Contra el aborto, contra el veto

por Esteban Valenti

En la semana se sucedieron dos acontecimientos que tendrán un fuerte impacto en la vida del país y de la izquierda. Luego de medio siglo en que se reimplantó en el Uruguay una ley que penaliza el aborto, y de un cuatro de siglo de lucha, de debate, de esfuerzo y de profundos cambios en el mundo el parlamento uruguayo aprobó una ley de salud reproductiva que despenalizaba el aborto. En la cultura, en las ideas de la inmensa mayoría de la izquierda de Uruguay y de todo el mundo este objetivo se integra a uno de sus rasgos característicos.

Naturalmente que las corrientes de origen católico y cristiano en la izquierda no compartieron nunca esta visión. Y es comprendido y respetado por todos nosotros. El segundo elemento de trascendencia es que el presidente de la República -un hombre de profundas convicciones de izquierda- vetó la ley con lo cual y debido a la necesidad de obtener los 3/5 de los votos de ambas cámaras reunidas en Asamblea General, hace prácticamente imposible que se levante el veto. De todas maneras habrá que seguir luchando y discutiendo. Hay cosas muy importantes en juego. La ley vigente en esta materia ha sido un fracaso estrepitoso. Es atrasada, no da cuenta de ninguno de los cambios que ha sufrido nuestra sociedad y si como se proponía su autor principal,buscaba evitar la práctica del aborto, su fracaso no sólo es notorio en las cifras y en la realidad cotidiana, sino en el mensaje hipócrita que trasciende la propia realidad dolorosa del aborto. Las organizaciones que apoyan esta ley manejan la cifra de 33 mil abortos anuales clandestinos en Uruguay; los adversarios de la ley replican que son "solamente" 16 mil. Esta cifra comparada con países europeos donde funciona la despenalización del aborto con toda una amplia batería de medidas de educación y de atención médica, la desventaja es absolutamente abrumadora.

En España -país católico si los hay - los abortos son 80 mil anuales, en Italia -sede del Vaticano- se redujeron de manera sensible desde que fue aprobada la ley y ratificada en un plebiscito, y son aproximadamente 130 mil anuales. En Uruguay, en proporción a su población y tomando cualquiera de las dos cifras manejadas, el aborto es 5 veces ó 10 veces más numeroso que en esos países. La ley actual vigente en un país laico, donde la iglesia se permite amenazar con excomulgar a los parlamentarios que votaron una ley -uno de cuyos propósitos es reducir el número de abortos- tenemos una ley que es un fracaso absoluto y total.
Se propone reducirlo de la única manera posible: con educación, con atención a mujeres y no con represión. La ley aprobada ni obliga, ni impone, ni promueve en absoluto el aborto. La gran mayoría de la ciudadanía que sabe perfectamente y en forma personal, familiar o de su entorno que esta práctica funciona, enriquece a unos, pone en peligro la vida de las mujeres y sobre todo de las más pobres y desamparadas, apoya la despenalización. En un entorno del 60%.Pero hay un dato inquietante: entre el 40% de los que no la apoyan y en diversas encuestas una parte de ellos y ellas ha utilizado el aborto clandestino. Lo que confirma la profunda hipocresía que esta ley promueve en la sociedad uruguaya. Yo estoy en contra del aborto, y apoyo con todas mis fuerzas esta ley, que me parece equilibrada, ponderada y justa.Respeto a los que se oponen.

Hay razones filosóficas, culturales, religiosas e incluso médicas que hay que considerar. No me gustan las excomuniones reales o virtuales en ningún sentido. Incluso sé que hay muchos médicos que tienen una profunda objeción de conciencia para oponerse a la ley. Incluso está previsto que estos profesionales no tienen obligación de practicar en ningún caso el aborto. He leído atentamente el juramento hipocrático y éste dice a texto expreso: "De la misma manera, no daré a ninguna mujer supositorios destructores; mantendré mi vida y mi arte alejado de la culpa."

Incluso he manifestado en varios artículos que respeto al presidente Vázquez y su liderazgo por su coherencia con sus convicciones que van más allá del cálculo político de sus costos y beneficios. Lo reitero. Pero estoy totalmente en contra del veto. Es difícil separar la condición de médico de la de presidente. Pero son dos cosas diversas. Como médico, el compañero Tabaré tiene el derecho y la obligación de defenderlas hasta las últimas consecuencias. Y lo hace a diario. Como presidente está en otra situación. Es el primer magistrado, el cargo supremo de la República y en esa posición debe considerar todos los elementos en juego. No me refiero a que la mayoría de la población apoya la ley. Ese no es un buen argumento. Hay muchas oportunidades en las que un presidente y un estadista debe optar por actos que pueden no contar con la aprobación de
la mayoría, porque considera que es en bien de la Nación. El presidente es parte de un sistema de poderes que forman la República, entre ellos el Poder Legislativo. Otro de los elementos esenciales de nuestra democracia es el plebiscito. La izquierda y la ciudadanía lo han utilizado en muchas oportunidades. Esta era una oportunidad casi obligatoria, por su significado real y simbólico para todos los uruguayos. Con el veto, cortó toda posibilidad de que se plebiscite la ley. Yo creo que debería haber promulgado la ley y en ese mismo instante debería haber firmado un petitorio para plebiscitar su derogación, para darles la oportunidad a todos de opinar. Yo también, y creo que muchos partidarios de la ley, lo hubiéramos firmado y promovido.Ahora estamos como al principio, con una ley pésima, injusta e inútil y sin ninguna posibilidad de que la ciudadanía se pronuncie. Con un agregado: con el parlamento que en lugar de asumir que lo que ahora está en discusión es algo diferente a la propia aprobación de la ley -pues ahora lo que se define es la jerarquía misma del órgano legislativo, la representatividad de los legisladores ante los ciudadanos- No tengan duda que no será visto de esta manera; los legisladores blancos y la mayoría de los colorados votarán en contra, porque prefieren declinar los poderes y la jerarquía del parlamento a aportar sus votos para aprobar la ley. De todas maneras, si somos capaces de discutir con profundidad, con altura, sin excomulgar ideas, sin campañas de intolerancia en un tema tan sensible, no todo será en vano. Será una batalla cultural. Y debería ser el compromiso que en la próxima legislatura, con premura y con celo, se apruebe la ley y se aplique. Es una de las materias pendientes, más lacerantes para nuestra sociedad y nuestro sistema político.

Ese sí hubiera sido un gran cambio para las mujeres, sobre todo para las mujeres más pobres y débiles y para toda una sociedad dispuesta a asumir sus conductas y terminar con una de sus hipocresías más evidentes.

Yo confieso que en esta reflexión tengo el peso agobiante de un recuerdo que nunca lograré borrar. La vez que acompañé a Carlos mi compañero de trabajo, casado con dos nenas, a recoger el cadáver de su esposa de veinte años en una ruinosa y tétrica "clínica abortera" de la Unión. En su modesta casita de Tres Ombúes había un gran retrato de la Virgen María. Yo estoy seguro que ella creía en la Virgen con mucha fe...

¡¡Olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta! - dice USA


En poco más de setenta días deberá dejar la Casa Blanca a quien fuera electo para presidir los EEUU durante los próximos años, Barack Obama, el primer afrodescendiente en alcanzar esa dignidad. El lunes, Bush y Obama hablarán sobre la crisis financiera actual, la guerra de Irak y el futuro del país. "Enfrentamos retos económicos que no van a esperar a que un nuevo presidente se establezca [en el puesto]", afirmó el mandatario saliente al fundamentar su pedido de colaboración a los funcionarios de su gobierno.
"Esta será también la primera transición presidencial norteamericana en cuatro décadas que se produce en tiempos de guerra -señaló Bush-. Estamos en lucha contra violentos extremistas decididos a atacarnos, a los que nada les gustaría más que explotar este período de cambio para dañar al pueblo norteamericano."

 Seguramente nadie haya dañado la buena fe, la capacidad de creer, el orgullo de ser norteamericano y el propio lugar de trabajo con todo lo que significa para el american way of life que el que se despide así de su larga, triste, fanática y miope presidencia sobre uno de los países más importantes del orbe...

El último acto de saqueo de Bush

No lo dejéis escapar impune: no se merece en la Historia otro lugar más que el del olvido...


Por Naomi Klein
Para LA NACION

En los días finales previos a las elecciones, muchos republicanos parecieron haber abandonado la lucha por el poder. Pero eso no significaba que estuvieran descansando. Si el lector quiere ver cómo trabajan realmente los republicanos, observe el vigor con el que asignan grandes porciones del paquete de rescate por 700.000 millones de dólares. En una reciente reunión de la Comisión de Finanzas del Senado, el republicano Bob Corker se hallaba consagrado a esa tarea con un plazo muy claro en su mente: el día de la asunción del nuevo presidente, el 21 de enero de 2009.

"¿Cuánto podrá haberse gastado para el 20 de enero, aproximadamente?", preguntó Corker a Neel Kashkari, el ex banquero de 35 años de edad a cargo del paquete de rescate.

Cuando los colonizadores europeos advertían que no tenían otra opción que entregarles el poder a los ciudadanos locales, solían dedicar su atención a despojar el tesoro local de su oro y a apropiarse del ganado y de los objetos valiosos. Si se ponían realmente desagradables - como los portugueses en Mozambique a mediados de la década del setenta - solían derramar concreto por los agujeros de los ascensores, para que no volvieran a funcionar. La pandilla de George W. Bush prefiere instrumentos burocráticos, subastas de "activos en problemas" y el "programa para comprar patrimonios netos". Pero no hay que equivocarse. El objetivo es el mismo que tenían los portugueses derrotados: un frenético saqueo final del erario antes de entregar las llaves de la caja fuerte. ¿De qué otra forma explicar las asombrosas decisiones que han gobernado la asignación del dinero del plan de rescate? Cuando el gobierno de Bush anunció que inyectaría 250.000 millones de dólares en bancos de Estados Unidos a cambio de patrimonios netos, el plan fue bautizado "nacionalización parcial", una medida extrema con el fin de que los bancos pudieran volver a prestar dinero.

Por cierto, no ha existido nacionalización alguna, ni parcial ni ínfima. Los contribuyentes no han adquirido control alguno de esos patrimonios. Los bancos están usando ese dinero de la manera en que lo desean (en bonificaciones, en fusiones, en ahorros). Y el gobierno se limita a rogar que esas instituciones usen parte de ese dinero para prestarlo. ¿Cuál es, entonces, el propósito real del paquete de rescate? Me temo que sea algo mucho más ambicioso que un regalo a las grandes empresas. Este paquete de rescate ha sido diseñado para continuar saqueando el Tesoro de los EE. UU. durante los años venideros. Hay que recordar que la principal preocupación entre los sectores más poderosos de la bolsa de valores -especialmente, los bancos- no es la falta de crédito, sino la baja en los precios de sus acciones. Los inversionistas han perdido toda confianza en la honestidad de los bancos, y por sobradas razones. Y ahí interviene el Departamento del Tesoro. Al comprar parte del paquete accionario en esas instituciones, el Tesoro está enviando una señal al mercado de que las acciones están seguras. ¿Por qué? Porque el gobierno no va a permitir que eso se derrumbe. Si esas compañías vuelven a estar en problemas, los inversionistas pueden presumir que el gobierno seguirá inyectando dinero (Basta ver lo ocurrido con AIG.) El verdadero propósito del plan de rescate es amarrar el interés público a las compañías privadas. El secretario del Tesoro Henry Paulson, está entregando a las empresas incluidas en el programa de adquisición de patrimonio neto -y la cifra puede alcanzar a millares- una implícita garantía del departamento a su cargo. Los inversores que buscan sitios seguros para depositar su dinero verán en esos acuerdos algo más tranquilizador que una evaluación triple A de Moody´s. Una garantía de ese tipo es inestimable. Pero para los bancos lo mejor es que el gobierno les está pagando, en algunos casos, miles de millones de dólares... para que acepten ese sello de garantía. En cambio, para los contribuyentes, el plan es muy riesgoso, y podría costar mucho más que la idea original de Paulson de comprar 700.000 millones de dólares en deudas tóxicas. Es de señalar que Fannie Mae y Freddie Mac disfrutaron de ese tipo de garantías silenciosas. Durante décadas, el mercado entendió eso, pues esas empresas privadas estaban vinculadas con el gobierno. El Tío Sam siempre sacaría las papas del fuego. De esa manera, mientras las ganancias eran privatizadas, los riesgos eran socializados. Pero el implícito apoyo del gobierno creó poderosos incentivos para inversiones insensatas.

Ahora, con el nuevo programa de rescate, Paulson ha tomado el desacreditado modelo de Fannie y Freddie y lo ha aplicado a un amplio sector de la industria bancaria privada. Y una vez más, no hay razón alguna para que los bancos se abstengan de inversiones riesgosas, pues el Departamento del Tesoro no les ha exigido que cedieran sus instrumentos financieros de alto riesgo a cambio de los dólares del contribuyente... Para alentar aún más la confianza, el gobierno federal ha ofrecido garantías ilimitadas a muchas cuentas de depósitos bancarios. Y, además, el Departamento del Tesoro ha estado alentando a los bancos a fusionarse. De esa manera, las instituciones que queden en pie serán "demasiado grandes para dejarlas caer".

Tal vez ésta sea la innovación más creativa de Bush: un capitalismo sin riesgo alguno.

Pero existe un rayo de esperanza. En respuesta a la pregunta del senador Corker, el Departamento del Tesoro está teniendo problemas para diseminar los fondos del plan de rescate. Ha exigido hasta ahora 350.000 millones de dólares de los 700.000 millones de dólares. Pero la mayor parte de ese dinero no ha sido asignado. Entre tanto, con cada día que pasa se hace más claro que el plan de rescate fue "vendido" con falsas premisas. Nunca se intentó que continuara el flujo de préstamos. La idea era convertir al Estado en una gigantesca aseguradora de Wall Street, una red de protección para las personas que menos lo necesitan a expensas del dinero del pueblo, que más lo necesita. Y esa grotesca duplicidad ofrece una oportunidad. Barack Obama, el ganador de las elecciones del martes último, tendrá una enorme autoridad moral. Y esa autoridad puede ser usada para congelar los fondos del plan de rescate, no después de asumir el cargo, sino ahora. Todos los acuerdos deben ser renegociados de inmediato, esta vez otorgando al público las garantías.

Es riesgoso, por supuesto, interrumpir el plan de rescate. Al mercado no le va a gustar. Pero no hay nada tan riesgoso como permitir a la pandilla de Bush que haga este regalo final a las grandes corporaciones. Un regalo que podría continuar durante los años venideros. 

Luis Ayala, profesor de Economía Aplicada y uno de los autores del VI Informe FOESSA:

 "Algo falla cuando después de un período prolongado de crecimiento económico las cifras de pobreza apenas han cambiado".


Guerreros de la Edad de Bronce


Soledad Platero

A PESAR DE LAS numerosas fuentes que la mencionan, la Guerra de Troya -ésa en la que el pelida Aquiles se enfureció causando con su cólera infinitos males a los aqueos- no es un episodio probado. Mientras algunos historiadores asumen como verdadero el nudo de la historia homérica, otros insisten en que la famosa Guerra de Troya no tuvo lugar. Barry Strauss decide pasar por encima de esa discusión y asumir que, al día de hoy, hay indicios suficientes como para aceptar como posibles los hechos recogidos por la tradición, y que, si no está probado cómo fue, sí se puede hablar de cómo pudo haber sido. Para eso acude constantemente a analogías, se apoya en episodios conocidos de otras guerras, remite a cultos y costumbres de pueblos vecinos y redondea la ilusión de que, a falta de pruebas en contrario, las cosas bien pudieron haber sido como él las cuenta.

aqueos y troyanos. El comienzo de lo que se conoce como historia de la Grecia Antigua puede datarse aproximadamente en el año 776 a.c., fecha en que se celebraron los primeros Juegos Olímpicos. Los hechos anteriores, por lo tanto, se ubicarían en la prehistoria. La guerra entre aqueos y troyanos pudo haber tenido lugar, según señala Strauss, entre 1210 y 1180 a.c., período que coincide con el fin del esplendor del Imperio Hitita, así como con las referencias a los ataques a Egipto por parte de los llamados Pueblos del Mar (luego llegados a Palestina, en donde serían conocidos como Filisteos). Es la época del Imperio Nuevo en Egipto y de las últimas luces de civilizaciones espléndidas como la micénica y la asiria. La destrucción de Ugarit (ciudad portuaria al norte de la actual Siria) y de los palacios de las ciudades más importantes de la Grecia continental (Pilos, Tirinto, Atenas y Micenas) pueden ubicarse alrededor del 1180 a.c.

Troya de amplias calles. Entre 1150 y 750 a.c. transcurre lo que se conoce como la Edad Oscura (el nombre se debe sobre todo a la escasez de documentos y restos arqueológicos de ese período), que acaba en el llamado Renacimiento griego de entre el 800 y 700 a.c. El origen del alfabeto griego se puede datar alrededor del 750 a.c, y suele pensarse que Homero (personaje cuya existencia tampoco está probada) pudo haber vivido en el siglo VIII a.c. La Ilíada y la Odisea alcanzaron la forma escrita recién entre el 560 y 527 a.c., en Atenas. Sin embargo, existen otros textos en los que se hace referencia a los hechos de la Guerra de Troya, y que integran, junto con la obra homérica, lo que se conoce como el ciclo épico (entre ellos, las Ciprias, la Etiópida, la Pequeña Ilíada, la Iliupersis, el poema "Nostoi" y la Telegonía). También la Eneida, escrita en latín por Virgilio en el año I a.c., retoma (y reescribe) el fin de la guerra y la supervivencia de Eneas, príncipe troyano y fundador literario del Imperio Romano.

Como en la mayoría de los relatos importantes, todo empieza con una traición. La larga Guerra de Troya, en la que murieron incontables aqueos y se destruyó una de las más prósperas ciudades de la edad del bronce, comenzó cuando Menelao, rey de Esparta, decidió recuperar lo que Paris, príncipe de Troya, le había robado. El joven Paris había sido sobornado por Afrodita, que le prometió entregarle a la mujer más hermosa del mundo a cambio de la manzana de oro que la consagraría como la más bella de las diosas. Claro que la mujer más hermosa del mundo estaba casada con Menelao, pero ese detalle no iba a impedir que una diosa como Afrodita cumpliera su promesa. Paris estaba disfrutando de la hospitalidad del rey de Esparta cuando éste debió salir de la ciudad para asistir a un funeral en Creta. La ocasión fue aprovechada por el troyano, que escapó llevándose a Helena y al rico tesoro que había constituido su dote. No demoró mucho Menelao en enterarse de la cosa -se cuenta que la propia Iris, mensajera de los dioses, corrió a darle la noticia- ni en pedir ayuda a los demás reyes aqueos para castigar al raptor y recobrar el botín. Según Homero, la guerra duró diez años y movilizó a una flota de casi dos mil barcos griegos y a ejércitos de al menos cien mil hombres por cada bando, además de involucrar a casi todo el plantel del Olimpo, empezando por Afrodita, que se sabía responsable del comienzo de las hostilidades.

Prodigios y vértigos de la analogía. El libro de Barry Strauss se suma a una enorme cantidad de textos, más o menos académicos, que se ocupan de la Edad de Bronce y de la reconstrucción de los hechos sobre la base de documentos arqueológicos y a su contraste con la mitología y con los numerosos relatos recogidos por la tradición literaria. El resultado es entretenido, pero no deja de llamar la atención la forma en que Strauss rellena los huecos y facilita la comprensión de las cosas para un público lector en cuya sagacidad no parece confiar mucho. En la página 140 se hace referencia a un pasaje de la Odisea para introducir el problema del asalto a las murallas de Troya -tan inexpugnables que a pesar de los diez años de asedio sólo pudieron ser traspasadas mediante la infame treta del caballo-. Strauss dice que si los aqueos hubiesen contado con un manual de combate, habrían sabido que debían emplear alguna estrategia para llegar a las murallas, "algo así como un asalto nocturno por sorpresa", por ejemplo. Y luego usa su truco favorito: "Dos antiguos gobernantes hititas, Pithana y su hijo Anitta (siglo XVIII a.c.), tomaron cada uno una ciudad enemiga por la noche". Es decir: dos gobernantes hititas que vivieron seis siglos antes que Agamenón, Héctor y demás, tomaron dos ciudades por la noche. Podríamos suponer que además de Pithana y Anitta hubo, en la historia de Oriente y Occidente, varias docenas de generales y capitanes que hicieron lo mismo. Sin embargo, Strauss usa la analogía como una forma de probar sus dichos, y prefiere, razonablemente, remitir a hechos probados y más o menos prestigiosos. Más adelante afirma que Andrómaca, esposa de Héctor, aconsejaba a su marido en materia militar, y vuelve a la carga: "Si esto parece como si Josefina le dijese a Napoleón cómo invadir Rusia, puede sumarse a las pruebas de la relativa libertad de las mujeres troyanas". Qué duda cabe.

Otras afirmaciones semejantes se usan para indicar que los griegos micénicos no usaban la escritura: "Por tanto, es tan probable que un wanax como Agamenón conociese el Lineal B como que la reina Victoria de Inglaterra supiese taquigrafía" (p. 78). Aunque tal vez la más osada -y la más enigmática- de las comparaciones se refiere al amor entre Paris y Helena: "[Paris] podía ser un bellaco, pero no un títere; pretendía utilizar a Helena para tomar posiciones en la Casa Real troyana [pero Helena] también lo estaba utilizando a él, así que la pareja adúltera guardaba menos relación con Romeo y Julieta que con Juan y Eva Perón". (p.57).

A pesar del perverso mecanismo de validación de sus afirmaciones, el libro de Strauss (que es profesor de Historia y Cultura clásica en Cornell) consigue el objetivo de interesar al lector no especializado en temas históricos, y da una idea bastante clara de cómo era el mundo griego y anatolio en esos años anteriores a la escritura. Es un texto de divulgación, y no se diferencia mucho de esos programas especiales del History Channel o el Discovery Channel que reconstruyen hechos o fenómenos inciertos bajo la premisa de "pudo haber sucedido así". Para los que quieran literatura, sigue siendo preferible Homero.

LA GUERRA DE TROYA, de Barry Strauss. Edhasa, Barcelona, 2008. Distribuye Océano. 382 págs. 

Giró capoeira: danza, juego. Una obra en movimiento

Estreno Domingo 2/11
Domingos de Noviembre 19 hs
Espacio Urbano
Acevedo 460, Capital
4854-2257
Localidades $ 15 estudiantes y jubilados $10



Sobre la obra

La capoeira es nuestro punto de partida, cerca o lejos marca el rumbo de nuestro trabajo. Sin salirnos, damos una vuelta al sentido. Desde juegos, luchas y danzas exploramos la atracción, la violencia, la picardía y la malicia.
Vamos por los bordes, giramos en nuevos lugares y creamos nuestro propio decir. Giró Capoeira es algo más que capoeira, a la vez es capoeira. Giró Capoeira es el círculo que sigue girando.

Sobre los intérpretes
Esteban Arrué es actor y forma parte del taller de Capoeira e Improvisación del Centro La Paternal desde 2007.
Ivana Carapezza es actriz y forma parte del taller de Capoeira e Improvisación del Centro La Paternal desde 2006.
Bárbara Fernandez es bailarina de danzas africanas y afroamericanas. Entrena capoeira desde el 2000. Forma parte del taller de Capoeira e Improvisación del Centro La Paternal desde 2006.
Germán Gallegos es actor. Entrena capoeira desde 2001. Actualmente forma parte del grupo de Capoeira Angoleiro Sim Sinhó / Argentina.
Dinah Schonhaut es bailarina y periodista. Entrena capoeira desde 2003. Forma parte del grupo de Capoeira Angoleiro Sim Sinhó / Argentina.
Guy Barel es bailarín y kinesiólogo dedicado al trabajo corporal. Entrena capoeira desde 2000.
Laura Soruco Soloaga cursa la Licenciatura y el Profesorado de Expresión Corporal en el IUNA.
María Pia Rillo es actriz e interprete en danza teatro. Docente de Expresión Corporal y de Entrenamiento Corporal para el Actor (IUNA). Entrena capoeira desde 1986. Actualmente forma parte del grupo de Capoeira Angoleiro Sim Sinhó / Argentina. Dirige el taller de Capoeira e Improvisación del Centro La Paternal desde 2004.

Más información http://girocapoeira.blogspot.com

El fin de la arrogancia


 Hace ocho años, cuando la Corte Suprema de Justicia seleccionó a George W. Bush presidente de los Estados Unidos al darle así la espalda al resultado de las elecciones populares, en las que había triunfado Al Gore, el superávit del país era de 559.000 millones de dólares. Quienquiera que gane las elecciones del próximo martes, deberá remontar una realidad opuesta: afrontará una deuda de casi 400.000 millones, más una guerra sin fin, la mayor crisis financiera de la historia y los valores morales en jaque por las leyes patrióticas que atropellan derechos constitucionales y por decisiones ejecutivas que justifican la tortura.

Barack Obama, probable ganador del martes, ha declarado que la verdadera pregunta en esta elección no es si el pueblo norteamericano está mejor de lo que estaba cuando asumió Bush, sino si lo estará dentro de cuatro años cuando el nuevo presidente termine su mandato. Su promesa de cambio se ha sostenido con el lema "Sí, podemos", pero acaso cuando llegue a la Casa Blanca descubrirá que se puede poco y nada. No hay dinero para proporcionar cobertura médica, educación y asistencia social ni para crear la infraestructura que la industria y el comercio necesitan desesperadamente ni para desarrollar energías sustentables. No hay cómo pagar eso. Es posible que el presupuesto de 80.000 millones con el que pensaba sostener su programa de salud para todos los niños ya se haya evaporado en el rescate de una sola de las compañías en peligro, la aseguradora AIG.

Si el electorado confía en él es porque Obama ha demostrado que tiene talento e imaginación para derribar todos los pronósticos. En sólo cuatro años emergió de la nada, ganó las primarias de su partido enfrentando a una Hillary Clinton que parecía invencible y va en camino de convertirse en el primer presidente negro de un país donde hace apenas medio siglo no se permitía a los negros de algunas regiones del sur compartir con los blancos los ómnibus urbanos ni los baños públicos. Un político que ha sido capaz de llegar tan lejos con tanto viento en contra bien podría -suponen los votantes- rescatar a los Estados Unidos de su horizonte de cenizas.

En el círculo de las finanzas norteamericanas se habla de un invierno nuclear en el que nada crece. Durante septiembre, se esfumaron 160.000 empleos y Chrysler acaba de anunciar otros 2000 despidos. Los precios de las casas bajaron el 16,6 por ciento en promedio, con extremos del 31 por ciento en Las Vegas, y del 25 por ciento en Miami, en Los Angeles y en San Francisco. Cientos de miles de millones volaron en el casino alegre de Wall Street al llevarse buena parte de los ahorros jubilatorios.

Si el precio de la gasolina cayó a la mitad, no sucede lo mismo con los alimentos. Se venden menos remedios en las farmacias, y ésa es otra luz de alarma. Las ejecuciones inmobiliarias siguen, porque toda la ayuda del Estado se orienta a las instituciones bancarias y financieras que tambalean, no a los propietarios que ya no consiguen pagar las cuotas de las hipotecas.

Antes de la catástrofe, los norteamericanos medios recibían unas cinco ofertas diarias de tarjetas de crédito en sus buzones de correo, y algunas menos en sus direcciones de e-mail. Ahora, desde que los usuarios se han atrasado en los pagos y no pueden hacer frente a las deudas multiplicadas por los intereses de vértigo, las ofertas desaparecen. En su lugar, llegan cartas que informan sobre recortes drásticos en los límites del crédito.

Por ardua y veloz que sea la caída, es un despropósito comparar esta crisis con la de 1929 y pensar que la solución de aquellos años podría aplicarse ahora. Franklin D. Roosevelt puso en marcha el New Deal con el producto bruto interno reducido en la tercera parte. Este año, al contrario, el PBI creció hasta que se vieron hacia junio o julio las primeras señales de una caídaque comenzó con la venta de papeles sobre créditos inmobiliarios sin respaldo. Durante la Gran Depresión el desempleo afectó a la cuarta parte de los trabajadores; con el desgobierno de Bush aumentó, pero no pasa del 6,1 por ciento hasta la fecha.

Los Estados Unidos no son ya los mismos. Si algo queda del Estado benefactor de Roosevelt hay que buscarlo ahora en la socialdemocracia europea, con su mayor regulación, su seguridad social y sus impuestos altos. Y aun allí los gobiernos debieron salir al rescate de sus sistemas financieros. Porque tampoco el mundo es el mismo.

Ha llegado "el fin de la arrogancia", como señalaba en uno de sus titulares la revista alemana Der Spiegel. La caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética dejaron al capitalismo occidental y a su mayor potencia militar, los Estados Unidos en el lugar de máxima influencia. "Durante cincuenta años -observó Eric Hobsbawm-, tuvimos la suerte de que dos imperios se controlaran mutuamente. Era más agradable vivir en uno que vivir en el otro, pero se mantenían a raya entre sí. Que uno de los conquistadores del mundo desapareciera enfermaba al otro de megalomanía: ésa es una especie de enfermedad laboral en los imperios que no ven límites en su poder militar. El mundo es un lugar demasiado complicado para que lo maneje una sola mano desde Washington." Naomi Klein habla del "capitalismo del desastre" y retrata la gestión de Bush que, sin los atentados del 11 de septiembre de 2001, acaso hubiera durado la mitad: "Bush aprovechó la oportunidad generada por el miedo a los ataques para lanzar la guerra contra el terrorismo, pero también para garantizar el desarrollo de una industria exclusivamente dedicada a los beneficios". Klein define el modelo como corporativista y describe sus características: "Una gran transferencia de riqueza pública hacia la propiedad privada a menudo acompañada por un creciente endeudamiento, el incremento de las distancias entre los inmensamente ricos y los pobres descartables y un nacionalismo agresivo que justifica un cheque en blanco en gastos de defensa y seguridad".

Entre las encuestas electorales que en general dan a Obama una ventaja de más de siete puntos sobre el candidato republicano John McCain, se filtró esta semana una de Conference Board que revela una caída abismal en el índice de confianza del consumidor: del 61,4 por ciento en septiembre al 38 por ciento en octubre. La mitad de los consultados piensa que el mercado de trabajo y la capacidad de compra se desbarrancarán.

Aunque el racismo emerge como elemento de decisión de voto -uno de cada tres norteamericanos conoce a alguien que no votará a Obama por ser negro- y dos neonazis planificaban un atentado en su contra, al candidato demócrata se le ha simplificado el tramo final de la campaña. "McCain quiere darles más a los millonarios y a las grandes corporaciones, mientras espera que la prosperidad se derrame sobre el resto", ha dicho. Ocho de cada diez norteamericanos creen que el país de Bush avanza en la dirección equivocada.

McCain en cambio se queja de que su mensaje no llega a la gente con claridad. Desde el comienzo de la crisis propone nuevas regulaciones para el sistema financiero y habla pestes del salario de los ejecutivos que causaron el desastre, pero esas palabras son más creíbles en boca de su adversario, que meses antes de las primeras luces rojas ya proponía reestructurar las normas que rigen a las entidades crediticias y de inversión al exigir la supervisión federal y el derecho de los accionistas a decidir el sueldo de los ejecutivos.

Obama dijo en uno de sus últimos actos proselitistas: "En una semana, podemos dar vuelta la página y dejar atrás las políticas que pusieron la avaricia y la irresponsabilidad de Wall Street por delante del trabajo duro y los sacrificios de gente como ustedes".

Setenta y siete días después de este 4 de noviembre, acaso le toque a él ver si puede dar vuelta la página y crear un marco financiero factible para el siglo XXI, restaurar los valores republicanos perdidos, respetar la autodeterminación de los pueblos y encontrar un papel para los Estados Unidos que no sea el de guardián decadente del mundo.

Tomás Eloy Martínez 

Mil fotos rescatadas del olvido

Con este título, el diario montevideano El Pais, en el marco de sus noventa años de labor periodística, lanzó una colección de nueve volúmenes de fotos y textos incidentales -uno por década- cuyo último volumen salió ayer a la venta.

Y en esa última tapa, que recuerda el último día del conventillo Medio Mundo en Cuareim 1080, trae, confundida entre el gentío que danza su pesar por el cierre y demolición de su casa, la figura de Luis Eduardo "Pocholo" Albín. Sobrino del mítico "Pirulo" Albín -estrella impar de los carnavales y llamadas sólo alcanzada de lejos por otros eximios bailarines como Zulú o Piel Canela, "Pocholo" fue mi jefe en 1980/81 en el Ministerio del Interior. Un excelente jefe, además, que se preocupaba por el bienestar de sus subordinados en aquel ambiente militarizado de entonces. Mi pasaje por esa secretaría de Estado fue breve -un policía lo es veinticuatro horas del día durante los trescientos sesenta y cinco días del año- por incompatibilidad (?) con el sacerdocio afroumbandista. Lo descubrió y enfatizó un director interventor de administración que para ayudarme a razonarlo me tuvo un mes arrestado a rigor en el cuartel de Bomberos. El nombre de ese celoso funcionario militar lo eché al olvido. No así el del Comisario Albín, Luis Eduardo "Pocholo", ni su figura cachafaz que se exhibe en medio del candombe del fin del Medio Mundo, festejando como un negro más olvidado de ser policía. Es que los seres que son buenos nunca se olvidan; es imposible olvidar la generosa solidaridad que uno ha recibido a lo largo de la vida sin agradecerla, aún en los más pequeños gestos.
Nunca más me he cruzado con él y supongo que esté jubilado, viajando al carnaval carioca cada año como era su costumbre. Pero allí donde se encuentre, quiero que sepa que desde la portada de este fascículo de El País me ha regalado el inmejorable recuerdo de su don de gentes, ese que los negros de mi tierra hacen gala de tener de sobra.