, Eddie abandonó a su familia y la madre de Josephine se casó con Arthur Martin, un hombre desempleado, por lo que la situación económica de la familia no sería la mejor por mucho tiempo. Así, Josephine abandonó la escuela y pasó su infancia trabajando como doméstica y niñera para ayudar a la subsistencia de su grupo familiar, que se vio ampliado con dos hermanas y un hermano. Además, como toda persona negra en aquella época, fue víctima de duras situaciones de racismo.

A los trece años, esta joven trabajaba como mesera en The Old Chauffeur's Club, donde conoció a quién sería su primer marido por un corto tiempo, Willie Wells. Acostumbrada a trabajar desde niña, Josephine nunca dependió de sus compañeros sentimentales económicamente, por lo que nada la detuvo en su búsqueda de la felicidad. En 1921 contrajo matrimonio por segunda vez con Willie Baker, de quien se divorció también, aunque conservó su apellido con el que sería famosa.

Al alcanzar la edad de diecisés años se convirtió en bailarina y se unió a un grupo de danza de Philadelphia y viajó con The Jones Family Band y The Dixie Steppers, pero al principio fue rechazada como artista pues la consideraban torpe y demasiado oscura. En 1923, logró unirse al coro de The Dixie Steppers que representaban la comedia musical Shuffle Along de Sissle and Blake, y se trasladó a Nueva York. Prontó logró presentarse en Broadway en el espectáculo Chocolate Dandies. De igual forma, actuó en el Plantation Club y en el Cotton Club de Harlem.

Luego en 1925, y antes de los diecinueve años, se tralada a París como corista de La Reveu Négre, donde brillaría con su rutina Danse Sauvage. Su primera presentación en la ciudad de las luces fue el 2 de octubre de 1925, sobre la escena del teatro Music-Hall de los Campos Elíseos, donde bailó vestida sólo con un cinturón hecho de bananas. Con su talento y belleza, Josephine se ganó en instantes al público parisino, ávido de exotismo, y así en sólo tres meses consiguió un primer papel en La Folie du Jour en el teatro Folies Bergère y alcanzó el estrellato. Para 1927, era la artista del espectáculo mejor pagada de todo Europa y rivalizaba con Gloria Swanson y Mary Pickford por ser la mujer más fotografiada de todo el mundo.

Se dice que se le debe a esta Venus Negra, como era llamada frecuentemenete, el éxito del charleston en Europa. Su influencia fue tal que las mujeres parisinas de marcada blancura, se aplicaban cremas de nueces para oscurecer su piel y parecerse a la imponente americana Baker. Una voz privilegiada para el jazz, un sensual cuerpo que mostraba con orgullo levemente cubierto con extravagantes trajes, y una verdadera aptitud para la danza, fueron la explosiva fórmula con la que Josephine, también conocida como la Perla Negra o la Diosa Criolla haría historia. En 1930 se dedicó profesionalmente al canto donde también cosecharía grandes éxitos. Por la misma época, participó en varios largometrajes como La Sirena de los Trópicos (1927), Zou-Zou (1934) y La Princesa Tam-Tam (1935) Como disfrutara de una posición económica más que holgada, trasladó a su familia desde Saint Louis hasta Les Milandes, en Francia. A pesar del sorprendente éxito en Europa, Josephine no era aceptada del todo por el público de Estados Unidos, para los que era inaceptable que una mujer negra disfrutara de ese poder y esa sofisticación. En 1936, intenta actuar de nuevo en su tierra natal en el Ziegfeld Follies, pero regresa a Europa despreciada por su propia gente y con varias ingratas críticas de los periódicos estadounidenses. Josephine no sólo era extravagante en el escenario. Amaba a las mascotas y por ello llegó a tener un leopardo, un chimpancé, una culebra, un cerdo, una cabra, una lora, un perico, varios peces, tres gatos y siete perros.

En 1937 agradecida con el público francés por su aceptación, adquiere la nacionalidad francesa y se casa por tercera vez con Jean Lion, de quien se divorciará de igual forma. Además, participó en la II Guerra Mundial siviendo de entretenimiento a las tropas aliadas y fue condecorada por ello con la Cruz de Lorena, en oro. Luego, en 1947 se casó con el director de orquesta Joe Bouillon, con quien decidió adoptar a doce niños. Ella los llamaba "la tribu del arcoiris", porque los niños eran de etnias diferentes, ya que ella quería demostrar que la diferencia étnica no impedía que las personas se vieran como hermanos. Los llevó por todo Estados Unidos y Francia para que todos vieran que felices eran a pesar de las diferencias.

Josephine Baker regresó a Estados Unidos con la intención de luchar por la integración y contra la discriminación racial durante la década de los cincuenta. Exigía que en sus presentaciones el público estuviera integrado, y cuando el Stork Club de Nueva York la rechazó inició una batalla periodística, por lo que la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP) eligió el 20 de mayo como día de Josephine Baker en reconocimiento a sus esfuerzos.

Paris 1959 - Josephine Baker

Paris 1959 - Josephine Baker con su marido Joe Bouillon
y siete de sus nueve hijos adoptivos

La estrella volvió a divorciarse, y en Estados unidos encontró una íntima amistad con el artista Robert Brady. Nunca se casaron legalmente pero vivieron juntos y en 1973 realizaron una ceremonia simbólica por la cual quedaron unidos hasta el fin de sus días. Esto lo supo poca gente, pues Josephine temía que la ridiculizaran y no tomaran en serio lo que era fundamental para ella. Ese mismo año, se presentó en el Carneguie Hall, y aunque tenía temores por sus experiencias anteriores, esta vez fue ovacionada por un público muy afetuoso y emocionado. La situación fue más que satisfactoria para ella, pues al fin era verdadeamente aceptada por su propia gente.


París, 15 de Abril de 1975 - Funeral de Josephine Baker

París, 15 de Abril de 1975 - Funeral de Josephine Baker. Asisten entre otros la Princesa Grace de Mónaco (con gafas) así como varios veteranos de la Resistencia Francesa

El 8 de abril de 1975, esta valiosa y valiente mujer de sesenta y ocho años realizó una presentación especial en el Teatro Bobino en París para celebrar los cincuenta años de su carrera. Entre la numerosa audiencia, se encontraban personalidades como la Princesa Grace de Mónaco y Sophia Loren. Dos días después la leyenda llegó a su fin, pues Josephine entró en coma y murió el doce de abril de 1975 por una hemorragia cerebral. La procesión funeral que desfiló por las calles de París fue enorme. Josephine Baker fue la primera mujer norteamericana a la que le otorgaron honores militares en Francia. Fue enterrada en Mónaco.

"Nuestra cultura fue saqueada"


La escritora estadounidense Toni Morrison, Premio Nobel 1993, habla de su nueva novela "A Mercy," ambientada en Norteamérica hacia 1680, y sobre las secuelas de la mentalidad esclavista que aún hoy padece la comunidad afroamericana.

Por Alessandra Farkas
Princeton (Nueva Jersey) 2009

En el restaurante Lahiere´s, en el corazón de Princeton, profesores con títulos prestigiosos van y vienen a su mesa -siempre reservada en el mejor rincón la sala- para homenajear a la colega Premio Nobel, autora de novelas consideradas obras maestras de la literatura norteamericana. Toni Morrison los despide con gracia y con un ligero movimiento de su espléndida cabellera plateada, antes de pedir "lo de siempre": ostras fritas y un vodka on the rocks.

Su nuevo libro, "A Mercy", ambientado en 1680 antes del nacimiento de los Estados Unidos -cuando la esclavitud recién comenzaba y cuando el continente americano era tierra de contrastes étnicos, religiosos y políticos- ha recibido elogiosas reseñas. En The New York Times, Michiko Kakutani lo definió como una "deslumbrante piedra preciosa" y "junto a Beloved , una de sus obras inolvidables". Para el Washington Post "es una imperdible obra maestra de poesía, historia y agudeza psicológica".

En Italia, donde será publicado por Frassinelli el próximo 5 de mayo, Toni Morrison espera que el título permanezca sin variaciones. "No fue una casualidad que haya empleado el artículo indeterminado antes del sustantivo. Quería distinguirlo respecto de la misericordia de Dios: a Mercy significa precisamente un acto humano de clemencia. El libro comienza dos años antes del proceso contra las brujas de Salem, "cuando Estados Unidos era todavía una tierra de conquista abierta y cualquiera podía tomarla por asalto. Quería comprender cómo podía sentirse una esclava negra en el período de transición en que la esclavitud era normal, aunque no lo era el racismo. Desde los antiguos egipcios, griegos y romanos, cada civilización grande o pequeña fue construida por los esclavos, llamados con nombres diferentes: campesinos, peones, siervos."

La protagonista, Florens, una jovencita "con las manos de esclava y los pies de una señora portuguesa", descubre que es despreciada no estrictamente por racismo, sino porque los cazadores de brujas piensan que Satanás es un hombre negro.

El color de la piel no era sinónimo de inferioridad sino al contrario, "estaba asociado al concepto de una temible y terrible potencia". Y sin embargo en Estados Unidos, durante el siglo XVII por primera vez se conjugarán racismo y esclavitud. "La estrategia del divide et impera -como la llama Morrison- fue ideada por los propietarios de las plantaciones para incitar a los jóvenes blancos pobres contra los negros pobres, limitando así el riesgo de una rebelión de los oprimidos." Los inmigrantes europeos que entonces llegaban a Norteamérica eran indentured servants , "siervos deudores", ligados a los patrones por un contrato que podía ser rescindido o prorrogado según su propia voluntad y sin preaviso. "La ventaja de los indentured respecto de los esclavos africanos era el color de la piel, que les permitía huir sin ser descubiertos." Y agrega: "En realidad, el destino de los dos grupos era casi idéntico y es por ello que la tentativa de unirse fue interrumpida con violencia".

En el libro, la escritora vuelve a indagar acerca de la rebelión de Bacon de 1676 (así llamada por el nombre del líder, Nathaniel Bacon), cuando la rabia de las clases subalternas instigó a los esclavos negros y a los siervos blancos a tomar el control del Estado de Virginia durante algunos meses, hasta que fueron vencidos por una fuerza naval enviada desde Inglaterra. Tras dicha insurrección, el empleo de los esclavos africanos aumentó considerablemente por el temor de los propietarios a una nueva revuelta, de manera que los negros sustituyeron a los siervos blancos contratados como principal fuente de mano de obra en Virginia.
"La revuelta de Bacon llevó a las autoridades a modificar la ley, para poder consentir a los blancos el matar a cualquier negro sin motivo. Con esto se les entregaba a los "siervos deudores" el poder sobre la vida y la muerte de los negros, si bien pertenecían a la misma clase social." El privilegio conferido por la piel blanca -según Toni Morrison- es todavía el factor clave en la política de los estados del Sur. "Permite mantener explotados a enormes sectores de blancos pobres que les imputan a los negros sus desgracias. O a los mexicanos, los nuevos "malos". Y así, mientras la clase trabajadora se desgarra, las corporaciones hacen negocios de oro."

La situación en Europa no es mejor, "sólo es distinta". En noviembre de 2006 luego de los tumultos de París, Toni Morrison encabezó un congreso en el Louvre para debatir sobre emigración y exilio con los jóvenes marginados de las banlieues [suburbios]. Una ocasión para medir la diferencia entre guetos europeos y ghettos estadounidenses. "Los artistas negros que encontré en Francia, Turquía e Italia están mucho más politizados que los nuestros. Lamentablemente, nuestra cultura negra fue saqueada y se transformó en un producto de consumo de los jóvenes blancos de las periferias. Ningún negro compraría esa basura."
Pero también Europa tiene sus vicios, comenzando por el Premio Nobel. "Es extraño que lo haya obtenido Dario Fo y no Edward Albee, Arthur Miller o Tennessee Williams." ¿Jean-Marie Gustave Le Clézio? "Aquí en Estados Unidos, nadie había escuchado hablar jamás de él. Pero la culpa es nuestra porque no traducimos de otras lenguas y nos aislamos." Cuando lo obtuvo ella, hay quien la bautizó "la reina de la literatura negra". "Estúpido y absurdo", contesta la autora y añade: "Si yo escribo de afroamericanos, los críticos me definen como black writer; si John Cheever escribe de los blancos de Nueva Inglaterra, la discusión se entabla acerca de la complejidad de la narración. Espero que un día la literatura no se divida más en negra y blanca, porque estoy bastante cansada de que me consideren una socióloga en vez de una escritora".
Al día siguiente de la noticia del Nobel, el autor de Oxherding Tale , el afroamericano Charles Johnson, la acusó de ser "el triunfo de lo políticamente correcto". "A los 77 años ciertos comentarios no me tocan en lo más mínimo. Lo que hoy me hace mal son los problemas verdaderos, como la muerte y la enfermedad, no la maldad de alguien que no aprecia mi trabajo." Toni Morrison entrevé detrás de ciertos ataques el miedo y los celos de algunos sectores masculinos de la Norteamérica negra contra las escritoras afroamericanas. "Nos acusaron de ser favorecidas respecto de los hombres. Y, sin embargo, durante toda la historia fueron ellos quienes se afirmaron: desde Richard Wright hasta James Baldwin, de Ralph Waldo Ellison a W. E. B. Du Bois." Pero la superioridad cultural de las mujeres afroamericanas no es sólo un mito. "Una vez, si una familia negra debía mandar un hijo al college , elegía a las mujeres, porque los varones arriesgaban la vida ni bien tenían éxito. El primer linchamiento al que asistió mi padre fue el de un hombre de negocios negro del Estado de Georgia."
Generaciones enteras de mujeres afroamericanas se abrieron camino en la universidad mientras sus coétaneas blancas quedaban excluidas. "Las negras instruidas no eran una amenaza para nadie -afirma- y por ello me encontré en una posición privilegiada, cuando mis compañeras italianas y judías debían luchar para no terminar encerradas en un convento o víctimas de un matrimonio ya arreglado." Por eso, hoy, es fácil encontrar una familia negra con cinco mujeres recibidas. "Si nuestros hombres negros son menos instruidos, es porque la comunidad los protegió."
Toni Morrison tenía doce años cuando comenzó a leer a Nabokov y a Jane Austen. "No recuerdo nada de mi vida antes de los libros. Fue mi hermana Lois, dos años mayor que yo, quien me introdujo en la lectura antes de la escuela primaria; en la escuela había sólo dos personas que sabían leer: la maestra y yo." En casa de los Morrison, los libros eran sagrados. "Mi abuelo se enorgullecía de haber leído la Biblia tres veces desde el principio hasta el final. Hasta la Emancipación, quienquiera que enseñase a los negros el abecedario corría el riesgo de ir a la cárcel." La actual indiferencia por la lectura la indigna. "Pienso en mis antepasados que tenían las escuelas en los bosques, sentándose en los troncos de los árboles para enseñarles el alfabeto a los hijos."
En 1963, a los 32 años, después del máster en Lengua Inglesa en la Cornell University perteneciente a la Ivy League, Morrison fue contratada como editora por la prestigiosa Random House de Nueva York. "Acepté, decidida a descubrir a los grandes talentos negros que ningún agente tomaba en consideración, desde Toni Cade Bambara hasta Henry Dumas, y para hacer entender que no sólo existía James Baldwin." Aprendió velozmente que si hubiese publicado cuatro libros de autores negros en una única temporada, los críticos los hubieran reseñado juntos en una "sola ensalada".
Entre sus autores figuran Muhammad Ali y Angela Davis. "Angela es una intelectual y una persona maravillosa. Nuestra relación profesional dio lugar a una amistad genuina basada en el mutuo respeto: una verdadera rareza." Entre los nuevos talentos afroamericanos, Morrison cita a escritores como Colson Whitehead, Edwidge Danticat y Edward P. Jones. "Lamentablemnte -agrega- el éxodo de los mejores a Hollywood, donde hay dinero, es inexorable." Una de sus amigas, Oprah Winfrey, legendaria animadora del club literario más potente de Norteamérica, "proviene de la meca del cine", quiere aclarar. "Oprah promovió siempre mi trabajo y yo me he beneficiado mucho con su apoyo. Me gusta porque es una mujer generosa y optimista." A diferencia de Oprah, bautista devota, Morrison es católica. "Me convertí a los 10 años y estoy feliz de haberlo hecho porque en el catolicismo se puede incorporar el misticismo de las religiones africanas de nuestros antepasados. Nuestras iglesias son lugares más privados, de meditación -explica- y, si hay algo que decir se dice en la confesión, no en un teatro abierto." Y si, "la mayor parte de los negros son protestantes, lo son porque lo eran los abolicionistas, y la Iglesia Bautista fue la primera en admitir a los negros en el Paraíso".
Tras el éxito del libreto para la ópera Margaret Garner, Morrison está colaborando con Peter Sellars para una secretísima nueva ópera lírica que la autora espera estrenar en la Scala de Milán. "Le confieso solamente que se trata de una nueva versión de un gran clásico", afirma. "Adoro Italia porque no es presuntuosa como Francia y cada vez que llego me acoge una multitud enorme y calurosa. Aprecio a la editorial Frassinelli y a Carla Tanzi, la editora a quien le envié el primer manuscrito porque me importaba mucho su parecer, que fue positivo."
Toni Morrison recién empieza a pensar en su próximo libro, todavía en estado embrionario. "Cuenta la vida de los afroamericanos en los pueblitos del Centro-Sud de Estados Unidos durante los años cincuenta, cuando los soldados negros regresaban de Corea y eran linchados -explica-, mientras que en estados como Oklahoma los editores negros publicaban incluso quince periódicos negros. Es un capítulo de nuestra historia que nadie conoce."

Rosa Egipcíaca: Uma Santa Africana no Brasil(1)


Rosa Maria Egipcíaca da Vera Cruz é certamente a mulher negra africana do século XVIII, tanto em África como na diáspora afro-americana e no Brasil, sobre quem se dispõe mais detalhes documentais sobre sua vida, sonhos, escritos e paixão. É a primeira afro-brasileira a ter escrito um livro, do qual restaram algumas páginas manuscritas. Dos seus 46 anos de fantástica existência, viveu 20 anos no Rio de Janeiro, primeiro de 1725 a 1733, quando foi vendida para as Minas Gerais, lá permanecendo por 18 anos seguidos, retornando à cidade de São Sebastião do Rio de Janeiro em 1751 e aqui vivendo até 1763, quando é enviada presa para os Cárceres do Santo Ofício da Inquisição de Lisboa.
Foi considerada na época como "a maior santa do céu", a quem brancos, mulatos e negros, inclusive toda a família de seu ex-senhor e respeitáveis sacerdotes, adoravam de joelhos, beijando-lhe os pés, venerando suas relíquias, intitulando-a "a flor do Rio de Janeiro". Fundou o Recolhimento de Nossa Senhora do Parto, ocupado predominantemente por negras e mestiças, cuja capela, reformada, permanece até hoje no Centro desta cidade na rua da Assembléia. Melhor que ninguém, Rosa tipifica a riqueza e força do sincretismo religioso afro-católico-brasileiro. Todos os detalhes de sua vida encontram-se em três processos conservados na Torre do Tombo em Lisboa, divulgados em meu livro Rosa Egipcíaca: Uma Santa Africana no Brasil (Editora Bertrand, RJ, 1993, 750 páginas).
Rosa era uma negrinha nascida na Costa de Mina, de nação Courana, também conhecida como Coura, que desembarcou de um navio negreiro no Rio de Janeiro, em 1725: tinha 6 anos de idade. Quando aqui chegou, o comércio de escravos fazia-se nas imediações da Rua Direita, em pleno centro comercial do Rio de Janeiro, e somente no governo do Marquês de Lavradio, por volta de 1760, que se destinará o Valongo como mercado negreiro. Foi comprada por um tal senhor José de Souza Azevedo, que a mandou batizar na Igreja da Candelária, que no "tempo do Onça" não passava de uma pequenina igreja, sede da Freguesia da Várzea, humílima em comparação à grandiosidade do templo neo-clássico que hoje conhecemos. Era certamente a igreja carioca onde mais escravos eram batizados: entre 1725-1726, dos 444 batismos aí realizados, 62% eram escravos, permitindo-nos levantar a hipótese de que a familiaridade com a patrona desta igreja talvez explique a gênese da associação entre Nossa Senhora das Candeias com o culto à Rainha do Mar, Iemanjá.
Não é difícil reconstruir sua vida de menininha escrava urbana, residente na freguesia da Candelária: realizando pequenos serviços domésticos compatíveis com sua pequenez, cuidando de crianças, carregando objetos, dando recados, ajudando na limpeza da casa ou na cozinha. Provavelmente nesta primeira fase de adaptação à sua recente condição de escrava, com novo nome, aprendendo língua estranha e costumes completamente diferentes dos de sua tribo natal, é que esta pretinha de 6 anos foi informada, por outros negros seus conterrâneos, de que era nativa da nação courana, procedente do Porto de Judá, identificação que guardará para toda a vida. Talvez possuísse algumas marcas tribais ou cicatrizes decorativas em seu rosto e barriga. Teria sofrido mutilação clitoriana, prática comum em muitas tribos da Costa da Mina?
Dizem os manuscritos da Torre do Tombo que o senhor de Rosa, "após desonestá-la e tratar torpemente com ela", vendeu-a para as Minas Gerais: tinha 14 anos. Triste destino de tantas adolescentes da cor de ébano, presas fáceis da volúpia dos machos de todas as cores: segundo o viajante alemão Carl Schlichthort, em seu livro O Rio de Janeiro como é, "doze anos é a idade em flor das africanas. Nelas há de quando em quando um encanto tão grande, que a gente esquece a cor... Dos olhos irradia um fogo tão peculiar e o seio arfa em tão ansioso desejo, que é difícil resistir a tais seduções..."
Após oito anos no Rio de Janeiro, novamente Rosa sofre outra separação de seus conhecidos, a ruptura de uma rotina de sua vida de adolescente, a angústia e temor face ao desconhecido. Por mais fome que tenha passado desde que atingira a idade da razão, por mais pancadas, beliscões, palmatoadas ou mesmo chicotadas que tenha recebido na casa de seus senhor, certamente esta menina-moça africana criara laços afetivos e de amizade com outros escravos, talvez com gente de sua mesma nação, de modo que provavelmente deve ter derramado muitas lágrimas ao se despedir do pequeno grupo de seus entes queridos.
A viagem para as Minas - por volta de 500 quilômetros percorridos a pé, foi a segunda grande caminhada forçada na vida desta garota: a primeira, há uns nove anos passados, de sua aldeia tribal até o Porto de Judá, agora esta outra, atravessando densas e úmidas florestas, ferindo seus pés descalços subindo a serra da Mantiqueira em direção às Minas Gerais, uns 12 dias de viagem.
Na Capitania das Minas, Rosa foi comprada pela mãe de um de nossos mais destacados literatos do período colonial, Frei José de Santa Rita Durão, indo morar na freguesia do Inficcionado, a duas léguas de Mariana. Como tantas escravas de norte a sul da Colônia, a negra courana vai viver de vender seu corpo e favores sexuais aos concupiscentes mineiros, que com ouro em pó compravam mercadorias e prazer das poucas mulheres que percorriam as faisqueiras. Era a única escrava negra num plantel de 77 escravos machos! Segundo mais tarde confessou, perante o Comissário do Santo Ofício do Rio de Janeiro, passou 15 anos "a se desonestar vivendo como meretriz." Este comércio venéreo deu à escrava africana um traquejo social e um verniz civilizatório que muito vai lhe auxiliar em seu futuro grandioso. Não é difícil imaginar todos os constrangimentos, violências e doenças que esta jovem africana deve ter sofrido, na condição de prostituta escrava-negra, numa região abarrotada de aventureiros e carente de filhas de Eva.
Ao completar 30 anos é atacada de estranha enfermidade: ficava com o rosto inchado, sentia tumor no estômago, caindo ao chão desacordada. Rosa decide então mudar de vida: por volta de 1748, vende seus parcos bens - jóias e roupas amealhados com a venda de seu corpo, distribui tudo aos pobres. Adota vida beata, freqüentando os ofícios divinos e liturgias, que abundantes eram celebrados nas barrocas igreja mineiras, muitas delas acabadas de construir nessa mesma década. Foi numa dessas andanças pias que encontrou na Capela de São Bento, no mesmo arraial do Inficcionado, o Padre Francisco Gonçalves Lopes realizando fantásticos exorcismos em alguns energúmenos. Este sacerdote português era então vigário da freguesia de São Caetano, no mesmo distrito, e tão eficaz e useiro era em tirar o demônio do corpo de brancos e pretos, que tinha por apelido Xota-Diabos.
Impressionada com a cerimônia do exorcismo, Rosa revelou ela própria também estar possuída por sete demônios: diz ter sentido como que um caldeirão de água quente que era despejado sobre seu corpo, caindo incontinenti desacordada ao chão, partindo a cabeça na pedra debaixo do altar de São Benedito. Não deixa de ser emblemática a coincidência de seu primeiro transe religioso ter acontecido exatamente ao pé de um santo negro, ex-escravo franciscano da Sicília. Um segundo exorcismo realizado nessa mesma freguesia confirma ao sacerdote que de fato a escrava do casal Durão era uma possessa especial, pois quando vexada, fazia sermões edificantes, sempre preocupada que todos mantivessem perfeita compostura nos templos, retirando à força para a rua a quantos conversassem ou desrespeitassem o Santíssimo Sacramento. Quando possuída por Satanás, falava grosso, caía desacordada e dizia ter visões celestiais, vendo por diversas vezes Nossa Senhora da Conceição, ouvindo diversos coros de anjos que lhe ensinaram algumas orações, recebendo até a revelação de uma fonte de água milagrosa ao pé de uma montanha, onde devia ser construída uma igreja em honra de Senhora Santana. O culto aos avós de Cristo substitui no imaginário místico de Rosa, a perda e desconhecimento de seus próprios ancestrais, culto tão forte na maior parte das tribos da Costa da África.
Após os exorcismos, Rosa dizia ser arrebatada por um misterioso vento: "quando saía de casa para ir à igreja, logo na rua sentia um vento tão forte que lhe impedia os passos e com grande violência a fazia retroceder para trás e se bater com o corpo em uma cruz, sendo em dias que não havia vento e só por virtude dos preceitos que punha o exorcista é que podia resistir ao dito vento e entrar na igreja." A presença deste misterioso vento realça mais uma vez a força do sincretismo afro-judaico-cristão em seu imaginário, pois na tradição do Velho Testamento, Javé é referido como vento, sopro, ar, hálito; no Novo Testamento o Espírito Santo aparece em forma de vento ("pneuma"), e mais recentemente a aparição de Nossa Senhora de Lourdes à Santa Bernadete ocorre em seguida a "um pé de vento"; na tradição dos Orixás, nossa poderosa Iansã é identificada com ventos e tempestades, fazendo parte do décor de inúmeros episódios míticos afro-brasileiros a presença do vento. Na mesma época em que Rosa sofria esses "acidentes", é denunciada à Inquisição uma africana de nome Maria Canga, "que inventava uma dança de batuque, no meio da qual entrava a sair-lhe da cabeça uma coisa que se chama vento e entrava a adivinhar o que queria."
A fama de visionária de Rosa espalha-se por Mariana, Ouro Preto, São João Del Rei, sempre acompanhada do padre Xota-Diabos e de seus exorcismos. Nesta última cidade, na Igreja do Pilar - o mesmo templo onde Tancredo Neves era irmão da Ordem Terceira - certa vez Rosa Courana interrompe a pregação de um missionário capuchinho, gritando que ela era o próprio satanás ali presente: é presa e enviada para a sede do Bispado, Mariana, sendo flagelada no pelourinho com tal rigor que por pouco não morreu, ficando, contudo, para o resto da vida, com o lado direito do corpo semi-paralisado. Recuperada da tortura, procura o recém-empossado bispo da Diocese, D. Frei Manoel da Cruz, que encarrega uma junta de teólogos para investigar se a incorrigível energúmena era mesmo possessa ou embusteira. Após uma série de provas - inclusive testando a resistência da pobre vexada à chama de uma vela, que por 5 minutos suportou acesa debaixo da língua! - concluem os teólogos que tudo não passava de fingimento, passando então o povo a chamá-la de feiticeira.
Para evitar novos problemas, Rosa foge para o Rio de Janeiro, sempre auxiliada e protegida pelo seu inseparável padre Xota-Diabos, agora seu proprietário legal, o qual nesta época passava dos 50 anos. O retorno à cidade de sua segunda infância se dá em condições bem melhores de quando subiu a serra num magote de cativos: em vez de simplesmente Rosa, após uma visão celestial, agora apresentava-se como Rosa Maria Egipcíaca da Vera Cruz.; montada num cavalo, dormindo em estalagens, intercalava visões celestiais com tentações carnais tendo o Xota-Diabos como o eleito de seu coração, relação íntima insinuada e comentada pelos seus próprios contemporâneas.
Chegam na heróica e leal cidade do Rio de Janeiro em abril de 1751. Depois de Salvador, capital da América Portuguesa, que na época contava com 7 mil fogos e pouco mais de 40 mil habitantes, o Rio de Janeiro era nossa segunda cidade em importância demográfica e econômica: entre 1750-1760, possuía de 24 a 30 mil moradores, com 7723 fogos. Cidade barroca com vivíssimo décor religioso: 23 igrejas distribuídas em quatro paróquias: São José, Catedral (São Sebastião no morro do Castelo), Santa Rita e Candelária; 70 oratórios, 26 confrarias, 380 frades, mais de uma centena de padres seculares. Nesta mesma década, é iniciada ou concluída a construção de diversas igrejas neste bispado, sendo eleita Senhora Santana a padroeira principal do Rio de Janeiro.
Rosa instala-se inicialmente numas casas em frente à Igreja de Santa Rita, tendo sua primeira visão na Igreja de Nossa Senhora da Lapa, aparecendo-lhe o Menino Jesus vestido de azul celeste, tendo na cabeça uma tiara pontifícia, "caindo no chão sem sentidos e como morta". Por sugestão de uma beata das muitas que freqüentavam assiduamente os templos cariocas, Rosa revela sua vida atribulada e dons espirituais ao Provincial dos Franciscanos, Frei Agostinho de São José, que passa a ser seu diretor espiritual, responsável pela edificação do segundo andar do convento de Santo Antônio, ainda hoje dominando do alto do morro do Largo da Carioca. A vida mística de Rosa impressiona vivamente os franciscanos, que a vêem cumprir todos os exercícios pios muito em voga nos séculos passados: jejuns prolongados, autoflagelação, uso de silício, comunhão freqüente. Dão à preta Rosa o maravilhoso título de " Flor do Rio de Janeiro".
Nesta época, convém esclarecer, malgrado a discriminação legal e institucional contra a raça negra, sujeita à escravidão e aos mais cruéis tormentos, procurava a Igreja Católica oferecer modelos de santidade para este enorme contingente demográfico representado pelos africanos e afro-descendentes que pululavam por toda a colônia. É nestes meados do século XVIII que o papado estimula, por todas as partes do mundo escravista, o culto a São Benedito, Santo Elesbão, Santa Efigênia, Santo Antônio de Noto (ou Catigeró), todos negros como Rosa, todos exemplos de humildade, resignação e santidade. O monarca da época, D. João V, ele próprio, com lágrimas nos olhos, escrevia ao clero americano insistindo que não deixassem os cativos morrer sem o batismo, quando transportados nos tumbeiros da África para o Brasil, e cuidassem da rápida evangelização destes pobres descendentes do Prestes João.
A beata Rosa Maria Egipcíaca da Vera Cruz, portanto, ex-prostituta como sua patrona Santa Maria Egipcíaca, vinha a calhar neste "aggiornamento" da Igreja e poderia ser - certamente assim o desejavam os franciscanos - uma futura santa. E ter uma santa em casa, ensinava a tradição, redundava em romarias, polpudas doações para o convento, a garantia, portanto, de manutenção das velas dos altares e demais gastos dos atos litúrgicos e do próprio convento.
Tão logo chega ao Rio, Nossa Senhora obriga a negra courana, através de uma visão celestial, a aprender a ler e escrever, tarefa que cumprirá razoavelmente, sendo até agora a primeira africana de que se tem notícia em nossa história a ter aprendido os segredos do abecedário. Também por inspiração sobrenatural, Rosa Egipcíaca decide fundar um Recolhimento para "mulheres do mundo" que pretendiam como ela trocar o amor dos homens pelo do Divino esposo. Ajudada por polpuda doação de um sacerdote de Minas Gerais, seu devoto e admirador das virtudes da ex-escrava, contando com o beneplácito do bispo do Rio de Janeiro, D. Antônio do Desterro, em 1754 é lançada a primeira pedra do Recolhimento de Nossa Senhora do Parto, aproveitando a existência de pequena capela localizada não muito distante do Largo da Carioca, onde hoje se situa a Rua da Assembléia. Construído o recolhimento, chegou a abrigar uma vintena de moças-donzelas e ex-mulheres da vida, sendo metade delas negras ou mulatas. Viviam de doações dos fiéis e dos parentes das recolhidas; seguiam a rotina comum a tais instituições religiosas-leigas (sem votos perpétuos), incluindo a recitação coletiva do Ofício de Nossa Senhora e outras liturgias e sacramentais, além do trabalho de manutenção da casa pia e demais exercícios comunitários. Entre as recolhidas três filhas de um ex-senhor de Rosa, compadre do Xota-Diabos.
Madre Rosa - como então era chamada por dezenas de seus devotos - sofistica suas visões, passando a escrevê-las ou ditando para que suas escribas anotassem tudo o que via e ouvia, seja revelado pelos santos, por Maria Santíssima ou pela própria boca de Deus. Sempre aplaudida e venerada pelo Padre Francisco Gonçalves Lopes, pelo seu frade confessor e por um capuchinho italiano, a negra courana escreve mais de 250 folhas do livro "Sagrada Teologia do Amor de Deus Luz Brilhante das Almas Peregrinas", onde diz que o Menino Jesus vinha todo dia mamar em seu peito e, agradecido, penteava sua carapinha; que Nosso Senhor trocara seu coração com o dela, e que no seu peito trazia Jesus Sacramentado; que morrera e tinha ressuscitado ; que Nossa Senhora era Mãe de Misericórdia e que ela, Rosa, recebera de Deus o título e encargo de Mãe de Justiça, dependendo de seu arbítrio o futuro de todas as almas, se iam para o céu ou para o inferno ; que ela própria era a esposa da Santíssima Trindade, a nova Redentora do mundo.
Em seu misticismo, como católica fervorosa assistida por diversos diretores espirituais, Rosa incorporou em sua espiritualidade o que de mais moderno existia em termos de devoção na época, tal qual era praticado por outras santas em Roma, Lisboa e demais metrópoles da Cristandade: a ex-escrava, agora a Madre do Recolhimento do Parto foi a principal vidente e divulgadora em terras brasileiras do culto aos Sagrados Corações - incluindo não apenas a devoção oficial a Jesus e Maria, mas de toda a família do Nazareno, a saber, os corações de São José, São Joaquim e Santana. Foi graças às visões de Rosa, e para representá-las visualmente, que os franciscanos construíram no Convento do Largo da Carioca a maravilhosa Capela dos Sagrados Corações, até hoje perfeitamente conservada e aberta à visitação pública, muito embora sem se dar os créditos à sua verdadeira inspiradora: Santa Rosa Maria Egipcíaca da Vera Cruz!
Em seu recolhimento, contudo, além do culto idolátrico à sua pessoa, algumas liturgias pecavam pela heterodoxia, notando-se elementos de forte inspiração africana. Não esquecer que mais da metade das recolhidas, entre estas, as principais assessoras de Rosa, eram afro-descendentes. Além do hábito de pitar cachimbo, Rosa comandava certas cerimônias onde é nítido o sincretismo afro-católico: "Numa ocasião, conta a recolhida Irmã Ana do Coração de Jesus, negra crioula, natural de Ouro Preto, que na noite da festa Visitação de Nossa Senhora a Santa Isabel, que era o dia das sortes da congregação, estando a comunidade rezando a novena no coro, saiu Rosa de joelhos, e cantando o Ave Maris Stella (Ave Estrela do Mar), começou a dançar em frente do altar, fazendo muitas visagens, até cair desmaiada no chão. Levantou-se então e de um balainho pequenino tirou quatro papelinhos trazidos à maneira de sorte e deu cada um a quatro irmãs, (três negras e uma branca) onde estavam escritos São Mateus, São Lucas, São Marcos e São João, dizendo que elas eram evangelistas..." Em que medida tal imposição de novos nomes poderia evocar rituais congêneres praticados nos cultos afro-brasileiros quando as yaôs saem da camarinha e têm seus nomes revelados, passando a partir de então a ser identificadas e incorporar diferentes orixás?
A descrição desta outra cerimônia faz-nos lembrar de uma seção de gira num terreiro de umbanda ou candomblé: "Na capela do Parto, Rosa tirava às vezes algumas imagens do altar, dizendo que [ela] era Deus, e metia as imagens na mão de algumas irmãs e ia dançando até ao pé delas, e lá as deixava e ia buscar outra, e entrava a apertar a dança, arrodeando-as, e caía no colo de alguma irmã e ficava como estava fora de si, e depois de muito tempo, se tornava a si e começava a perguntar aquilo o que era, quem a tinha trazido para ali, e isto era quase sempre, e se não críamos, levantando-se da sua passividade, roncando, se agarrava pela goela e entrava a bater pelo chão, dando murros..."
Noutra oportunidade, a negra courana parece estar possuída de algum erê, tanto que certa manhã, "entrou Rosa no coro com uma vara de marmelo dando na cabeça das recolhidas, dizendo: ABC com o que, mataste o meu Iapê, com uma vara de dimpê... Explicando que Iapê era Nosso Senhor e a vara de dimpê era a contradição que as recolhidas tinham." Infelizmente, nenhum lingüista conseguiu até agora dar-nos a pista destas expressões idiomáticas utilizadas pela "Abelha Mestra" do Recolhimento do Parto. O ritual lembra um erê quando usa varinhas para de brincadeira, açoitar os freqüentadores dos terreiros de candomblé.
Outro aspecto da religiosidade de Rosa Egipcíaca revelador do sincretismo afro-católico, remete-nos ao próprio espírito que passou a acompanhá-la desde que se converteu: uma entidade que por mais de quinze anos vexou-a, primeiro identificado como Lúcifer, mas depois referido como Afecto. Curioso que em vez de comportar-se como o Príncipe do Mal, este espírito induzia-a para o bem, para zelar e defender a honra de Deus. Tal espírito faz-nos pensar em Avrektu - cuja semelhança fonética com Afecto é evidente, um anjo ou mensageiro de luz da cultura Jeje da Nigéria, vizinha próxima da região natal de Rosa Coura. O Avrektu é um misto de mensageiro do além e espírito protetor, através do qual Rosa profetizava o futuro.
No recolhimento do Parto, as freirinhas entravam em transe quase diariamente, as vezes, diversas vezes por dia. Quando o Espírito baixava na comunidade, "sempre ficava ao menos uma ou duas espiritadas sem estar atacada", exatamente como ocorre nas casas de culto afro-brasileiros, onde institucionalizou-se tal costume através da figura da ekédi, mulher auxiliar das filhas de santo em transe, amparando-as para que não caiam, enxugando-lhes o suor, etc. A ekédi não entra em transe, e nos xangôs de Recife é chamada de iabá ou ilais.
A fantasiosa megalomania religiosa de Madre Rosa tinha no padre Xota-Diabos seu estimulador, o qual mandara pintar um quadro sobre cobre, onde a negra courana posava como se fosse uma bem-aventurada, vestida de hábito franciscano, com as cinco chagas, cordão e rosário do lado, pisando alguns diabos e salvando uma alma do purgatório, enquanto um esbelto São Miguel a coroava com esplêndido buquê de flores. Numa mão segurava o Menino Jesus e na outra trazia uma pena, símbolo de sua erudição teológica, posto que o Padre Xota-Diabos, agora Capelão do Recolhimento, proclamara mais de uma vez que "Rosa deixava Santa Teresa Dávila a léguas de distância" e que aquela Doutora da Igreja não passava de uma "menina de recados" da mestra africana. Ao rezarem a Ladainha de Nossa Senhora, na estrofe Mater Misericordiae, suas recolhidas se inclinavam reverentes para a Madre Superiora, que era reverentemente incensada pelo sacerdote, o qual trazia no pescoço preciosa relíquia: um dente de Santa Rosa Egipcíaca!
Muitos fiéis freqüentavam o Recolhimento do Parto, alguns para ouvir os conselhos da Mestra, outros para buscar suas relíquias, notadamente uma espécie de biscoito feito com a saliva de Rosa, amassada com farinha, que era guardada para esse fim, e a que seus devotos reputavam o poder de curar todas as enfermidades. Profetizando que o Rio de Janeiro ia ser inundado e destruído do mesmo modo como acontecera em 1755 com o terrível terremoto de Lisboa, Madre Rosa convence dezenas de famílias a refugiarem-se no Recolhimento, garantindo que seriam os únicos sobreviventes ao dilúvio e que essa nova Arca de Noé iria cruzar o mar oceano para encontrar-se com o Rei D. Sebastião - desaparecido há dois séculos nas areias do Marrocos , o qual tinha escolhido a negra Rosa para sua esposa, e que deste matrimônio e de seu ventre nasceria o novo Redentor da humanidade. Rosa foi dentre todos os sebastianistas, a que mais ousou em suas profecias!
Não foram tanto os vaticínios não cumpridos nem seus êxtases e revelações de características epileptóides a causa da derrota de Madre Egipcíaca: seu erro foi indispor-se com o clero carioca por ter ralhado com alguns sacerdotes que davam mau exemplo conversando na igreja durante as cerimônias sacras, sendo denunciada ao Bispo sobretudo após ter retirado à força da igreja de Santo Antônio uma senhora da sociedade que se comportava com menos compostura. Mandada prender no aljube da cidade, dezenas de testemunhas passam a denunciar as excentricidades desta preta beata: aí então se revelam todos os seus desatinos religiosos, como dizer-se mãe de Deus, redentora do universo, superior a Santa Teresa, objeto de verdadeira e herética idolatria em seu recolhimento, além de capitanear rituais sincréticos igualmente suspeitos.
Após quase um ano presos no aljube do Rio de Janeiro, Rosa e o padre Xota-Diabos são enviados para Lisboa, sendo ouvidos pelo Santo Ofício, em 1763. O padre em poucas sessões do inquérito declara ter sido enganado pela falsidade da negra, alegando ser pouco letrado em teologia e ter-se fiado na boa opinião que o Provincial dos Franciscanos dela fazia. Pede perdão de sua boa-fé e excessiva credulidade: tem como pena o degredo de cinco anos para o extremo sul do Algarve, além de perder o direito de confessar e exorcizar. Se verdadeira ou falsa sua arrenegação da fé em sua ex-escrava, filha espiritual e possível amante, nunca poderemos saber.
Rosa, por sua vez, dá um heróico espetáculo de autenticidade, insistindo em muitas sessões que nunca mentiu nem inventou coisa alguma: confirma que todas suas visões, revelações e êxtases foram reais. De fato, ela acreditava ser uma predestinada e que Deus em sua misericórdia a tinha escolhido para revelar ao mundo seus desígnios. Enquanto os inquisidores insistem para que diga a verdade, revelando tudo não ter passado de fingimento para chamar atenção sobre sua pobre figura, Rosa diz ao contrário: "Tudo vi e ouvi!" Sua coragem e autenticidade a qualificam como verdadeira heroína!
Quatro de junho de 1765 é a última sessão de perguntas à vidente afro-brasileira: neste dia ela narra uma de suas visões. Que estando para comungar ouviu uma voz sobrenatural que lhe dizia: "Tu serás a abelha-mestra recolhida no cortiço do amor. Fabricareis o doce favo de mel para pores na mesa dos celestiais banqueteados, para o sustento e alimento dos seus amigos convidados."
A partir daí, inexplicavelmente, interrompe-se o processo de Rosa. Dos mais de mil processos de feiticeiras, sodomitas, bígamos, falsas santas e blasfemos que pesquisei, não encontrei outro que ficasse inconcluso, pois sempre os inquisidores eram muito minuciosos em anotar o desfecho do julgamento: a pena a que foi condenado o réu, se morreu de doença no cárcere, se houve suicídio, se foi mandado para a fogueira ou para o degredo, etc. Inexplicavelmente, o processo de Rosa tem como última página este registro dos inquisidores: "Por ser avançada a hora lhe não foram feitas mais perguntas, e sendo lidas estas anotações e por ela ouvidas e entendidas, disse estar escrita na verdade, e assinou com o Senhor Inquisidor, depois do que foi mandada para o seu cárcere."
Comparando suas culpas com a de outras beatas e embusteiras processadas pelo Santo Ofício da Inquisição, avaliamos que deveria ser condenada à pena dos açoites e degredada por cinco anos para o Algarve, aliás, como foi o caso de outra afro-brasileira, a angolana Luiza Pinta, esta sim, verdadeira "mãe-de-santo" de um calundu, muito mais ligada às raízes africanas do que Madre Rosa.
Duas hipóteses quanto ao inédito fim desta história: ou a preta Rosa, como era depreciativamente referida no processo inquisitorial, ex-Madre Rosa Maria Egipcíaca da Vera Cruz, morreu incógnita no cárcere inquisitorial, de doença natural ou velhice, esquecendo-se pela sua insignificância, o notário ou o médico do Santo Ofício de registrar no processo o seu falecimento, ou, então, quem sabe, o próprio Menino Jesus encarregou-se de libertar e levar sua velha mãe-de-leite direto para o céu, agradecido e saudoso do aconchegante colo de sua preta tão querida!
Tal é, resumidissimamente, a vida maravilhosa desta negrinha de nação Courana desembarcada na cidade de São Sebastião do Rio de Janeiro no ano do senhor de 1725. Seu processo permaneceu completamente inédito até 1983, quando tivemos a ventura de descobri-lo e divulgá-lo integralmente em livro em 1993.
Através da vida dessa ex-escrava africana, alguns aspectos cruciais da sociedade colonial brasileira merecem maior reflexão, quiçá revisão. Por exemplo, o fato de que num contexto onde negro equivalia à escravidão e indignidade, e aos africanos desprezava-se como raça inferior, bruta, "sangue impuro", não deixa de ser notável a veneração e verdadeira idolatria como inúmeros brancos - incluindo ex-senhores e membros do clero - cultuaram com tamanha veneração à uma negra africana, ex-prostituta. A inteligência, determinação e esperteza desta negra courana fazem-na merecedora, muito mais do que a Escrava Anastácia, de ostentar o título de santa e Flor do Rio de Janeiro! FINIS

NOTAS
1.Este ensaio é um resumo do livro ROSA EGIPCÍACA: UMA SANTA AFRICANA NO BRASIL, Rio de Janeiro, Editora Bertrand do Brasil, 1993, 750 p.

La primera escritora afrohispánica: Chicaba o Sor Teresa Juliana de Santo Domingo.

Copyright Baltasar Fra Molinero, 1999




El 6 de diciembre de 1748 moría en un convento de Salamanca una monja negra. Su muerte no fue celebrada con ninguna pompa especial. Pocos asistieron al entierro. Aunque había profesado como las demás, se había pasado la vida sirviendo a las otras monjas.Aunque era libre, la habían tratado como a una esclava de la casa. La elección de su lugar de reposo en el cementerio levantó ronchas, porque se decidió enterrarla junto a las monjas blancas, sin hacer distingos, cuando durante toda su vida conventual había sido relegada al último lugar, a trabajar en la cocina, a curar a enfermas apestosas o a jóvenes endemoniadas. Cuando la noticia se extendió por la ciudad, la gente irrumpió en su celda y sus objetos personales se convirtieron en reliquias: cada cuenta del rosario fue separada del resto, su velo fue hecho trizas, sus papeles quedaron desperdigados, sus estampas devotas pasaron a otras manos, todo lo que había estado en contacto físico con su cuerpo tenía ahora inmenso valor. Quién había sido esta mujer?

La publicación en Salamanca en 1752 de un Compendio de la vida exemplar de la Venerable Madre Sor Teresa Juliana de Santo Domingo, probablemente pasó desapercibida. Se trataba de una hagiografía más de una monja a la que se atribuían milagros y visiones místicas, que levitaba, curaba enfermos y hasta paraba las bombas de los enemigos portugueses en la Guerra de Sucesión de principios de aquel siglo.Un sacerdote, su último confesor, como tantos otros, Carlos Manuel de Paniagua, escribía sobre la vida y virtudes portentosas de la que el pueblo llamaba La Negrita de la Penitencia, en honor al convento en donde vivió y murió.(1)

Sin embargo, nada es común y corriente en la vida de Sor Teresa Juliana de Santo Domingo. Para empezar, es la primera mujer africana de la que se tiene noticia que escribió en una lengua europea moderna. Lo hizo bastante antes que Phyllis Whitley en Boston. Esta mujer extraordinaria nació en Africa Occidental hacia 1676, y según sus propias palabras se llamaba Chicaba en su tierra. Fue raptada y esclavizada a los diez años, trasladada a Sevilla, y presentada al Rey Carlos II como una rareza más, porque venía diciendo que era hija de reyes, y traía joyas y otros ornamentos que la distinguían de los demás. El Rey se la regaló al Marqués de Mancera, antiguo virrey de México y protector de Sor Juana Inés de la Cruz. A los veinticuatro años, y tras rechazar planes de matrimonio absolutamente novelescos, anunció su voluntad de ser monja, lo que logró finalmente en 1704, no sin grandes dificultades debidas al color de su piel. Esta mujer fue poeta dentro de la tradición literaria conventual. También fue profeta, mística, obradora de milagrosas curas, luchadora por su libertad e independencia como mujer, lo que en su caso significó que se las tuvo que ingeniar para ganar espacios de libertad relativa dentro de una sociedad que se los negaba todos. Para Chicaba, o Sor Teresa, la vida conventual en un monasterio de la Orden Tercera de las Dominicas fue la mejor maera de labrarse una identidad y una ciudadanía. Se aprovechó de dos pilares ideológicos de la España de finales del siglo XVII: la admiración por la vida conventual mística, y la veneración cuasi religiosa de las personas de sangre real. Porque desde que fue arrancada a sus padres y esclavizada, Chicaba siempre mantuvo ser de sangre real, hija de un rey de la región entonces llamada "La Mina Baja del Oro" correspondiente a la costa oriental a San Jorge de Mina o Elmina, que hoy ocupan los estados de Gana, Togo, Benin y Nigeria.(2)

Teresa establece el año de su nacimiento en 1676 y recuerda:

Era mi padre (dice en su relación, que esta Venerable hizo de su origen) un hombre corpulento, gruesso, y de cejas muy pobladas: su Madre se llamaba Abar, igual al Padre en Calidad, y Nobleza. Tuvo la Venerable Madre tres Hermanos, mayores que ella; el uno llamado Juachipiter, Ensú el segundo, Joachin el tercero. (2)

Chicaba llega a España con unos símbolos reales y especiales: sus joyas. Ellas significan su vínculo con África. Igualmente africana es la reliquia que se conserva en el Convento de las Dominicas en Salamanca: el vaso de motivos arabescos que la monja usó en vida, y que lleva inscrito en árabe el nombre de su artífice. "Halin me hizo."Todo ello eran sus únicas señas de identidad y conexión con la familia perdida en África. Chicaba necesita en España declarar un sistema de parentesco original, una ligadura a África que la librara de la orfandad esencial en que se encuentra todo esclav. Según la crítica afronorteamerican Hortense Spillers, un esclavo, especialmente una mujer, no tiene ningún control en la creación de una red de parentesco, ya que para empezar ,su cuerpo pertenece a otro, y ese otro, el amo, no va a reconocer por lo general los lazos de familia del esclavo como algo socialmente vinculante. La familia y sus lazos ofrecen no sólo seguridad social, sino también identidad social y acceso a las áreas del poder. El plan de Chicaba va a ser forjar una nueva red de relaciones al más alto nivel: Jesucristo, su esposo, la Virgen , los santos. Para tener control sobre su destino Chicaba afirma su origen real y su negativa a casarse, entrando en un convento, aunque de los más pobres.

El principal problema que surge en la lectura de la Vida de Sor Teresa tiene que ver con la raza y el género femenino de la biografiada. El biógrafo de Chicaba escribe bajo la presión de una serie de cuadernos manuscritos que la propia Chicaba tuvo que componer por mandato de sus confesores. Su palabra directa aflora en la biografía como una serie de jirones para corroborar la visión dominante del sacerdote hagiógrafo, Paniagua. Entre el texto de Paniagua y pretexto o narración autobiográfica de Chicaba hay sin embargo una tensión evidente. Ya en el capítulo inicial hay dos asuntos que el autor tiene que resolver antes de siguir adelante. Uno es el mencionado origen real de Chicaba, y el otro es su raza negra. Paniagua quiere armonizarlos como elementos complementarios entre sí: ser negra y ser princesa, o ser princesa y ser negra. La tensión no se resuelve nunca, porque lo que le queda por explicar a Paniagua es la esclavización de Chicaba. La esclavitud, como tema de reflexión, prácticamente no existía en el panorama intelectual español de la primera mitad del siglo XVIII.Todo intento de condenar públicamente la esclavitud como institución y como práctica estaba condenada al fracaso. En 1681 dos frailes capuchinos, Francisco José de Jaca, español de Aragón, y Epiphane de Moirans, francés de Borgoña, denunciaron a los amos de esclavos negros aquí en La Habana, condenaron la esclavitud y llegaron a pedir el cese de la colonización europea en el continente americano, la entrega de las tierras a los indígenas y a los negros, y la reparación económica a todos los esclavos por el precio del trabajo robado a ellos y a sus antepasados. Terminaron en la cárcel, y su apelación a Roma se zanjó con el silencio.

Desde la literatura cristiana de los primeros siglos, el color negro fue asociado con la condición pecadora del ser humano, y vino a simbolizar un estado de degradación moral y confusión espiritual extremas (Courtès 16) . El discurso ético esclavista vino a desmetaforizar esta relación simbólica: los negros son por naturaleza seres moralmente degradados y espiritualmente confusos. Autores como Alonso de Sandoval, que defienden la dignidad cristiana de los esclavos negros, no se pueden quitar de encima tanta tradición negativa, aceptando la esclavitud como algo ligado a la africanidad, es decir, a la piel negra. Ante el peso de esta tradición, Paniagua explica el color de la piel de Chicaba mediante una estrategia doble. Primero insiste que el color negro es un fenómeno natural, para luego introducir la presencia de la blancura de piel en este contexto como una expresión de conversión religiosa, y por tanto un estado natural más deseable:

Son los habitantes todos de la Guinea, de un color atezado, y negro, como advertimos frequentemente en lso que vienen a nuestros Países...siendo color con que a todos los de aquella Región matizó sabia la naturaleza, ni a los Padres, y Hermanos de la Niña, ni a la Niña misma, podía faltar esta gala. Mas aunque tan obscuros sus aspectos, eran mucho más negros sus ánimos. Adoraban ciegos al Lucero de la mañana: Para sus cultos, y sacrificios, ni usaban, ni tenían Templos, sino que previniendo la Estrella, salían muy temprano a adorarla, vigilia superflua, quando en el mismo salir a buscar la luz, se quedaban con más densas, y opacas tinieblas (2)

Teresa está destinada, según Paniagua, a dirigirse a la luz, y abandonar su tierra oscura y tenebrosa. La esclavitud es para ella el medio providencial. La estrategia de Teresa, sin embargo, es diferente. Va a utilizar la narración de su origen africano para ganar legitimidad, no como cristiana, sino como persona antes de ser cristiana. El caso de Olaudah Equiano unos años después y en contexto protestante británico es en este sentido similar. Si Teresa es una persona digna de respeto por su sangre real, sus proclamaciones de la existencia de un paganismo monoteísta en la tierra de sus padres habla de un mundo "preparado" para la dignidad que confiere el cristianismo. Esto viene aumentado incluso por la narración de la conversión al cristianismo de sus padres y hermanos al final de sus vidas, de la que dice haber tenido noticia, gracias a la labor misionera de los Capuchinos en aquella zona.Teresa incorpora al discurso de su vida un hecho general histórico como fue el intento diplomático y misionero de la Corona española entre 1658 y 1661 de establecer contactos e influencia en la zona del reino de Arda.(3)

En su justificación de la esclavitud, Paniagua alaba la bondad de todos los amos de Chicaba en España: el rico matrimonio de Sevilla, el Marqués de Mancera y su segunda mujer, mucho más joven que el Marqués.(4)

Esta segunda esposa tomó bajo su protección a Teresa y la hizo su consejera espiritual más adelante. Paniagua se extiende en elogios hacia la pareja de amos que tuvo Teresa: la sientan a comer con ellos a la mesa, la permiten y alientan a que lea y escriba, le permiten devociones privadas y momentos de aislamiento, la marquesa reza con ella todos los días y la convierte en su directora espiritual, y al final, son estos Marqueses los que le dan la libertad gratuitamente y la dotan para que entre en el convento. La idea del buen amo es tal vez el máximo exponente de la contradicción inherente al régimen esclavista. Las fallas en esta construcción de la imagen de los amos buenos y blandos se resquebraja al notar el biógrafo la enemistad que tenían hacia Teresa el resto de los criados y esclavas de la casa del Marqués. Paniagua sitúa este odio de sus iguales como una prueba de sus paciencia y santidad. Sin embargo se deja traslucir un ambiente marcadamente violento en una casa presidida por tanta devoción y virtud cristiana. A Teresa la maltratan físicamente, la intentan envenenar, incluso la quieren ahogar en el estanque del Retiro de Madrid. Luego se revela que ha sido el diablo mismo el que lo ha hecho, entrando en el cuerpo de uno de los criados. Paniagua, pues, convierte la relación que hace Chicaba de sus sufrimientos como esclava en casa de los Marqueses en una apología de los últimos como buenos amos.

Paniagua sigue el modelo retórico de Santa Teresa para construir el mundo de Chicaba. Usa los dos motivos retóricos del soldado de Cristo y la esposa de Cristo (Weber 110) para dividir los aspectos activos y contemplativos de Chicaba. Es parte del aspecto militante la propuesta que recibió en cierta ocasión de volver a África con cierto individuo que apareció por casa de los Marqueses y que había estado en la Corte de Luis XIV de Francia. Los elementos novelescos de esta aventura son dignos de destacar, porque sirven a Chicaba para reiterar su origen aristocrático y por otro suponen para ella una prueba y una intervención divina en favor de su camino místico. Se mezcla la historia de los avances esclavistas de las naciones europeas, la picaresca y la política exterior de España hacia África occidental, que se debatía entre la leyenda y la noción clara de su insuficiencia como potencia naval. En casa de los Mancera tuvo la oportunidad de enterarse bien de quién estaba negociando con el Rey de España el asiento del tráfico de esclavos en África. Su antiprotestantismo pudo estar motivado por la conciencia de que los esclavistas ingleses y holandeses dominaban los mares de su tierra.(5)

El personaje que se presenta ante Chicaba había sido capturado como ella, y como ella fue visto a la luz de la excepcionalidad:

y los Franceses, que atentos a los aumentos de su comercio, nunca pierden la ocasión, les pareció la más oportuna para sus intereses, que el Prisionero se restituyesse a su Corte, y tomando con el debido asiento, protegiese sus Navíos, comerciantes, llegando en adelante seguros con su amparo a aquel dilatado Reyno... Juan Francisco...fue a visitar al Marqués de Mancera; supo como tenía una Negra en su Familia; quiso verla, y preguntándola por su Patria, y tierra, conoció con evidencia, era la que tenía delante de los ojos a la que por su ausencia avia llenado los de sus Padres, y suyos, de copioso llanto: alborozado en extremo de aver hallado, después de tanto tiempo, y en paraje de los suyos tan remoto a su querida Sobrina, la descubrió, quién él era; diole quenta dela feliz conversión de sus Padres, y la mayor parte de sus vasallos; y qu Padre, Madre, y Hermanos, renacidos en las aguas del Bautismo, havían ya fallecido, y que no haviendo otro heredero más cercano, al Cetro, y govierno, le venía de justicia. (45)

El propio Carlos II interviene, y los Marqueses le prometen la libertad, si quiere seguir este plan tan político como fantástico. Teresa resuelve, con gran perspicacia, no meterse en esta aventura misional y política de tan inciertas posibilidades. Quién era este tío que aparecía de repente y la solicitaba en matrimonio? Su negativa a seguirle debió de basarse en sospechas fundadas, porque a los pocos días de darle el no, el personaje intentó raptarla y llevársela a la fuerza, lo que no prosperó. Desde entonces el camino al convento es lo único que le interesa a Chicaba, y la aventura del regreso a su tierra natal se convierte en una renuncia al mundo. Su elección del convento en vez del matrimonio tiene mucho que ver con su condición de esclava. Claude Meillassoux aclara en su estudio de la esclavitud en África algo que puede ser generalizado a nuestro caso: un esclavo es un ser desocializado, desfamiliarizado, desexualizado e incluso descivilizado (Meillasoux 109-115). En el caso de la mujer, se añade además la desacralización de su cuerpo: no va a ser un cuerpo que genere seres para la sociedad. Para Chicaba, ser esposa de Cristo va a ser la única forma de recuperar, o conservar, el carácter sagrado de su cuerpo. Su golpe de estado personal a la institución esclavista en España cuenta con la colaboración del catolicismo contrarreformista de sus amos, que ven en ella un ser extraordinario y tal vez una puerta abierta al Cielo. La única forma de sacralizar el cuerpo femenino en la España de finales del siglo XVII era el convento y la promesa de la virginidad perpetua consagrada a Cristo. Paniagua proclama la excepcionalidad de esta situación en una mujer negra de su tiempo como ejemplo de virtud cristiana, haciendo una lectura muy típica del régimen esclavista de su época, como si conservar la virginidad fuera una prerrogativa de una mujer esclavizada. No hay sino que traer a la memoria el caso de una mujer contemporánea a Chicaba, tal vez compatriota suya, la afrobrasileña Rosa Egipcíaca, capturada en la Costa de los esclavos a principios del siglo XVIII. El historiador Luiz Mott cuenta los pormenores de la que fue primera mujer escritora de raza negra en lengua protuguesa. Violada a los catorce años por su primer amo, echada a la prostitución por el segundo, Rosa Egipcíaca tuvo también visiones místicas y un contacto muy cercano con el diablo. Fundó un recogimiento para ex prostitutas negras y mulatas y siguió con sus visiones y declaraciones proféticas. Pero todo acabaría bastante mal para ella, porque fue acusada ante la Inquisición, y de santa en vida pasó a terminra sus días en las cárceles inquisitoriales de Lisboa. Chicaba, dice su biógrafo, nunca tuvo deseos lascivos, y permaneció virgen hasta su muerte, lo cual fue una ventaja. Además tenía el don de notar un olor especial en aquellos que habían pecado contra el sexto mandamiento.

Como mujer negra libre, Chicaba no tenía muchas opciones. Sus amos le dieron la libertad para que entrara en el convento, y una vez dentro de él, sufrió las penalidades de tener que ser la última en aquella jerarquía social basada en la raza y la casta. Este ambiente de diferencia y desigualdad institucional estaba presente en los conventos de la mayor parte de la América colonial española (Arenal y Schlau 297). Las indignidades que sufre Teresa por ser esclava negra son su instrumento para llegar a la santidad, en el discurso hagiográfico de Paniagua. Las protestas que hace el autor de la hagiografía contra el trato inhumano y discriminatorio contra Teresa no dejan de ser parte de un discurso esclavista. Teresa, como reina e hija de reyes, no debería de ser tratada como una común esclava. En Alba de Tormes--el pueblo donde está enterrada santa Teresa de Jesús--, es precisamente donde es rechazada por ser negra al intentar ser admitida en el convento de las Franciscanas, en 1703:

quando noticiosa delo que passaba una Señora de la más calificada nobleza de España, que negada a lo esclarecido de su linaje, vivía Religiosa pobre en el mismo Convento, no acertando a negarse a sí propria, la que generosa lo havía dexado todo, impidió la entrada, y admisión de Teresa, con el vano pretexto de ser Negra la Pretendiente: "Una Negra, decía, en mi Convento! No en mis días; no está fundada esta casa para Negras, y assi Señoras, pongan fin a la plática, pues para que no tenga efecto, pondré todas las diligencias possibles...a los pocos años embidiaba en las de la Penitencia su dicha, y acierto, según ella se explicó repetidas veces (51)

Las condicioens en las que fue admitida en el Convento de la Penitencia eran draconianas. Los Marqueses de Mancera, dice Paniagua, tuvieron que pagar una dote completa, y el obispo de la diócesis, Francisco Calderón de la Barca--sobrino del dramaturgo--le impuso una tasa extra y no permite bajo ninguna circunstancia que profese como monja, sino como miembro de la Tercera Orden. Con ello Chicaba quedaba a medio camino entre la condición de monja y la de esclava que había dejado para entrar en el convento. Su participación en la vida colectiva de la comunidad fue limitada de una forma extraordinaria:

se juzgó la comunidad essenta de la obligación de tratar a Teresa como Novicia, y por consiguiente eximida de ponerla Maestra, que la dirigiesse en las costumbres de la vida religiosa, quando no havía de professar, como tal, Teresa: por esta causa no concurría con la Comunidad a acto alguno; iban las Religiosas a Coro, y Teresa a la rexa de rodillas, o en el antecoro con humildad, paciencia y rendimiento; quando iban al Refectorio, Teresa no entraba en él; en el Dormitorio no la permitían tener cama, y assi lo poco que dormía era en la Enfermería. (62)

La vida conventual de Sor Teresa fue un camino desde la marginalidad hacia el centro de la vida conventual. Ser monja en el convento de la Penitencia era ser monja ya marginal, en un convento pobre, en un barrio de Salamanca de las afueras. Ser la negra de tal convento no era una forma muy prometedora de empezar una carrera mística. Era la última de la comunidad, lo que le sirvió para afirmarse y hacerse valer en su carrera espiritual. Ella estaba determinada a ser la primera en la atención de Dios, su esposo. Un esposo que tenía muchas a quien atender, como nos recuerda en su poema. Las decisiones que toma en su aventura espiritual están informados por la doble condicíón contradictoria que ve en el Evangelio--los últimos serán los primeros-- y en su vida: es Princesa--de hecho reina exilada-- y es esclava:

Reyna y libre la hizo Naturaleza, con el estado de Esclava la puso la casualidad, sino fue la providencia, y bien hallada con esta esclavitud, mejor que con la natural libertad, renunció generosa la libertad, quando estuvo en su mano el tenerla, por vivir gustosa en la esclavitud (aunque nunca más libre) a que la traxo la gracia. (68)

Chicaba había entrado en el Convento con otros planes, sin embargo. La actutud de las otras monjas y las largas que estaba dando el obispo Calderón a darle permiso para que profesara como terciaria estuvieron a punto de hacerla desistir. A través del relato de Paniagua podemos ir estableciendo el plan de la propia sor Teresa para ir haciendo su presencia en el convento un acto legítimo. A cada exclusión e insulto le sigue un episodio místico en el que Dios o uno de sus santos la exalta por encima de todas las demás monjas, en contraste con la humillación recibida. El día en que finalmente profesa como monja terciaria, tiene una visión en la que se ve a sí misma entrando de la mano del mismo Santo Domingo en la orden. El convento que ve es el celestial, y el coro de monjas que asiste a la ceremonia de sus votos místicos es la comundiad de monjas fallecidas y ya en la gloria. Paniagua llama a esta visión de Chicaba su "profesión invisible."

Chicaba es perfectamente consciente del uso de su cuerpo negro en la comunidad conventual. Rechazada y discriminada por ser negra, comparte marginalidad con una muchacha endemoniada, llamada María Francisca. Ambas están en contacto físico por la misma causa: la comunidad se siente incómoda con su presencia. Una mujer negra, cuyo color es asociado con el diablo, está al cuidado de la única mujer que oficialmente lleva al diablo dentro, la endemoniada María Francisca. Este trato físico con el diablo la pone en circunstancias de hacer un milagro portentoso. La saliva de una mujer negra se va a revelar capaz de quemar al demonio:

Rabioso el Demonio de tanto humilde exercicio, daba voces por medio de la paciente, diciendo la quitassen delante aquella Negra, que era su Esclava: cuando la peynaba solía darla con un poco de su saliva en la cabeza, y entonces con silvos, y ademanes de furiosa serpiente, prorrumpía en lamentables voces, gritando, que la Negra la quemaba, y atormentaba; siendo así que su saliva fue más de una vez especial remedio a no pocas dolencias, que molestaron a tantas Religiosas. (87)

Toda vida de monja mística tiene un fuerte componente de demonología. La propia Santa Teresa fue una verdadera experta en el tema, llegando a la conclusión de que el Demonio era un ser bastante inútil, aunque profundamente molesto. En cierta ocasión, en el estanque del Retiro de Madrid, se metió en el cuerpo de un mayordomo y quiso ahogarla, saliendo ella del estanque sin siquiera mojarse--paralela en esto al episodio evangélico de Cristo caminando sobre las aguas--o cuando tampoco tiene efecto el ataque violento de una esclava--turca y por tanto musulmana--que intentó apuñalarla en cierta ocasión. De hecho, cada vez que los otros cridos intentan atacar físicamente a Chicaba, siempre terminan ellos apaleados. Chicaba va a triunfar en esta aventura de espiritualidad física en lucha con el Diablo. El dinero que tiene María Francisca para sus gastos lo emplea Chicaba en misas para que el demonio abandone su cuerpo. De paso, gana influencia entre sacerdotes, que dependen de ese dinero. El dinero que obtiene con sus oraciones y su fama milagrosa juega un papel igualmente importante en su ascendiente con las novicias más pobres a las que ayuda a pagar su dote para profesar en el último momento, cuando nadie se ofrece a hacerlo:

llegó la Víspera de esta, y Teresa le dixo a una Religiosa, fuesse a matar unas gallinas, que havían de servir para la función del día siguiente, y añadió con gracejo: Estamos ya en la Víspera, y Vm. se está con essa flema? Respondió la Religiosa: y qué haremos con matar las gallinas, si no puede ser la función mañana, por faltar lo principal, y no sabemos de dónde ha de salir? A que Teresa volvió a decir: V.m. señora, mate las gallinas, que mañana sin falta, ha de professar la Novicia. (97)

Su presencia en el convento fue hasta cierto punto subversiva, porque su personalidad generaba un poder que iba más allá de la posibilidad de ayudar económicamente a algunas novicias pobres. Un convento sin medios como el de la Penitencia de Salamanca tenía en esta monja negra tal vez a su mejor fuente de relaciones públicas, y tal factor tenía que generar envidias y recelos, como el de cierta religiosa que exclamó:"Recia cosa es ayamos de estar governadas por una Negra, y que vendida la Priora a su voluntad, hemos de vivir a ella todas sujetas." (76)

Las vidas y milagros de los santos de la Iglesia católica siempre van unidos a descripciones de diversas funciones corporales. La intervención divina--y con ello la prueba de santidad--se manifiesta sobre todo en curaciones extraordinarias, en estigmas, olores, y otros accidentes sensoriales. Como tantas otras monjas místicas, Chicaba renuncia a la comida de una forma radical: largos ayunos, preferencia por la comida que a las demás desagrada, náuseas ante los platos más delicados: el chocolate o el pescado la ponen a punto de morir en cierta ocasión. Caroline Bynum explica el régimen de severos ayunos de tantas mujeres en los conventos de la Edad Media como un fenómeno de control sobre su propio cuerpo a través de la comida, algo que sí podían controlar, porque era función de las mujeres preparar la comida. Bynum declara que el ayuno en las monjas más ascéticas--Chicaba sería un ejemplo--es un esfuerzo por ganar poder y dar significado a sus vidas. No es masoquismo, o un rechazo de la carne para favorecer el espíritu (Bynum 208). El ayuno de Chicaba va acompañado de actos de generosidad, en los que ofrece dinero y comida a los otros en ocasiones especiales. Es también una forma de resister las órdenes de sus directores espirituales, a los que obedece ostensiblemente comiendo lo que le mandan, pero inmediatamente vomitando la comida que le han forzado a comer, con lo que su sacrificio se redobla. Su relación con Dios es una sucesión de episodios marcados por el dolor. Chicaba llegó a asocialr la ausencia del dolor físico con la falta de atención por parte de su amado Jesús:

En este dolor se me da a entender, que está el señor dentro dél siempre; por esta razón si me enojo, o en otra manera de no conformarme, este dolor se me quita; de manera, que es dolor grande, quando tengo el corazón sereno, y quiero: es ardor, quando el afecto sube con excesso a desear el cumplir con las obligaciones, que devo; y no digo bien, que no es excesso, lo ue es razón: me abraso, me quemo, diera voces, pero las doy dentro de mí ...Tan grande son los dolores que tengo en el corazón, que por dentro siento se me cubre de sudor. Yo no sé explicarme más que esto; su Magestad se lo dará a entender a V.R. pues quisiera manifestar todo lo que no alcanza mi corta explicación. Hasta aquí su pluma. (102)

La saliva de Chicaba, los objetos que tocan sus manos, el dinero de su trabajo físico o espiritual tienen un efecto curativo y beneficioso para los miembros de la clase o raza dominante. La narración biográfica de Paniagua insiste en este punto constantemente. El cuerpo de Chicaba es un cuerpo para la comunidad blanca que se beneficia de él, bien como esclava, bien como sanadora de cuerpos y almas. El ejemplo más extraordinario ocurre durante la guerra de Sucesión, cuando los portugueses asedian Salamanca y la bombardean. Una estampa milagrosa sostenida por la monja negra desde una ventana del convento es capaz de parar milagrosamente las bombas. Los actos de amor en que se basa toda vida de santo, ese trabajar para los demás por amor es en Chicaba un trabajo físico en el que su propio cuerpo es inseparable del efecto que persigue la comunidad. Al hablar de las vidas de santos narradas, Edith Wyschogrod distingue entre lo que es trabajar y lo que es laborar. En una hagiografía, el trabajo diario del santo, sus obligaciones, se convierten en actos de voluntad, en labores que constantemente proclaman su santidad (Wyschogrod 73). Paniagua utiliza esta técnica para codificar como santidad lo que en realidad era la obligación de una esclava primero, y luego de una monja de la Orden tercera a la que daban los trabajos más duros hasta casi el día de su muerte.

Pero como Santa Teresa, el aspecto militante de su fe ocupa un segundo plano en relación con su papel de esposa de Cristo, en el que ella insiste sobre todo en sus sus escritos. El desposorio espiritual empieza ya en África, en donde se le aparece un Niño blanco que la promete ser su esposo y así se lo comunica a su hermano Juachipiter en África: "sábete que yo no me he de casar en esta Tierra con hombre alguno, sino con un Niño muy blanco, que yo conozco"(12). Lo que Paniagua interpreta como visiones de la Virgen María y el Niño Jesús de la niña Chicaba en África puede tener una explicación más compleja si nos atenemos a testimonios de la época que atestiguan la creencia en divinidades de rostro blanco en la zona costera de Allada, o Adra, en la zona oriental de la actual república de Benín. El expedicionario francés dElbée ofreció el testimonio del rey de Arda, que le informó de que un niño blanco le había anunciado previamente su llegada.(6)

Estas creencias coinciden también con un incremento en el tráfico esclavista en la zona durante la segunda mitad del siglo XVII (Thornton 242).

Los elementos africanos de la religiosidad de Chicaba son siempre traducidos por su biógrafo como actos de devoción mística perfectamente ortodoxos y católicos. A pesar del filtro ideológico del biógrafo, el lector se entera de que en su período de esclavitud en casa de los Marqueses de Mancera, Chicaba se encierra en un aposento privado para celebrar conversaciones y meriendas a solas con Cristo, que recuerdan a las ceremonias de santería, candomblé y vodú. Su relación mística con Cristo fructifica tras su difícil entrada en el convento, y sigue en una serie de episodios marcados por el sentimiento de ausencia, el dolor como señal de afecto por parte del esposo divino, e incluso los celos mutuos entre ella y Cristo. En cierta ocasión invitó a dos frailes benedictinos a su celda, después de misa, y este hecho fue motivo de problemas con su esposo:

Yo sin reparo de hacerlo por mal, los traxe, a que vieran la Celda, y no crea V.R. que es mentira, se enojó tanto su Magestad, y una reprehensión llevé del Señor, que me hizo llorar; y estaba tan corrida interiormente, que para comulgar, llegaba con una vergüenza tan grande, que toda me cubría de sudor: y cierto no lo hize con mala intención, ni por disgustar a su Magestad, ni en tods aquellos días sabía qué hazerme: a la Virgen Santísima supliqué, hiziesse las amistades y la conté la falta en que Yo havía caído sin reparo, y parece, que mi corazón sentía algún consuelo. (81-82)

Pero el testimonio más intenso de la especial relación entre Chicaba y su Dios es el poema que transcribe Paniagua en su hagiografía. A las quejas de ausencia de toda esposa mística se une en este poema el sentimiento de celos porque Cristo presta atención a otras mujeres. El texto del poema, el primero que consta escrito en luna lengua europea por una escritora africana es el siguiente:

Aih, Jesús, donde te has ido,

que un instante no puedo

verme sin tigo

Aih Jesús de mi alma,

donde te has ido,

que parece que no vienes

y te has perdido

Aih Jesús, qué diré yo,

si os vais con otras,

qué haré yo:

Clamaré, lloraré

hasta ver a Dios,

y si no, y si no,

morir de amor.

Y ya lo digo,

pues estoy tan sola,

que no has venido.

Y si estás con otra,

ya yo lo he visto;

a Marta y María

las has querido.

Aih, Jesús, donde te ha-

llaré yo,

pues tan tonta me tiene

quando te tengo:

A Dios, a Dios amor,

A Dios Señor,

A Dios corazón,

no más, no más,

no más.

Es difícil establecer el sistema de creencias que había tenido Chicaba en sus primeros nueve años de vida, antes de su captura en 1686. Lo que sí llama la atención en este poema es la relación que ella ve que existe entre Jesús y otras mujeres, una relación polígama y no exclusivista como lo es la de tantas y tantos escritores místicos españoles que tuvieron que servir de modelo a Sor Teresa. Igualmente llama la atención la escena que narra de su bautismo místico en tierras africanas, a manos de los ángeles, que tiene lugar junto a una corriente de agua:

Llegó a una fuente christalina, y embelesada, según su costumbre, bio lo que vio, pues ella sola se lo supo; sucedíó lo que dixo, porque no pudo escusarlo; dirélo con las mismas palabras, que un Director suyo lo atestigua. En una de estas estaciones (habla de lo mucho que andaba Teresa para conseguir su ansia) la baptizaron estando al pie de una fuente, y pusieron el nonbre de Teresa, que después le dieron también, quando la baptizaron en el Puerto de Santo Thomé. Hasta aquí su Director (9)

Las marcas físicas de su contacto con la divinidad se manifiestan de la forma más extraordinaria en el momento de su muerte. Su cuerpo ser vuelve de color blanco, algo muy normal en los santos negros de la época. En las comedias de santos negros de Lope de Vega esto era una rutina.(7)

Algunos prodigios se notaron al tiempo de fallecer, y después de muerta Teresa; porque haviendo sido como fue, su vida tan ajustada, era forzoso reflejase el Cielo su partida: el color del rostro, por su naturaleza negro, antes de espirar se le puso blanco, y aun después de muerta perseveró assí no poco tiempo. No todos los que assistieron al Entierro, advirtieron esta novedad: observáronla bien algunas Religiosas, y el Cirujano, que había asistido a la enfermedad de la difunta. (125)

Si en vida su presencia en el convento fue causa de controversia, no lo fue menos en su muerte. Por un lado se le concedió sepultura con el resto de las religiosas, aunque sin especiales ceremonias:

Diósele al Cuerpo tierra en el lugar destinado para las Religiosas, que ya éstas reputaban injuria, la apartasen de su compañía muerta; quando más de una vez en vida, las Ancianas, y que ya fallecieron, por Negra la desdeñaban: en el entierro común, pues sin distinción alguna la enterraron, para que assí conste con evidencia, que aún después de muerta, la mortificaron las criaturas, porque sus humildes ansias, suspiros, y súplicas, quando viva, fueron, que diessen a su Cuerpo tierra, a la vista, y presencia de su Dueño Sacramentado; pero por reparos, que no examino, no se condescendió con su gusto; y assí en el Claustro yace, y reposa, interin dispone otra cosa la Providencia Divina. p. 127-128)

Conclusión

Las páginas del Compendio están dedicadas a explicar una paradoja completa, que el autor no resiste expresar ya al final del libro: "Este es piadoso Lector, un breve rasgo, una sola cifra de la vida portentosa de esta feliz Negra." La expresión "feliz negra" es una copia calcada del concepto teológico de la "felix culpa" o afortunado pecado de los hombres que hizo merecer la intervención de Dios en la tierra. Paniagua justifica así--al final del libro--la esclavización de Chicaba como un acto de la Divina Providencia. Su vida como monja de la Orden Tercera de las Dominicas aparece ante el lector como una cadena de renuncias por parte de esta mujer negra de sangre real. Las exclamaciones de indignación ante la esclavización de Chicaba provienen más por la dignidad real de esta mujer negra que por un rechazo a la esclavitud como institución social. De ahí que el discurso que justifica la esclavitud como proceso de salvación--metáfora fundamental en la doctrina de salvación de san Pablo--se venga abajo en cuanto la monja negra tenga que enfrentarse al racismo del convento. El destino social de Chicaba como esclava lo convierte Paniagua en destino espiritual de esclava de Cristo. Pero queda por explicar y razonar la culpabilidad de las monjas, sus hermanas en Cristo, que causan sus padecimientos. Cómo librarlas de la culpa? La respuesta es la misma que se da en los catecismos para negros de la época, publicados en Cuba. Una frase de Paniagua lo resume todo:

Supongo que quien leyere aquí las penalidades de Teresa, no hará mal juicio de las personas que concurrieron a exercitarla: pues puede un Justo sufrir mil trabajos, sin haver culpa mortal en quien los ocasiona (74).

Paniagua da por descontado que el lector, blanco, español, no va a condenar a su propia sociedad. La antinomia moral del régimen esclavista queda expuesto a la evidencia. Para justificar la esclavitud hay que creer en la falta de agencia moral del esclavo. Si, como en el caso de Chicaba, su agencia moral queda demostrada, sus torturadores tienen que ser reducidos a la condición de agentes divinos involuntarios. Este es un tema que la Iglesia católica--titular de miles de esclavos y sólo superada por el Rey de España como potencia esclavista hasta la llegada de la revolución industrial--todavía no ha podido ni sabido analizar a fondo.(8) Para la Iglesia, Chicaba fue una negra afortunada en su esclavitud. Sin embargo, Chicaba nos deja entrever en las citas de Paniagua que para ella existe un vínculo espiritual entre su vida africana y su vida española. Ella no alaba su esclavitud, más bien la ignora. Africa fue el paraíso donde conoció a su divino esposo. España fue el purgatorio donde estuvo a punto de no poder dedicar su vida a él.

Notas

1. 1.La Biblioteca Nacional de Madrid no posee copia de este libro, y eso que se llegaron a hacer dos ediciones. Manuel Sanz tampoco menciona a Sor Teresa entre los cientos de monjas de sus cuatro volúmenes de la Biblioteca de escritoras españolas. Hay dos ejemplares conocidos de la segunda edición,ambos en Salamanca: uno en el convento dominico de San Esteban y el otro en el de las Madres Dominicas Dueñas.

2. 2.La figura del esclavo africano de sangre real fue un tropo literario común en la época en que vivió Chicaba. Iban desde obras de ficción como Oroonoko or The Royal Slave: A True History (Londres, 1688) de Aphra Behn a las narraciones autobiográficas de los primeros ex esclavos que lograron imprimir sus experiencias para consumo de masas y propagar la idea abolicionista, tales como The Interesting Narrative of the Life of Olaudah Equiano, or Gustavus Vasa, the African, Written by Himself (Londres, 1789).

3. 3.El interés de la corte de Felipe IV por echar raíces en la costa africana occidental y así poder controlar el lucrativo negocio del tráfico de esclavos tuvo una política exterior errática. Fue enviada una misión capuchina al reino de Arda--situado al este de San Jorge de Mina y el reino de Benin--en 1658, coincidiendo con la llegada a España de un embajador del rey de Arda, en febrero de aquel mismo año (Carrocera 526). La misión, pedida por el rey Toxonu de Arda, terminó en un total fracaso, pero fruto de los esfuerzos fue la publicación del primer catecismo bilingüe español-arda (gue en el siglo XX o mina, en terminología usada en el siglo XVIII), titulado Doctrina christiana; y explicación de sus misterios en nustro idioma español y en lengua arda (Labouret y P. Rivet 19).

4. 4.El Marqués de Mancera fue el mismo que protegió a Sor Juana Inés de la cruz, y cuya mujer, Leonor de Carreto, es la Laura de los poemas de la escritora mexicana (Paz 132).

5. 5.Cuando Chicaba fue capturada y llevada a Sao Tomé, hacia 1685, se estaba produciendo una revolución en la escena internacional del tráfico de esclavos africanos. La política del asiento, favorecida y controlada por España, estaba en una crisis total. La Monarquía española carecía del poder naval para controlar con barcos propios el transporte y venta de esclavos desde África a sus posesiones americanas, y por ello tenía que arriendar tal tráfico a compañías extranjeras. La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales tenía agentes en Cádiz y Sevilla para asegurarse la concesión y mantenimiento del monopolio, pero en 1688 el asiento pasó a manos portuguesas, tras la muerte del agente holandés en Cádiz Balthasar de Coymans en 1686 y la consiguiente denuncia de herejía protestante como excusa para terminar la concesión del monopolio (Postma 42).

6. 6.D'Elbée, pag. 434

7. 7.Véase el caso de El santo negro Rosambuco de la ciudad de Palermo y El negro del mejor amo. En casi todas las comedias de santos del siglo XVII (Lope de Vega, Mira de Amescua, Juan Bautista Diamante, Luis Vélez de Guevara) el tema de la oposición entre cuerpo negro y alma blanca es una constante poética, que he estudiado en mi libro La imagen de los negros en el teatro del Siglo de Oro.

8. Los trabajos de Nicholas Cushner sobre los orígenes del capitalismo agrario en régimen de plantación en la zona de Lima y Quto apuntan a los jesuitas como principales compradores de mano de obra esclava de origen africano. Herman Konrad ha elaborado estudios similares sobre el origen de la mecanización agraria en el México colonial en haciendas de jesuitas, que duraría hasta su expulsión de los territorios de la Corona española en 1767.

Obras citadas

Arenal, Electa, and Schlau, Stacey. Untold Sisters: Hispanic Nuns in Their Own Words. Albuquerque. University of New Mexico Press, 1989.

Behn, Aphra. Oroonoko. Edited by Joanna Lipking. New York: Norton, 1997.

Bynum, Caroline W. Holy Feast and Holy Fast: The Religious Significance of Food to Medieval Women. Berkeley: University of California Press, 1987.

Carrocera, Buenaventura de. "Misión capuchina al reino de Arda." Missionalia hispanica 6 (1949): 523-546.

Courtès, Jean Marie. "The Theme of 'Ethiopia' and 'Ethiopians' in Patristic Literature." en The Image of the Black in Western Art. Volumen 3: From the Early Christian Era to the "Age of Discovery" editado por Jean Devisse y Michel Mollat. Cambridge, Mass. Harvard University Press, 1979: 9-32.

Cushner, Nicholas P. Farm and Factory : The Jesuits and the Development of Agrarian Capitalism in Colonial Quito, 1600-1767. Albany : State University of New York Press, 1982.

---. Lords of the Land : Sugar, Wine, and Jesuit Estates of Coastal Peru, 1600-1767. Albany : State University of New York Press, 1980.

Equiano, Olaudah. The Interesting Narrative of the Life of Olaudah Equiano, or Gustavus Vasa, the African, Written by Himself. Facsimile edition. London: Dawsons of Pall Mall, 1969.

Fra Molinero, Baltasar. La imagen de los negros en el teatro del Siglo de Oro. Madrid: Siglo XXI Editores, 1995.

Konrad, Herman W. A Jesuit Hacienda in Colonial Mexico : Santa Lucia, 1576-1767. Stanford: Stanford University Press, 1980.

Labouret, Henri y Rivet, Paul. Le Royaume dArda et son évangelisation au XVIIè siècle. Paris: Institut dEthnologie, 1929.

Lenhart, John M. OFM Cap. "Capuchin Champions of Negro Emancipation in Cuba (1681-1685). Franciscan Studies 6 (1946): 195-217).

López García, José Tomás. Dos defensores de los esclavos negros en el siglo XVII: Francisco José de Jaca, OFM Cap. y Epifanio de Moirans OFM Cap. Caracas, 1982.

Maeso, María Eugenia. Tshikaba, La Princesa negra. Salamanca: Imprenta Calatrava, 1995.

Meillaissoux, Claude. The Antthropology of Slavery: The Womb of Iron and Gold. Chicago: Chicago University Press, 1991.

Mott, Luiz. Rosa Egipcíaca: Uma Santa Africana no Brasil. Sao Paulo: Editora Bertrand Brasil, 1993.

Paniagua, Juan Carlos Miguel. Compendio de la vida exemplar de la venerable Madre sor Teresa Juliana de Santo Domingo, Tercera profesa en el Convento de Santa María Magdalena, vulgo de la Penitencia. Salamanca, 1752.

Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1995.

Postma, Johannes M. The Dutch in the Atlantic Slave Trade. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.

Spillers, Hortense. Mamas Baby, Papas Maybe: An American Grammar Book. Diacritics 19.2. (1987): 65-81.

Thornton, John. Africa and Africans in the Making of the Atlantic World, 1400-1680. Cambridge: Cambridge University Press, 1992.

Weber, Alison. Teresa of Avila and the Rhetoric of Femininity. Princeton: Princeton University Press, 1990.

Wyschogrod, Edith. Saints and Postmodernism: Revisioning Moral Philosophy. Chicago: The University of Chicago Press, 1990.