Como el agua, que fluye: Marguerite Yourcenar

Marguerite Cleenewerck de Crayencour (Bruselas -Bélgica- 8 de junio de 1903-Mount Desert Island -Estados Unidos- 17 de diciembre de 1987), conocida como Marguerite Yourcenar (siendo Yourcenar un anagrama de Crayencour), fue una novelista, poetisa, dramaturga y traductora francesa.

Marguerite nació en Bruselas (Bélgica) y fue educada por su padre en una finca en el norte de Francia. Su madre murió a los diez días de su nacimiento por complicaciones en el parto que le produjeron infección y fiebres. Su padre provenía de una familia aristocrática francesa y su madre era belga. Se crió en la casa de su abuela paterna. Yourcenar leía a Racine y a Aristófanes a la edad de ocho años. Su padre le enseñó latín a los diez y griego clásico a los doce.

A partir de 1919, abandona su nombre verdadero y empieza a firmar como Marguerite Yourcenar. Su primera novela, Alexis, fue publicada en 1929. Su mejor amiga en ese momento -una traductora llamada Grace Frick- la invita a Estados Unidos donde dará clases de Literatura comparada en la ciudad de Nueva York. Yourcenar era muy amplia y ella y Frick se harían amantes en 1937 siguiendo juntas hasta la muerte de Frick en 1979, a consecuencia de un cáncer de mama.
Tradujo al francés Las olas de Virginia Woolf, en 1937, Lo que Maisie sabía, de Henry James, en 1947 y la obra completa de Yukio Mishima. En 1951 publica en Francia la novela Memorias de Adriano (en francés Mémoires d'Hadrien), en la que estuvo trabajando e investigando las circunstancias históricas durante toda una larga década. La novela fue un éxito inmediato y tuvo una gran acogida por parte de la crítica. Allí Yourcenar recrea la vida y muerte de una de las figuras más importantes del mundo antiguo, el emperador romano Adriano. La obra está escrita a modo de larga carta del emperador a Marco Aurelio, su sucesor e hijo adoptivo. Adriano explica su pasado, describiendo sus triunfos, su amor por el joven griego Antínoo y su filosofía. Memorias de Adriano fue una novela pionera que ha servido de influencia en la posterior novelística histórica, convirtiéndose en una obra maestra moderna.

Fue la primera mujer elegida miembro de la Academia francesa en 1980, aunque desde 1970 ya pertenecía a la Academia belga. Una de las más respetadas escritoras en lengua francesa, que tras el éxito de Memorias de Adriano siguió publicando novela, ensayo, poesía y tres volúmenes de memorias

Yourcenar vivió la mayor parte de su vida en su casa Petite Plaisance en Mount Desert Island, en el estado de Maine. La casa es ahora un museo dedicado a su memoria.


* El jardín de las quimeras (Le jardin des chimères) (1921) poemas
* Los dioses no han muerto (Les dieux ne sont pas morts) (1922) poemas
* Alexis o el tratado del inútil combate (Alexis ou le traité du vain combat) (1929) novela
* La nueva Eurídice (La nouvelle Eurydice) (1931)
* El denario del sueño (1934) novela
* Fuegos (Feux) (1936) poema en prosa
* Los sueños y las suertes (Les songes et les sorts) (1938)
* Cuentos orientales (Nouvelles orientales) (1938)
* El tiro de gracia (Le coup de grâce) (1939)
* Memorias de Adriano (Mémoires d'Hadrien) (1951) novela, traducida al español por Julio Cortázar.
* Electra o la caída de las máscaras (Électre ou la chute des masques) (1954)
* Las caridades de Alcipo (Les charités d'Alcippe) (1956)
* A beneficio de inventario (1962) (ensayos)
* Opus Nigrum (L'Œuvre au noir), Prix Fémina (1968)
* Teatro I' y 'Teatro II' (1971) (obras teatrales)
* Recordatorios (1973) (primera parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo)
* Recuerdos piadosos (Souvenirs pieux) (1974)
* Archivos del norte (Archives du Nord) (1977) segunda parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo
* El cerebro negro de la Piranèse (Le cerveau noir de Piranèse) (ensayo) (1979)
* Mishima o la visión del vacío (Mishima ou la vision du vide)(1980) (ensayo)
* Un hombre oscuro (Un homme obscur) (1981)
* Ana, Soror (1981)
* Como el agua que fluye (1982)
* El tiempo, gran escultor (Le temps, ce grand sculpteur)(1983) (ensayos)
* ¿Qué? La eternidad (Quoi? L'Éternité) (1988) (tercera parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo publicada póstumamente e inacabada)
* Peregrina y extranjera (1989) (recopilación póstuma de ensayos)

Giuseppe Balsamo ¿Cagliostro?

Un breve recorido por la vida de este hombre, también conocido como Conde Félix, Marqués de Pellegrini, príncipe de Trapezunt, etc., etc. Giuseppe Balsamo nacía en la siciliana Palermo, Italia, allá por 1743 y en su variado CV constan como profesiones las de médico, adivino, consejero espiritual, alquimista, hipnotizador y a saber cuantas más. Todo un personaje en la corte de rey Luis XV de Francia y en la de su nieto Luís XVI. Este inteligente, carismático y embaucador aventurero contemporáneo de Casanova -al que, dicen, hacía la competencia- se atribuía la capacidad de curar todo tipo de enfermedades, y como buen alquimista ser capaz de transmutar los metales en oro e incluso tener el poder de hacerse invisible. Entre otros, de él dan fe Schiller, Goethe en su Italienische Reise o Alejandro Dumas [padre] en su novela Mémoires d'un médecin: Joseph Balsamo

Sus primeras fechorías tienen como marco su ciudad natal donde ejerce de hábil falsificador. Cuando sus andanzas empiezan a tomar cierta notoriedad, se ve forzado a emigrar a Egipto junto con su primer mentor, un oscuro alquimista conocido con el nombre de Maestro Altothas. Es en Egipto donde le es impartida la gran Gnosis, la transmisión espiritual del sacerdocio egipcio. Años más tarde, en 1776, se proclamaría fundador de la Secta Masónica Egipcia.

Contrae matrimonio a la edad de 25 años con Lorenza Feliciani, que a la sazón contaba 15, hija de un modesto artesano de Roma y al parecer ya iniciada en la prostitución. Con los años llega a trabar relación y amistad con el auténtico rey de los impostores y charlatanes, que no es otro sino el Conde de Saint-Germain, de quien hereda la fórmula del elixir de la eterna juventud con el que se podía vivir 2.000 años. En un panfleto suyo llamado Sécret de la régénération ou perfection physique, recomienda retirarse al campo, ponerse a dieta durante un mes e ingerir las correspondientes dosis del elixir. Una vez superados los episodios febriles, de delirio, alopecia y periodontitis que al parecer el elixir provocaba, darse un buen baño caliente et violà! De esta forma el sujeto se vería rejuvenecido en +-50 años. (Me supongo que con el pelo y los dientes regenerados a nuevo ya pasada la periodontitis...)  El proceso caducaría a la edad de 5.557 años.

Entre sus muchas y curiosas anécdotas -voy a llamarlo estafas- se cuenta una en la que queriendo emular a Leornardo Da Vinci y sus animales mitológicos, pero sin poseer los conocimientos de anatomía del gran genio toscano, intenta crear el suyo propio. Un ser con cabeza de gallina, cuerpo de perro, cola de cabra y patas de becerro. En realidad se trataba del encargo de un excéntrico aristócrata polaco al que había convencido que era capaz de crear una quimera que estaría a su servicio, y nuestro héroe habría recibido -como pago adelantado- una gran suma de oro para tal fin. El encargo, como no podía ser de otra forma, fracasó. Y también como no podía ser de otra forma el oro se evaporó en joyas y otros menesteres propios del nivel de vida de un conde, por lo que tuvo que volver a poner los pies en polvorosa lejos de la influencia del enojado aristócrata crédulo.

Su muerte fue en 1795, tras cinco años de estar encarcelado en el castillo de San Leo, en los Apeninos italianos a resultas de una denuncia presentada ante la Inquisición por su propia y bella esposa.

Giuseppe Balsamo supo moverse entre los poderosos como pez en el agua en una época -la llamada de la Ilustración- en la que la pasión por la intriga, el culto a lo desconocido, el alumbramiento de numerosos grupos masónicos y el patrocinio que otorgaban monarcas y poderosos en pos de la búsqueda de la piedra filosofal eran terreno abonado para que este tipo de aventureros y charlatanes hicieran su agosto.
Esta biografía corresponde a los hechos narrados por un espía y chantajista francés llamado Théveneau de Morande y por la propia confesión de Giuseppe Balsamo ante el tribunal de la Inquisición, arrancada con torturas. Otros autores no relacionan para nada al Maestro Conde Cagliostro con el médico Giuseppe Balsamo y toda esta historia es considerada un refinado ejercicio de difamación.
 
El Conde Alessandro di Cagliostro (Palermo, Sicilia, 2 de junio de 1743–26 de agosto de 1795) fue un médico, alquimista, ocultista, rosacruz  y masón de grado superior que recorrió las cortes europeas del siglo XVIII.

Nació el conde en el seno de una familia pobre en Palermo, Sicilia. La identificación de Cagliostro con Giuseppe Balsamo no es del todo segura ya que se basa principalmente en el testimonio no fidedigno de Théveneau de Morande, espía francés y chantajista, y más tarde en su confesión a la Inquisición, obtenida a través de la tortura.

Cagliostro afirmaba haber nacido en una familia cristiana de noble cuna, pero ser abandonado al poco de nacer en la isla de Malta. También aseguraba que siendo niño viajó a Medina, La Meca y El Cairo, y al regresar a Malta fue iniciado en la Soberana Orden Militar de los Guerreros de Malta donde estudió alquimia,  Qabalah hebrea y magia ceremonial. Fundó el Rito Egipcio de la Francmasonería en La Haya, donde al igual que sigue ocurriendo en las logías masónicas en la actualidad se iniciaba a hombres y mujeres en logias separadas; y tuvo decisiva influencia en la fundación del Rito Masónico de Misraim.

Cagliostro fue bien conocido en Nápoles y más tarde en Roma, donde conoció y desposó a Lorenza Feliciani. Viajaron juntos a Londres, donde fue iniciado en la francmasonería, posiblemente por el Conde de Saint-Germain. Adoptó como símbolo el antiguo Ouroboros (la serpiente que se muerde la cola) Al cabo de poco tiempo fundó el Rito Egipcio de la Francomasonería en La Haya. Viajó por Rusia, Alemania y Francia, extendiendo el campo de influencia del Rito Egipcio y presentándose como un "curandero magnético" de gran poder. Su fama creció de tal forma que fue incluso recomendado a Benjamin Franklin durante una estancia del americano en París. Fue, según se cree, un extraordinario falsificador. En su autobiografía, Casanova relata el encuentro con Cagliostro que fue capaz de falsificar una carta suya a pesar de ser incapaz de entenderla.

Fue perseguido a causa del asunto del collar de diamantes que involucró a Maria Antonieta, y encarcelado en Francia acusado de fraude. Estuvo en La Bastilla durante nueve meses, pero finalmente fue absuelto cuando no pudo demostrarse su conexión con el caso. Sin embargo se le "pidió" que abandonara Francia, y viajó a Inglaterra. Una vez allá, Théveneau de Morande acusó al conde Cagliostro de ser Giuseppe Balsamo, lo que éste refutó en su Open letter to the English People (Carta abierta al pueblo inglés), obligando a de Morande a disculparse y a retractarse públicamente de sus palabras.

Lo cierto es que ambos personajes tienen mucho en común, al menos su labia y la grata compañía de una tal Lorenza Feliciani, joven experta en dar felicitas a los condes timadores...

La verdad sobre Godoy

Dentro de una semana se cumplirá el segundo centenario del Motín de Aranjuez, que no fue una rebelión popular en contra de lo vulgarmente establecido, sino que tuvo su origen y planteamiento en la camarilla del entonces Príncipe de Asturias formada por Escoiquiz -un canónigo iluminado- y un grupo de la alta nobleza que pretendía recuperar los privilegios que había ido perdiendo a lo largo del siglo XVIII, para lo cual creían contar con el apoyo de las tropas napoleónicas que se acercaban a Madrid.

Godoy por el contrario propuso alejar a la familia real, bien protegida por el ejército frente al francés, hacia Sevilla y la inexpugnable Cádiz. Para evitar este viaje los amotinados contaron para su ejecución con criados de sus casas, remuneraron a campesinos procedentes de los pueblos cercanos, se infiltraron con falsas filiaciones (el conde de Teba disfrazado como "el tío Pedro") y lograron enrarecer el ambiente de la localidad y azuzar al vecindario creando así un simulacro de revolución popular que enmascaraba lo que realmente fue: un golpe de Estado aristocrático que tuvo como desenlace la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando.

El pueblo fue simple comparsa que apoyó sin apercibirlo una reacción de clase; en cambio, en el Dos de Mayo fue el protagonista principal que forzó a las autoridades a luchar contra los franceses.


Una de las pocas mentes que vio con antelación el peligro fue Godoy, en quien paradójicamente la posteridad ha hecho recaer todas las culpas del desastre acaecido. En parte se explica por su soledad, rasgo decisivo de su mandato, al que llegó por la exclusiva voluntad de Carlos IV que se propuso independizarse de los dos partidos dominantes en la Corte -el de los golillas, encabezado por Floridablanca- y el aristocrático por Aranda, creando un hombre libre de influencias y relaciones anteriores, sin consignas de equipo o de grupo del que dependiese; que fuese su hechura propia, un amigo incorruptible, unido estrechamente a sus personas y a su casa, cuyo interés personal fuese el suyo.

La respuesta de Godoy fue de una lealtad ciega y absoluta a los reyes de cuya voluntad dependió en exclusiva. Pero sin partido propio, careció del medio habitual para contrarrestar y defenderse de las calumnias, embustes y difamaciones que jalonaron su trayectoria, como la de sus amores ocultos con la reina María Luisa. Calumnia que el propio príncipe de Asturias -el futuro Fernando VII- difundió en coplas satíricas sin importarle tachar a su madre de adúltera y a su padre de bobo además de cornudo con tal de eliminar a Godoy. Como decía éste en sus Memorias, "para mover los pueblos, es un medio probado en todos tiempos esforzar las mentiras más allá de lo atroz y lo creíble, porque entonces se cree todo".


Estas Memorias, que son un excelente documento para conocer el reinado de Carlos IV, llegaron demasiado tarde para poder contrarrestar la imagen forjada por sus adversarios, que publicaron todo tipo de escritos de descargo sobre su actuación poniendo a Godoy de chivo expiatorio y cuyo contenido sirvió de base para los historiadores. Al iniciar el destierro con los reyes, Carlos IV le pidió que no escribiera nada en defensa de su reinado mientras vivieran él y su hijo Fernando. Carlos IV murió en ı8ı9 en Roma y Fernando VII en ı833. En su exilio de París Godoy
empezó a escribir su obra en ı836 hasta terminarla en ı842. Treinta años son muchos para rectificar las opiniones forjadas. Pero han servido para que los historiadores actuales hayan revisado con imparcialidad su actuación política y hecho valer aspectos muy positivos de su etapa de gobierno. Y sobre todo para desechar por calumniosas muchas acusaciones sin fundamento que constituyen el núcleo de su peyorativa imagen, tan negativa que roza con la caricatura pero que no obstante permanecen aún hoy día en el imaginario colectivo, tanta es la persistencia de los estereotipos históricos que resisten con la fuerza de lo irracional las investigaciones más serias.

Nació Manuel Godoy y Álvarez de Faría Sánchez Ríos Zarzosa el 12 de mayo de 1767 en Badajoz –y no en Castuera, según se decía para menospreciarlo y tildarlo de aldeano ignorante, como si nacer en dicha localidad fuera un demérito-

Hijo y nieto de regidores de la capital extremeña, pertenecía a la nobleza no titulada de provincia, con antepasados que habían sido Grandes Maestres de Santiago o de Calatrava. De economía modesta pero saneada, pudo ingresar a los 17 años con el apoyo paterno en la Guardia de Corps, reservada a jóvenes de familias nobles, escolta del rey y primer cuerpo de caballería del ejército, en donde ya estaba su hermano Luis, y poco tiempo después entraría su otro hermano Diego.

Llevaba cuatro años de simple guardia cuando el conocido episodio en el que se le encabritó el caballo y lo derribó, le abrió el acceso a los círculos del poder. La princesa de Asturias, admirada por su valentía al volver a montar y dominar la cabalgadura, lo comentó con su esposo don Carlos y al cabo de pocos días fue llamado al cuarto de los príncipes, causándoles tan buena impresión que, a partir de aquel día, fue un habitual a las reuniones.
Carlos IV creyó haber encontrado aquel espíritu libre que buscaba. Cuatro años más tarde, el 15 de noviembre de 1792, lo nombró primer Secretario de Estado y del Despacho, sustituyendo al conde de Aranda. Previamente el ya rey Carlos IV lo había nombrado Gentilhombre de Cámara de Su Majestad en ejercicio, Sargento Mayor de Guardias de Corps con grado de Teniente General, Caballero de la Gran Cruz de Carlos III, y finalmente le concedió el título de duque de la Alcudía con Grandeza de España de primera clase y le designó Consejero de Estado. Al acceder a primer secretario de Estado era ya por tanto Grande de España -máxima jerarquía nobiliaria- y consejero de Estado, máxima jerarquía política. No hay duda de que Carlos IV seguía un plan muy bien diseñado.

El reinado de Carlos IV coincidió plenamente con la Revolución Francesa y con el régimen napoleónico. Evitar la contaminación revolucionaria en España fue el propósito del rey, pero en su opinión, tanto Floridablanca como Aranda fracasaron, y nombró a Godoy con el objetivo in extremis de salvar la amenazada vida de Luis XVI. De este primer reto salió airoso, pues a pesar de la condena y ejecución del rey francés y de la poco favorable guerra subsiguiente con la Convención Nacional consiguió firmar la paz en Basilea el 22 de julio de 1795 en unas condiciones muy beneficiosas para España, que recuperó todas las plazas y territorios ocupados cediendo a cambio la mitad de la isla de Santo Domingo, pérdida mínima en comparación con las sufridas por las otras naciones contendientes. El 4 de septiembre Carlos IV concedió a Godoy el título de Príncipe de la Paz. Y dos años después el rey lo casó con su prima María Teresa de Borbón, hija del Infante don Luis, un claro matrimonio de Estado, puesto que el objetivo del soberano era asociarlo a su familia y situarlo por encima de los Grandes y de cualquier estamento, dentro de la esfera de sacralidad e intangibilidad del monarca. "Por esta idea, toda suya", resumía Godoy, "me colmó de favores, me formó un patrimonio de su propio dinero, me elevó a la grandeza, me asoció a su familia y ligó mi fortuna con la suya".

La Ilustración alcanzó su cima en el reinado de Carlos IV. El nada sospechoso Blanco White afirmó que el Príncipe de la Paz "promovió bajo su tutela la libertad de pensamiento con múltiples reformas, y fue el periodo más favorable para España desde la muerte de Felipe II". Por otro lado, el general Foy, encarnizado enemigo de Godoy reconoció, sin embargo, que "mereció el reconocimiento de la patria y de la humanidad pues hizo más por la industria, las artes y las ciencias durante 15 años que cuanto se había hecho bajo los tres reinados anteriores". Godoy llamó a formar parte del Gobierno a Jovellanos y a Saavedra, como secretarios de Estado de Gracia y Justicia y de Hacienda respectivamente, dentro de un proyecto general de dar cabida en la administración del Estado a insignes ilustrados, como ya había hecho con Meléndez Valdés, Eugenio Llaguno, Juan Pablo Forner, Leandro Fernández de Moratín o Estanislao de Lugo.

Suprimió impuestos a las clases trabajadoras e industriosas para estimular el acceso a la propiedad a todas las capas sociales, y adoptó medidas para ir suprimiendo las manos muertas, lo que le acarreó la enemistad de parte del clero y la nobleza. Se preocupó por la elevación del pueblo creando multitud de instituciones educativas, culturales y de fomento de las artes, con una visión de largo alcance de gran modernidad, pues defendía que "para salir de su abyección y su ignorancia no es bastante a la inmensa muchedumbre saber leer, escribir, contar, medir y hacer dibujos: necesita también saber pensar, y esta necesidad se ha descuidado por todos los gobiernos. Sin que se enseñe a todos a juzgar y a discurrir por obra propia suya, valdría mejor no enseñar nada". Certero diagnóstico del analfabetismo funcional, enemigo de la auténtica libertad de pensamiento.

Pero tuvo que enfrentarse a dos enemigos: uno temible -la Revolución Francesa y su encarnación posterior en Bonaparte, quien recorrió triunfalmente Europa sometiéndola a su dictado, a los que resistió evitando la contaminación revolucionaria y la tiranía imperial- y otro menor -la oposición interna que fue, a la postre, la que lo derrotó. Ante Napoleón, cuyo poder aumentaba día a día, llevó una hábil política de tira y afloja, de concesiones y negativas que condujo por un lado a la catástrofe de Trafalgar, pero por otro lado, logró mantener la integridad del reino en los dos mundos, "única España en las naciones de la Europa a quien la Francia o la Inglaterra no hubiesen sojuzgado ni mutilado en sus dominios durante 15 años", concluía así en sus Memorias.


En dos ocasiones para satisfacer las demandas de Napoleón se vio obligado a declarar la guerra contra Portugal con el fin de cerrar los puertos portugueses a la armada inglesa. En la primera, nombrado generalísimo de las fuerzas españolas, logró Godoy la capitulación del ejército portugués en una fulminante ofensiva sin dar tiempo a que entrasen en juego las tropas francesas. El 6 de julio de 1801 se firmó la Paz de Badajoz, por la que se garantizaba la permanencia de la monarquía portuguesa y se devolvían todas las plazas conquistadas salvo Olivença y su territorio, lo que causó gran irritación a Napoleón que se vio burlado en su sinuoso intento de dominar la península ibérica calificándolo como "uno de los reveses más espectaculares que he sufrido durante mi magistratura". Hasta tal grado dominaban los adversarios de Godoy la opinión pública que la brillante acción militar fue menospreciada, llamándola peyorativamente "guerra de las naranjas", y su incontrovertible triunfo personal fue minusvalorado y ridiculizado.

Seis años más tarde Napoleón, en el ápice de su gloria y poder, quiso someter definitivamente a Portugal. Para ello se firmó el Tratado de Fontainebleau por el que se concretaba la colaboración hispano-francesa en la invasión del territorio portugués que se dividiría en tres principados feudatarios del rey de España, el norte para los reyes de Etruria, el sur para el Príncipe de la Paz y el centro a resultas de la respuesta de la casa de Bragança. Napoleón garantizaba a Carlos IV sus territorios al mediodía de los Pirineos y se obligaba a reconocerlo como Emperador de las Américas. Pero incumplió los términos del acuerdo: comenzó antes de tiempo a introducir tropas en España y exigió la entrega de los territorios españoles al norte del Ebro, a cambio de Portugal. El príncipe de la Paz, que creyó que con el tratado quedaba España a salvo de cualquier asechanza francesa, vio a tiempo la perfidia del emperador y con el objetivo de mantener la integridad territorial y preservar la monarquía, quiso trasladar al rey hacia el sur. Pero el motín de Aranjuez lo impidió: se dejó vía libre al ejército napoleónico y la familia real quedó en manos del Emperador.

¿Cómo es posible que se llegara a este despropósito? En los mismos días que se concordaba el tratado de Fontainebleau, Fernando, el príncipe de Asturias, escribió una carta secreta a Napoleón pidiendo su protección y la mano de alguna princesa de su familia. Formaba parte de la fallida Conjura de El Escorial, que Carlos IV descubrió a tiempo y en la que Fernando y sus cómplices pretendían derribar a Godoy y derrocar al rey. Seis meses después lo realizaron en Aranjuez. Creyeron que Napoleón venía a ayudarles y le abrieron el camino. El corso vio el cielo abierto y jugó con la división de la familia real.

Encarcelado en el castillo de Villaviciosa de Odón, Godoy quedó absolutamente al margen de los catastróficos sucesos posteriores. Fernando VII y su camarilla fueron a Bayona sin armas, sin defensa, sin garantía ninguna, y -como el mismo emperador por mofa dijo un día- "hasta sin pasaportes", con la insólita pretensión de que aquel advenedizo autoproclamado Emperador, a cambio de la entrega de las provincias al norte del Ebro reconociera como rey de España al heredero de una de las monarquías más antiguas de Europa. Napoleón les comunicó nada más llegar que la dinastía Borbón sería sustituida por la Bonaparte.

El desenlace fue la entrega de la Corona española y el exilio de la familia real, con seis años de guerra terrible, la vuelta de Fernando VII, la imposición del absolutismo y la represión sin miramientos de los constitucionalistas, la pérdida de los territorios de ultramar, y para colofón, tras la muerte del rey, el comienzo de las guerras carlistas. Nada parecido al gobierno de Carlos IV, aunque en el afán cainita de buscar un culpable se le haya achacado contra toda racionalidad a Godoy. No regresó el Príncipe de la Paz a España. A los 41 años la abandonó acompañando a los reyes en su exilio, y 43 años más tarde murió en la miseria en París.

Entre tanto Fernando VII embargó todos sus bienes y títulos, inició una causa contra él que por falta de pruebas y de verdadero proceso dio lugar a que en ı847 su propia hija Isabel II firmara su completa rehabilitación con la devolución de bienes y títulos. Al tiempo le autorizaba a regresar a España, pero ya demasiado viejo, no pudo cumplir su anhelo de regresar a la patria y falleció el 4 de octubre de 1851.

El presidente de la primera República, Castelar, firmó un decreto en 1873 por el que se declararon bienes nacionales todos los pertenecientes al secuestro de Godoy.

Una loable iniciativa del Ayuntamiento de Badajoz, apoyada por la Junta de Extremadura y la Diputación Provincial, ha propuesto traer el cuerpo de Godoy, enterrado en el cementerio parisino del Père-Lachaise, a su ciudad natal, al tiempo que se erigirá un monumento en su honor en una de las plazas más céntricas de la ciudad pacense. Esperemos que sirva de estímulo para un reconocimiento generalizado e imparcial de su imagen histórica.

Yo, la más noble de todas

Hay dos leyendas que la acompañan y que hablan de su posición patrimonial e histórica. Dice la primera que podría cruzar España de Norte a Sur sin abandonar sus fincas, y la segunda que tiene tantos títulos nobiliarios que hasta la mismísima reina Isabel de Inglaterra estaría por detrás de ella en cuestiones protocolarias si no fuese soberana. Exageradas o no, ambas leyendas acompañan a María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y Silva, la XVIII duquesa de Alba, que es la actual jefa de la Casa de Alba y la tercera mujer que lleva el título por derecho propio.

Según los registros, Cayetana (de Alba) posee más títulos que ningún otro noble, incluído el rey Juan Carlos. Es cinco veces duquesa, dieciocho veces marquesa, veinte veces condesa y también cuatro veces condesa-duquesa, a lo que hay que añadir que es catorce veces Grande de España. Además administra un enorme patrimonio que incluye fincas, palacios y una gran colección pictórica. Y por si todo esto fuera poco la duquesa es uno de los personajes más mediáticos de la prensa, por el carácter rebelde del que presumió toda su vida y aún presume pasados los ochenta años.
En efecto, a los 83 años y enferma de gravedad, Cayetana de Alba intenta vivir como siempre ha querido: a su aire, sin importarle el qué dirán. Eso le está costando más de un disgusto con sus hijos. El año pasado se hizo público que según los informes médicos sufre un progresivo deterioro de su salud. Una cuestión que abre muchos interrogantes.

La Casa de Alba es peculiar por sus normas. La duquesa, hija única de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba, y María del Rosario de Silva y Gurtubay, XV duquesa de Aliaga y marquesa de San Vicente del Barco, tuvo una infancia algo triste como ella misma ha confesado, ya que su madre murió cuando la duquesa de los diestros y toros tenía sólo ocho años. Pero su vida dio un gran giro al marcharse a Londres, donde pasó la experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Su padre era allí el embajador de España. Esta proximidad con su culto progenitor le permitió acceder a mundos en los que las mujeres de su época no tenían cabida. Y la formación que recibió la ayudó a gestionar el patrimonio familiar una vez que estuvo en sus manos, patrimonio que ella pasará a su hijo mayor, Carlos. En la Casa de Alba el primogénito es el hereu, el encargado de velar para que los bienes familiares sigan a buen recaudo.

La duquesa tuvo seis hijos con Luis Martínez de Irujo, su primer esposo: Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia. Pero será el duque de Huéscar, el mayor, quien disponga de todo cuando falte su madre.

El deseo de la duquesa el pasado año de volverse a casar -por tercera vez, ya que estuvo casada, y enviudó, con el ex sacerdote jesuita Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate- con Alfonso Díez-Carabantes de 58 años, un funcionario aficionado a las antigüedades, provocó ciertos movimientos. Tres de los hijos -Carlos, Alfonso y Cayetano Matínez de Irujo y Fitz-James Stewart de Silva- se mostraron reticentes sobre el plan de boda de su madre según fuentes próximas a la familia Alba. "Madre, ya estás grande para azahares; dedícate a promover toreros y ya". Desde entonces las relaciones entre los nobles hijos y su progenitora se han tensado bastante, pues hay mucho a repartir cuando la anciana esté en la gloria de Dios bailando minué con sus dos maridos.

Ahora entonces es más fácil ver a Cayetana de Alba con alguna de sus ex nueras o con su ex yerno Francisco Rivera Ordóñez, el hijo mayor de Paquirri y Carmina Ordóñez que con sus hijos. "No quieren que me case, pero ellos cambian más de pareja que yo", declaró la duquesa a la revista ¡Hola! y lo reiteró en varios programas televisivos con su vocecita de muñeca mustia después de que la Casa de Alba emitió un comunicado en el que se indicaba "que no existía proyecto de boda". Y es que cinco de sus seis hijos se han casado y los cinco… se han divorciado.

El pobre novio deberá buscar cuartos en otra casa ducal, aunque no hay muchas que verdaderamente los tengan -exceptuando a Carmencita la hijísima, pero esta es harina de otro costal y es capaz de sacar en lugar de dar-

Argentina recibe a Obàalá Olúwo Ifárúnàolà


Gatos del mundo: la raza Magyar Cica

Zsa-Zsa Gabor (nacida Sári Gábor en Budapest, Hungría, 6 de febrero de 1917) es una actriz húngaro-estadounidense.

Es la segunda hija de tres hermanas de las que otra (Eva Gabor) ha sido también medianamente famosa como actriz. Sus padres fueron Vilmós Gábor (militar) y Janka Tilleman (manager, entregadora)

Mujeres de gran belleza para su época, las tres hermanas fueron criadas en el ambiente refinado de la alta sociedad norteamericana. La prensa amarilla en más de una ocasión las ha considerado «trepadoras sociales y oportunistas siempre a la búsqueda de señores ricos».

Considerada celebridad de la jet set hollywoodense además de actriz, Zsa-Zsa ha estado casada en nueve ocasiones, superando el récord de bodas de Elizabeth Taylor (casada ocho veces)

Es famosa su predilección por las joyas, las pieles auténticas, la evasión de impuestos, su predilección por hombres de dinero y su agudo ingenio no exento de humor negro.

Buenos Aires color punzó, por Hugo Fontana

Fue el irlandés Bram Stoker quien, tras la publicación de su novela Drácula en 1897, le dio forma humana e incluso una referencia histórica concreta al vampiro que había protagonizado hasta entonces cientos de leyendas desde la Edad Media. Vampiros, no-muertos, hombres lobo, bestias de todo tipo acompañaron durante siglos el imaginario del terror, de lo no explicado, de las fuerzas ajenas a toda voluntad del hombre e incluso a la de Dios. Paradójicamente uno de los pensadores que mayor atención le brindó al fenómeno fue Voltaire, quien en su Diccionario filosófico dedicó algunos comentarios al tema, entre ellos el siguiente: "Los vampiros eran muertos que salían por la noche del cementerio para chupar la sangre de los vivos, ya en la garganta, ya en el vientre, y que después de chuparla se volvían al cementerio y se encerraban en sus fosas".

Stoker no solo antropomorfizó a esos hambrientos y poco inocentes murciélagos, sino que acaso sin proponérselo los vinculó con ciertos ejercicios de poder particularmente brutales. Vlad Tépés, vájvódá -príncipe soberano- de Valaquia, fue el referente que el escritor utilizó para delinear su personaje, un oscuro príncipe que en el siglo XV mantuvo feroces guerras contra enemigos a veces turcos, otras veces húngaros, tratando de defender la independencia de un pequeño territorio hoy perteneciente a Rumanía. Para ello, empleó uno de los métodos de castigo más crueles que el hombre alguna vez haya imaginado: el empalamiento. Ejerciéndolo acabó con la vida de más de 100 mil de sus amigos y enemigos, dentro y fuera de fronteras. Las malas lenguas también cuentan que, mientras sus víctimas se iban desangrando lentamente atravesadas por palos de punta roma y más de tres metros de largo, él almorzaba opíparamente.

Como era de suponer, la leyenda del vampiro llegó al Río de la Plata con los primeros conquistadores y se hizo común tras los comentarios de Voltaire y de otros pensadores europeos, entre ellos Goethe, Rousseau y Víctor Hugo. Sus figuras y códigos fueron rápidamente trasladados al mundo de la política.

El terrateniente Juan Manuel de Rosas (1793-1877), nacido Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio, gobernó Buenos Aires durante dos períodos: desde 1829 a 1832 y desde 1835 a 1852. Su poder se extendió a toda la Argentina provocando el exilio de muchos de sus opositores, quienes emprendieron tenaces campañas de prensa acusándolo de tirano absoluto, dictador venal y otros epítetos de similar tenor. Pero sobre todo lo compararon con un despiadado vampiro que inundaba de sangre el suelo patrio y en particular la provincia de la que era amo y señor. Si a ello agregamos que su divisa era punzó, poco basta imaginar para ver hasta los cielos teñidos de ese intenso color.

Varios intelectuales y futuros políticos argentinos debieron radicarse en Montevideo, donde editaron periódicos con nombres tan elocuentes como El Grito Argentino (1839) y ¡Muera Rosas! (1841-42), entre ellos Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López. Ellos además apuntaron sus dardos contra el Brigadier General Manuel Oribe, a quien también le atribuyeron rasgos y comportamientos dignos de las mejores familias recién salidas de sus tumbas.

Buena parte de la leyenda sobrevivió a Rosas tras su caída del poder, pero su paso por la historia tal vez no permita otra cosa que identificarlo como un hombre típico de su tiempo. Su fanático federalismo no fue obstáculo para que practicara políticas proteccionistas, para que prohibiera la navegabilidad de los ríos ni para que multiplicara el poder de Buenos Aires ante las provincias. Su populismo tampoco obstó para que tanto él como sus amigos aumentaran sideralmente propiedades y fortunas. Cobijó al grupo conocido como "la Mazorca", avance paramilitar del terrorismo de Estado. Pero cada tanto se yergue de su ataúd cubierto por una larga capa negra, observa el mundo con ojos enrojecidos y colmillos chispeantes y vuelve a firmar algún decreto presidencial.

Gabo Ferro -músico, poeta e historiador- preparó su tesis de Maestría en Investigación Histórica en la porteña Universidad de San Andrés en 2003, se abocó precisamente al relevamiento de diversas fuentes -publicaciones, periódicos, documentos, etc.- que hicieron de Rosas y de su gobierno un símil de la leyenda del vampiro apuntando sobre todo a la polisemia de determinados significantes y al peso de la metáfora en la construcción de los discursos históricos, en este caso de los que abarcaron los mencionados lapsos. Dicha tesis según el autor fue adaptada para este libro, que se agrega a la vasta literatura dedicada a una figura que aún hoy sigue dividiendo a los argentinos.

El trabajo tiene interés, sobre todo si se atiende al perfil novedoso desde donde Ferro observa las luchas que tantas víctimas cobraron. Pero en su conjunto el volumen hubiera necesitado una edición que lo hiciera más fluido. Pesa demasiado el carácter académico de su formato inicial: el libro está cargado de notas a pie de página, el autor manifiesta permanentemente su intención de demostrar la veracidad y formalidad del objeto de estudio elegido, de sus fuentes y hasta de sus conclusiones. Así, deja en el lector la sensación permanente de que el destinatario de estas páginas es un tribunal formado por dos o tres docentes de alto grado que tendrán la decisión final sobre el valor de lo expuesto.

BARBARIE Y CIVILIZACIÓN. SANGRE, MONSTRUOS Y VAMPIROS DURANTE EL SEGUNDO GOBIERNO DE ROSAS, de Gabo Ferro, Marea Editorial, 2008, Buenos Aires, 261 págs. Distribuye Pablo Ameneiros.

Si Manuelita se fuera con otro...


Para que sus padres aceptaran su casamiento con Encarnación Ezcurra, Rosas debió simular que ella estaba embarazada. El matrimonio tuvo luego tres hijos, Juan, María -muerta cuando niña- y Manuelita, nacida en 1817. Tras ocuparse directamente de muchos de los asuntos de Estado, doña Encarnación falleció joven, en el segundo período de gobierno de su esposo.

Fue Manuelita quien ocuparía luego no sólo el rol protocolar desempeñado por su madre, sino el de fiel compañera de su padre quien, apenas enterado del noviazgo de la joven con Máximo Terrero, puso el grito en el cielo. Durante años Manuelita debió aceptar su forzosa soltería y recibir -y hasta seducir- a una pléyade de diplomáticos británicos que visitaban asiduamente a su padre. Apenas éste fue derrotado en la batalla de Caseros a manos del ejército del general Urquiza, y a poco de comenzar su largo exilio en Londres, la niña se desposó con su antiguo e indeclinable amor.

El matrimonio duró cuarenta y dos años y le dio tres nietos a Rosas, quienes lo visitaban frecuentemente en el establecimiento agropecuario que el gobierno inglés le había regalado en Southampton. Allí falleció Rosas a los 84 años, en brazos de su devota hija. 

Millonaria, princesa y mondaine

Clara Ward (1873–1916) fue una rica socialité norteamericana que se casó con un príncipe belga de mucha alcurnia y poca fortuna, y cuya historia llenó las columnas de chismes de dos continentes durante fines del siglo XIX y principios del XX.

Había nacido en Detroit, Michigan, en 1873, hija del Capitán Eber Brock Ward y su segunda esposa Catherine Lyon. Ward era un hombre de inmensa riqueza, tanto es así que era conocido como el primer millonario de Michigan, y murió prematuramente cuando Clara tenía menos de dos años de edad. La madre de Clara heredó los holdings que fueron administrados por su hermano Thomas R. Lyon.


Clara obtuvo la atención pública en 1890 cuando fue anunciada en todos los periódicos la visita a los Estados Unidos de un distinguido ciudadano belga, Marie-Joseph Anatole Pierre Alphonse de Riquet, Príncipe de Caraman-Chimay, miembro de la Cámara belga de Diputados, quien propuso matrimonio a la muy joven y muy atractiva $$$$ hija de la rica familia Ward. 

El Château de Chimay se encontraba en el condado de Hainaut -Bélgica- muy cerca de la frontera francesa. El título poseía un largo y noble pedigree. Era del estilo de la vieja monarquía francesa, en la cual “Príncipe” era un rango que mostraba un grado de relación familiar con la Corona. La esposa de aquel tipo de príncipe devenía en Princesa, y por lo tanto Clara se convertía con total y entera legitimidad en una princesa europea. El hecho de que su esposo le doblara en edad, fuera más bien pobre y probablemente no fuera muy atractivo, debieron haber sido consecuencias menores. Contrajeron matrimonio en París, el 19 de mayo de 1890 a catedral llena.  Pero Clara no sería llamada propiamente “Princesa de Caraman-Chimay” sino “Clara, Princesa de Chimay”. Dos hijos tuvo el matrimonio:

* Marie Elisabeth Catharine Anatole de Riquet, Condesa de Caraman-Chimay (1891)
* Marie Joseph Anatole Pierre Alphonse de Riquet, Príncipe de Caraman-Chimay (1894)

Alrededor de 1896, el príncipe y la princesa Chimay estaban cenando en París en un elegante establecimiento, cuando un grupo húngaro presente en el restaurante deleitó a la concurrencia con música gitana. Jáncsi Rigó era el primer violinista.

Luego de una serie de encuentros "secretos" en un hotel demasiado conocido como para que no se enterase el tout Paris, Clara y Rigó escaparon juntos en diciembre de 1896. Los hijitos con el padre, por supuesto, porque madame la princesse sólo tenía tiempo para la música del violín de Jáncsi. Para consternación de la familia, el hecho salió en la prensa relatando el viaje de la pareja adulterina a través de toda Europa hacia Hungría. Entonces el Príncipe Marie-Joseph comenzó los procedimientos del divorcio, que se concretó bastante rápidamente dada la evidencia pública de adulterio, el 19 de enero de 1897. La nueva pareja se casó recién en 1904 y se mudó a Egipto, donde la ex princesa de Caraman-Chimay se introdujo en la lectura y la escritura. Sin que a nadie sorprendiese mucho, Clara pronto se encontró con que sus recursos disminuían muy rápidamente. Los cofres de la familia Chimay -que nunca estuvieron llenos- se le habían cerrado ni bien se publicó el edicto de divorcio, porque el príncipe no era nada tonto; y aunque Clara era muy inventiva a la hora de recaudar dineros que le permitiesen seguir su tren rumboso de vida, su familia americana debió intervenir bastante a menudo para que pudiese arreglar sus entreveradas finanzas. János también era una máquina de gastar, pues ¿no se había casado con una princesa que, además era millonaria americana? 

Los únicos talentos de Clara eran ser bonitilla y famosa. Con astuciacombinó ambos para lucirlos en los escenarios, incluyendo el Follies Bergêre y probablemente también el Moulin Rouge, donde lucía extravagantes disfraces. Se llamaba a esas presentaciones sus “poses plastiques”. Fue fotografiada y representada en numerosas tarjetas postales durante el período eduardiano, a veces en poses plastiques, a veces en trajes más o menos convencionales, y pintada nada menos que por Henri de Toulousse-Lautrec, que si bien era conde, le encantaban la transgresión y la bohemia. El emperador Guillermo II dijo que debió prohibir la publicación de sus fotografías en el Imperio porque encontraba su belleza demasiado “perturbadora” y un tanto proclive a la indecencia.

Probablemente estos nuevos ingresos fueran suficientes para que la pareja viviera razonablemente bien, pero el idilio con el violinista magyar no duró mucho: Rigó no podía dejar de serle infiel, y la pricesa devenida en cocotte se estaba poniendo exigente y un tanto entrada en carnes. Se divorciaron muy poco después de su boda, y Clara se casaría posteriormente dos veces más, una con el ítalo-español Peppino Ricciardo y otra con el italiano Maurizio Cassalota. Era una antecesora de Liz Taylor, que siempre quiso casarse cuando conocía a un hombre acorde a sus gustos. Casi inmediatamente después de su cuarto matrimonio, Clara falleció en Padua –Italia- el 9 de diciembre de 1916, víctima de un paro fulminante en su inquieto y enamoradizo corazón.