En octubre de 1997 estuve ahí, extasiado


"Milva, una diva para Astor Piazzolla"

con la actriz y cantante acompañada por el quinteto del bandoneonista Daniel Binelli (Sergio Balderramano, en piano; Pablo Saraví, en violín; Enrique Guerra, en contrabajo, y Martín Vázquez, en guitarra eléctrica)

Obras de Daniel Binelli y Astor Piazzolla. En Parque Centenario.

Hay oyentes que están convencidos de que el histrionismo le viene bien a la canción popular. Y se entusiasman y lanzan ditirambos a granel cuando un cantante exhibe los mecanismos de su vena actoral. Otros creemos que las canciones -cuando están inspiradas- contienen su propia elocuencia. Entonces no haría falta más que la garganta como el mejor vehículo para transmitir toda su fuerza interior y emocionar a un auditorio. Si así no fuera, cantantes que sacuden a multitudes como Silvio Rodríguez o Chico Buarque, serían un total fracaso.

La italiana Maria Ilva Biolcati, es decir, Milva, ha elegido el histrionismo para expresar las canciones. En este caso las más populares y masificables de Astor Piazzolla que, evidentemente, son lo menos inspirado del genio de "Adiós Nonino". Precisamente "Balada para un loco" que Milva ha adoptado como su caballito de batalla, "Che tango, che" y si se quiere "Balada para mi muerte" ,son canciones que tientan inexorablemente a aquellos cantantes de vena histriónica. No apuntaba en cambio a los golpes de efecto el sólido quinteto presidido por el bandoneonista Daniel Binelli, que la acompañó aquí como antes en el Piccolo Teatro di Milano y en el Teatro d´Europa, en Italia. Una buena cantidad de gente se dio cita como una estimulante presencia ciudadana en esta heroica gesta cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Noche en Parque Centenario

La noche destemplada no les impidió de oír - y sobre todo ver- a la famosa actriz de roja cabellera que canta a Piazzolla. Tras la precipitada versión de "La muerte del ángel", uno de los más espléndidos arrebatos de Piazzolla a cargo del quinteto, emergió Milva, toda de negro -con generoso escote y su larga cabellera suelta en llamaradas- para acometer con alguna repentina sonrisa la elegíaca "Balada para mi muerte".

Allí, como luego en "Los pájaros perdidos", "Balada para un loco" (que repitió al final), "Vamos, Nina", "Renaceré" y "Che tango, che", toda de negro o toda de rojo, calzada o descalza, asumiendo con soltura el idioma español o cantando en su lengua, Milva desató su fuego latino mientras recorrió el escenario de punta a punta, blandió a piacere manos y brazos, sentóse en la tarima del bandoneonista toda arqueada, o se instaló detrás del piano meneando la cabeza al compás. Su buena voz de contralto dramática -tentada de crispaciones y blandiendo un poderoso vibrato- se mostró respetuosa de las líneas melódicas pergeñadas por Astor.

El quinteto de Binelli alternó con un candombe del bandoneonista, de originales acentos, más otra vibrante obra suya dedicada "A los que se fueron", así como a temas instrumentales de Piazzolla que el grupo asumió con bastante garra y notable musicalidad. Los fieles oyentes aplaudieron a rabiar los arranques más notorios de Milva en la noche porteña.