Y como se cumplió un año del vuelo de Mario... ¡A defender la alegría!

 
 
Defender la alegría como una trinchera,
defenderla del caos y de las pesadillas,
de la ajada miseria y de los miserables
de las ausencias breves y las definitivas.

Defender la alegría como un atributo,
defenderla del pasmo y de las anestesias,
de los pocos neutrales y los muchos neutrones,
de los graves diagnósticos y de las escopetas.

Defender la alegría como un estandarte,
defenderla del rayo y la melancolía,
de los males endémicos y de los académicos,
del rufián caballero y del oportunista.
 

Defender la alegría como una certidumbre,

defenderla a pesar de dios y de la muerte,
de los parcos suicidas y de los homicidas
y del dolor de estar absurdamente alegres.

Defender la alegría como algo inevitable,

defenderla del mar y las lágrimas tibias,
de las buenas costumbres y de los apellidos
del azar y también, también de la alegría.

Mario Benedetti