El desigual valor de los muertos

El Consejo de Seguridad de la ONU ha sido incapaz de acordar una condena al sangriento atentado contra una escuela talmúdica de Jerusalén. El escollo ha sido la insistencia de algunos países de que se incluyera a los civiles palestinos muertos por las acciones militares israelíes en Gaza.

La insistencia de declarar también la muerte injusta de civiles palestinos por ataques del ejército israelí... Los muertos inocentes, ¿tienen algún status, algún rango de precedencia? ¿No son todos muertos por causas ajenas a su voluntad? Los muertos de Israel -esos desdichados estudiantes talmúdicos que se balanceaban rítmicamente escrutando la Ley del Eterno cuando les llegó la inevitable- ¿son más muertos que los campesinos palestinos que encontraron su destino bajo la metralla del ejército israelí?

Yo creo que cada colectividad tiene el legítimo derecho de protestar por sus víctimas, y la ONU el deber de condenar la violencia venga de donde venga. En el otro lado, en el seno de ese Dios único en el que judíos y musulmanes creen, todos los muertos -todos- son objeto de Su misericordia. Qué pena que en este mundo todavía sus habitantes deban esperar a ser más o menos políticamente correctos o incorrectos.

La ilusión de ser Bolívar


por Tomás Eloy Martínez

Quizá cuando se publiquen estas líneas la diplomacia haya transformado en espuma el torrencial intercambio de insultos, amenazas y acusaciones que se prodigaron el presidente de Venezuela Hugo Chávez y los voceros del gobierno colombiano de Alvaro Uribe.

Nada puede predecirse en una historia cuyos caminos están regados de pólvora, petróleo y droga, y cuyos protagonistas son de fósforo. Tampoco es fácil entender lo que pasa e imaginar lo que podría venir. Colombia lleva más de cuarenta años de una guerra civil no entre dos bandos, sino entre por lo menos cuatro: el ejército regular, la guerrilla que opera con el nombre de FARC, los paramilitares –nacidos de la desconfianza de los hacendados en la eficacia del ejército–, y los narcotraficantes, que también disponen de soldados y armas considerables. Es una guerra despiadada en la que las tropas de un bando se suelen pasar a otro con frecuencia, y tan pareja que podría durar cuarenta años más.

Colombia ha tenido presidentes excepcionales como Belisario Betancur y César Gaviria, y tanto ellos como los otros han lidiado como pudieron con esa pesadilla que ha costado muchedumbres de muertos, desplazados y fugitivos. Parte de lo que sigue es una historia conocida, pero conviene recordarla para no sembrar más humo en el incendio.

El sábado 1º de marzo, el ejército colombiano atravesó la frontera con Ecuador, avanzó kilómetro y medio en el territorio de ese país y atacó un campamento de las FARC. De diecisiete a veinte guerrilleros murieron, entre ellos Luis Edgar Devia Silva, conocido como Raúl Reyes, segundo comandante de los insurgentes, quien había establecido contacto con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, para liberar a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.

La invasión era ilegal, como toda invasión, y cualquier observador ecuánime sabe que fue también un palo muy torpe en el carro de las negociaciones. Colombia afirma que contaba con el permiso del gobierno ecuatoriano; éste lo negó, y el sentido común indica que Ecuador no pudo haberlo dado. El gobierno de Alvaro Uribe, por lo tanto, confió a la fuerza de las armas y de los hechos consumados lo que debió confiar a la diplomacia.

Colombia ya está harta de la guerra interminable, y ninguna de las partes quiere ceder en una puja que siempre acaba en empate. Los rehenes están agonizando en la selva, eso es cierto; pero la muerte de Raúl Reyes no va a devolverles la libertad ni la vida. Conozco desde hace mucho a políticos y funcionarios del gobierno de Bogotá –de éste y de los anteriores– que darían la vida por deshacer el nudo gordiano en que se han convertido las guerras de su país, pero no han encontrado todavía una salida que apague los odios.

Para colmo de males, Hugo Chávez batió el domingo 2 de marzo sus tambores de guerra. Casi nada sorprende ya en su lenguaje sin límites, pero en el unipersonal de televisión que ameniza desde hace varios años usó el más sulfúrico catálogo de insultos que se haya oído en los prados habitualmente corteses de la política internacional. Luego de callar un minuto en homenaje al “comandante revolucionario” Reyes, agravió el silencio llamando a Uribe “presidente criminal” y acusando a su gobierno de “paramilitar, narcotraficante y lacayo del imperio”.

Las negativas de Uribe a cualquier tipo de negociación siempre me han parecido exageradas y quizás inhumanas, porque están en juego cientos de rehenes cuyas vidas siguen en manos de las FARC. La situación de los cautivos era menos riesgosa antes de que impusiera su mano dura. Pero el pueblo de su país lo apoya libremente, lo ha reelegido para que mantenga esa política, y ésa es el agua respetable de otro molino.

Lo que se pierde muchas veces de vista es el juego que Chávez está llevando adelante en esta historia. El domingo ordenó en su programa de televisión el traslado de diez batallones a la frontera con la vecina Colombia y el cierre de la embajada venezolana en Bogotá, e instó a su par ecuatoriano Raúl Correa a que hiciera lo mismo... Correa lo hizo casi enseguida. El lunes 3 redobló la apuesta al expulsar a todo el personal colombiano de la embajada en Caracas y al cerrar la frontera. Correa, presuroso, también rompió relaciones con su vecino del Norte.

Conocí a Chávez el último domingo de agosto de 1999, cuando cumplía seis meses de gobierno. Una de las primeras preguntas que le hice –tal como lo conté entonces– fue si los vínculos con las FARC que se le atribuían eran ciertos y si estaba entregándole a la guerrilla colombiana fondos reservados para la compra de armamentos. Fuentes muy confiables me habían dado esa información, exhibiendo algunos documentos que parecían legítimos. Por toda respuesta, Chávez levantó el teléfono, llamó al presidente de Colombia Andrés Pastrana, y me pidió que repitiera la pregunta. Pastrana negó –como era previsible– todo vínculo de Chávez con la guerrilla y preguntó de dónde sacaba yo esa versión. No se lo podía decir, por supuesto, pero quizá no sea impropio revelar ahora que se trataba de uno de sus colaboradores más cercanos. Chávez se había alzado contra el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez siete años antes, con la idea fija de resucitar la utopía de la unidad política de América latina lanzada por el libertador Simón Bolívar en un documento clásico: la Carta de Jamaica. Esa ilusión ha sido el eje de casi todos sus actos, y para entender a Chávez hay que saber que él siente que allí, en la realización de la utopía, está su lugar final en la historia.

Su adversario ya no es la corona española como lo era para Bolívar, sino el imperio norteamericano al que un bloque bolivariano de naciones le podría hacer la vida imposible. Ya a comienzos de su primer gobierno advirtió que le sería difícil alcanzar ese sueño por medio de la política, pero que podría lograrlo uniendo a ejércitos hermanos bajo una bandera común. Sin duda, lo ha seducido el hecho de que la rama política de las FARC se llame Movimiento Bolivariano para la Nueva Colombia, y que tanto las tropas irregulares al cuidado de la ya extinta Zona de Distensión como el sistema judicial que controlaban se llamaran también “bolivarianos”. En la mira inmediata de ese programa de unidad están los países que Bolívar quiso agrupar: Panamá, Ecuador, Perú, Colombia y, por supuesto, Bolivia. Eso explica el apoyo que Chávez brindó al candidato Ollanta Humala, derrotado en Perú, y al que venció en las elecciones de Ecuador, Rafael Correa. No hay por qué reprocharle a Chávez sus ilusiones. Al fin de cuentas, hasta el hombre más humilde tiene derecho a soñar lo que quiere. Pero en su caso, ha contraído responsabilidades con el país que lo eligió, y tanto sus bravatas verbales como los despliegues de tropas en la frontera no resuelven los problemas reales. Cientos de miles de colombianos viven en Venezuela, y los dos países están unidos por fraternidades históricas y culturales inquebrantables, por lazos de familia, por trabajos que van de un país a otro.

Se ha insinuado que Chávez trata de distraer a Venezuela de la inflación y el desabastecimiento, que son ahora inocultables. La guerra es siempre un pésimo recurso para salir de esos pantanos, como lo prueba la infortunada aventura de las Malvinas. Así como Uribe es responsable de un hecho gravísimo –la invasión de un país vecino al que llevó su propia guerra–, también Chávez debería explicar por qué se ha exaltado tanto ante el ataque mortal a un campamento insurgente con el que Venezuela nada tiene que ver. ¿O sí?

Libros que importan (II)

Culto aos orixás
Voduns e Ancestrais nas Religiões Afro-brasileiras
Carlos Eugênio Marcondes de Moura (org.)

As cidades de São Luís do Maranhão, Recife, Salvador, Rio de Janeiro e Porto Alegre foram os grandes centros urbanos onde, no decorrer do século XIX, as populações africanas seqüestradas pelo tráfico de escravos, em um admirável e consistente esforço de superação à repressão que as atingia em todos os níveis, agruparam-se em torno de organizações religiosas, tais como o Candomblé, o Tambor de Mina e o Batuque. R$48.- Editora Pallas - UFBA

Libros que importan (I)

A fogueira de Xangô: o orixá do fogo.
Uma introdução à música sacra afro-brasileira
José Flávio Pessoa de Barros

Em A fogueira de Xangô...o orixá do fogo, José Pessoa de Barros explicita os procedimentos para a festa em homenagem ao orixá Xangô em suas várias etapas: preparo, bebidas e pratos festivos, mitos, danças, cânticos, etc. Vale a pena conferir esse trabalho primoroso, que vem acompanhado de um cd-rom com músicas e imagens referentes a esse ritual. Editora Pallas, R$55.00




Cantemos para Kaviungo


Dado que parece estar de moda el lenguaje kikongo, subo una zuela para el nkisi Kaviungo -que viene a ser para los bantu lo que para los yorubá-fon es Obalúwàiyé/Sàkpàtà-

Nzambué e sambunangé,
nzambué e sambunangé!
Nzanvu, nzanvu kuenda
e Lembádilé.
E maiô ke fita-fita,
e maiô ki nzanvu kuenda!

(El mito: vivimos en el mito.
La leyenda: vivimos de ella.
Veamos los hechos legendarios de Lembádilé.
Y aprendamos sobre las llagas del Señor de la Tierra.
¡Vivamos el gran mito!

Dedico esta zuela a mãe Eunice de Matamba, que "reza" batuque en kinvundu...


Cantemos para Shapana (Sònpònnòn)




Á ká’rù wa fún wá o! Wá ká erúmalè.

(Ven a compensar nuestros miedos, acude a suprimirlos)

Resp. Igual

Mo gb’elefa sorò, mo gb’elefa sorò!

Hago un acuerdo con el ser que condensa.

Resp. Igual

Èrè á fà má gbàlà ‘nòn!

Trae tus dádivas para rescatar nuestro camino.

Resp. Asà jé Oba o ní, o ní Oba òla, asà jé Oba o ní!

Escudo protector, rey que devora lo que existe, Él, que da existencia a la riqueza (a los honores), escudo...

Wá tàlà gbò wá o, eléfa tàlà fún malè o!

Protégenos, tú que atraes profusamente para los Poderosos.

Resp. Igual

Ìlà bá, èké bá, ìlà bá gbàlé s’ode!

Ayuda a la comunidad con apertura, corta lo innecesario y barre hacia las afueras.

Resp. Igual

E kún e, e!

Llena, abarrota, acopia.

Resp. Àiyé yé àiyé!

Realidad, por favor, plenitud (de vida)

Àiyé yé, àlèlù alù ká ju’malè!

Vida, por favor, Tú que puedes golpear con más fuerza que los (demás) Sobrenaturales.

Resp. Igual

Elu elu ká ju má, elu elu ká ju malè o!

Golpea, castiga en derredor, más y mejor que los (demás) Poderosos.

Resp. Igual

Àdù yíì ká sèlú-sèlú!

Avanzarás impetuoso, haciendo sentir (el poder) al pueblo.

Resp. Àdù yíì ká kóló-kóló!

Asolarás impetuoso, pero controlando (tu poder)

Lèpon*, Lèpon, Lèpon!

(Porque eres) perseguidor, acosador, castigador.

Resp. Kó rí janjan, kó rí jan

Los ves intensamente (pero) los percibes pequeñitos.

Níyà, níyà, níyà!

Castiga, abate, extermina (a tus enemigos)

Resp. Igual

A mú jà, mú jà, mú jà kó !

Oh, si, atrápalos en tu furia, hazlo.

Resp. Igual

Àkàrà loke, loke, loke.

Mecha de fuego abrasador, alto, enorme, terrible.

Resp. Igual

npònnò gbè wa o, òrìsà wa be ilé o!

Shampana bendícenos, oh orisha que visita nuestra casa.

Resp. A àiyé, erúmalè o!

Ah, la vida, Todopoderoso.

Dakún, gbá mi!

Por favor, barre de mí la impureza.

Resp. Oní ara o!

Sé mi cuerpo Tú, mi pariente cercano.

Sàkpàtà kù àbà o!

Sakpata, silo cuyo grano es arelado.

Resp. Oní ara o!

Sé Tú mi cuerpo, mi esencia y semilla.

Bè lú já, gbe lu já olóìnòn!

Aquél que atraviesa el pueblo es enjuto, traspasa haciendo agujeros mientras (lo hace, pues es) Dueño del Fuego.

Resp. Igual

Jagun ké là ni bàbá lè kó!

Guerrero, padre que concede en abundancia y ayuda a sobrevivir.

Resp. Igual

Lè pò, lè pò, lè pò, lé pa!

Persigue y junta (los trozos) persigue y reúne, persigue y mata.

Resp. Ònòn ré pa, ònòn ré pa!

En su propio camino, golpéalos y mátalos.

npònnò àiyé, npònnò má dókerè. npònnò má dókerè, má dókerè àiyé, àiyé!

Shampana es vida que llega con su mayor poderío. Con su fuerza suprema, Shampana, porque es vida, vida plena.

Resp. Igual

Kekereke má ì sá!

Como el canto del gallo al despuntar el día permanece, no te vayas todavía.

Resp. Igual

Alápá ndé!

¡El que tiene brazos poderosos está llegando!

Resp. Olorí pa, oló!

Ah, el dueño de las cabezas castiga, el señor mata.

Òrìsà dé!

Orisha que viene.

Resp. Igual

Sàkpàtà sá bò e! Ònòn ì eni gbogbo.

Sakpata, ven en cualquier modo, manantial de toda protección.

Resp. Igual

Bàbá wè Sàkpàtà mà látùn , òbé ni lá súré bá, npònnò a lè sà wè!

Padre, límpianos. Corrígenos, tú que ayudas a hacer nuestras tareas: escoge a quienes merecen ser purificados.

Resp. Igual

Bá rá, bá rá ní sòro Sàkpàtà kú nlé dé bá rá ní sòro.

Ayúdanos a despejarnos de las tribulaciones, Sakpata. Ven y llena la casa, ayuda a desaparecer los problemas.

Resp. Igual

E bá rá séra gún dé sá sá rúwé oníbèwò.

Ayúdanos a elegir lo adecuado, presérvanos y llega, tú que controlas.

Resp. Igual

Oníwárà mo fèlè má jo oníwárà mo fèlè má. Mo fèlè ma, mo fèlè ma jo oníwárà mo fèlè má jo.

Aquel que busca, siempre halla. Yo danzo con humildad. Quien busca logra siempre. Yo bailo con modestia, para encontrar lo que busco.

Resp. Igual

Mo ye ké e bá, mo fé ké e gba, mo rí so, yè àiyé. Mo ye ké e bá, mo fé ké e gba mo rí so, yè àiyé. Mo ye ké e bá, mo fé ké e gba mo rí so. Aiyéràiyé e mo fé ké e gba mo rí so, o lègb’ara.

Me preservo, ven conmigo. Ayúdame a sembrar buenas acciones eternamente. Me salvo si estás conmigo; acompaña mi siembra de bellos actos, oh guardián de mi materia.

Resp. Igual

Yemoja sebo kó màdéhún a má èrò.

Yemoja hace la ofrenda y atiende a la muchedumbre en paz.

Resp. Igual

Yemoja sún dé o! E, o!

Yemoja llega suavemente. Sí, Ella.

Resp. Igual

Kèrú gà má o, ká má rú keke, ká má rú keke Sàkpàtà àlùká má go.

Quien hace cenizas de sí mismo es excelso; no se aleja para poder ser percibido. Sakpata no se aparta para poder ser sentido; no se retira.

Resp. Igual

Sàkpàtà i, o Sàkpàtà i wàiyé

Sakpata hace su labor; Sakpata viene al mundo para hacer lo suyo.

Resp. Sàkpàtà i wàiyé, Sàkpàtà i wàiyé.

Ciertamente, Sakpata viene al mundo a cumplir su labor.

Sogbó ye! Sogbó ye! A mo rí só, Averekete mo dúpè àiyé wa mo rí só!

Que viva Sogbo (vodun de la familia Heviosu) Que Sogbo sea festejado. (Sakpata) viene a reconocer mi cabeza, doy gracias a Averekete (vodun de la familia Kaviuno) en nuestro mundo, que viene a reconocer mi cabeza.

Resp. Igual

Sósòsó Sàkpàtà ni sósòsó Sàkpàtà!

Adornado con profusión de riqueza, Sakpata. Ricamente enjoyado.

Resp. Ònòn rewa, olóògún làílàí!

Por el camino de la belleza (Él) es médico por siempre jamás.

A yà kí i gbà yà ayo!

Despliégate, para que pueda barrer el suelo con mi alegría.

Resp. Igual

Olùkó!

¡Maestro!

Resp. Ká, ká!

¡En el círculo completo, el que recoge en derredor!

*Vodun de la familia Kaviuno, atributo de Omolú/Obalúwàiyé.

Tocando em frente





Ando devagar porque ja tive pressa
E levo esse sorriso porque já chorei demais!
Hoje me sinto mais forte
Mais feliz, quem sabe?
Eu só levo a certeza do que muito poco eu sei...
E nada sei...
Conhecer as manhas e as manhãs,
O sabor das massas e das maçãs...
É preciso amor para poder pulsar,
É preciso paz para poder sorrir,
É preciso chuva para florir...
Penso que cumprir a vida seja simplesmente
Compreender a marcha e ir tocando em frente
Como um velho boiadeiro levando a boiada
Eu vou tocando os dias pela longa estrada
Eu sou...e pela estrada eu vou.

Todo o mundo ama um dia...todo o mundo chora.
Um dia agente chega...o outro vai embora.
Cada um de nos compõe a sua história
e cada ser em si carrega o dom de ser capaz de ser feliz...

Conhecer as manhas e as manhãs,
O sabor das massas e das maçãs.
É preciso amor para poder pulsar,
É preciso paz pra poder sorrir,
É preciso chuva para florir...
Ando devagar porque ja tive pressa
E levo esse sorriso porque já chorei demais.
Cada um de nós compõe a sua história,
e cada ser em si carrega o dom de ser capaz de ser feliz...

Almir Sater

Marcela Acosta Larrosa de festejo


El sábado 1 de marzo celebramos los quince primeros años de Marcela, hija de mi primo y ahijado Fernando Acosta Massafferro.



No me creerán si les digo que es el primer acontecimiento familiar de este tipo en el que intervengo desde hace al menos veinticinco años. ¡Y es la pura verdad! Estoy con la familia en otras ocasiones -ya festivas, ya luctuosas- siempre que no coincidan con un sábado, día en que la comunidad se reúne para rendir culto a las divinidades y ancestros del ègbé. Esta vez, sin embargo, me impuse la obligación de estar como un homenaje tanto a quienes están como a quienes no están, en especial a mi padre y a mi tío Clodomiro, recientemente desaparecido. Marcela estaba preciosa y tengo la convicción de que haya festejado su cumpleaños tal como lo merecía, con la ilusión con la que toda jovencita espera este acontecimiento.

Un buen momento familiar, que valió la pena.