Aniversario

Un día como éste 27 de setiembre, de 1976, era "asentado" -instalado ritualmente en su conjunto de representaciones simbólicas que hacen las veces de "doble" de la matriz energética- el orisha que me cuida, la individuada y única porción de Fuego más Agua, Aire y Tierra que responde públicamente como Sòngó Bàáyín. Es el primer año que no celebro esta fecha -"data" en la costumbre afrobrasileña- con un toque, porque por razones de reubicación de este àse se está fundamentando un nuevo espacio sagrado y hemos corrido la obligación anual para la segunda semana del mes próximo. Pero es sin duda un día de alegría y agradecimiento a la divinidad que no sólo me rige sino que ha podido conformar un grupo no demasiado extenso pero sí calificado de sacerdotes y sacerdotisas poseedores de un estilo propio y diferente basado en el estudio, la práctica de las redes comunitarias y la devoción desprovista de tabúes faltos de sentido y ahítos de superstición heredados de generaciones que respondían a necesidades de otros tiempos.
Creo firmemente que aún en este Siglo XXI los orisha, como parte individualizadora y religante de la cultura humana integral pero según uno de los modelos afrobrasileños (el del llamado batuque) son absolutamente relevantes y necesarios. Modelos de existencia y comportamiento, símbolos de esos claroscuros que toda mente humana hereda desde su llegada a este plano, personificaciones de los elementos naturales en interacción y dramatizaciones del complejo ceremonial de las sociedades yorubá, se presentan hoy como siempre con una carga de emotividad que renueva la esperanza del hombre de trascender su existencia en comunión constante con lo divino.

También y no menos importante para mí, este día es la "data" de la orisha Yemoja Abíké de una de las sacerdotisas a quienes más admiro, respeto y quiero: María del Carmen Ciarlando, iyá Peggie, Ifáwunmi. A ella y a su comunidad en Florida, Buenos Aires, mi saludo respetuoso con los mejores augurios de éxito en cada una de las gestiones que viene realizando contra viento y marea pero -como nunca podría ser de otro modo- con el apoyo incondicional de aquellos que verdaderamente importan para nuestra cosmovisión: los orisha a quienes servimos con la mente y el corazón.

Que sea para ambas casas, este y todos, un día de felicidad y de renovación.