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Slapstick



Los Tres Chiflados (The Three Stooges) se llamaba un grupo cómico estadounidense, activo entre 1922 y 1971. El conjunto conoció varias formaciones, y sus integrantes más festejados son mejor conocidos por sus apodos que por sus nombres: Moe, Larry y Curly (Curley en algunas de las presentaciones de sus cortos), Shemp, Joe y Curly Joe. Se hicieron famosos por sus cortometrajes, donde cultivaron una comicidad basada en la violencia física y en el juego verbal. Este género se conoce bajo el nombre inglés de slapstick.
Protagonizaron 190 cortos de unos 16 minutos cada uno para la empresa Columbia Pictures entre 1934 y 1958 los que luego del cine pasaron a la televisión, medio que los hizo conocer a las nuevas generaciones. Los Tres Chiflados siguen manteniendo en muchos países una inmensa popularidad.
La larga permanencia del trío en actividad (cuarenta y nueve años) se debió no solamente a su popularidad fundamentada en su humor agresivo y verbal, sino en el lamentable hecho de que por disposiciones contractuales, Los Tres Chiflados no fueron jamás propietarios de su obra sino meros empleados a tanto por semana. Esta circunstancia los obligó a actuar incansablemente hasta que las enfermedades, la vejez o la muerte los alcanzó.

Los Tres Chiflados comenzaron con las ambiciones artísticas de dos jóvenes hermanos judíos nacidos en Brooklyn, Nueva York. Se llamaban Samuel y Harry Moses Horwitz y estudiaban plomería (Samuel) y electricidad (Harry) en la Escuela de Artes y Oficios Barón de Hirsch de Nueva York.
Pero el verdadero amor de los Horwitz era el teatro. En 1909, Harry consiguió ingresar en el mundo del cine, siendo contratado como recadero para los actores durante las filmaciones en los estudios de la empresa productora Vitagraph. Su insistencia para que lo dejasen actuar le permitió comenzar a aparecer como extra en películas comerciales, junto a grandes artistas del cine mudo de la época: John Bunny, Walter Johnson, Flora Finch, Herbert Rawlinson y Earl William.
En ese mismo año, Harry conoció a un jovencito llamado Ted Healy. Este estaba también interesado en ser comediante y luego de hacerse amigo de Horwitz, buscaron trabajo juntos. Tres años más tarde fueron contratados para participar en el acto de danza acuática de Annette Kellerman como "bailarinas". Trabajaron en ello todo el verano de 1912.
El hermano de Harry, Samuel, decidió seguir sus pasos y entre los dos, intentar ingresar al mundo del espectáculo al menos como aficionados. Los dos hermanos comenzaron a hacer actos de vodevil no profesionales, tomando los seudónimos que los harían célebres: Harry Moses pasó a llamarse Moe y Samuel se hizo llamar Shemp. El apodo de este último proviene de que su madre, con fuerte acento europeo, pronunciaba "Shemp" cuando intentaba llamarlo "Sam".
En 1922, cuando Shemp tenía 27 años y su hermano 25, se reencontraron por casualidad con Ted Healy, a quien no habían visto durante años. Healy ya había logrado lo que los hermanos Horwitz deseaban: ser un cómico profesional. En aquellos tiempos trabajaba en un teatro de Brooklyn protagonizando un vodevil. Como Ted tenía papeles vacíos en su acto, propuso a Shemp y Moe que se unieran a su compañía, sugerencia que aceptaron de inmediato. El éxito fue tal que Healy rebautizó a su número llamándolo Ted Healy y sus Caballeros Sureños (Ted Healy and his Southern Gentlemen) Poco tiempo después volvió a cambiar el nombre del grupo a Ted Healy y sus Chiflados (Ted Healy and his Stooges), cuando Shemp y Moe comenzaron a cobrar protagonismo. A estas alturas, los dos actores principiantes anglicanizaron sus apellidos de Horwitz a Howard, y a partir de entonces siempre se los conoció como Shemp y Moe Howard. Como se ve, también había nacido el nombre del grupo, con el sustantivo Stooges ("peleles", que en el mundo hispano se tradujo como "chiflados". Healy y sus Chiflados trabajaron juntos por más de diez años.
Tras un corto período fuera del negocio del espectáculo, Moe regresó con Ted Healy y su propio hermano Shemp, a tiempo para presenciar, en 1925, la llegada de un nuevo integrante: otro joven judío llamado Louis Feinberg, que tomaría el nombre artístico de Larry Fine ("Larry")
Además de trabajar en el vodevil, Healy y sus Chiflados consiguieron ingresar al cine con la comedia de 1930 "Sopa para los locos" (Soup to Nuts), de la 20th Century Fox. Poco después, Healy se retiró del vodevil llevándose consigo a Moe y Larry, pero Shemp decidió permanecer en el show. A partir de allí, Shemp Howard protagonizó incontables comedias en teatro y cine, fue secundario en numerosas series y fue contratado por la RKO, la MGM y Monogram Pictures.

La llegada de Curly
Healy, Moe y Larry, entretanto, protagonizaron doce películas para la MGM (ocho en 1933 y cuatro más en 1934) Sin embargo, Healy y sus Chiflados echaban en falta el talento de Shemp. En vista de ello, Moe propuso a Ted incorporar al acto al menor de los hermanos Howard, Jerome Lester Horwitz, a quien todos apodaban "Babe". Babe tenía 31 años y lucía un largo cabello castaño y rizado y un enorme bigote. Cuando Healy lo vio por primera vez, le sugirió que su futuro papel podía beneficiarse de una buena afeitada a lo que Babe accedió, eliminando el bigote y rapándose la cabeza al cero. Así nació el personaje de Curly (es decir "Ricitos" apodo con que la posteridad lo recordaría para siempre.
La primera integración del trío, con Moe, Larry y Curly fue vista por primera vez en el cortometraje musical "Woman Haters" de 1934, conocida en Latinoamérica como "Los odiamujeres". Durante doce años esta fue la formación que en opinión de la mayoría de los aficionados al grupo produjo las mejores obras de este, con libretos más sólidos y situaciones más hilarantes. Sin embargo, a partir de 1940, cuando comenzara a manifestarse como un obstáculo la vida rumbosa y el alcoholismo de Curly, los estudios Columbia comenzaron a realizar remakes o segundas (y hasta terceras) versiones de cortos anteriores, tomando prestadas tomas o escenarios previamente usados, e incluso haciendo aparecer en pantalla a intérpretes secundarios ya fallecidos.
Entre 1941 y 1945 Los Tres Chiflados, como otros tantos artistas de Hollywood, se sumaron al esfuerzo de guerra y a las películas de tono propagandístico durante la Segunda Guerra Mundial. Testimonio de ello son cortos como They Stooge to Conga (1943), e incluso, la curiosa You Nazty Spy (1940, donde aparece la primera parodia hollywoodense de Adolf Hitler, interpretada por Moe, anterior en varios meses El gran dictador de Charlie Chaplin, e incluso a la entrada de los Estados Unidos en el conflicto)
En 1946, durante la filmación de uno de los cortos, Curly sufrió un ataque de hemiplejia que forzó su reemplazo por su hermano Shemp, quien había actuado también tanto para Columbia, a veces en solitario y otras acompañando a cómicos hoy casi olvidados como Andy Clyde, como para la Metro-Goldwyn-Mayer, donde fue actor secundario de Abbott y Costello. Curly fallecería en 1952.
Entre 1947 y 1955, e incluso más, como se verá, Shemp actuó junto a Moe y Larry en varios cortos más, brillando con luz propia y aportando su experiencia actoral y sus amplias dotes de comediante. En 1953 el grupo filmó algunos cortos en tres dimensiones, como Pardon my Backfire y Spooks, presentados con una gran publicidad.
Sin embargo los estudios Columbia llevaron casi hasta el hartazgo los remakes de versiones anteriores durante este periodo. La sorpresiva muerte de Shemp en 1955, no detuvo esta tendencia, sino que incluso provocó situaciones grotescas, ya que la muerte del actor totalmente inesperada y que amenazaba poner punto final al trío, no fue aceptada fácilmente ni por los sobrevivientes de éste ni por la empresa. En varios cortos del año 1955 y 1956, el actor secundario Joe Palma encarnó una versión de Shemp muy poco convincente, escondiendo el rostro de la cámara o desapareciendo inexplicable o sorpresivamente de la acción, ya de por si muy resentida a causa de la debilidad de los libretos y del montaje de las propias versiones.
El talento de los Tres Chiflados fue utilizado por aquella época de la Guerra Fría también en películas donde se caracterizaba en forma bastante basta a personajes de "potencias extranjeras", como el que encarnó Gene Roth en "Dunked in the Deep (1949) y su remake "Commotion in the Ocean" (1956), donde sus rasgos representaban con muy poco disimulo a los del líder soviético Iosif Stalin.
En 1956, Joe Besser, ex actor de Metro-Goldwyn-Mayer, que también había aparecido incluso junto a Shemp en filmes de Abbott y Costello, fue el tercer integrante que mantuvo al trío en actividad hasta el cierre del departamento de cortos "Short subjects" de Columbia en 1958. Los libretos fueron en este periodo aun más flojos, sin contar algún ocasional remake, lo que unido al humor excesivamente blanco e ingenuo de Besser, hizo que las películas del trío fueran de una notoria medianía.
En la década de 1960, Curly Joe DeRita sustituyó a Joe Besser en varios largometrajes donde los Tres Chiflados aparecieron, al mismo tiempo en que se producía una serie de dibujos animados con sus caracteres. Finalmente, la mala salud de Larry terminó este ciclo en 1972, cuando tanto él como Moe aparecían ante las cámaras notoriamente envejecidos, lo que resultaba poco gracioso para sus seguidores.
A pesar de no haber contado nunca con el respaldo de la crítica más académica, los Tres Chiflados fueron y son inmensamente populares en muchos países del mundo, donde su humor no ha envejecido y donde aun se disfruta de su comicidad.
El público latinoamericano en particular conoció al trío a través de las versiones con doblaje al español realizadas en México hacia 1961, que son las que han venido siendo exhibidas desde entonces en varios canales de televisión (abierta y para abonados) de la región. Actualmente en la Argentina, se ve por el canal de cable de Claxson, Retro, para toda Latinoamérica.
Junto a los Tres Chiflados actuaron algunos cómicos de segunda fila que habían conocido mejores épocas, como Bud Jamison y Chester Conklin (que habían actuado junto a Charlie Chaplin años antes), Snub Pollard (que lo había hecho junto a Harold Lloyd), Walter Long (actor secundario en El nacimiento de una nación de David Wark Griffith; y presente en varias de Laurel y Hardy), Vernon Dent (quien fuera del grupo de Mack Sennett y actuara con Harry Langdon) así como otros que con ellos se iniciaron, como Lucille Ball, Christine McIntyre (la rubia casi omnipresente en la era de Shemp), Emil Sitka y Gene Roth, y otros actores que incluso habían representado papeles "de carácter" en el cine no cómico como Symona Boniface y Gino Corrado (quien es claramente reconocible en Ciudadano Kane, de Orson Welles)

El último en formar parte de los chiflados, Emil Sitka, fue asimismo el último en dejar este mundo. Curly Joe participó en una serie llamada "Los Nuevos Tres Chiflados", pero sus apariciones fueron algo escasas y su éxito no se comparaba al obtenido por los primeros largometrajes del trío.
En 1975 murieron Larry y Moe en los meses de enero y mayo respectivamente. Este último había participado de giras y hecho apariciones hasta poco antes de su deterioro físico y de su consiguiente fallecimiento. Larry en cambio ya había sufrido ataques y se encontraba recluido en un asilo desde hacía unos cuantos meses. Joe Besser moriría trece años más tarde, en 1988, Joe De Rita en 1993, y Emil Sitka en enero de 1998.


Los efectos de sonido
El uso de efectos de sonido representó un ingrediente importante para complementar las carencias y los espacios en blanco dejados por una era en la que los efectos especiales dejaban mucho que desear. Un buen ejemplo sería cuando Moe golpea con un martillo a sus compañeros chiflados, algo que se conseguía al impactar esta herramienta contra un objeto macizo o rígido, dando a entender al espectador que los personajes eran cabezaduras o, en muchos casos incluso, huecos de cerebro. Los tambores se usaban para ocasionar el sonido producido ante el golpe ficticio a las zonas bajas del cuerpo, y el violín hacía lo propio para representar al típico piquete de ojos. Cuando determinadas extremidades como los dedos de las manos o de los pies, o la misma nariz eran mordidas, pellizcadas o presionadas, un ruido parecido al ocasionado tras partir una nuez acompañaba de fondo.
De alguna manera, el ingenioso uso de estos efectos de audio fue lo que propició en gran medida el éxito del espectáculo, ya que el prescindir de ellos podría haber desembocado en algo monótono y prejuzgado de violento.
La fama que alcanzó el trío que se lució por primera vez con el emblemático Ted Healy allá por el año 1930, y que tuvo su mejor época en las décadas de 1940 y 1950, no sólo marcó un antes y un después en el cine clásico y en la comedia épica, sino que supuso un fuerte impacto que no conoció ni conoce de tiempos ni de modas, ni mucho menos de humor y entretenimiento de primera clase. Los Tres Chiflados originalmente compuestos por Shemp, Larry y Moe, tuvieron en su haber a siete talentosos comediantes que contribuyeron con un estilo especial y característico que supo llamar la atención de un espectador que recibió de una forma simple pero innovadora, lo mejor de la comedia jocosa, atrevida y violenta.
Para muchos seguidores, Curly fue el más infantil y natural de todos los chiflados que actuaron junto a Larry Fine y a Moe Howard. No obstante, Shemp fue un gran favorito del público, y prueba de ello es el rating del que gozó la serie mientras realizaba sus apariciones en escena, tanto antes como después de la aparición de su hermano Curly. Poco antes de la muerte de éste último, Shemp recibió ofertas para regresar a la pantalla y así evitar el decline del programa. Lo cierto es que pese a su reaparición escénica no tardaría mucho en abandonar su papel cuando la muerte le sorprendió en 1958.
Joe Besser supondría una salida a flote en medio de una crisis que no pudo ponerle fin a las pretensiones de Moe y sus colaboradores. Junto a él, los chiflados volvieron a reiterar antiguos episodios así como numerosas tomas en las que Joe ocupaba el lugar que anteriormente habían tenido Curly y Shemp. Por otra parte la llegada de los últimos dos actores, Curly Joe y Emil Sitka, no pudo menos que acompañar el cierre de una emisión televisiva y cinematográfica protagonizada por los ya envejecidos y limitados Larry y Moe.
Pese al fin de los chiflados el programa sigue siendo emitido en numerosos países alrededor del mundo y en un sinfín de lenguas y culturas. En este sentido, el éxito ha sobrevivido a sus máximos responsables y ha provocado una vasta cantidad de alusiones en películas y series de televisión a lo largo de los años. En 1985 se rodó un largometraje llamado Stoogemania, aunque no consiguió el seguimiento esperado. Años más tarde tuvo lugar una multitud de homenajes a la memoria de los Chiflados, y hasta una recopilación de los mejores momentos del show y de sus protagonistas, con un análisis pormenorizado de la vida de cada uno de ellos.

Anécdotas
Moses Horwitz, más conocido como Moe Howard, era quizás el más astuto del grupo. Contrariamente a su hermano Shemp Howard y a su amigo de escena, Larry Fine, era dedicado al orden, al negocio y a las relaciones públicas. Siendo uno de los hijos menores de Jessup Horwitz y de su señora esposa Jenny, Moe era el protegido de su madre y el dolor de cabeza de su padre. Como bien comenta en la siguiente cita, el actor seguiría los pasos de sus dos hermanos mayores, Irving y Jack:

"Después de tres hermanos, yo tenía que ser una niña...de todas formas mi madre siempre decía que era un bebé precioso, y que acabaría por ser el más inteligente".

Luego, habla de su hermano Samuel (Shemp) y lo describe como "un llorón", inquieto, haragán y revoltoso. A la hora de trabajar, siempre sufría de alguna convalecencia.
De forma novedosa, Moe diseñó su propio estilo de peinado para escapar del look afeminado que su madre le imponía, y que le era merecedor de burlas en el colegio. No menos llamativos eran los letreros que pegaba en su frente para que su hermano Curly memorizara el guión durante el rodaje. Shemp, por otra parte, era paranoico y reacio a conducir en coches o incluso a viajar en ellos.
Como último detalle, Moe portaba siempre un libro donde anotaba los golpes o accidentes que se registraban en cada episodio de la serie. Este hecho despertaba a menudo las quejas y chirridos de su madre, una mujer de carácter y personalidad fuerte e incapaz de aceptar la profesión de sus hijos.



Apodo Nombre real Nacimiento Fallecimiento Años como integrante
Moe Howard Harry Moses Horwitz 19/06/1897 04/05/1975 1922-1926, 1929-1971
Larry Fine Louis Feinberg 05/10/1902 24/01/1975 1925-1926, 1929-1971
Curly Howard Jerome Lester Horwitz 22/10/1903 18/01/1952 1934-1946
Shemp Howard Samuel Horwitz 04/03/1895 22/11/1955 1922-1925, 1929-1932, 1947-1955
Joe Besser Joe Besser 12/08/1907 01/03/1988 1955-1958
Curly Joe DeRita Joseph Wardell 12/07/1909 03/07/1993 1958-1971



Lo que faltaba: Willy Wonka cambia el chocolate por perfumes y cosméticos

El miércoles 19 se presentó en público el perfume Fortmen. Corrió mucho dinero para que asistieran “famosos” porque lo que se dice verdaderas estrellas, no hubo. En un ambiente de vedettongas y aspirantes a, de taxi boys, gatos y familiares del nuevo perfumista Ricardo Fort, se dio a conocer en el Tattersal de Palermo el producto con el que el mediático desea entrar en la posteridad ya que ni el canto ni la actuación pésima le dan ingreso a la misma…

Fiel a su estilo kitsch de Village People y ante la mirada de decenas de seguidores a sueldo, Fort hizo su entrada a lo grande: el tercer heredero del imperio chocolatero ingresó en el salón manejando su flamante Rolls-Royce y rociando a los invitados con perfume, luego de que se proyectara un video sobre el making off de la gráfica.

Subió al escenario del salón luciendo un traje negro brilloso con motas y flores de lis blancas al ritmo de la canción "Bad Romance" de Lady Gaga. Micrófono en mano, –“¡Basta, chicos!”- Fort comentó que estaba "muy conforme con el producto" y que tenía en mente l"anzar toda una línea de cosmética masculina, de la que ya estaba probando el rímel y el brillo labial".

A pedido del público, Fort y su ex acompañante Violeta Lo Re cumplieron el deseo –“¡Basta, chicos!”- y se dieron un apasionado aunque teatral beso en la boca, para no correrse los sendos labiales.

“Es un auténtico perfume de varón”, dijo el chocolatero: "Fortmen" se distingue por una combinación frutal de manzana y cítricos. Su corazón está compuesto por fuertes especias como canela, pimienta y cardamomo, que da paso a los aromas leñosos del cedro y pachulí en las notas de salida. Como puede notarse, es casi un apfelstrudel servido en bandeja de madera.

La fragancia fue diseñada por TVG Retail, grupo del que participa Karina Rabolini, y estará disponible en el mercado a partir de junio al precio de venta de $ 88.-



Guerrillas comunicacionales: la semilla de la discordia


Dejad que los niños vengan a mí...

La decisión de Hugo Chávez de integrar "guerrillas comunicacionales" con adolescentes de liceos públicos llevó a opositores, organizaciones de padres y activistas a criticar la acción por considerar que politiza las escuelas y promueve mensajes de violencia entre los jóvenes. Las autoridades han rechazado los cuestionamientos asegurando que "lo que se pretende es crear jóvenes críticos para que den respuesta a las campañas malintencionadas de los medios privados locales". El gobierno arrancó a inicios de semana la "guerrilla comunicacional" en tres escuelas públicas de la capital, para enseñar a los adolescentes a utilizar videograbadoras, teléfonos celulares, internet y cualquier otro medio para difundir noticias afines al socialismo bolivariano.

El dirigente del partido opositor Alianza Al Bravo Pueblo, Sergio Contreras, acudió el jueves a la sede de la UNICEF en Caracas para solicitar un pronunciamiento de esa agencia sobre la iniciativa de Chávez con un grupo de 75 jóvenes con edades entre 13 y 17 años. Contreras tipificó la acción como un "proceso de destrucción venezolano que se configura cuando a los niños y los jóvenes se los incorpora a una determinada política y se les enseña a manejar armamentos en una campaña guerrerista". Como prueba de su denuncia, el dirigente mostró algunos textos de la página de internet que promueve la iniciativa oficialista, donde se enseña técnicas para pintar murales en las calles y se muestra imágenes de armas, así como hombres encapuchados y fallecidos en los desórdenes callejeros de 1989 en Caracas.

La organización Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) objetó la iniciativa oficialista en un comunicado que señala "el involucramiento de los menores en la desgastante polarización que tanto daño ha causado a la sociedad venezolana, motivándolos a enfrentar a quienes tengan opiniones críticas al gobierno, inclusive a sus padres y familiares".

"Estamos dándoles herramientas a los muchachos para la paz, para la comunicación, para la verdad " -declaró Ismenia Fernández, directora de la zona educativa del estado centro costero de Carabobo al defender la iniciativa. Fernández justificó el programa porque "los medios de comunicación privados... no reflejan los logros del gobierno".

"Todo está bien normal aquí" -afirmó Gabriela Pereira, una estudiante de la escuela donde se lanzó la iniciativa oficialista. "Si no hubiesen inaugurado eso (la guerrilla comunicacional) no nos hubiesen arreglado el liceo, que se estaba cayendo abajo"- agregó Pereira, de 15 años.

Los amantes de Lola



Generosa, temperamental, fuerte y sincera, inculta y primaria a veces, pero dueña de una sabiduría que le sirvió para vivir su vida con una libertad salvaje y arrogante.Lola Flores jamás engañó a nadie. Gitana cuarterona, a pesar de haber nacido en los años veinte supo ejercitar el feminismo en su vida privada cual alumna aventajada de Clara Campoamor. Si tuvo un amante o lo dejó de tener, cuando han transcurrido quince años de su muerte, el saberlo no aporta nada a la historia de la trayectoria vital de una mujer que supo hacer de su bata de cola un sayo. Un sayo donde cabían todos los amantes de Hollywood que llegó –ella, ella misma- a inventarse para farolear en las memorias por entregas que publicó en los ochenta la revista Semana. Por cierto, casi todos criando malvas y sin posibilidad de refutar las afirmaciones de Lola. En la lista faltaba Errol Flynn, pero ya se sabe que era gay.

Las revelaciones de Antonio Carrasco “el Junco”, supuesto ex amante de Lola, han molestado a la familia de la Faraona, y está en su derecho, pero es probable que la genuina artista -esté donde esté- sabrá perdonarle y sólo se preguntará si le han pagado bien a Carrasco o no por la exclusiva.

María Dolores Flores Ruiz, enero de 1923, Jerez de la Frontera / 16 de mayo 1995, Madrid.

De pequeña cantaba canciones de Concha Piquer y Estrellita Castro. Fue pareja artística y sentimental de Manolo Caracol, con el que vivió el éxito del que no se desprendería jamás. De su recuerdo tampoco. En 1958 se casó con el guitarrista Antonio González “El Pescaílla” con el que tendría tres hijos; Lolita, Antonio y Rosario. Corría el año 1991 cuando Lola fue condenada a pagar una multa de 28 millones de pesetas por no hacer la declaración de renta. La parodia nacional se puso en marcha y se dijo que "cada español podía aportar una peseta para sufragar los gastos". Lola diría: “-Lo único que hice…, que yo no sabía que se podía haber tanto castigo a una persona que no tiene dinero… que esta que tenía la pierna…me llevé cinco meses, mi marido buscaba dinero a los amigos en Marbella para comer, porque me llevé siete meses sin trabajar; y yo no tengo a nadie que me traiga un maletín con dinero porque no tengo ni pisos ni nada “alquilao”, ni nadie que me entre por mi casa una chica: todo lo gano yo, al día. “
Y, posteriormente, Lola lo recordaría así: “El Caso” decía que Hacienda me demandaba por cuatrocientos millones de pesetas por no haber declarado mis ingresos en cinco años. Sufrí lo indecible, el mundo se me derrumbaba encima. No sabía a quién llamar ni a que abogado dirigirme, fueron unos momentos de aturdimiento total. Las primeras páginas de las revistas decían: “De ídolo de España a ídolo caído”. Después escuchaba en la radio que vendiera un visón o un brillante. No tenía alhajas que pudieran responder a esos cuatrocientos millones que pedían. (…) Se me utilizó de conejillo de indias para dar ejemplo a los demás, cuando yo hubiese estado muy agradecida si mi deuda la hubiese pagado en varios plazos y no tener que mal vender mi piso de María de Molina y alquilar un apartamento con una gran mensualidad porque no podía irme a cualquier sitio, para que los empresarios no me perdieran el respeto. Me sentaron en el banquillo como si fuera una asesina, durante tres días. A punto estuve una noche de tomarme un tubo de pastillas. (…) Un terreno que tenía de mi propiedad hace treinta y cinco años lo tuve que mal vender para pagar a Hacienda cincuenta y dos millones por la multa que me pusieron. Pagado está. Ahora, cuando leo la prensa y veo tantísimos personajes que pasan por los Juzgados, hago como dice el refrán: “Siéntate en la puerta de tu casa y veras pasar el cadáver de tu enemigo.”

“El concierto de las Flores” fue uno de sus espectáculos estrella y posiblemente ayudó el que compartiese escenario con Carmen y Lolita. La revista “Pierrot” se hizo eco del mismo y donde Lola realizó declaraciones: “-Soy una buena madre, pero mis hijos ya no me hacen caso. Si por mí fuera, raparía el pelo de mi hijo, cortaría ese “rollo” de Paquirri con Lolita y trataría de que Rosario se olvidara del teatro, del baile y de todo eso. Mi Antonio (González) el Pescaílla es un gran artista. Ya no trabajamos juntos porque en el escenario no nos entendemos, pero en casa, estamos de acuerdo en todo… “

Sus vivencias, primeros amores, éxitos y fracasos los explicó interpretándolos en “El coraje de vivir” (A3. 1994) una serie para televisión que hoy es joya de coleccionistas. Algunas de sus confidencias fueron:
“Después de dos años de mi romance con el Gallito y de volver de una tournée por el Norte de España, me contrataron para un espectáculo de Arte Español que se iba a presentar en el Teatro Fontalba de Madrid -yo de telonera, como siempre- porque la estrella principal era Mari Paz, una mujer bellísima y con unas dotes de bailarina maravillosa. Lo normal era que yo cantara un número de los autores, pero yo le dije al maestro Quiroga que por qué no me dejaba cantar “El Lerele”. El maestro, que era tan bueno, y los empresarios aceptaron. (…) Aquella noche inolvidable fue la gran gala a beneficio de la Asociación de la Prensa, el todo Madrid estaba allí y como dicen los toreros, “la plaza a reventar”. Y de pronto sonó la tercera… empecé a escuchar olés y bravos antes de terminar, “Ay, Lerele, Lerele, Lerele”, ¡En unos instantes estaba cambiando mi vida! Mari Paz, la estrella de la compañía, durante breves años cosechó muchos éxitos, pero desgraciadamente murió en plena juventud a los 23 años. Al finalizar en Fontalba se formó otra compañía para actuar en provincias y en el elenco venia un maestro de la guitarra, El Niño Ricardo. Mi madre como siempre me acompañaba, pero al llegar a Valladolid teníamos una llamada de mi padre diciendo que mi hermana Carmen estaba enferma de cuidado. Mi madre se vio obligada a dejarme sola por primera vez; llevaba dos preocupaciones: mi hermana y que aquí me pudiera ocurrir algo… Yo la tranquilizaba, la acompañé a la estación y ella me volvió hacer mil recomendaciones, pero el destino planeó lo que mi madre temía y esa noche en una Pensión de Valladolid hice el amor por primera vez en mi vida con el niño Ricardo. Así de simple. Pero en mi interior, ya pensaba que podía aceptar algunas de la invitaciones que me hacían a diario mis admiradores, pero no solo invitaciones para llevarme al cine o a cenar; estaba completamente decidida a que mis padres y hermanos no pasaran más calamidades. Porque aunque artísticamente estaba bien considerada, económicamente, en los contratos no tenía la compensación que yo creía merecer. Lo del niño Ricardo no se repitió más… Al regresar a Madrid recibí una invitación y acudí a un restaurante. Ese hombre bebía los vientos por mí, y yo no estaba dispuesta a dejarme querer si no era por una compensación de dinero, eso lo tenía muy claro. Salimos varias veces y él a lo suyo y yo a resistirme, hasta que un día me dijo: “¿Tú necesitas dinero?” y le dije “Sí, cincuenta mil pesetas”. Me dejó un momento sola en el restaurante, se fue y volvió con el dinero y me dijo: “Pues aquí lo tienes, vámonos”. Yo le dije: “No, perdona, hoy no podría irme contigo a ningún sitio, pero mañana te doy mi palabra que ir donde tú quieras”. Así fue, me citó en el hotel Nacional y allí acudí a pagar con mi cuerpo aquella deuda contraída. Cuando llegué a mi casa y les llevé a mis padres las cincuenta mil pesetas, pensé que les devolvía el dinero por el cual ellos traspasaron el bar de Jerez para que yo fuese artista. Y les dije: “Nunca me pregunten de dónde yo saco esto”. Sus ojos se les llenaron de lágrimas. El anticuario Adolfo insistía con sus llamadas, y yo después de la última cita le daba excusas, porque la verdad es que nunca sentí amor por él y la deuda estaba saldada. En otra llamada me decía que le gustaba muchísimo como mujer, que era muy atractiva, y también como artista, y que quería montarme un espectáculo en el que yo fuera de primera figura. Acepté, pero con una condición: que tenía que contratarme al mejor cantaor de España, Manolo Caracol, para que yo diese el máximo en mi baile. Nos fuimos a Sevilla, llamamos a Manolo Caracol y pidió mil pesetas diarias… Nosotros le ofrecimos quinientas, que en aquellos años era bastante dinero; pero antes de firmar dijo: ¿Quién irá de primera figura? Yo contesté rápida: Yo, en toda la publicidad. Se quedó mirándome muy fijo, sonrió y firmó el contrato. Lo demás es parte de nuestra historia… Eran los años en que triunfaban en España como reina de la revista Celia Gámez y en los toros, Espartero; en el ballet Pilar López y Rosario y Antonio, y en flamenco andaluz Concha Piquer y Juanita Reina, a la que tanto quiero… Al poco tiempo, en la relación sentimental entre Caracol y yo no todo eran mieles. Él era casado y tenía varios hijos. Su mujer Luisa, gitana de ley, me consta que jamás le hizo ningún reproche, y eso que tenía motivos de sobra… Porque mi futuro ¿Cuál era? Ser su amante, y yo albergaba la ilusión de algún día casarme por la iglesia y tener mi propia prole.
… Después los celos de Manolo, los insultos delante de la gente, hasta me maltrataba. ¡Lo que sufrían mis padres! Y mi hermano de mi alma me decía: “Deja a ese hombre, Lola, déjalo que va a ser una ruina para ti, por favor te lo pido Lola, déjalo”. No podía dejarlo, no podía, estaba completamente enamorada del hombre y del artista. Una noche al terminar de actuar en Barcelona, como siempre nos fuimos a escuchar flamenco. Empezó la juerga y observé a un gitano guapísimo con ojos negros y aires románticos que tocaba la guitarra, bailaba y cantaba la rumba catalana como nadie. Se cruzaron nuestras miradas; me miró con tanta fuerza que me hizo bajar la mirada. Aquel gitano de aire romántico era Antonio González, el padre de mis tres hijos. Al ir al hotel con Manuel, yo me acosté pensando en Antonio González y me desperté con su misma imagen… Al día siguiente Antonio fue al teatro y allí cruzamos unas palabras, las justas. Entonces comprendí que algún día podría ser feliz sin Caracol…”
Su nueva historieta de amor fue con un torero, Manolo González, “uno de los grandes”, diría ella. En un impasse con Caracol acepta una cita con el torero y él la cameló, lo que le sirvió a Lola para volver a plantearse la necesidad de plantar a Caracol, casarse por la iglesia y tener hijos con Manolo. “Aquella noche Manolo González fue un milagro para mí. Me dijo que le jurara mil veces que nos volveríamos a ver. Y así fue.”
Tiempo después Manolo se casó con su novia de toda la vida que, obviamente, no era Lola. Si él éxito, la fama y el dinero acompañaban a la artista, si los amores la sumían en una inquietud agridulce, la vida se le paró al tener que sufrir la muerte de su hermano de dieciséis años por una peritonitis. Aparece en escena el actor Rubén Rojo, con el que harían un par de películas, “La niña de la venta” y “La estrella de Sierra Morena” que la ayudarían a olvidar penas, hasta que Rubén se fue a oír rancheras a México. Se enamora y se hace novia formal con el actor Rafael Romero. Un contrato para América por un año -que terminarían siendo dos- les hace plantearse el futuro y deciden que será estupendo vivirlo “tratándose como amigos con recuerdos”. En México, Lola interviene en diez películas, la primera “Pena, penita, pena”. Pasa a Buenos Aires, donde hace amistad con el mil veces recordado Miguel de Molina y se convierte en un ídolo absoluto. Caracas, Puerto Rico, Los Ángeles, Ecuador y La Habana, donde conoce a Jorge Alonso: “Tenía un atractivo fuera de serie; él se enamoró de mí y yo también me enamoré, fui felicísima un tiempo”- recordaría con deleite de amante satisfecha. Estrena su espectáculo “Copla y bandera” de los autores Quintero, León y Quiroga. Lola reviviría: “Éxito grande en el teatro Calderón; la empresa, una servidora. Había conseguido todo lo que deseaba: dinero, fama y amores… Pero no me encontraba completamente realizada, pues siempre seguía con la firme idea de querer ser madre, pero no tener hijos hasta que no me casara por la Iglesia según la tradición española. Una noche llegó al Calderón un grupo de amigos con (el futbolista) Biosca. Por primera vez me fijé en sus ojos; eran dos gemas”. Lola pone en su vida al futbolista hasta que meses después de encuentros furtivos, él le confesó que tenía novia formal e iba a casarse. La ruptura será inmediata, pero su hermana Carmen diría en Dec (A3) en septiembre de 2009 que “Biosca había sido el gran amor de su vida”. Con el futbolista del Atlético de Madrid Coque tampoco encontró lo que buscaba ni él lo que pretendía. Lola se marcha a América cuando Coque le hace elegir entre la gira o la novia que tiene en Valladolid. Lola no se lo piensa, ni mucho ni poco, y él se casa con la vallisoletana. Otra pena “pa” su coño, diría La Colirio… En Panamá, suma un nuevo pretendiente: Pochi. Dura lo que un enredo. Coque le propone dejar a su mujer y volver con ella. “¿Cuánto te pagan por temporada en el Atlético?” le pregunta Lola. “Doscientas cincuenta mil pesetas”. “Pues dejas a tu mujer y al club, te doy el dinero y en dos semanas nos vamos a México”. Y así fue. Al regreso se enfrentaron al juicio que les puso la mujer de Coque -que por supuesto ganó- y se solucionó previo pago de ciento cincuenta mil pesetas, … que abonó Lola.
Preparando un nuevo espectáculo para debutar en los Champs Elysées de París, le comentan que Antonio González “El Pescaílla” está en Madrid y ella decide contratarlo. Antonio terminaba de tener una hija con Dolores Amaya –Antoñita- no estaban casados, pero tampoco había sido impedimento para que el galán mantuviese un romance con la bailaora Carmen Santos, del cuerpo de baile de Lola Flores. “Cuando empecé a ensayar con Antonio intuí que algo grande iba a cambiar en mi vida; cuando yo lo miraba, siempre me miraba él a mí y en esos momentos que duraban unos segundos, me sentía la mujer más feliz del mundo”. Los celos hacen presa en Coque y Lola le da la solución: que vuelva con su mujer. Ella sigue su vida amorosa con Antonio, hasta quedarse embarazada de Lolita. Entonces se casa con él. Después nacerían Antonio y posteriormente Rosario, que tendría como padrinos a Carmen Sevilla y al bailarín Antonio. Confiesa en esos días que es la mujer más feliz del mundo. Pasa por el Olimpia de Paris y en México conoce a Edith Piaf, “la más grande para mí”, triunfa en el Tropicana de la Habana y recibe el lazo de Isabel la Católica.
…“El balcón de la Luna” con Lola Flores, Paquita Rico y Carmen Sevilla fue la película que puso en guerra a cada una por encabezar el reparto. El problema parecía insoluble hasta que a un avispado publicista se le ocurrió que la solución era poner los tres nombres en aspa y todas contentas. Lola encantada, cantando “A tu vera”.

“La Guapa de Cádiz” es el espectáculo que estrena en el Teatro Calderón de Madrid y donde tiene que vérselas con una bailarina que coquetea con su Antonio González, que se deja querer. El dolor de los celos la retuerce y Lola se ve menospreciada por la bailarina y por el desinterés de su marido para cortar el flirteo. Y así van pasando los días que los meses tiñen de nostalgias, y la pena llega y se queda o se va, pero nada volverá a ser igual aunque Lola y Antonio vivirán juntos hasta el fin de sus días.

Oficios tradicionales: el barquillero


Parece ser que los barquillos ya eran conocidos en la Edad Media y se vendían en las puertas de las iglesias, donde también eran elaborados en pequeños hornos transportables de carbón. Se los hacía con una pasta de harina sin levadura que se transformaba en una lámina delgada que se aromatizaba con canela y se la ponía en moldes calientes en forma de barco, de ahí su nombre. Mas adelante tomó forma de canuto y otras más.

En la actualidad la llegada del vendedor de barquillos siempre provoca un revuelo de chicos a su alrededor. Se mezclan las ganas de comerlos con la incertidumbre esperanzada del azar. El barquillero se anuncia haciendo sonar un triángulo, pequeño instrumento musical de percusión, formado por una barra metálica de sección circular, con forma triangular que deja uno de sus vértices separado.

Los barquillos; hojas delgadas rígidas de pasta, como ya dijimos sin levadura, con textura de pequeños cuadritos, suelen estar plegados en forma de triángulos o semicírculos; van dentro de un cilindro metálico de unos ochenta centímetros de alto y cerca de cuarenta de diámetro. La tapa del cilindro es "la ruleta" que determina la suerte del comprador. Este debe hacer girar la lengüeta central de cuero, que de acuerdo al sitio donde se detenga de la varilla de bronce perimetral, dividida por pequeños barrotes colocados a igual distancia, que generaban sobre la tapa finos triángulos respecto del centro, determinará la cantidad de barquillos obtenida. La mayoría de los triangulitos corresponden al número 1 (un barquillo ganado), algunos menos al 2, menos aún al 3, unos sólo a "ninguno" y también uno único a "todos". La lengüeta suele detenerse en 1, ocasionalmente en 2, y a veces en "ninguno", pero cuando esto ocurre el barquillero demuestra su magnanimidad y le regala un barquillo al desafortunado, que inmediatamente recupera una amplia sonrisa.

Estos alegres personajes que encontramos en algunas plazas porteñas, también son vendedores muy populares, durante el verano, en las playas marplatenses y en la costa en general.

El poeta porteño Norberto Caral se refiere al barquillero en su soneto "Pascal y el barquillero", que dice así:

"Dios castiga sin palo y sin rebenque".
Decía el abuelo criollo y sentencioso
al referirse al hijo de Cardoso
que era un jugador impenitente.

..."Y va a pasar lo mismo con Mendieta".
Decía entre el piberío bullanguero
cuando apoyaba el viejo barquillero
el cilindro carmín de la ruleta.

Hoy es sólo un recuerdo el barquillero.
Dicen que en la ruleta no había 0
pues no puede negarse una ilusión.

Y El, que hasta pudo ser analfabeto,
ignorando a Pascal, sabía su secreto
aquel, de "la razón del corazón".

Se llamaba María Esther Duffau, pero para todos era simplemente La Raulito


Se llamaba María Esther Duffau, pero para todos era simplemente "La Raulito". Una verdadera definición sobre la vida que llevara esa mujer con pelo corto y vestimenta de hombre que acompañara por muchísimos años a Boca como la hincha más ferviente del club, cuyo fallecimiento dejó hoy al fútbol argentino sin uno de sus personajes más pintorescos.

La fría noticia dice que murió a los 74 años a causa de una descompensación generalizada. También, que su estado de salud había comenzado a complicarse el 22 de diciembre pasado cuando debió ser internada en el hospital Argerich después de una caída que le produjo la rotura de la cadera.Lo que no dice ni dirá el parte médico es que María Esther Duffau ya había muerto mucho antes. Más precisamente, en una infancia y una adolescencia en las que las privaciones y los golpes de la vida forjaron su carácter de un modo muy particular, que inspirara una gran película de 1975 dirigida por Lautaro Murúa y protagonizada por Marilina Ross.

Fue entonces, en esos años en que alternó entre la calle, el reformatorio, la cárcel e incluso el manicomio, cuando nació "La Raulito". Y también allí surgió su pasión por Boca, el club hacia el que volcó y del que recibió todo ese cariño que la vida le había negado, al punto de convertirse en un emblema de la institución.

"Nadie me hizo de Boca; yo solita ya sabía que esos colores me iban a dar muchísimas alegrías" -dijo públicamente más de una vez, dejando en claro esa soledad que la había golpeado desde pequeña y que únicamente encontraba remedio allí, entre los hinchas xeneizes, en la tribuna con La Doce. Así, dejando el alma en mil gritos por el club de sus amores, fue a Boca durante décadas lo que Haydée Luján Martínez -la famosa Gorda Matosas- fue para River. Fueron contemporáneas en el acompañamiento visceral hacia sus camisetas, y hasta las despedidas de ambas fueron parecidas. La Gorda Matosas murió en 1996 poco antes de que River ganara su segunda Copa Libertadores. La Raulito, en tanto, se fue horas antes de que el Boca de toda su vida, actual campeón del máximo torneo de clubes a nivel continental, se jugara una patriada clave ante Cruzeiro por la misma copa en la misma Bombonera, en la que ella dejara jirones de aliento y vida.

Nacida en 1933 en el barrio porteño de Villa Urquiza, La Raulito vivía desde hace más de una década en el asilo del ex Hospital Rawson, adonde era visitada asiduamente por los jugadores de Boca. Hoy, desde algún lado, sin dudas estuvo otra vez con ellos, como volverá a estarlo cada vez que en una cancha estén en juego las esperanzas del pueblo xeneize. Por siempre.

Los restos de La Raulito son velados esta noche en el hall central de la Bombonera, según informó el departamento de prensa de Boca.