Pignerolo

Al pie de los Alpes, la ciudad de Pignerolo no se destaca por el fútbol, sino por los deportes de invierno y la equitación; sin embargo para muchos orientales hasta podría ser un lugar de peregrinación.
A fines del siglo XIX Giovan-Battista Crossa, nacido en Pignerolo, se instaló con comercio de ramos generales en un cruce de hoy desaparecidos caminos de un campo que había sido propiedad de Manuel Francisco Artigas, hermano del prócer. Legítimamente orgulloso de su terruño, se hacía llamar “Peñarol” o así al menos lo pronunciaban sus parroquianos.
Hasta los seudónimos pueden incidir en la nomenclatura, y así se denominó (doble error ortográfico al margen) la incipiente villa que tomó fuerza en 1891 cuando los ingleses instalaron allí los talleres desde donde el ferrocarril comunicó a muchos pagos orientales.

Los ingleses denominaron Central Uruguay Railway al asentamiento, pero la gente y el estado prefirieron “Peñarol”. Ingleses y trabajadores uruguayos del ferrocarril crearon el Centro Artesano donde funcionó el club deportivo en el que se practicaba fútbol y cricket. Ese fue el origen fundacional del Club Peñarol cuya gloria es destacada en varias webs de esta ciudad italiana ignominiosamente ignorada por los uruguayos.
De Pignerolo y de todo el Piemonte que se extiende fuera de la frontera italiana, recibimos un generoso torrente migratorio que pobló nuestra Colonia Valdense, La Paz, Ecilda Paullier y toda una región de granjas, laboriosa, próspera y bella gracias al aporte piamontés, al de sus vecinos suizos y de otras regiones de Italia, preferentemente. 
Toda la provincia de Torino merece sobradamente una visita y Pignerolo merece una visita con más justicia que Toulouse, que también es hermosa, pero donde no nació Gardel. En cambio está probado que Crossa sí nació en Pignerolo.
En la Edad Media Pignerolo era una de las principales fortalezas de los duques de Saboya; en los hechos siempre tuvo y tiene importancia militar por su ubicación geográfica, lo que explica su larga ocupación por Francia. También explica que allí se instalara una de las más importantes escuelas militares de caballería. Del tiempo en que estuviera gobernada por la iglesia queda una abadía y muchas construcciones religiosas. Pignerolo, con unos 54.000 habitantes, tiene una sólida infraestructura turística; tanto que resultó recomendable que fuera sede de los Juegos Olímpicos Invernales de Torino en el año 2006. Torino es otra ciudad maravillosa, que queda apenas a 40 kilómetros de distancia. Caminar por sus calles, callecitas y recovecos y alternar con los nativos -muchos de los cuales conocen las glorias de Peñarol- es un original desafío para un viajero compatriota.
Aunque uno no fuera hincha de Peñarol, debería hacerse tiempo para instalarse en Torino y darse tiempo para conocer toda esta región conduciendo un Fiat, pues aquí surgió la importante marca automovilística. El Piemonte junto con la Lombardía es la zona más industrializada y próspera de Italia, aunque no verá por aquí chimeneas, ni contaminación, ni crímenes contra el patrimonio cultural e histórico.
En el reino del Piamonte -el de Vittorio Emanuelle II y el de Camillo Cavour (que no se llevaban muy bien pero se necesitaban)- se pergeñó la reunificación italiana. Desde allí también Umberto Eco deleitó a los lectores de todo el mundo cuando se hizo popular su novela policial El nombre de la rosa. Una zona que personalidades importantes tuvo muchas, pero lo que más disfrutarás en tu paseo es una copa del vino barolo cuyas uvas sólo se pueden cosechar en colinas muy pendientes, como las que hay por allá. Acompañalo con una vitella tonnata que también inventaron en esa comarca y quizá algún plato con trufas, porque las de la zona son simplemente deliciosas. En algunos restaurantes se sirve la “bagna cauda”, pero si el viajero es lo suficientemente simpático, capaz que logra cierto grado de amistad con algún vecino que le invite a disfrutar de esta especialidad en su casa, concebida como una grata experiencia familiar como lo puede ser nuestro asado. De esta antiquísima receta -nos podríamos remontar a la imperial Roma y sus provincias- la más encantadora es aquella donde los comensales llegan con sus propios vegetales para incorporar a la marmita de barro. Por ejemplo, corazones de cardo, remolachas cocidas, morrones, cebollas cocidas al horno. La base es el aceite de nocciolle (avellanas), los dientes de ajo triturado y la pasta de anchoas. Quienes lo preparan en ciertas regiones lecheras del Piemonte, pero también de Argentina y Uruguay, sustituyen este aceite  por crema de leche y queso aunque se agregan nueces y avellanas desmenuzadas. Un poco de pan algo tostado en la punta de un largo pincho, permite a los comensales que rodean al “fojot” a la manera de de una fondue, comer, beber y  ponerse al día con los últimos chismes de la familia y el vecindario. Claro que tras probarlo no gritan como nosotros “¡un aplauso para el caudador!”
Un duomo gótico, las iglesias de San Domenico y San Maurizio y la iglesia barroca de San Rocco son algunos de los monumentos religiosos que podrás recorrer en Pignerolo. Destacan igualmente las decoraciones en cerámica del Palacio del Príncipe, la Casa del Vicario, o el Senado, edificios casi todos ubicados en la parte alta de la ciudad. En el Palacio del Príncipe fue prisionero desde 1668 a 1678 el misterioso personaje que inspiró al “Hombre de la Máscara de Hierro”, pero a diferencia de la novela, en la realidad nunca se supo quién era ni quién tanto lo odió o lo temió.
El Duomo del siglo XI y su campanile de 1425 y todavía inconcluso, serán otra de las paradas casi obligatorias dentro de una ciudad muy acogedora y con un horizonte alpino como pocas. Hay varios museos que merecen una recorrida, particularmente el de caballería, si es que el noble equino está entre sus inclinaciones. Y cuando deba partir aunque la ciudad le haya apasionado, no olvide gritar ¡Vamo’arriba los pigneroles! Seguro que el espíritu de Crocce, que se reparte entre uno y otro lugar, lo agradecerá.