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Género obsesivo




Me cansan los discursos modernos que comienzan por "uruguayos y uruguayas" (y no sólo porque semos en realidad orientales, no uruguayos) "niños y niñas", "doctores y doctoras", "ciudadanos y ciudadanas", etcétera, etcétera.

Parece que para hablar en forma políticamente correcta uno debe acudir continuamente al género de los interlocutores, pero ya resulta abusivo. Más que nada en los discursos políticos, ahora que ¡otra vez! estamos de elecciones, ahora buscando intendentes e intendentas, alcaldes y alcaldesas, ediles y edilas...

Resulta imposible escuchar un noticiero de tevé sin la marcación rigurosa del género, que ya mueve a risa. Y si no, que lo prueben las murgas, que también de ello se ocuparon este carnaval, parodiando los vocativos cansadores.

Me voy al terreno a dar trigo a las palomas (y palomos) y alpiste a los pájaros (y pájaras, aunque suene a conversación de una novela rotagonizada por Phillip Marlowe) y después reviso el bebedero de las gallinas (y gallos)

¡Cómo rompen con el género, che!


Recordé mientras escribía esto una anécdota muy cruel de la gran Margarita Xirgu cuando dirigía la EMAD. En medio de una lectura de texto que se hacía en la platea del teatro, pidió que se colocara cada uno sobre el escenario, para leer en situación de escena. Y lanzó la desgraciada frase con aquella voz enorme y castiza: "Actores: ¡al escenario! Y fulana (no digo el nombre por cariño, pero los actores que lean esta crónica sin duda sabrán a quién se refería la Xirgu) también... El hecho es que a Margarita le costaba ver a "Fulana" como actriz.

Ésta es mi casa


No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.

Mario Benedetti

Rayo de luz en medio de la oscuridad


Tranca-ruas

El señor que me acompaña, el que va conmigo pero delante de mí, el que el 1 de noviembre de 1977 se instaló en un asiento de piedra e hierro junto a la Rainha das Almas, el amigo, el confidente, el camarada... El que me cuida y nos cuida, el que nunca ha negado su mano generosa y ha enseñado -y enseña- a conducirse en un mundo donde parece haberse perdido el equilibrio de valores...
El que es tan sencillo que parece grande, y tan grande que resulta ser sencillo de entender y querer.
El que siempre tiene tiempo de escuchar y cosas para decir; el que cada día me sorprende con un nuevo regalo como muestra de su incondicional apoyo -siempre y cuando siga las reglas que le marcara la Rainha da Praia que le ubicó en su lugar-
El que hace del respeto a toda forma de vida o existencia su credo; el que danza y canta con el corazón; el que se comunica con una simple mirada, el que me muestra la cara escondida de la Luna y el diamante que se esconde en cada trozo de carbón...
El que recibe con alegría y despide con tristeza; el que hace amigos sin solicitar nada a cambio, el que hace del don un presente cotidiano...
¡Ese es mi compadre!
Es a quien agradezco lo poco o mucho que fui, lo que soy o lo que podría llegar a ser porque sin su apoyo y ayuda nunca sería yo mismo...
Mi amigo, camarada, compadre, compañero: gracias por estar a mi lado. Gracias por enseñarme hasta a través de las malas experiencias, por darme la mano y ayudarme a levantar cada vez que hube caído. Gracias por darme la oportunidad de recibirte y hacer a través de mis simples medios tu trabajo de titán.

Tranca-ruas nas Sete Porteiras das Almas: aunque sólo seas el Mayordomo de mi Rey, te rindo mi más absoluto reconocimiento. Que Sòngó premie eternamente tu fidelidad y trabajo.

El resto en Picasa...

La sorpresa de la noche: mi hijo menor, Javier, pasó a saludar a los compadres y en particular a la pombogira Sete Saias de su ìyá, Omolújemola.

Tranca-ruas guarda en su cofre las impresiones de esta casa donde hemos probado de todo: la alegría, el dolor, el crecimiento y la decepción entre otros items. Sin embargo, podemos considerarnos dichosos por el saldo a favor que es enorme.

"No centro da encruzilhada
a festa se preparou.
Quem manda é exu Seu Sete
e acompanha o Marabô!
Chegaram lá da calunga,
das matas, também do mar.
Estava já tudo certo
para a festa começar.

Nela, nela, nela, nela
chegou exu, o giramundo!
Vai dançar na encruzilhada
saravando todo o mundo!


Adeus, é hora grande...
Adeus!
Adeus! Exu vai-se embora.
Seguindo o seu caminho
girando na Linha das Almas,
deixando um axê
para quem ficar:
adeus, ele foi embora!




Posted by Picasa

Montevideo de los milagros

por Gloria Salbarrey

Seducida por el Carnaval y el mundo al revés, Milita Alfaro se liberó de los requisitos de la historia que apunta "al análisis crítico y a la interpretación del pasado", dejándose llevar por "la mirada `menor` de la memoria, que se conforma con recuperarlo, redescubrirlo y disfrutarlo".

Pese al título, en el libro casi no aparecen las vivencias personales de las memorias, la narración en primera persona dando testimonio de una época. De esos cien años (1850-1950), ella no debe de tener recuerdos propios, a no ser los de su padre, el escritor y periodista Hugo Alfaro, un memorioso de maravilla a quien nombra poco, a pesar de haber compartido con él tablados y canciones de las viejas troupes.

En cambio abundan las anécdotas y curiosidades, despojadas de nociones teóricas, como miscelánea histórica de formato variable, ameno y ágil. En ese espacio vagamente intersubjetivo las impresiones o evidencias de la realidad se ven reforzadas por el derroche visual del volumen. El acertado equilibrio del diseño realza la autonomía relativa de la letra y la imagen, que marchan cada una por su carril por falta de registros gráficos de épocas remotas y de aclaraciones escritas de las figuras. Ya divulgadas en otros medios, las fotos son de personas anónimas, solemnes y en pose; de macacos típicos de tablados y carros alegóricos, inmóviles en el vuelo o la carrera; algunas instantáneas difusas de bailes y desfiles y la excepcional miniatura de una batalla de agua, que se ve caer transparente, lanzada por los guerrilleros.

Bajo la tiranía de la brevedad la narración, en la que pueden faltar hechos imprescindibles o casos de antología, llega a ser discutible. En el siglo XIX, investigado por ella en base a los aportes de José Pedro Barrán, según consta en dos libros anteriores, se destacan las picardías bárbaras de las clases altas, que "en un mundo construido por la imaginación" se transformaron en gracias galantes y suntuosas de una Estambul o Venecia del Plata. El énfasis puesto en el esplendor festivo tiende a eclipsar los ardides que atenuaron el poder igualitario de disfraces y antifaces, relativizando entre otros el "protagonismo" femenino.

Al llegar a la prosperidad del siglo XX, el lente conmemorativo repasa tablados, concursos, comparsas de negros y lubolos, murgas, troupes, parodistas, humoristas, la "típica", la jazz y demás. La concisa genealogía de títulos carnavalescos o inventario de protagonistas y escenarios propone una descripción tentativa de las categorías derivadas del ritual festivo, que pasó a contemplarse en espectáculos organizados y premiados por la dupla portentosa del barrio y el Estado.

El libro se vuelve estimulante y polémico porque deja mucho por decir y por analizar. "Sin comentarios" concluye al mencionar los desfiles de antes y de hoy, interrumpidos por la gente que se lanza a la calle, poco contenta con mirar y deseosa de participar de verdad. Al hablar de la "pasión" nacional por el canto y la competencia también desatiende el entramado social, laboral y económico. Seguidora del milagro carnavalero como aficionada, periodista en la modalidad del reportaje o la crítica y jurado en el concurso oficial, al escribir este libro en el marco del Programa Huellas de Coca Cola, Alfaro ha intervenido sin menoscabo de la libertad de expresión en el espacio cultural esponsorizado del merchandising, entre cuyos inicios se cuentan el tablado Cidriz, decorado por la botella de esa gaseosa - al que iba su papá - y el carro fuera de concurso de El Chaná.

MEMORIAS DE LA BACANAL: VIDA Y MILAGROS DEL CARNAVAL MONTEVIDEANO, de Milita Alfaro. Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo, 2008. 95 págs.