El paseo de García Lorca


Yahveh le habló a Caín: ¿Por qué andas irritado y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obrases bien, podrías levantar tu frente?" (Gen.4, 6-7)

El texto bíblico es impresionante en su contundencia. En el versículo siguiente está la respuesta de Caín en forma de acto: "Caín dijo a su hermano Abel: Ven, vamos afuera. Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató." (Gen.4, 8)

En la España de 1936 "el paseo", fue una de las formas que adoptó el cainismo en ambos bandos.

El mecanismo era simple. Un piquete de hombres armados llegaba a una casa, tarde en la noche, y se llevaban a uno. "¿Adónde se lo llevan?", preguntaban desesperados sus familiares. "¡A dar un paseo!", le respondían. Las denuncias solían venir de vecinos, o incluso de familiares; por motivos políticos e ideológicos casi siempre, pero también por odios personales o simple codicia.

Mi padre, que tenía doce años en 1936, y vivía en un perdido valle de Asturias, me cuenta que yendo de camino a la escuela o a pastar ovejas era frecuente encontrarse con "un paseado", tirado al borde del camino.

Se calculan en unos 35.000 los asesinados en la retaguardia de la zona republicana y unos 100.000 en la franquista, cifra a la que hay que añadir unos 40.000 muertos más en la represión que siguió a la guerra civil. Muchísimos de los "paseados" eran espíritus pacíficos, lúcidos y generosos que despertaron el odio por sus solas virtudes o su mera condición.

Federico García Lorca es, quizás, el más célebre de los paseados, y en su asesinato se mezclan las sinrazones políticas con los odios, los viejos rencores de pueblo y la intolerancia.

Cuenta el poeta Rafael Alberti que el 15 de julio de 1936, Federico leyó su última obra, "La casa de Bernarda Alba" a un grupo de escritores amigos y al día siguiente, cada vez más inquieto por el ambiente convulsionado de Madrid, se marchó. Tenía un pasaje para México.

Antes quiso pasar por Granada y festejar su santo en la Huerta de San Vicente, la casa de verano de su familia.

El 20 de julio los sublevados ocuparon Granada y emprendieron una tarea de terror y exterminio de adversarios que produjo varios miles de muertos en pocos días, fruto de la tarea de los consejos de guerra sumarios o de los paseos de la Escuadra Negra, banda de matones ultraderechistas encabezados por el diputado Ramón Ruiz Alonso.

Sin embargo, aun en este clima, Federico García Lorca no se sintió realmente amenazado hasta el 9 de agosto cuando una patrulla llegó hasta la Huerta de San Vicente para detener al casero de la finca. De paso, le insultaron e incluso le golpearon. Federico no quiso arriesgarse a cruzar las líneas para pasar a la zona republicana y decidió pedir ayuda a un amigo, el poeta Luis Rosales, bien situado en el nuevo régimen, que le dio refugio en su casa. Allí estuvo una semana.

El 16 de agosto a las cinco de la tarde, -"Ay, qué terribles cinco de la tarde"- Ramón Ruiz Alonso se presentó en la casa de los Rosales con una orden de detención y cien guardias de asalto fuertemente armados. Un operativo absurdamente espectacular.

Detrás de esta detención había sí, razones ideológicas. Para usar una frase que castigó durante cuarenta años a cientos de miles de españoles, Lorca era "un desafecto al régimen" surgido del levantamiento del 18 de julio, más allá de su escasa significación política.

Pero no eran las únicas causas. También pesaron las rencillas entre las familias García Rodríguez, Roldán y Alba, todos emparentados en una densa y antigua trama. Numerosas y documentadas investigaciones, han confirmado el runrún popular de que a Lorca lo mataron sus primos, como a Antonio Torres Heredia sus primos los Benamejí...

Tras la detención se lo encerró en el edificio del Gobierno Civil en el centro de Granada. Sus amigos Rosales - Luis, Miguel y José- fueron hasta allí para procurar su liberación. Angelina Cordobilla, una mujer que trabajaba para la familia García Lorca, llevó comida al detenido las mañanas del 17 y 18 de agosto. Pero el 19 le dijeron que ya no estaba. A las tres de la mañana Federico García Lorca había iniciado su trágico "paseo", esposado junto a Dióscuro Galindo González, un maestro de 58 años, detenido el día anterior "para interrogarle".

Ramón Ruiz Alonso encabeza el grupo que se los llevó. También iban Juan Luis Trescastros y los hermanos Horacio y Miguel Roldán. Todos viejos enemigos de Federico García Rodríguez, padre del poeta, por motivos a la vez políticos, familiares y económicos.

Era una noche sin luna.

Llegaron hasta La Colonia, una cárcel improvisada en una villa de recreo a las afueras de Víznar, pequeña localidad en la sierra, a unos escasos siete kilómetros de Granada. Allí se encontraron con otros detenidos: Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar, dos banderilleros anarquistas y muy populares.

Un joven guardia era el encargado de cuidarlos: les dijo que a la mañana siguiente irían a reparar carreteras, a pavimentar una ruta, o algo así. García Lorca comenzó a conversar con él. Al poco ratoel guardia se quebró y les confesó la verdad: los iban a fusilar.

Federico quedó aturdido. Trató entonces de rezar una plegaria, pero no pudo. "Mi madre me las enseñó todas, ¿sabes? -le dijo al guardia- y ahora las he olvidado." Ahí rompió a llorar y entre lágrimas agregó: "¿Estaré condenado al infierno?".

Entonces el muchacho le ayudó, rezando juntos un "Yo pecador".

"-¡Que subáis al camión!"- grita entonces uno del pelotón. Y los condenados subieron.

El vehículo arranca y toma por un camino angosto hasta detenerse en el antiguo paraje árabe de la Fuente de las Lágrimas.

"-¡Que bajéis!"- ordenan. Y los condenados bajan.

Varias horas después, algunos miembros borrachos de la "Escuadra Negra" intentaban vender en el café "El Imperial" unos objetos de Federico: una pluma estilográfica y una medalla de oro. Juan Luis Trescastros vocifera: "Acabamos de matar a García Lorca. Yo le metí dos tiros por el culo, por maricón".

A Federico se le enterró en una de las tantas fosas comunes que hay en el camino de Víznar. Su cuerpo nunca fue encontrado.

La casa de Luis Rosales, donde fue arrestado, es hoy un hotel cuyo restaurante se llama El Rincón de Lorca, y en su propaganda todavía se recuerda que el edificio está asociado a los "últimos días del poeta".

Muy cerca del lugar del crimen otro restaurante se llama "La Ruta de Lorca". Entre los platos los hay que se llaman "lorquianitos", la "brocheta lorquiana" y las "ensaladas de doña Rosita".

Ambos tienen páginas web con profusión de fotos de Federico García Lorca. Impudicias del turismo contemporáneo.

Ramón Ruiz Alonso vivió tranquilo hasta la muerte de Franco. Entonces se fue a Estados Unidos. Allí murió en 1978. Se desconoce dónde está enterrado.

Juan Luis Trescastros, su asesino material, está enterrado en un panteón de la familia Lorca,pues le correspondía por derecho.

"Todas las guerras civiles están irremisiblemente perdidas" -escribió,Ramón J. Sender.-"Unos pierden la vida, otros sus seres queridos, y otros la dignidad, la razón, los escrúpulos…"

Luciano Álvarez, 15 agosto de 2009