El pueblo de las tijeras


Terminó mi jornada y por una semana estaré ausente. Pero dejo en buenas manos a mis amables visitantes. He encargado de hacer los honores debidos a la hospitalidad a los africanos, bahianas y sertanejos de mi casa. Pueden estar tranquilos: pese a su carácter de "caceteiros" (bromistas pesados) son muy buena gente, trabajadora y servicial.
Los espíritus que pertenecen a estre segmento de trabajo -no son en propiedad una línea de umbanda, sino un equipo auxiliar- provienen de la clase trabajadora libre o liberada, son kilombolas, huídos y alforriados por su propia voluntad de ser a su aire, en comunión con la floresta y sus habitantes.
Los africanos, bahianas y sertanejos de mi casa son -aunque no lo crea- gente fina, de respeto. Adoran el vino y la cachaça, pero lo toman con mesura, porque la mayoría de las veces ya llegan a danzar en el terreiro con los ojos desorbitados y el andar errático de quien ha bebido por sí, por usted y por mí.

Puede confiarles un problema, lo resolverán en un abrir y cerrar de ojos a cambio de un charuto o una botella generosa al pie de un árbol plantado en su camino. Son amables, barullentos y excesivos, como toda gente humilde cuya única posesión es la alegría de vivir. Respeto enormemente a este pueblo bullanguero que si ve una hoguera se lanza como un sólo hombre a danzar entre las brasas. Así queman los problemas y el contaminante contacto de la urbe hostil. Conozca a estos devotos de la alegría, parientes cercanos de los eshus y pombogiras de las periferias; son sinceros -demasiado- irreverentes, bailarines y trabajadores. Arrancan piedras, cocos, hojas, troncos y lo que se les ponga a tiro; su misión es destrabar la senda para que los que vengan detrás caminen seguros.

Las fotos -espléndidas, generosas- son de la autoría del Dr. Alejandro Frigerio, hermano y amigo de la casa.

Me voy a Buenos Aires por unos días, a encontrarme con buenos amigos en casa de ìyá Peggie de Yemanjá y en la presentación de "Dueños de la Encrucijada", el libro/objeto de arte de Juan Batalla y Dany Barreto en el que otros amigos -los sutiles y los corpóreos- también han puesto su huella. Sean felices, vivan con dignidad y disfruten de un trago de buen vino en la botella del pueblo de las tijeras. Cadéia!