Reaparecí

Hola, amigos. Estuve todos estos meses llamado a silencio, ordenando cosas -y fundamentalmente ideas- siguiendo mi rutina, cumpliendo las obligaciones anuales por el lado de orisha y por el lado de kimbandas, en fin, nada demasiado nuevo exceptuando que como es éste un año electoral me mantuve observando atentamente para decidir a quién dar mi voto. En un juego de mayorías y minorías un voto no hace millar, pero como siempre he tratado de ser objetivo en todas las cosas de la vida no podría votar sólo por impulso o por simpatía, y mucho menos desentenderme del deber cívico que me compete. Entiendo el proceso político como una cosa bastante compleja y siempre abierta a nuevas posibilidades. Así también entiendo el proceso religioso al que adhiero, tratando en lo posible de verlos desde un ángulo bastante desapasionado, para poder verlos mejor... No tengo la capacidad de los Kronberg, por ejemplo -Julio y Susana Andrade- que siendo líderes religiosos se juegan a pleno por una posición muy respetable, pero que de cierta manera tiñe su trayectoria afroumbandista con los colores de la tricolor. En ese sentido, como animal político y miembro de la sociedad, miro atentamente a todos los candidatos -que por cierto, de cándidos, nada- hasta decidir a quién considero que debo dar mi voto anónimo, obligatorio y responsable. Me jugué en las internas de junio y obviamente por disciplina voté en octubre no a quien creía el mejor candidato, sino al ciudadano a quien las mayorías consagraron.
Y a medida que el tiempo avanza, me pongo a pensar en la causalidad de las cosas; en todo lo que se ha dicho, se dice y seguramente se dirá, y me doy cuenta que este candidato a quien nunca hubiese votado de no mediar las circunstancias es el único que de algún modo puede demostrar urbe et orbi que este pequeño rincón del Sur con apenas casi tres millones de habitantes puede -todavía- reclamar alguna dignidad. Hombres de años y actividad política como el doctor Batlle, a quien la memoria colectiva ha disculpado supuestas infidencias ungiéndolo presidente, ¡Saliendo a embarrar la cancha con acusaciones histéricas salidas del más oscuro pachecato! Lacalle no se queda atrás, pero aquí sólo hace de titiritero enviando a Batlle y a sus "lacallos" a lanzar acusaciones delirantes e insostenibles desde toda lógica...

Este país minúsculo que ha dado tanto intelecto y creatividad a la región y al mundo se merece un quinquenio de trabajo, alianzas con todo el que quiera comprar y vender y la prosperidad decurrente de estas circunstancias. Tengo la certeza de que con el doctor Lacalle no lo tendremos, entre los compromisos con sus hermanos del Opus Dei, la banca internacional que ya constató su venalidad -3,33% en el caso Benhamou- y su público desprecio por quienes vivimos al Norte de Avda. Italia.