Ostendo vobis corpus meum

SAN GIOVANNI ROTONDO, Italia.- "¿Cómo me siento? Como si me estuviera muriendo, feliz, feliz". Como miles de otros peregrinos venidos de todas partes de Italia, y del resto del mundo, Maria Fiorentino estaba ayer eufórica.Después de más de dos horas de cola había logrado ver y venerar el cuerpo del padre Pío de Pietrelcina, o mejor dicho, de San Pío, que desde ayer se exhibe públicamente a los fieles en la cripta del Santuario de Santa María della Grazie, en esta ciudad.

A cuarenta años de su muerte, el fraile capuchino famoso por sus estigmas - muy cuestionado en un principio por el Vaticano pero considerado un santo en vida por la gente y finalmente canonizado por Juan Pablo II en 2002 - podía verse debajo de una urna de vidrio colocada sobre un relicario de más de dos metros de largo por dos metros y medio de ancho.Tras ser exhumado en medio de polémicas, - porque muchos creen que detrás de la decisión hubo una operación comercial - el padre Pío (1887-1968) cuyo cuerpo fue hallado misteriosamente en buenas condiciones, lucía irreal. Una máscara de silicona realizada por el prestigioso Museo de Cera Madame Tussaud, de Londres, reproducía el barbudo rostro del fraile. Su tradicional hábito de capuchino marrón y mitones y medias de lana con sandalias cubrían su cuerpo, dejado sin ningún retazo de piel al aire como si se tratara de un maniquí.

Detrás de un vidrio

Durante el rápido desfile de fieles alrededor de los restos del santo (100 cada quince minutos) el silencio era roto por el rezo del Ave María de un grupo de monjas, el ruido de los grupos que avanzaban y el molesto chasquido de los flashes de cámaras fotográficas y celulares. La gente que no podía tocar al santo protegido por la urna de vidrio, tras persignarse ante lo que parecía una estatua, le tiraba besos. Algunas mujeres después del beso, se golpeaban el pecho.Antes del comienzo de la "ostensión" del cuerpo de San Pío, unos 15.000 fieles venidos en micros especiales de todas partes de Italia asistieron a una misa que presidió el cardenal portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

"Conocer mejor al padre Pío, que se convirtió en el santo de la gente, reclama que de nuestra parte haya humildad para reconocer su misterio", dijo en su homilía el purpurado que también recordó los dones "sobrenaturales" del fraile.Para elevarlo al honor de los altares el Vaticano reconoció la existencia de dos milagros obtenidos gracias a la intercesión del padre Pío, que nació en 1887 en Pietralcina (Apulia) como Francesco Forgione. Aunque en San Giovanni Rotondo, un pueblo de 30.000 almas en medio de la nada al sudeste de Italia uno cae en la cuenta de que son muchos más los milagros atribuidos al sacerdote. Este fraile famoso por su mal carácter, que el mismo Juan XXIII en su momento consideró "un impostor" y otros detractores, "un loco" que se provocaba con ácido las estigmas en efecto, aquí es idolatrado.Otro gran milagro logrado por el fraile capuchino -el santo más popular de Italia-, fue la construcción de la Casa Sollievo della Sofferenza (Casa del Alivio del Sufrimiento), un hospital modelo famoso por haber descubierto el gen de la sordera.

Turismo religioso

Más allá de este gran orgullo, lo que los lugareños más le agradecen al padre Pío es haber dado vida a lo que se niegan a llamar "especulación comercial", sino que definen "turismo religioso". Se estima que a San Giovanni Rotondo, pueblo que queda a 40 kilómetros de Foggia en el cual el padre vivió la mayor parte de su vida y murió en 1968, peregrinan siete millones de personas por año.Hasta ahora hubo casi 800.000 reservas telefónicas de fieles que quieren llegar a venerar el santo, cuyo cuerpo será expuesto hasta fines de septiembre. Seguramente dejarán algo en las arcas de San Giovanni Rotondo. "Ojalá lo extiendan hasta fin de año, y que también venga Benedicto XVI", suspiró Daniela Strizzi, dueña de un quiosco, mientras mostraba en su celular la flamante foto del nuevo rostro-máscara del padre Pío, "el mejor santo del mundo".

Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia para LA NACION