Rayo de luz en medio de la oscuridad


Tranca-ruas

El señor que me acompaña, el que va conmigo pero delante de mí, el que el 1 de noviembre de 1977 se instaló en un asiento de piedra e hierro junto a la Rainha das Almas, el amigo, el confidente, el camarada... El que me cuida y nos cuida, el que nunca ha negado su mano generosa y ha enseñado -y enseña- a conducirse en un mundo donde parece haberse perdido el equilibrio de valores...
El que es tan sencillo que parece grande, y tan grande que resulta ser sencillo de entender y querer.
El que siempre tiene tiempo de escuchar y cosas para decir; el que cada día me sorprende con un nuevo regalo como muestra de su incondicional apoyo -siempre y cuando siga las reglas que le marcara la Rainha da Praia que le ubicó en su lugar-
El que hace del respeto a toda forma de vida o existencia su credo; el que danza y canta con el corazón; el que se comunica con una simple mirada, el que me muestra la cara escondida de la Luna y el diamante que se esconde en cada trozo de carbón...
El que recibe con alegría y despide con tristeza; el que hace amigos sin solicitar nada a cambio, el que hace del don un presente cotidiano...
¡Ese es mi compadre!
Es a quien agradezco lo poco o mucho que fui, lo que soy o lo que podría llegar a ser porque sin su apoyo y ayuda nunca sería yo mismo...
Mi amigo, camarada, compadre, compañero: gracias por estar a mi lado. Gracias por enseñarme hasta a través de las malas experiencias, por darme la mano y ayudarme a levantar cada vez que hube caído. Gracias por darme la oportunidad de recibirte y hacer a través de mis simples medios tu trabajo de titán.

Tranca-ruas nas Sete Porteiras das Almas: aunque sólo seas el Mayordomo de mi Rey, te rindo mi más absoluto reconocimiento. Que Sòngó premie eternamente tu fidelidad y trabajo.