Oficios tradicionales: el barquillero


Parece ser que los barquillos ya eran conocidos en la Edad Media y se vendían en las puertas de las iglesias, donde también eran elaborados en pequeños hornos transportables de carbón. Se los hacía con una pasta de harina sin levadura que se transformaba en una lámina delgada que se aromatizaba con canela y se la ponía en moldes calientes en forma de barco, de ahí su nombre. Mas adelante tomó forma de canuto y otras más.

En la actualidad la llegada del vendedor de barquillos siempre provoca un revuelo de chicos a su alrededor. Se mezclan las ganas de comerlos con la incertidumbre esperanzada del azar. El barquillero se anuncia haciendo sonar un triángulo, pequeño instrumento musical de percusión, formado por una barra metálica de sección circular, con forma triangular que deja uno de sus vértices separado.

Los barquillos; hojas delgadas rígidas de pasta, como ya dijimos sin levadura, con textura de pequeños cuadritos, suelen estar plegados en forma de triángulos o semicírculos; van dentro de un cilindro metálico de unos ochenta centímetros de alto y cerca de cuarenta de diámetro. La tapa del cilindro es "la ruleta" que determina la suerte del comprador. Este debe hacer girar la lengüeta central de cuero, que de acuerdo al sitio donde se detenga de la varilla de bronce perimetral, dividida por pequeños barrotes colocados a igual distancia, que generaban sobre la tapa finos triángulos respecto del centro, determinará la cantidad de barquillos obtenida. La mayoría de los triangulitos corresponden al número 1 (un barquillo ganado), algunos menos al 2, menos aún al 3, unos sólo a "ninguno" y también uno único a "todos". La lengüeta suele detenerse en 1, ocasionalmente en 2, y a veces en "ninguno", pero cuando esto ocurre el barquillero demuestra su magnanimidad y le regala un barquillo al desafortunado, que inmediatamente recupera una amplia sonrisa.

Estos alegres personajes que encontramos en algunas plazas porteñas, también son vendedores muy populares, durante el verano, en las playas marplatenses y en la costa en general.

El poeta porteño Norberto Caral se refiere al barquillero en su soneto "Pascal y el barquillero", que dice así:

"Dios castiga sin palo y sin rebenque".
Decía el abuelo criollo y sentencioso
al referirse al hijo de Cardoso
que era un jugador impenitente.

..."Y va a pasar lo mismo con Mendieta".
Decía entre el piberío bullanguero
cuando apoyaba el viejo barquillero
el cilindro carmín de la ruleta.

Hoy es sólo un recuerdo el barquillero.
Dicen que en la ruleta no había 0
pues no puede negarse una ilusión.

Y El, que hasta pudo ser analfabeto,
ignorando a Pascal, sabía su secreto
aquel, de "la razón del corazón".