Yo quiero ser... ¡bataclana!

Un inteligente artículo -como todos- de la socióloga Laura Etcharren.

Fernández, Boudou y el éxtasis de la pantalla chica.

Como si no tuviesen nada que hacer, Aníbal que es Fernández y Amado que es Boudou, van a la televisión para participar de programas más bien humorísticos.
Seguramente porque se han dado cuenta que la comicidad gubernamental que integran tiene más que ver con Pettinato y Tognetti que con Mariano Grondona y Roberto García.
Porque ver al Jefe de Gabinete presenciar una “pelea” en un rin improvisado, entre un “pingüino” y el logo de Clarín, es asistir a la decadencia de la clase política argentina que después se queja o lamenta por ser caricaturizada en la ficticia Casa de Gran Cuñado que supo crear Marcelo, que es Tinelli.
O escuchar a Boudou explicar que su actual mujer es su compañera y no su novia, no es más que la politización berreta de una relación premeditadamente exhibida.
Ambos, Fernández y Boudou, interpretaron un papel lamentable. No por concurrir a “Un mundo perfecto” y a “Duro de domar”, sino por querer forzar una llegada a la gente que no tienen. Por lo menos, no en el contexto de dichos programas que tienden, conforme a las demandas del televidente, a banalizar y juguetear la triste realidad.
Ellos a esa barca no deberían subirse. Y cuando lo hacen, pierden aún más la poca credibilidad que tienen.
Es que así es nuestra sagrada televisión. Para amargarse con veracidad,ya están los periódicos y noticieros, en sus respectivos ámbitos. Está la cotidianeidad de la que somos testigos al observar, simplemente, nuestro brutal alrededor.
El espectador quiere ver a los políticos en el lugar que les corresponde. Que no es precisamente la TV en su formato cómico, morboso, bizarro y laberíntico. En realidad, a este tipo de programas tampoco les conviene llevarlos, ya que como dicen en la cancha “estos muchachos no garpan”. Es decir, no dan el rating esperado. Ni siquiera se los consume por curiosidad.
Sucede que para el televidente agudo es más relevante lo que piensa Jacobo Winograd sobre la sexualidad de Ricardo Fort que las cuestiones románticas de Amado.
(Aunque sobre inclinaciones sexuales le podemos preguntar a Evo. El Presidente de Bolivia que ahora dice que la homosexualidad es un problema de pollos. Con lo cual podría reunirse con Cristina para ver qué receta sale con el pollo de la homosexualidad y el cerdo de la líbido.)
Sí importa el cruce de Aníbal y Amalia.
Una “nena de utilería” que logró trascender el rótulo cuando se puso la camiseta del pueblo y enfrentó a Fernández en una crisis de representación que ciertamente se extiende.
La novedad no es la reacción de Fernández, puesto que todos sabemos que la palabra NO es la primera en su lista. De profesión, negador.
En la Argentina de Hamlet todo es al revés. No es como en las crisis conyugales del “No sos vos, soy yo”. Aquí es: “Son ustedes, no nosotros”.
Así y todo, de toda esta historia que nos ocupa, lo que merece una celebración, es que Granata tiene conceptos en su cabeza que van más allá del Ogro “soy fiestero” Fabbiani.
En cambio, lo que merece un replanteo y que se lo debemos a la televisión criticada por el séquito acartonado de intelectuales, es que los políticos replegados en su ocio ahora son las nuevas “bataclanas” del show argentino.


Publicado por Laura Etcharren en "Informes de medios"