El instinto primero

por Lily Pazos

De un día para otro, gatos y perros se pararon en dos patas. Después del susto inicial la gente gozó con la novedad, incluso los ayudaron a dar los primeros pasos con orgullo. Se escuchaban frases del tipo: "Mirá, parece una persona, pero qué cosa más linda". Y la evolución hizo lo que sabe hacer: cambiar lentamente para adaptarse al nuevo contexto.
La forma de hablar de los perros era un tanto áspera y con tendencia a los acentos fonéticos en la última sílaba; la de los gatos compartía esta característica, sin embargo sonaba más dulce y seductora. Dejó de ser simpático cuando los animales antes domesticados reclamaron mejoras en la calidad de su alimentación; resultaba que se aburrían de comer siempre lo mismo. También aparecieron reclamos por falta de espacio: algunas personas agregaron camas en lugares absurdos de la casa y otras, resignadas, durmieron sobre mantas apoyadas en el suelo.
Tampoco fueron bien recibidas las escenas sexuales en cualquier lugar y delante de todos, incluso los niños. Las personas se preguntaban cómo era posible que la vergüenza no apareciera con la civilización. A lo que perros y gatos respondían que lo que hacían era de lo más natural. Acaso, ¿ellos no abogaban por un mundo más verde?
Los humanos iban de mal en peor; entre otras cosas debían agacharse para saludar a los gatos y a los perros, y algunas personas se indignaban diciendo que al final iba a ser interpretado como una reverencia.
La frase "como perro y gato" pasó a ser "como persona y mascota", y el perro dejó de ser "El mejor amigo del hombre" ya que, si éste le daba una patada, el perro se la devolvía. Las palabras "perra", "gata" y "gato" (cuando hacían alusión a características humanas) debieron ser suprimidas del lenguaje; gatos y perros habían denunciado como discriminatorios los dichos términos.
Pero nunca en toda la historia hubo más de un rey, y llegó el día inevitable en que perros y gatos tuvieron que negociar con los humanos para definir quién ejercería el poder sobre el mundo. Todos querían ser los que precisaran cómo tratar al resto de las especies.
Aparecieron grupos de derechos humanos-humanos  con pancartas que llenaron las plazas del mundo entero. Los hombres alegaban un derecho por prolongada permanencia en dos patas; sin embargo los nuevos bípedos sostenían que ya habían tenido su oportunidad y que ellos no eran responsables de que la hubiesen desperdiciado.
Las diversas especies reinantes eran civilizadas. Las diferencias radicaban en que los humanos justificaban cada acto en nombre de la cultura -básicamente, las costumbres- la psicología o la religión; en cambio, los gatos y perros justificaban sus actos en nombre de la naturaleza. Y esa fue precisamente la distinción de las nuevas razas: se culturizaban, pero no perdían el instinto. Hasta presentaron un recurso de amparo bajo el título de "El instinto primero".
Los hombres esencialmente no eran muy humanos la mayoría de las veces y esto se convirtió en su perdición.
Declararon una guerra cuyo eslogan fue "Lucha por la paz de los caminantes". Sin embargo, para sorpresa de los humanos, los gatos y los perros sólo se asustaban con las bombas; después, cuando los humanos lloraban a sus víctimas y juraban venganza, los gatos y los perros volvían a jugar y a lamerse unos a otros.
Ante el fracaso, los hombres hablaron y discutieron hasta el hartazgo, pero jamás lograron ponerse de acuerdo -como buenos humanos que eran-
Llegó el día en que las personas volvieron a caminar en cuatro patas.

Lily Pazos es Licenciada en Psicología.