Ayer la vi (y no fue casualidad)

En los años 63 y 64 -del Siglo pasado, claro que si- los profesores adscriptos a nuestros grupos liceales eran Leonor Escuder de Kupfer, Sonia Breccia y Eduardo Pedretti. Los tres profesores de Literatura. Pero de los tres, sólo Sonia saltó a la primera plana cuando se dedicó al periodismo, un tipo de periodismo serio y razonador comprometido con la realidad. La recordaba anoche, viendo su programa en Teve Nacional, con su frescura de veinteañera de hace cuarenta y cinco años, el pelo oscuro y enrulado a más no poder siempre atado en una cola de caballo que la hacía parecer más grande, por el volumen, -Ouidad* no era aún famosa- sus anteojos con cristales como culo de botellas y su andar silencioso como pidiendo permiso... Surge la comparación con esta mujer que parece detenida en el tiempo gracias a una máscara casi inmóvil, con el pelo aclarado a más no poder y quebrado por los laciados seguramente semanales, porque en aquella mata inexpugnable sólo así se podría conseguir este resultado increíble. Tanto, que continuando con el grácil uso de sus manos (signo de que es ella y no otra que le robara la voz, la modulación pausada y el lenguaje siempre exacto) logra deslizarlo hacia un costado cada tanto cuando a fuer de aindiado se le vuelca sobre los ojos.
Pero sí, es Sonia Breccia. Al menos es su voz inolvidable, su compás de espera mientras el otro declara, su explicación sobre aquello que va a decir o leer -como pidiendo permiso- y ese savoir faire sentir cómodo al alumno faltoso o a la figura mentirosa para que se digan y desdigan solos sin ella tener que mover un sólo músculo, dejando a la audiencia sacar conclusiones... Recuerdo, hace unos años, cómo con su vocecita más desapasionada preguntó así, sin anestesia, al pai Armando Ayala** (ìgbà e) "si era cierto que él había realizado trabajos de magia para que ella fuese despedida del canal" -sic- donde ambos trabajaban, y a instancia de otras colegas. Y Armando, que cuando era tomado por sorpresa era capaz de decir la verdad, largó una de aquellas carcajadas homéricas que normalmente en él resultaban simpáticas y le pidió ir a un corte antes de responderle.
Pero anoche estuvo bajo su lupa examinadora un personaje que si bien no se ha cambiado la cara a piacere de bisturí, sí cambia de rostro, de colores y de decires como si se tratara de un camaleón. Mezcla de la madre Teresa de Calcuta, del Guasón de César Romero en la antigua serie Batman (sobre todo cuando ríe sin reir como enseña a sus discípulos y lacallos -ya sé que es con ye, pero los de Lacalle son evidentemente lacallos- Jorge Larrañaga y Javier García entre los más destacados émulos) y de un Julio Sanguinetti conciliador y verboso. Claro que ganarle a Sanguinetti es difícil, aún para este maestro del disfraz y la simulación, porque el doble ex-presidente es inteligente, cosa que Lacalle no es. Es simplemente un hábil simulador capaz de hacer un movimiento en el aire pero nunca una estrategia a largo plazo.
Breccia -que sí es inteligente, y muy inteligente- lo dejó hablar todo lo que quiso, dándole apenas un extremo del hilo de Ariadna para que el veterano blanquiceleste-rosadón transmutado en (esa imagen edulcorada que tiene el mundo de) la hermana Teresa entrara al laberinto y se perdiera en él creyendo salir indemne.
Como siempre, Sonia Breccia merece aplausos.
Es casi seguro que ese programa salido al aire por el canal estatal -que llega a toda la república- le reste a este guasón de carnaval al Norte de Avenida Italia*** unos cuantos miles de votos. Basta sólo comparar sus dichos aquí con los que grita junto a su compañero de fórmula en los tabladillos que se hace armar en el interior. Seguramente la Divina Providencia**** -que no es boba, no- envía estas copiosas lluvias para aguarle la hipocresía a estos tunantes.

*Ouidad es una coiffeuse franco-marroquí especializada en cabelleras muy enruladas como las que son comunes en todo el África del Norte.
**El pai Armando Ayala Grabino fue el difusor más importante que tuvieran las religiones afrobrasileñas en Uruguay. El que sacó a la calle los festejos de Yemoja en plena dictadura, desafiando los prejuicios supinos y los toques de queda.
***El propio candidato Lacalle dijo que el olor de quienes viven al Norte de Avenida Italia es insoportable, proponiendo baños públicos como los que construyera Caracalla... Como yo vivo al Norte de Avenida Italia me siento consustanciado con toda la gente de bien -de trabajo, de honor y de higiene diaria- que conozco dentro de esa faja liminar del reclamo del senador electo.
**** Para recordar permanentemente a la población que es católico, apostólico y romano -y opusdeista- aunque ahora se dice "cristiano" para englobar a los seguidores del pastor Márquez que apoyan a su compañero de fórmula, señala en sus discursos haber sido llevado a la contienda electoral con José Mujica por la Divina Providencia. Es decir, la Divina Providencia, seguramente para probar su humildad, hace que todas las encuestas den como ganador al adversario, que llueva a cántaros allí adonde se dirige a tratar de convencer ("a pedirles prestado su voto", dixit) y a sugerir que Mujica tiene arsenales en manos de ciudadanos cuyas "compañeras" (lacallo Bolsari dixit) declaran al juez bajo juramento ni siquiera conocer y que ahora prometa derogar -si gana, claro- el impuesto a las jubilaciones y pensiones instrumentado precisamente bajo su gobierno de venta fraudulenta de bancos entre otras irregularidades...

Otro día, cuando tenga más tiempo, les contaré la relación que el número 3.33 tiene con el candidato y con su familia.¿Se dieron cuenta que sólo es la mitad del número de la bestia del Apocalipsis? Debe ser porque este personaje sólo es medio pelo...