La filósofa que rescata la raíz negra de la Argentina

 
Por Alejandra Rey para LA NACION


En cada fiesta patria en que la libertad es el motivo de festejo, el ritual se repite: primero, la notificación con las instrucciones de cómo hay que vestir al nene para el acto; después, las alpargatas desflecadas, los pastelitos, el aguatero, el que vende velas, todos con las caritas pintadas con corchos quemados y, como paseando por una realidad que parece no ser propia, camina altiva la dama con peinetón y el caballero con levita. El plano se repite cada año con algunas variaciones mínimas: atrás los negros y, adelante, los blancos patriotas. Y todos terminan diciendo: "¡Viva la patria!"

¿El saldo? De 10 chicos que participaron en el acto patrio, por lo menos siete "hicieron de negros", es decir, actuaron de gente que no ven, que no quieren ver, que no pueden ver; personas que existieron pero que parece que se las tragó la tierra, que trabajaron a destajo en un pasado que se enseña como alegre y dicharachero, y que los niños no indagan. Dina Picotti, doctora en Filosofía por la Universidad de Munich, está acostumbrada a estas consultas. Ella, que se doctoró con una tesis sobre la superación de la metafísica como tarea histórica en Martin Heidegger, dedicó gran parte de su vida a estudiar la presencia negra en la Argentina y América, cómo se originó y se manifiesta en cada uno de los aspectos de nuestra vida y cultura.

Dina es una entrevistada misteriosa, de rostro bonito, delgada, elegante y edad indefinida. Nos abre la puerta de su casa en el Bajo Belgrano y la gran sala de estar, de color celeste, alberga cuadros, tallas, fotos y artículos africanos de una belleza extraña, que sólo se encuentra en aquel continente.

Y nada es casual. Porque Dina, que se fue de Villa Regina, Río Negro, a doctorarse en filosofía en Munich en la década de los 60, conoció en esa ciudad alemana al hombre de su vida, el padre de sus tres hijos, el ingeniero amoroso que construyó obras y caminos acá y en Africa, Abdourahmane Camara, guineano musulmán, negro y "muy buen mozo", como ella misma apunta, mientras sonríe levemente.

Cuenta Dina que a pesar del islam, al que Camara adhería, en los primeros años de los 70, la pareja se casó por la Iglesia Católica en Villa Regina y el evento constituyó allí una sorpresa: la blanca, muy blanca, desposándose con un negro, muy negro, fue el comentario general de sobremesa. "Todos pasaron por la iglesia y los que no, fueron a ver las fotos", comenta, divertida, esta mujer que no se resigna a haber perdido a su esposo hace ya 10 años, pero que mira la foto de Alejandro, su único hijo vivo, mulato y hermoso, que toca música y canta con un deleite incomparable.

"Es que cuando volvimos de aquellas becas de estudios de posgrado, como era Munich,  -dice Picotti- nos preguntamos qué debíamos  pensar nosotros mismos a partir de nuestra experiencia. Pero entonces advertimos que en verdad no conocíamos la propia historia,  porque no nos la habían enseñado; por ello comencé a bucear en las culturas que hacen a nuestra identidad, concretamente en las indígenas que habitaron también el valle del Río Negro."

Y acá vendrá la primera de muchas sorpresas que nos regalará a lo largo de la charla: "Daba clases de filosofía, pero me planteaba todo desde la perspectiva de cómo pensar aquí las grandes cuestiones, el hombre, sus prácticas, historia y cultura, llegando de este modo a preguntarme si en realidad aquí no hay negros, como solía decirse. Cabe recordar que cuando se le preguntó a un ex presidente argentino qué pasaba con los negros en su país respondió que ese problema lo tenía Brasil". Subraya la palabra problema como una de las que tenemos que desterrar del lenguaje: las demás se las dirá a esta cronista durante la charla.

-¿Y por qué con su esposo decidieron radicarse aquí, y no en Africa?

-Por las guerras, y en general, la difícil situación que viven los países africanos.

A través de la investigación, Dina se dio cuenta de que la presencia negra era más importante de lo que se solía aceptar y que el aporte a todos los aspectos de nuestra vida e historia era tan doloroso como inconmensurable. Y dice: "Por ejemplo la palabra «tango», entre otras, es de origen africano y la invisibilidad que se produjo fue tal, que ya nadie se acuerda de que Carlos Gardel tenía un guitarrista negro".

"La Argentina empezó a negar a los negros por el hecho de estar relacionados con la esclavitud, y a mí me interesaba rescatar el valor que tuvo y tiene su presencia, porque toda cultura significa una experiencia humana irreemplazable. Entonces, no reconocer una cultura significa perder una parte importante de la historia humana, es impedir nuestro auto- reconocimiento".

Dina dice todas estas cosas con una sencillez llamativa y se concentra para dar respuesta en alguno de los muchos objetos africanos que decoran su casa. Asegura que una buena  parte de la población argentina tiene impronta africana, aunque no lo sabe o quizá no quiere saberlo.
"Se lo advierte en diversos rasgos físicos y culturales, yo lo veo", y cuenta que por ejemplo el artista uruguayo Carlos Páez Vilaró seguramente tiene antepasados afro.
"Es que mirá, gran cantidad de esclavos negros ingresaron en el Río de la Plata por el puerto de Buenos Aires a través de diversos asientos, a los que hay que agregar los que venían de contrabando y que luego eran repartidos por el interior hasta Chile y el Perú. En algunos países, esas comunidades se mezclaron menos, pero aquí hubo un intenso cruce entre blancos, negros e indios, y se fue perdiendo el color.

-¿Se sabe cuántos negros había en la Argentina hace 200 años?

-Se supone que un tercio del total de la población de Buenos Aires colonial era negra, y las estadísticas del centro, oeste y norte de país superaban el 50%, en ciertos lugares, como Santiago del Estero, llegaba al 90%, pero después ya no se los registró en los censos. Esperemos que este año se pregunte claramente por el origen del encuestado para poder apreciar si ascendió del 5 o 6% la actual población de color, que se estima según una prueba piloto hecha hace un par de años.

¿Qué pasó? No desaparecieron simplemente a causa de las guerras y las pestes, como se afirma; se mezclaron, dice Picotti, y aclara que el así llamado "cabecita negra" venido del interior  tenía en buena parte ascendencia negra. Agrega que hay bastantes datos, entre ellos una cerámica precolombina existente durante ocho siglos, que testimonian ya una relación precolombina de culturas negras con las nativas de América. "Además de la presencia esclava tuvimos luego una inmigración importante de Cabo Verde durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y desde los años 90 una inmigración reciente africana y afroamericana que procede de diversos países, por ejemplo, hay más de 1000 senegaleses, que sólo se involucran con sus pares, viven en hoteles y suelen tener la familia en su continente."

Las referencias de Picotti son tan interesantes que es difícil no caer en la muletilla de preguntarle qué palabras o qué costumbres hemos incorporado de la negritud. Y siguen las sorpresas: palabras como "tango", "zamba", "mucama", "marote" o la expresión "fulo de rabia" son de origen negroafricano;  el arroz en la comida, la percusión en la música, el 2x3 que está en el ritmo del folklore y los ritos animistas, aunque ésta es otra de las palabras que Dina quiere desterrar del lenguaje, porque supone desconocimiento desde una visión eurocéntrica. "Quienes fueron rebajados a esclavos, enviados como frente de choque a las guerras,  empleados en condiciones inhumanas en toda suerte de trabajos, supieron sin embargo devolvernos canto y danza, que son lenguajes superiores."

Y habla de los tambores que, dice, llegaron a ser la voz de los sin voz, "un lenguaje convocante. Y la danza. Los niños negros antes de aprender a caminar danzan, es el lenguaje por excelencia, porque es expresión de vida. Pienso que hay un subsuelo negro entre nosotros, que se manifiesta de diversas maneras, incluso en las síncresis religiosas, donde por ejemplo cada santo cristiano tiene su correspondencia africana.

Dina y su hijo conocieron a sus familiares africanos mucho tiempo después de que Camara y ella se casaran. Fueron a Angola, Mali, Guinea y vieron lo bello y la riqueza humana y natural de esa tierra, pero también la devastación y la pobreza. Años más tarde, el ingeniero Camara volvió a su continente a construir colegios, rutas y puentes, y regresó también dolido de ver tanta corrupción interna y externa que mantiene a la población en condiciones inaceptables. "Continúan así ?comenta Dina?, la familia tiene tierras, pero apenas subsisten, sin servicios sociales básicos; no he regresado desde entonces." Ya es tarde, y Picotti acompaña a La Nacion hasta la puerta, pero se detiene para mostrar en el escritorio una foto de su esposo. Hay, todavía, un deseo irrefrenable de verlo en este instante, unas ganas contagiosas de acercarse, pero se contiene y sólo saluda. Y queda sola. En esa casa con tantos espíritus...

DINA V. PICOTTI DE CAMARA

Doctora en filosofía

Quién es: se doctoró con una tesis sobre la superación de la metafísica como tarea histórica en Martin Heidegger, dedicó gran parte de su vida a estudiar la presencia negra en la Argentina y en América, cómo se originó y se manifestó en cada uno de los aspectos de nuestra vida y cultura. Ha editado una docena de libros sobre esta temática y es investigadora en temas de filosofía contemporánea, filosofía de la historia y pensamiento latinoamericano. Se doctoró en Filosofía en Munich. Estuvo casada con un ingeniero guineano, padre de sus tres hijos.
Es directora de su Instituto de Pensamiento Latinoamericano y Directora del doctorado de Filosofía del mismo claustro. Ha sido coordinadora de la Maestría en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de la Matanza.

La democracia hace la diferencia

 

"El presidente es de todos, incluso de quienes no lo votaron," dijo esta mañana José Mujica en clara respuesta a las críticas que recibió desde el Partido Comunista por - entre otros puntos - recibir a un grupo de disidentes cubanos en la Torre Ejecutiva a pedido de dirigentes de la oposición.
El mandatario, en su audición radial de M24, afirmó que "el gobierno decidió recibir a estas personas por respeto a la solicitud de importantes personas de los partidos tradicionales. Y lo aclaramos de entrada, porque no queríamos regalar al escenario uruguayo una discusión fútil donde se nos pintara como intolerantes y otras cosas por el estilo, que en esos momentos se dicen", dijo.

"Nosotros hemos aclarado oportunamente que no nos inmiscuimos en la política de nadie ni somos jueces de nadie. Tenemos una clara posición y la hemos tenido históricamente desde siempre de apoyar a la revolución cubana en su lucha contra Estados Unidos. Y la practicaremos en cuanto foro tengamos que asumir decisiones. Pero en este país, dentro de este país, tenemos la obligación de respetar a los partidos que piensan distinto a nosotros", enfatizó.

Aclaró que "hablar no significa conceder; significa en este caso concreto un acto de respeto hacia opositores internos que piensan distinto. Con ellos tenemos que convivir y tomar decisiones fundamentales" y reiteró la "invitación a quienes representan a los que no nos votaron a participar en la decisión de políticas para el país".

Mujica recordó que durante el acto tras la victoria de las elecciones nacionales en segunda vuelta dijo que no hubo ni vencidos ni vencedores, "reconociendo en todos aquellos muchísimos que no nos votaron, y que a pesar de ello eran y son parte de esta nación".

El presidente explicó que, desde esa postura, ha trabajado para construir una "unidad nacional", a pesar que no haya sido siempre debidamente comprendido. Y afirmó que reconocer este punto no significa no reconocer la existencia de diferencias y confrontaciones políticas e ideológicas, "pero en última instancia este país necesita mínimos de acuerdos, tolerancias y respeto mutuo para vivir y para funcionar".

"Institucionalmente, un presidente en Uruguay cuando es electo pasa a ser presidente de todos, continuó Mujica. "Y por eso - dijo - a veces debe hacer cosas que no coinciden con su manera de pensar pero deben hacerlas igual porque por encima de él estará la nación y seguirá estando, porque estaba antes y seguirá después. Es lo único permanente", puntualizó.

Opinó que ese respeto hacia "los adversarios políticos, no enemigos, a pesar de las diferencias", no ha sido correctamente interpretado. "Tampoco - agregó - el gobierno pretende imponer condiciones sino cultivar, en las decisiones, las consultas y el respeto en cada uno de los actos".

"El respeto político es un acto para cultivar la unión nacional que se debe realizar en forma permanente. Lo central, en cada uno de los pasos que damos, es si conviene o no conviene al interés nacional. La unidad básica nacional no puede lograrse de otra forma que no sea por mutuo respeto".

Aclaró que "antes de ser gobierno, en diferendos dolorosos con Argentina, tuvimos que bancar que se nos tratara injustamente poco menos que como peones del gobierno argentino. Nos tuvimos que bancar esa ofensa y la pasamos por alto porque había que priorizar el interés nacional. Los resultados  alcanzados son el fruto de una actitud cultivada durante años y de una manera de pensar".

Cien años de luz y conservación cultural

O Terreiro Ilê Axé Opó Afonjá, fundado em 1910 por Eugênia Anna dos Santos (Mãe Aninha), comemorou um século de existência sediando encontro com secretários da educação dos municípios baianos no dia 26 de agosto no próprio Terreiro, no bairro de São Gonçalo, em Salvador. Promovido com a parceria da Secretaria da Educação do Estado da Bahia, o encontro Ófin no Olope (Lei em Ação) trouxe na pauta o debate sobre a implantação da Lei nº 10.6392003, que inclui História e Cultura Afro-Brasileira como ensino obrigatório no currículo oficial das redes de educação do Brasil.

Na oportunidade, aconteceu o lançamento do livro didático Epé Laiyé – Terra Viva, de autoria de Maria Stella de Azevedo Santos, conhecida nacionalmente como Mãe Stella de Oxossi. A Secretaria da Educação do Estado da Bahia já adquiriu cinco mil exemplares do livro. Segundo o superintendente de Desenvolvimento da Educação Básica da Secretaria da Educação da Bahia, Nildon Pitombo, “poder contar com instrumentos pedagógicos específicos, construídos com base no resgate e na valorização da cultura ancestral dos negros é muito importante para consolidarmos uma Educação pautada na democracia e no respeito às diferenças”.

O livro Epé Laiyé já vem sendo utilizado na Escola Eugênia Anna dos Santos. Municipalizada em 1998, esta escola funciona há mais de 30 anos dentro do Terreiro Ilê Axé Opó Afonjá e é uma referência nacional na implementação de leis e diretrizes que tratam da Educação para as relações étnico-raciais.

 O conteúdo do livro Epé Laiyé aborda questões sobre meio ambiente de maneira lúdica, trazendo as entidades da religiosidade afro-brasileira como personagens de uma aventura ecológica, para enfatizar a importância da preservação da natureza. De acordo com o parecer da Secretaria da Educação da Bahia, “o livro torna-se um potencial instrumento de apoio pedagógico aos professores das escolas do 1º ao 5º ano do ensino fundamental, assim como nas escolas municipais quilombolas, pela sua propriedade teórico-cultural e pela qualidade estética apresentada”.

Mãe Stella, uma das mais importantes Iyalorixás da Bahia, atua tanto em sua comunidade como nas entidades representativas da tradição africana. É conhecida por recusar a ideia do Candomblé como uma seita sincrética, afirmando a sua legítima condição de religião no Brasil. Líder respeitada como referência de diálogo intercultural e inter-religioso, ao completar 80 anos de vida em 2005, recebeu o título Doutor Honoris Causa pela Universidade Federal da Bahia (Ufba) Em 2009, a Universidade do Estado da Bahia (Uneb) concedeu-lhe o mesmo título. Mãe Stella ainda é detentora das Comendas Maria Quitéria (Prefeitura de Salvador) e Ordem do Cavaleiro (Governo da Bahia) Também ganhou, em 2008, o Troféu Palmares, do Ministério da Cultura.

Algunos neologismos pueden provocar equívocos

Esta anécdota es real, pero por razones obvias los nombres y el lugar del hecho están cambiados...

Doña María sale por la puerta trasera de su casa en las afueras de Ombúes de Lavalle. Es una señora septuagenaria, que tiene a su cargo dos nietos -chica y varón- de quince y catorce años. Poniendo ambas manos como bocina, grita hacia el lado de los galpones:
-¡Marina! ¡Marina!
A su llamado acude el nieto, con un balde lleno de choclos. Viene despacio, tardando -para la mente de la señora- una eternidad.
-M'hijito, ¿no vio por dónde anda su hermana? Las muchachas que vienen a estudiar con ella ya llegaron y ya voy a servirles la merienda...
-Sí, abuela. Cuando estaba pelando los choclos vi a Marina que estaba wandanareando al peón nuevo en la pieza de los aperos...
-¡Qué barbaridad, esta chiquilina! Ah, ahí viene...
Marina venía acercándose hacia la casa, frotándose la cara con la manga del saquito de lana marrón. Eso sí: caminaba más de prisa que su hermano.
-M'hija, sus compañeritas ya llegaron. Están en el comedor diario y ya voy a servirles la merienda. A estudiar, que las notas este mes pasado fueron flojas. ¡Ah! -agrega mientras la muchacha pasa a su lado como una tromba- Y déjese de guaranguear con los peones, que acá les pagamos para trabajar y no para distraerse con la señorita.

Una historia argentina...

Interesante nota publicada en su blog por Alejandro Frigerio

La madre de un séptimo hijo varón pide el apadrinamiento del presidente. El presidente es Videla. El ahijado, hijo de desaparecidos...

revista Veintitrés, 24 de diciembre de 2009
Entrevista a Gastón Castillo: “Quiero sacarme esta carga de encima

Es hijo de un desaparecido y ahijado de Videla. Séptimo hijo varón, su madre gestionó el padrinazgo del dictador con la esperanza de dar con el paradero de su marido. Hace tres meses, su padre apareció en una fosa común. Ahora pide que la Iglesia le revoque el bautismo.

Por Deborah Maniowicz

"Cuando era chico, me divertía contar que era el ahijado del presidente, Jorge Rafael Videla. A los doce años, cuando mi mamá me confesó que mi padre, Roberto Castillo, a quien nunca había conocido, no estaba de viaje en el exterior como yo pensaba, sino que había sido secuestrado y llevado por los militares, sentí odio por saber que el tipo que se llevó a mi viejo tenía un vínculo de fe conmigo. Hace tres meses, el cadáver de mi padre apareció en una fosa común en Avellaneda y ahora sólo sueño con desapadrinarme”, cuenta Gastón Castillo, de un tirón. Su historia, como su relato, también corta el aliento.
El 12 de enero de 1977, Roberto Castillo fue secuestrado por un comando de tareas en su casa ubicada en la localidad de Burzaco. En ese momento, su mujer, Josefa Beatriz García, estaba embarazada de cinco meses de su octavo hijo. Hasta el día del nacimiento, el 12 de mayo, tanto ella como Betty, su hija mayor, recorrieron comisarías con la esperanza de encontrar a Roberto con vida. Pero no obtuvieron ninguna noticia. Fue por eso que al nacer Gastón, a Josefa se le ocurrió agotar un último recurso: hacer uso de la Ley de Padrinazgo Presidencial por la cual el séptimo hijo varón o la séptima mujer de un matrimonio pueden pedir ser ahijados del presidente.
–¿Qué se proponía su mamá?
–Ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para encontrar a mi viejo y pensó que sería más fácil si decía que su hijo era el ahijado de Videla. Mi madre mandó una carta a la Junta Militar contando sobre el secuestro, demandando explicaciones y haciendo alusión a mi derecho como séptimo hijo. Enseguida le respondieron, sin dar explicaciones, que Videla no aceptaba esa carga. Pero a los quince días le mandan otra carta diciéndole que sí, y finalmente, el 10 de diciembre del ’77, hice mi bautismo en la Parroquia de la Inmaculada con un representante de Videla como tutor.
–¿Ayudó su condición de ahijado para acceder a algún dato?
–Nunca facilitó nada. Sólo me condicionó. De todas formas, entiendo la decisión que tomó mi mamá. Hasta hace tres meses, cuando apareció el cuerpo, yo tenía la esperanza de que él podía estar en otro país o podía haber perdido la memoria. No entiendo por qué se lo llevaron: mis hermanos me cuentan que era una buena persona, un laburante que era repartidor en una empresa de pollos y nunca había militado en ningún partido.
(Foto; Horacio Paone para Veintitrés)
–¿Por qué recién ahora decide pedir la anulación del padrinazgo?
–En realidad, ahora se hizo público gracias a una investigación que realizaban docentes y alumnos de un colegio del barrio sobre la dictadura y la gente de este distrito que desapareció. Mi hermano Mario les acercó la historia de mi padre y mi lucha. En mi casa se hablaba a mis espaldas para que yo no escuchara, pero un día, a los doce años, soñé a mi padre y se lo conté a mi vieja: ese día se sentó y me contó la verdadera historia. Fue un golpe muy fuerte. Recién cuando nacieron mis hijas (Ludmila, de 8 años, y Candela, de 5) me sensibilicé, comencé a leer sobre ese período, a enterarme del mal que había causado Videla. Y en 2005 comencé la lucha por desvincularme de él. Quiero sacarme esta carga de encima.
Desde la Diócesis de Lomas de Zamora, donde el caso tiene jurisdicción, el jefe de prensa, Guillermo Galeano, explica que “el padrino de bautismo asume la responsabilidad de acompañar a su ahijado en el crecimiento de su fe. Es imposible revertir eso, ya que el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica contempla que el compromiso es de por vida”.
Pero Gastón no se resigna a la inflexibilidad canónica. “Llamé a Madres de Plaza de Mayo y les comenté mi caso. De ahí me mandaron a un Colegio de Abogados, donde un letrado especializado en derechos humanos me hizo una entrevista y quedó en llamarme, pero nunca se contactó. Soy católico, creyente y practicante. Me cuesta creer que no se pueda hacer nada –explica Gastón–. Muchas veces me refugié en la religión y si bien me comentaron que la única forma de invalidar mi bautismo era renunciando a mi fe, no podría llegar a esa instancia. Incluso, la fe me lleva a creer que voy a poder desligarme del asesino de papá.”
Fuente de la nota:
http://www.elargentino.com/nota-71061-Quiero-sacarme-esta-carga-de-encima.html

Amigo en Montevideo

En la foto, bàbá Akítunde Armando Vallado, sociólogo y pai-de-santo paulista; yo; Dr. Reginaldo Prandi, sociólogo paulista; Juan Batalla, editor y artista plástico argentino, Dr. Alejandro Frigerio, investigador del CONICET en la presentación del llibro-objeto "Dueños de la Encrucijada" en el Centro Cultural Brasileño de Buenos Aires.


Estuvo ayer en el ilé el doctor Alejandro Frigerio  en una visita relámpago a esta ciudad relacionada con su quehacer académico. Como siempre, es un placer  reencontrar a este amigo a quien admiro no sólo intelectualmente -es el antropólogo más importante del Río de la Plata en cuanto de refiere a religiones afroamericanas- sino a nivel personal por su capacidad de ver y escuchar respetando, es decir despojándose de la mochila cultural judeocristiana.  Un verdadero privilegio compartir tres horas de su corta estadía en Montevideo departiendo temas que nos son comunes, con el plus de un espléndido regalo: un video de la maravillosa Elis Regina a quien ambos valoramos. Gracias, Alejandro, y que nuestro orisha nos siga bendiciendo con esta bella amistad.