Un mamut en el bazar* por Norberto Firpo



*El mamut es Estados Unidos y el bazar es el mundo, sobre todo desde que la Unión Soviética no existe. Siempre es preferible un mundo bipolar, un mundo yin y yang y no este que hoy nos toca sufrir. No hace falta ser comunista para reconocer que desde que se hizo trizas ese esperpéntico conglomerado de naciones llamado Unión Soviética en 1991, no hay otro país con ínfulas suficientes para plantarse frente al Pentágono y al inquilino de la Casa Blanca y exigirle una inspección de sus misiles y bombas atómicas.


Producto de que ya no hay una bipolaridad de prepotencias, es que Estados Unidos se anima a perpetrar una guerra como la de Irak, “noble, necesaria y justa” (Bush dixit), que ya llevó a la muerte a miles de chicos rubios y de ojos celestes, sin que esos pobrecitos atinaran a saber qué estaban haciendo en esos desiertos. Es verdad que también llevó a la muerte a miles de lugareños, pero nadie ignora –es ley de Hollywood– que todo lugareño exótico que no guarde parecido con Brad Pitt no constituye pérdida grave.

Esa guerra y esas muertes desnudaron dos verdades: una, que las armas de destrucción masiva que escondía el villano Saddam Hussein no eran más que unas cimitarras y unos trabucos naranjeros; la otra, que tal mentira fue urdida como astuto pretexto para alcanzar otro propósito: el de disponer a entera voluntad de ese aceite negro que suele fluir de las arenas y que, según Marco Polo, resulta sumamente eficaz para curar a camellos atacados de sarna.

El mamut en el bazar no se habría atrevido a cometer tanto estropicio si tuviese enfrente una bestezuela del mismo porte que le significara riesgo de que le dejaran un ojo en compota. El 25 de febrero, LA NACION reprodujo una nota del matutino madrileño El País, titulada “Las locuras de EE.UU. en Cuba”, que analiza la ridícula penitencia –se diría que a perpetuidad, con sus cuarentitantos años de vigencia– que el tozudo Tío Sam le impone a una república minúscula, materialmente débil, llevada a rodeo soviético por un mandamás insolente y carismático, comunista a la violeta y ya vencido por los años. ¿Qué grave afrenta infligió Cuba a Estados Unidos? ¿Acaso invadió la Florida, así como unos cuantos cubanos patrocinados por la CIA invadieron la Bahía de los Cochinos? Cuba no fue Vietnam para los norteamericanos y, sin embargo, George W. Bush colma de mimitos al gobierno comunista de Hanoi, despótico y cruelmente represivo, y mantiene con él una relación casi sensual.
El mamut es flojo de entendederas y sufre de egocentrismo galopante. Y no hay quien le haga entender que ya casi no queda mercadería sana en el bazar.