Los despachantes del cielo: entre el llanto de Tammy Faye y el jet Gulfstream de Benny Hinn


Un hecho es indudable: crea uno o no en los predicamentos de la Teología de la Prosperidad, los cierto es que sus predicadores se han hecho groseramente prósperos.

Creflo Augustus Dollar, Jr., un ex terapeuta especializado en psicodrama, hoy pastor televangelista, fundador de The Christian World Changers Ministries (el título puede significar tanto "cambiadores del mundo" como "cambistas del mundo") es dueño de dos Rolls-Royce, tres jets, una mansión en Georgia y un departamento en Manhattan.

Joyce Meyer, una autora y televangelista cuyos programas se emiten en más de 150 países, admite ingresos cercanos a los 100 millones de dólares anuales, tiene propiedades en todo el mundo y no se mueve sin su jet.

Toufik Benedictus "Benny" Hinn, hijo de un palestino y una armenia, fundador de la World Healing Center Church and Benny Hinn Ministries, presume de curar a los enfermos y es conocido por no escatimar en sus extravagancias. En diciembre de 2006, por ejemplo, pidió a sus miles de adeptos contribuciones para comprarse un avión jet Gulfstream G4SP valuado en 36 millones de dólares.

Todos ellos forman parte del grupo de seis televangelistas que desde noviembre último son investigados por la Comisión de Finanzas del Senado para determinar si sus prácticas económicas han infringido las franquicias impositivas que se le confieren a las instituciones religiosas.Todos adhieren, también, a la Teología de la Prosperidad.
No se conoce el momento exacto en que este término se incorporó al vocabulario de la corriente evangelista, pero los estudiosos sitúan su origen en los 80. Los primeros promotores fueron, probablemente, Jim y Tammy Faye Bakker, fundadores del Praise the Lord Club, cuyo movimiento se derrumbó en 1988, cuando Jim fue acusado de violar a una de sus adeptas y usar fondos de la iglesia para comprar su silencio, por lo cual fue mandado a prisión.

Uno puede leer en las epístolas de Pablo que "el amor al dinero es la raíz de todos los males", pero los proponentes de la Teología prefieren desechar esta noción y citar a Pablo en otra de sus epístolas (1 Corintios 8:9) cuando dice: "Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos." Ahí está la clave, aseguran. Jesús era rico y no pobre. Acaso los Reyes no le trajeron oro? Armados de esta novedosa premisa, promueven la idea de que Dios desea que los cristianos sean exitosos y, en particular, económicamente exitosos, para lo cual no solo citan el Nuevo Testamento sino también el Antiguo.Hay que admitir que la propuesta es tentadora. Si además de encontrar salvación y paz, uno puede hacerse de una fortuna, la fe se convierte en una inversión muy interesante. Pero la bonanza no viene sin un quid pro quo. Para acogerse a las promesas de los teólogos de la prosperidad, es preciso encontrar gracia a los ojos de Dios y ésta requiere que antes de cosechar los beneficios, el devoto aporte de su bolsillo a las arcas de la congregación y, en particular, a las de su guía espiritual.Como es de imaginar, la teoría tiene numerosos críticos dentro de la corriente evangélica, quienes acusan a los proponentes de esta teología de usar las Escrituras para enriquecerse vilmente y promover el materialismo. Pero esto no ha impedido que el movimiento se haya extendido a Africa, Asia y América latina.
Aun cuando la comisión senatorial determine que ha existido un inapropiado uso de fondos de parte de los predicadores y los castigue con multas, es muy difícil que una sanción acabe con su predicamento.
La fe, después de todo, es un negocio misterioso que opera sobre regiones de la voluntad humana a las que la ley no tiene acceso. La feligresía, como lo demostraron los casos de Jim Bakker y Jimmy Swaggart, otro televangelista que fue encontrado en un hotel con una prostituta, no ve en estos predicadores un ejemplo de conducta sino un despachante del Cielo. Sus faltas, como se encargarán de explicar, no provienen de su carácter sino que han sido inducidas por el Diablo a cuyo influjo, bien es sabido, estamos todos expuestos.

por Mario Diament desde Florida, US para LA NACION