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Airiños levaime a ela...

El traje tradicional gallego puede dividirse en dos grandes tipos de trajes: el de Couto y el de Gala. Sin embargo, las piezas son las mismas, cambiando solamente el tipo de tela, los colores y la riqueza de sus complementos.

Boda con trajes tipicos

Boda con trajes tipicos (Gentileza de Francisco J. Rodríguez Parada)

Para las mujeres (completo)

1.CABEZA: Se puede cubrir con una cinta, chapeu, cofia o paño de cabeza.
2.EXTREMIDAD SUPERIOR: Se cubren con una blusa, chambra o chaqueta, corpiño, luego un dengue, gravata, corset y un paño para el cuello,
3.EXTREMIDAD INFERIOR: Se utilizan las baixeiras, medias, faldriqueiras, enagua(s), falda, , lella, mandil, mantelo, picote, pololo, calzas, refaixo, sabelo, sai, vasquiña, zagal.
4.SOBRETODO: Para cubrirse del frío se usan capas, capotes, mantela, manteleta, mantillica, manto, mantón, parlamenta, tocas.
5.PIES: Se calzan con zocas, zocos y tamancas.

Traje de mujer vista de frente

Traje de mujer vista de frente (Extraído del Museo do Pobo - Santiago de Compostela)

Traje de mujer vista posterior

Traje de mujer, vista posterior (Extraído del Museo do Pobo - Santiago de Compostela)

Para los hombres (completo)

1.CABEZA: Existen la monterira, el chapeu, el paño, el pucho, la pucha, el sombrero
2.EXTREMIDAD SUPERIOR: Se utilizan la almilla, la camisa, chaleco, chaqueta, chaqueta de abrigo, faixa, xibón.
3.EXTREMIDAD INFERIOR: Calzas, calzón, cirolas, pantalóns, zagóns (es)carpíns, faldriqueira, alxabeira, medias, (pau de) moca, varapao, aguillada, pano, pano da faldriqueira.
4. PIES: Polainas, zuecos, zapatos, tamancas o zamancas, galochos, cigarrón, felo, botas, mázcara, vergalleiro, careto, vellarrón.


Desfile de trajes gallegos con 200 años de historia María Jesús Reboredo muestra sus joyas en el centro Rocha Vella, muchas piezas las ‘rehabilitó’ a mano.

ÁNGELA ARES SANTIAGO
La inauguración de la colección de trajes gallegos prosiguió con  un desfile por Rocha Vella FOTO: A. Hernández
La inauguración de la colección de trajes gallegos prosiguió con un desfile por Rocha Vella
FOTO: A. Hernández









A los dos años sus padres ya la vestían con el traje típico gallego. Después, ella vistió a sus hijas, nietos e incluso a su biznieto.

Durante más de cuatro décadas María Jesús Reboredo ha bebido de las fuentes literarias y ha viajado a mil y un rincones de Galicia para recabar información sobre esta vestimenta y también para hacerse con una colección en la que no faltan joyas que datan de hace doscientos años.

La pintora compostelana María Jesús Reboredo inauguró ayer en el centro sociocultural Rocha Vella su colección de trajes compuesta por cerca de cuarenta piezas, de gala y cotío, de niños y adultos. Tras el acto, tuvo lugar un desfile donde se pudo comprobar la belleza de unas prendas que "forman parte de mi vida", según explica esta pintora y maestra jubilada que, a mediados de los años 60, fundó la Asociación de Amigos del Traje Gallego.

"Muchos de los trajes los cosí yo misma y otros los completé porque al ser antiguos les faltaba algún detalle, como abalorios o piezas de azabache". Esta restauración, hecha con mimo y mucho trabajo, no le ha quitado tiempo a esta infatigable artista para escribir un libro -evidentemente sobre la tradición del traje gallego- que se titula Lévote no corazón, y que también presentó ayer.

Además de los trajes, en la colección no faltan todos los detalles como son las joyas en plata y azabache, "algunas de ellas, con muchos años de antigüedad, que he recuperado tras varias herencias de madres a hijas".

Cómo viste una bahiana: signo y símbolo






El vestuario llamado de bahiana es una indumentária tradicional, y es la misma ropa usada en los terreiros de candomblé. Existen ropas para todas ocasiones. La ropa de ração es la más simple, mientras que las ropas hechas con bordado Richelieu pueden costar alrededor de quince mil reales. Este vestuario puede tener un color especial cuando se trata de bahianas de eventos turísticos. La de la bahiana de Escuela de Samba es un caso aparte, pues se trata de una idealización del modelo tradicional, con el color y el estilo de acuerdo con el enredo de la escuela ese año, así como las del Maracatu en el Nordeste.

La ropa de ração es la ropa usada diariamente en una casa de candomblé. Son ropas más bien simples, hechas de morim o cretona. Tanto pueden ser de color como blancas, dependiendo de la ocasión en la roça de candomblé. Componen el juego: saia (axó) falda de poco ruedo para facilitar los movimientos, el singuê (especie de chal amarrado en el pecho que sustituye al corpiño), camisú o camisa de mulata, generalmente blanca y adornada con puntillas y bordados, calçolão (especie de bermuda amarrada por un cordón en la cintura, y un poco ancha para facilitar los movimientos y proteger el cuerpo en caso que sea necesario sentarse en el suelo), pano da costa y el ojá, tira de paño que se amarra a la cabeza formando un turbante.

El axó tiene una presencia muy grande en el rito jeje, pues la ropa habla con un lenguaje de simbolismo muy especial, ya que además de lo ético y moral, los axós dan a las mujeres cuenta de su posición dentro de la casa. Es hermoso notar la sencillez y la reverencia que estas ropas expresan en su apariencia y modo de ser: ¡respeto por encima de todo! Las mujeres del jeje -y especialmente las del jeje mahin- componen su vestuario con singuê, xokotô (especie de calza, también llamado "cauçulu"), falda por encima y camisu rendado.

El vestuário de una iyalorixá es diferente al usado por las equéjis e iawôs, y se caracteriza por el uso de la "bata" -que es usada por fuera de la falda y con el camisu por debajo- que en las casas tradicionales solamente ella puede usar. Obviamente ella puede permitir a sus hijas egbomi -más antiguas- usar esta vestimenta también, pero jamás concederá el uso de la bata a una equéji, a una iawô o a una abiyan.

La bata es símbolo del cargo o puesto dentro de la jerarquía del candomblé. El paño de la costa, o aláká, doblado sobre el hombro también tiene su significación: es un símbolo del cargo, pues las iawô lo usan amarrado en el pecho, las egbomi en la cintura y únicamente las iyalorixá en el hombro.

Normalmente, faldas y blusas con bordado Richelieu también son usadas únicamente por las iyalorixá, así como el paño de la costa o Aláká tejido como antaño en telar manual africano.

Los turbantes también llamados "torso" u ojá que son usados por todos alrededor de la cabeza, normalmente son más largos y más ornamentados -así como determinados hilos-de-cuentas cuando usados por una iyalorixá- y se considera que no pueden ser usados por personas que no tienen cargo jerárquico. El collar de segi con coral, engarzado en hilo de oro, por ejemplo, sólo puede ser usado por las iyalorixá con más de 50 años de feitura, convirtiéndose de ese modo en el símbolo de senioridad.


Intrigas y seducciones: la fábula moralista de Choderlos de Lenclos


Las amistades peligrosas (a veces traducida con mayor propiedad por Las relaciones peligrosas) es una famosa novela epistolar, escrita por Pierre Choderlos de Lenclos, que narra el duelo perverso y libertino de dos miembros de la nobleza francesa a finales del siglo XVIII.

Fue publicada por primera vez en 1782. La Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, que en otro tiempo llegaron a ser amantes, se aprovechan del mejor modo que pueden de la sociedad puritana y privilegiada en la que viven. Estos dos personajes depravados no dejan de enviarse cartas a lo largo de toda la historia que se narra en el libro en las que se cuentan sus hazañas, que constituyen la trama de la historia.

Sin embargo, a pesar de ser rivales, no están en igualdad. El vizconde de Valmont, por su condición de hombre, puede hacer alarde de su condición de libertino y gozar incluso por ello de una cierta reputación. Las cartas que dirige a la marquesa de Merteuil sólo son el relato de sus aventuras. Pero no sucede lo mismo con ésta. Aunque rival del vizconde en cuanto a aventuras de alcoba, la marquesa de Merteuil, además, está obligada a disimular. Su rango social (es marquesa), matrimonial (es viuda) y su sexo (es mujer, en un mundo dominado por los hombres) obliga a que se comporte con doblez ,y la fuerza al maquiavelismo. Es cierto que el vizconde también usa estas armas, pero es para seducir primero y luego hacer que se pierdan, al haber sido deshonradas, las mujeres que conquista. Sólo sigue su inclinación natural, que lo único que transgrede es la moral de su época. Para igualarse con él, la marquesa de Merteuil debe además, conseguir zafarse del papel social que se le asigna.

La intriga se inicia de un modo no muy explícito. No queda muy clara la naturaleza exacta de las relaciones que mantenían la marquesa y el vizconde: se adivina que mantuvieron relaciones y que mantienen una cierta rivalidad en el terreno de la seducción. Por una parte la marquesa, harta de escuchar los alardes de Valmont sobre sus aptitudes seductoras, le reta a seducir a la más virtuosa de las mujeres conocidas en la sociedad en la que se desenvuelven, la Presidenta de Tourvel. Si consigue seducirla, la propia marquesa engañará a su actual amante y se entregará a Valmont. A lo largo de la primera parte del libro iremos viendo los avances de Valmont en su estrategia de seducción de la señora Tourvel, que, poco a poco, irá cediendo ante los encantos de Valmont. Pasa por una fase en la que duda de que las intenciones de Valmont sean deshonestas. Pero pronto descubrirá las verdaderas intenciones del vizconde y pasará por una etapa de dureza y rechazo. Sólo cuando el vizconde se marcha le permite que le vuelva a escribir, aunque sin aceptar su presencia. Valmont registrará la habitación de la Presidenta y descubrirá que sus cartas tienen lágrimas. Sabe, a partir de ese momento, que la señora Tourvel ha caído y que sólo es cuestión de tiempo y habilidad, y él cuenta con ambas cosas. A esta intriga se une el deseo de la marquesa de vengarse de su antiguo amante Gercourt, que tras abandonarla, ha decidido casarse y ha buscado para ello a una joven pura, educada en un convento, Cécile de Volanges. Ésta vive con su madre, Madame de Volanges, se aburre y escribe cartas a su amiga Sophie Carnay, que ha permanecido en el convento. Siente admiración por la marquesa de Merteuil, que visita a menudo a la familia en compañía del caballero Danseny, del que Cécile se enamorará. Aconsejada por la marquesa, le confiesa su amor pero pronto caerá en la desesperación ante la perspectiva de su futuro matrimonio con Gercourt, del que la marquesa le traza un retrato muy siniestro. Cécile a pesar de todo, escribe a Danseny para decirle que no tiene opción y que debe olvidarla, aunque eso haga de ambos unos desgraciados. Valmont, a instancias de la marquesa, se convierte en el confidente de Danseny: el círculo se va cerrando. Sin embargo, poco después, y nuevamente influenciada por la marquesa, renueva sus promesas de amor a Danseny. Paradójicamente, cuando Madame de Volanges descubre -gracias a la denuncia de la marquesa- este amor secreto, exige a Danseny la devolución de todas las cartas de su hija: pretende acabar con esta relación y acude a la marquesa en busca de consejo, y la invita a la boda. También a la Presidenta de Tourvel, a la que advierte sobre los peligros que representa el seductor y libertino Valmont.

La marquesa, viendo que no es fácil la vía de Danseny, y siguiendo con su plan de que Cécile pierda su virginidad antes de su matrimonio, decide que es mejor que Gercourt se encuentre en su noche de bodas a una depravada que haga palidecer a las más expertas prostitutas, por lo que propone al vizconde de Valmont que la seduzca. Éste en principio se niega pues cree que va a resultar excesivamente fácil seducir a una jovencita que desconoce todo de la vida y que eso sería incluso una tacha en su reputación de libertino. Pero conocedor de los avisos que contra él ha llevado a cabo Madame de Volanges ante la Presidenta de Tourvel, decide vengarse de ésta seduciendo a su hija. La marquesa entrega al vizconde la llave de la habitación de Cécile, en teoría para que haga de intermediario en el correo entre ésta y el caballero Danseny, pero una noche entra y la besa. Desorientada ante estos hechos, su aspecto hace pensar a su madre que la desesperación ante su amor frustrado por Danseny la está minando, por lo que Madame de Volanges piensa incluso suspender la boda. Cécile se confiesa a la marquesa, que la engaña haciéndole creer que está en realidad enamorada de Valmont, le anima a que se reconcilie con él y trata de alejarla de su madre para pasar a ser ella su única confidente. La marquesa decide por su parte dar otra vuelta de tuerca en el juego de la seducción y conquistar a Danseny. Mientras tanto la Presidenta de Tourvel va madurando. Escribe varias cartas en las que afirma que ésa va a ser la última que escriba, pero recae una y otra vez. Trata de negar la evidencia de su amor, pero acaba rompiéndose y confesando al vizconde su amor. Una vez seducida, el sentimiento de culpa que experimenta la destruye.

Toda la fuerza de la novela radica en la doble narración de estas dos intrigas que se entremezclan. Es el relato de las aventuras libertinas de los dos personajes principales, de sus estrategias y de sus peripecias, pero también del combate que libran entre sí. Este combate aparecerá en primer lugar como un juego de seducción, pero luego se transformará en rivalidad destructiva.

Obra tremendamente amoral en todo su desarrollo, da sin embargo un inesperado giro final cuando los dos contendientes se arrebatarán el uno al otro lo que más aprecian: el vizconde morirá en un duelo con un amante de la Marquesa tras haber sucumbido al amor de la Presidenta de Tourvel; el brillante libertino agonizará enamorado y desesperado por haber llegado a destruir lo que amaba. Por las circunstancias de esa muerte se divulgarán las cartas, que harán a la marquesa de Merteuil perder su reputación que siempre había tratado de preservar; al mismo tiempo perderá también su belleza, que se verá afectada por una varicela que le desfigurará la cara.

Este "giro moral" que da la novela al final cumple con lo anunciado en el prólogo "del editor" (en la ficción quien ordenó las cartas), en cuanto a que no puede asegurar si el producto es moral o inmoral... Obra literaria mayor del siglo XVIII, se considera Las relaciones peligrosas como una de las obras maestras de la literatura francesa.

Adaptaciones cinematográficas

1959 : Las amistades peligrosas ("Les liaisons dangereuses"), de Roger Vadim, con Jeanne Moreau, Gérard Philipe y Annette Vadim;

    1988 : Las amistades peligrosas (Dangerous Liaisons), de Stephen Frears, con Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer y Uma Thurman;
    1989 : Valmont, de Miloš Forman, con Colin Firth, Annette Bening y Meg Tilly;
    1999 : Crueles intenciones ("Cruel Intentions"), de Roger Kumble, con Ryan Phillippe, Sarah Michelle Gellar y Reese Witherspoon;
    2003 : Scandal - Joseon namnyeo sangyeoljisa, de Je-yong Lee con Bae Yong-jun y Lee Mi-suk.
Adaptaciones para TV y lírica
  • 1980 : Las relaciones peligrosas, telefilm dirigido par Claude Barma, con Claude Degliame, Jean-Pierre Bouvier y Maïa Simon;
  • 1998 : Perro amor, Telenovela Colombiana producina por Canal Uno con Danna García, Julián Arango e Isabella Santodomingo.
  • 2003 : Las relaciones peligrosas, serial televisivo dirigido por Josée Dayan, con Catherine Deneuve, Rupert Everett yNastassja Kinski.
1994: ópera "The Dangerous liasons" de Conrad Susa estrenada en la San Francisco Opera, dirigida por Donald Runnicles y protagonizada por Thomas Hampson, Frederica von Stade y Renée Fleming.

El despertar del "Sueño (norte)Americano"

Desde que las grandes corrientes inmigratorias europeas comenzaron a desembarcar en los Estados Unidos, existió la idea "del sueño americano". Originalmente, expresaba la posibilidad de vivir en libertad y alcanzar la prosperidad con trabajo duro, independientemente del origen, el credo o la raza.

La invención de la frase se le atribuye al escritor James Truslow Adams, quien la incluyó en su libro La épica de América, publicado en 1931. Pero con el tiempo, el concepto fue estrechándose hasta significar, básicamente, un trabajo estable, vivienda y auto propios.

En estos días, sin embargo, una combinación de desafortunadas circunstancias transforman el sueño americano en una pesadilla.

El precio de la nafta, el desbarajuste hipotecario, la recesión, el desempleo y la crisis alimentaria fuerzan a la clase media, el sector de la sociedad norteamericana sobre cuya capacidad de consumo se asienta la economía, a replantearse su forma de vida.

La franja que recibe ingresos entre 45.000 y 90.000 dólares se ha contraído. Seis de cada diez personas admiten que sus salarios han caído por debajo del costo de la vida; a seis de cada diez les resulta cada vez más difícil pagar la nafta; y cinco de cada diez no pueden permitirse un seguro médico, según cifras de la revista US News & World Report.

El número de propietarios de viviendas que no puede pagar las cuotas de la hipoteca subió por 29º mes consecutivo. Durante el mes de mayo, uno de cada 483 hogares recibió un aviso de ejecución.

El romance de los norteamericanos con el auto es cuestionado y la pasión por las 4x4 se ha extinguido. Las estaciones de servicio que sólo aceptan pagos al contado se multiplican y la gente piensa dos veces antes de sacar el auto. Las vacaciones, para la clase media, se limitan a no irse muy lejos de casa. De Europa ni hablemos; el paseo a Orlando es evaluado como si se tratara del balance de una empresa.

Subirse a un avión solía ser tan corriente como tomarse un taxi; ya no lo es. Las compañías aéreas han subido las tarifas, reducido el número de vuelos y eliminado todo otro servicio. Un chiste reciente mostraba a un avión en un descenso de emergencia mientras el capitán anunciaba que se liberaría el oxígeno a 15 dólares por persona.

El desperdicio de alimentos en los Estados Unidos sigue siendo monumental. Según un estudio de la Universidad de Arizona, los norteamericanos tiran 215 kilos de comida al año. Aun así, la visita al supermercado ya no es lo que era. Los precios de casi todos los productos comestibles aumentaron entre un 3 y un 5 por ciento.

Los restaurantes caros ya no pueden disimular las deserciones y los baratos tienen más clientes que nunca. Por las dudas, cadenas como McDonald s y Wendy s incluyen en sus menús platos de un dólar.

La recesión económica ha agudizado el desempleo, que en mayo trepó de 5 a 5,5 por ciento. Estas son 865.000 personas más que llevan el total de desempleados a 8,5 millones.

Con todo, no hay signos de desesperación. Los norteamericanos son estoicos cuando se trata de capear tormentas. El verano (boreal) ayuda. En el invierno, los precios del petróleo se volcarán sobre el costo de la energía y se hará más arduo calentar las casas.

Así las cosas, es probable que el despertar del sueño americano tal vez sea mucho más que un intervalo. Tal como lo plantea Gregory Green en su provocativo documental El fin del suburbio, la prosperidad norteamericana del último medio siglo fue construida sobre la premisa de la energía barata. Esta premisa no existe más.

Hasta soñar se ha vuelto más caro.

Mario Diament
para LA NACION