Como muchos sabrán, la Carbonería fue lo que podríamos llamar una "sociedad secreta" italiana fundada en Nápoles a principios del siglo XIX con objetivos meramente políticos, apoyándose en valores patrióticos y liberales.
Lo que aquí nos interesa realmente no es esta asociación política, más allá de la importancia de sus logros en el terreno político-social y por eso mismo contingentes, o la relevancia de los personajes que formaron parte de ella como el mismísimo Giuseppe Garibaldi, sino la naturaleza de la organización que la precedió, puesto que se trataría de una verdadera organización iniciática tradicional que más tarde, con el devenir cíclico terminaría cayendo en una completa degeneración.

"Parece que el antepasado del carbonarismo -nos informa el historiador de las religiones Serge Hutin- fue una sociedad completamente inofensiva: los Leñadores o Carboneros. Era una especie de Compagnonnage, que agrupaba, como su nombre lo indica, a los leñadores y otros trabajadores de los bosques, pero que admitía en su seno a hombres de todas las clases de la sociedad. Esta "Masonería forestal" cuyos lugares de reunión o talleres eran de preferencia al aire libre, daba lugar a ritos de iniciación, a signos y santo y seña, etc. Esa Sociedad cultivaba la beneficencia mutua, y también la diversión, la franca alegría."[1]
Si analizamos la precedencia de los oficios entre albañiles y carpinteros, de acuerdo a su antigüedad respectiva podemos observar, siguiendo las palabras de René Guénon que "las construcciones de manera muy general, fueron de madera antes de ser de piedra y ello es lo que explica que, en la India especialmente, no se encuentra ninguna huella de las que remontan más allá de cierta época. Tales edificios eran evidentemente menos duraderos que los construidos en piedra; también el empleo de la madera corresponde entre los pueblos sedentarios a un estadio de menor fijeza que el de la piedra, o si se quiere a un menor grado de "solidificación", lo que está muy de acuerdo con el hecho de relacionarse con una etapa anterior en el curso del proceso cíclico."[2]

Desde este punto de vista, podemos deducir que el trabajo del leñador es incluso anterior al de carpintero, y de ellos procederían los carbonarios, porque es evidente que en los bosques se ha comenzado por hachar leña antes de fabricar carbón con ésta.

Es interesante señalar a propósito de esto que Jean Palou sugiere que "entre los leñadores podemos encontrar uno de los posibles orígenes del escotismo" o, en otras palabras, los grados filosóficos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de la Masonería Especulativa.

De acuerdo a un relato tradicional, el rey Francisco I sorprendió una noche en el bosque de Fontainebleau una "venta" (reunión) de los "buenos primos carboneros" (así es cómo se llamaban entre sí) y que se sentó involuntariamente sobre el tronco del Padre Maestro (el lugar del presidente de la asamblea) Éste, volviéndose a sus "buenos primos" intimó al rey con la orden de abandonar el lugar ocupado abusivamente exclamando: "Charbonnier est Maître chez soi" (el carbonero es amo en su casa), fórmula acuñada luego como proverbio. Luego, el Padre Maestro, a pedido del propio rey, lo habría iniciado en los ritos de los carboneros. Esto explicaría por qué el rey hizo promulgar cierto número de ordenanzas favorables a los habitantes de los bosques.[3]
Por haber sido evidentemente una iniciación de oficio, la presencia del Rey parece confirmar que se trataría de una iniciación Kshatriya propiamente dicha, con todo lo que esto implica.

A continuación transcribo un pequeño fragmento más que sugerente de un antiguo "Ritual de los Buenos Compañeros Leñadores de la Selva de la Reunión de Maçon"[4] que data de 1751, época en la que, como podemos suponer, aún se conservaban vestigios claramente reconocibles de su carácter iniciático.


P.: ¿Adónde habéis sido elevado?
R.: A la sala de honor del buen compañero leñador.
P.:¿Cuál es la causa por la que habéis sido elevado a maestro?
R.: Es el pan y el vino de la hospitalidad que fue ofrecido el día de mi aceptación como maestro en la Sala de Honor del buen compañero leñador.
P.: ¿Dónde está vuestro padre?
R.: Se elevan los ojos al cielo.
P.: ¿Dónde está vuestra madre?
R.: Se bajan los ojos a la tierra.

¿No hay algo que resulta inevitablemente familiar en todo esto? Notemos que se encuentra implícita en los movimientos rituales la conocida expresión "el cielo es su padre, la tierra es su madre". A este propósito, René Guénon nos confirma que "tal es la fórmula iniciática, siempre idéntica a sí misma en las circunstancias más diversas de tiempo y lugar".[5]

[1] Serge Hutin, Las Sociedades Secretas.
[2] René Guénon,
Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo II
[3] Jean Palou,
La Francmasonería
[4] Éste ritual se encuentra en su totalidad en Jean Palou,
La Francmasonería.
[5] René Guénon,
La Gran Tríada.

Extraído de "Escuadra y Compás"