Los primeros 70 años de El Señor de los Anillos "Ringo" Starr, O.B.E.

ALEXANDER LALUZ  para El Pais

-"Cuando tenía 13 años sólo quería ser baterista"- cuenta Ringo. A los setenta cumplidos ayer y con la herencia Beatle a cuestas, tiene toda la certeza (y las pruebas) de que su sueño juvenil está sobradamente logrado, incluso para batir algún récord.

Ringo Starr (Richard Starkey) es, como lo han anotado varios meticulosos coleccionistas de fechas célebres, el primero de los héroes de los sesenta en llegar al cumpleaños número setenta. Parece un juego de palabras y números, pero así es. Paul McCartney cumplió 68 el viernes 18 de junio y John Lennon cumpliría los 70 en octubre. Fuera de las tiendas beatleras, Dylan es el que está más cerca: tiene desde el 24 de mayo, 69. Y Jagger llegará a los 67 el próximo lunes 26.

Estas cuentas igualmente a Ringo no parecen afectarle mucho. En su cabeza -le confesó recientemente al New York Times- todavía tiene 24. No es pose de "veterano reciclado en adolescente", sino un veterano con todas las de la ley que no tiene prurito de esconder sus energías musicales: sigue -lo ha dicho incontables veces- con las mismas ganas de tocar y componer que antes; tiene un disco recién salido del horno, I not (en el que también colabora McCartney); con este material está de gira por los Estados Unidos comandando la All Starr Band. Vaya menú de cumpleaños.

La fiesta fue en un clásico de la esquina de Broadway y la Séptima Avenida: el Hard Rock Café de Time Square, Nueva York. Pero los homenajes no quedaron en esa conocida sucursal, sino que todos los "boliches" de la cadena mundial se anotaron cada uno a su modo para celebrar el cumpleaños histórico. Y si alguien se perdió alguna de esas fiestas, la alternativa de celebrar con Ringo está en el Museo Metropolitano de la Gran Manzana, donde se está exhibiendo uno de sus tambores. Vale la pena.

El Señor de los anillos

Ringo era y es un tipo discreto, aunque muchos vean lo contrario en la forma que luce su barba o los anillos. Incluso no parece dar con la "pinta" de una estrella descollante del mercado roquero o de las vidrieras de Hollywood. Pero lo es y con el mérito de haber sido una pieza clave para el sonido de Los Beatles.
La vitalidad que hoy demuestra tiene quizás su explicación en una sufrida primera infancia, durante la que pasó mucho tiempo en los hospitales de Liverpool a causa de una peritonitis o de una recurrente pleuresía. Una vida sin vida, que al revertir su signo oscuro quedó iluminada por el oficio de hacer de los sonidos un medio para el descubrimiento: el cambio, en una década que lo reclamaba a gritos.

En enero de este año, este caballero de la Orden del Imperio Británico, baterista, compositor (no hay que olvidar piezas como Octopus`s garden, Don`t pass me by, With a little help from my friends) y vegetariano militante, reunió el material grabado en el estudio y lanzó I not. Para este disco había convocado al veterano Joey Walsh, a Joss Stone y a Paul McCartney. Con su ex compañero de la beatlemanía grabó la canción Peace dream, en la que sobrevuelan Lennon y George Harrison, así como toda la mística en torno a la reivindicación de la paz como valor supremo. Así firmaba, meses antes de este cumpleaños número 70, el manifiesto de su convencida vocación musical. Y ahora después de la fiesta, los homenajes, sigue con ella lo más campante...