De gorilas y robots: esto es parte de la Historia

por Sergio Israel

En plena dictadura cuando fungía de presidente, Aparicio Méndez estaba reunido con los comandantes de las fuerzas armadas de tierra, mar y aire. En un momento, el jefe del Ejército se vuelve hacia él y le ordena:

-¡Vaya a buscar tres cafés!

-Pero, en fin, señores, yo soy el presidente...

-Bien, de acuerdo, traiga cuatro. *

El chiste, recogido en un artículo publicado hace unos años en Francia sobre el uso del humor como arma contra la última dictadura uruguaya, puede servir para interpretar el estado de ánimo del general retirado Iván Paulós, cuando el martes 1, inmediatamente después de haber finalizado el acto en el cual asumió como comandante en jefe del Ejército el teniente general Ángel Bertolotti salió al cruce de la futura ministra de Defensa Azucena Berrutti y le reprochó que tratara a los militares como si fueran robots. Unas horas después la “acusó” de “marxista”.

“Soy el general Iván Paulós. Usted sabe que acá la palabra que vale es la del comandante, que ha dicho todo lo que hay que decir. Pero yo, como soldado desde los 14 años, le digo a usted que según sus declaraciones, me da la impresión que está comandando robots y no hombres. Y eso puede tener alguna implicancia negativa”, le espetó el ex director de inteligencia militar (1978-81) y uno de los miembros de los Tenientes de Artigas, la logia que encabezó el golpe de Estado de 1973.
Más allá de la disquisición técnica acerca de si Berrutti realmente “comandará” al ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas que la Constitución confiere al presidente de la República, es evidente que Paulós -un general que añora los viejos tiempos- evidenció la irritación que le causa ver cómo, finalmente, sus antiguos enemigos acceden al gobierno por la vía democrática y no precisamente para servir café, como aquellos civiles que más o menos adornaron la dictadura.

Paulós venía de participar en el sepelio de otro prohombre de los Tenientes de Artigas, Julio César Vadora, quien fuera comandante en jefe del Ejército durante el período más duro de la represión y en el cual fueron asesinados entre otros, los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y preso por segunda vez el general Liber Seregni.

La explicación para el exabrupto, según dijeron fuentes del Círculo Militar a El País (jueves 3) fue que el ministro Yamandú Fau, Bertolotti y el comandante saliente Santiago Pomoli, se dirigieron a saludar a Berrutti, al futuro subsecretario José Bayardi y al designado secretario de la Presidencia Gonzalo Fernández que estaban presentes en el acto sentados en primera fila. El gesto causó malestar en algunos retirados de los cuales Paulós, como otras veces, fue portavoz. Aunque no pudo ocultar que quedó sorprendida por la irrupción, Berrutti pasó con buena nota la primera prueba de importancia que el destino le puso delante: “Bueno, lamento que ésa sea su opinión. No es mi obligación ni mi deber ni tiene pertinencia discutirlo con usted en este momento”, atinó a contestar con su voz fina pero firme. Aún antes de que ocurriera cualquier reacción, el manifestante pareció deslizar una amenaza: “Lo que yo digo es el sentir de mucha gente”. Los uniformados que rodeaban a Berrutti quedaron congelados. El coronel Sergio D’Oliveira -su edecán de hecho- y el corpulento general Roberto Álvarez, futuro jefe de la Casa Militar, que presenciaron la escena, no atinaron más que a esbozar un gesto o una risa nerviosa. Después vinieron las explicaciones y los comentarios.

¿UN SHOW DE VIEJO(S)?

Que Tabaré Vázquez y el presidente Jorge Batlle no hayan asistido al acto, como se había anunciado en determinado momento, alimentó ahora las más diversas hipótesis. Batlle, que había ido a la asunción de Pomoli, habría desistido esta vez porque tenía el firme propósito de tomar parte del acto en el cual la presidencia de la Suprema Corte de Justicia pasó de uno de sus miembros a otro, que tuvo lugar a la misma hora. El protocolo salvó a Vázquez de la puesta en escena mediática de Paulós, porque al no asistir Batlle su presencia se hacía inconveniente y no recibió invitación expresa. Otro factor a tener en cuenta es que pese a que Bertolotti no ocultó su fastidio por la intervención fuera de programa y pidió las disculpas del caso tanto a Berrutti como a Gonzalo Fernández, también se preocupó por aclarar que su molestia fue por el lugar y las circunstancias y no necesariamente por el contenido de las palabras emitidas. Esto último quizás se deba a que, más allá de discrepancias, Bertolotti sabe que tal como dijo el propio general “desubicado” y “maleducado”, representa el sentir de un número indeterminado de militares que quieren ponerle un cierto freno a los recién llegados. Miradas las cosas en extremo, Bertolotti y Paulós podrían representar dos caras de la misma institución. Una amable, educada, firme pero no gorila como lo es la otra sin tapujos, aunque ambas funcionales a la corporación.

Para aclarar dudas, que eran muchas, el mismo Paulós intentó explicar qué quiso decir. Su cólera habría comenzado el 12 de enero cuando La República publicó unas declaraciones de Berrutti en las cuales la futura ministra dijo que se proponía lograr unas Fuerzas Armadas “bien estructuradas, bien remuneradas y bien equipadas, aunque no sean tan numerosas”. Ese objetivo tiene dos dificultades: las Fuerzas Armadas actúan como un seguro de paro encubierto. Pero además tener muchos efectivos, aunque caro para el país, es mucho más barato que contar con tecnología militar de punta, algo prácticamente fuera del alcance de un país como Uruguay. Sin embargo no fue precisamente eso lo que molestó a Paulós. El general “elevó” su queja -además de por motivos puramente ideológicos- debido a que Berrutti conformó un equipo de técnicos que está estudiando modificar las leyes militares que “apuntarán a integrarlos a una organización con mayores características de civiles en la dirección (del Ministerio) y que se formen con los conceptos democráticos que pretendemos rijan en todo el país”. Para los “duros”, Berrutti puso la frutilla en la torta cuando expresó que “no es difícil comandar al personal, porque los militares tienen el deber de obediencia con relación a los mandos y si se les da una orden se tiene la seguridad de que la van a cumplir; pero lo que sí es difícil es que puedan vivir con un salario de 3 mil pesos”. Detrás de las afirmaciones de la futura ministra parece haber toda una definición. Se buscará profesionalizar y democratizar a las Fuerzas Armadas y al mismo tiempo avanzar con determinación en el cumplimiento del artículo 4 de la ley de caducidad. Unos de los puntos que está estudiando el equipo de asesores del nuevo gobierno es la eliminación de los tribunales de honor y de otras normativas que permiten juzgar a alguien en base a la mera convicción, como ocurrió con el general Óscar Pereira. Aunque no existe aún una definición al respecto se están teniendo en cuenta las opiniones de la española Unión de Militares Demócratas (UMD), que hace ya al menos dos décadas argumentó por la eliminación de los tribunales de honor a los que definieron como rémoras de la Edad Media. O el caso de Alemania, que juzga a los militares con leyes castrenses pero aplicadas por jueces civiles independientes o al menos no sometidos a jerarquía militar. Todas estas eventuales modificaciones, más el siempre omnipresente tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y especialmente el esclarecimiento de los casos de desaparecidos está presente como una espada de Damocles sobre los retirados comprometidos con la dictadura. Algunos de los más destacados militares del “proceso” firmaron el martes un aviso fúnebre por la muerte de Vadora. Entre ellos estaban los generales Hugo Linares Brum, Manuel Núñez, Pedro Aranco, Raúl Sampedro, Antonio Cirillo, Julio Bonelli, Juan Lezama, Manuel Fernández y Luis A Pírez, actual presidente del Centro Militar. En un comunicado oficial, el fallecido fue presentado como “un ejemplo a seguir”.

El miércoles 2, durante la presentación de un libro sobre la defensa, el ministro Fau pretendió quitar presión a los incidentes del comando y elogió la firmeza de Berrutti. También dijo que el episodio sirve “para que Azucena se vaya acostumbrando a cómo es esto”. "Cómo es esto" es un asunto sobre el cual Fau y Berrutti parecen discrepar bastante. Mientras el dirigente forista aparece como un intermediario entre el gobierno y los mandos, Berrutti tiene la pretensión de no bailar al son de la música militar y profesionalizar más que politizar. Tanto Bertolotti, que debutó en su cargo con un incidente, como los futuros gobernantes intentaron quitarle trascendencia al episodio. Sobre todo Berrutti, Bayardi y el propio Vázquez en diversas apariciones en los medios quisieron trasmitir la idea de que el acto de Paulós es un hecho aislado, folclórico y sin importancia, y no dudaron en calificar a su protagonista como “desubicado” y a su reacción como “tema de murga”. El senador socialista José Korzeniak definió a Paulós como un “personaje languideciente y fanático golpista”, y afirmó también que su salida “es un episodio al que no hay que darle demasiada importancia” porque “tiran a rodar una bolita para ver si se empieza a agrandar”.

ENTRE PAULÓS Y PEREIRA

Si bien primitivo, el pensamiento de Paulós no parece sin embargo tan improvisado ni traído de los pelos en la lógica militar. Aunque en principio es cierto que los oficiales en actividad -incluidos muchos coroneles y generales- están cansados de cargar con el peso de lo que hicieron sus antecesores y que más o menos discretamente manifiestan su deseo de que éstos se mantengan en silencio para que sean las nuevas generaciones las que conduzcan a las fuerzas, también es digno de tener en cuenta que en una institución donde la tradición es tan importante no sería extraño que la influencia de algunos líderes carismáticos divida las aguas. La lectura del libro del general Pereira aporta el dato no menor de que su autor**- un ex “teniente de Artigas” que apoyó el golpe y el empleo de la tortura como método de guerra no sólo llegó a la conclusión de que eso no fue tan bueno y que hace falta una autocrítica institucional, sino que muchos de los “héroes” del proceso se corrompieron y que fue peor el remedio de la dictadura que la enfermedad. A Pereira, sin embargo, le reprochan dos cosas: no participó en forma relevante en los hechos que juzga y, sobre todo, se mantuvo en silencio durante años y sólo se expresó luego de que le negaron el cargo de comandante al que aspiró en determinado momento por ser el general de la derecha, una circunstancia que no obliga al presidente a asignarle esa responsabilidad. En medios militares se especula con que una vez que Berrutti tome contacto con el expediente de Pereira no le será tan fácil proponerle a Vázquez que revea la homologación que Batlle realizó del fallo del tribunal de honor. Estos militares parten de la base de que el fundamento por el cual se pasó a Pereira a reforma, más que por sus críticas a la dictadura es porque afecta el pundonor militar de varios oficiales a los que no nombra pero identifica... Si esta versión es correcta, al nuevo gobierno no le resultará tan fácil dar marcha atrás con el caso Pereira, máxime cuando la ministra entrante dijo que cualquier decisión al respecto la hará en consulta con el nuevo comandante, que fue quien además presidió, a su pesar, el tribunal que juzgó la conducta de Pereira. El comando que encabeza Bertolotti, quizás por formación profesional acostumbrado a prever varios escenarios, tiene asumido que más allá de la decisión que adopte el nuevo gobierno para ellos lo que vale, al menos moralmente, es el veredicto interno ya adoptado contra Pereira. Pero también es cierto que a medida que pasan los días se ve más claramente que Batlle, intencionalmente o no, dejó un pequeño caballo de Troya en la relación de la izquierda con los militares cuando firmó la homologación. Por las características de verticalidad de las Fuerzas Armadas, por ahora no resulta tan sencillo saber si son mayoría aquellos que como Pereira y el teniente general en retiro Daniel García piensan que al menos hay que pedir perdón a la sociedad por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura o, por el contrario, además de los indiferentes, no son tan despreciables numéricamente quienes ven con buenos ojos el discurso encarnado por Paulós que viene a decir que los gorilas de antaño ganaron militarmente pero perdieron la guerra psicopolítica y por eso están tan aislados.
En una entrevista reciente (Búsqueda, 18-XI-04), Paulós expuso su pensamiento sin rodeos: los partidos tradicionales -especialmente el Colorado- incumplieron un acuerdo tácito por el cual el marxismo no debía llegar al poder. Ya entonces explicó cómo en todos los países donde triunfó “el marxismo”,“el Ejército pasó de ser el brazo de la patria al del partido”. Sobre este punto y respecto a lo que él definió como “revanchismo de los tupamaros”, dijo que “van a llegar hasta donde se los deje llegar”. A pesar de ello expresó que “si alguien quisiera dificultar el acceso de la izquierda al gobierno, yo sería el primero en criticarlo”.

“LIDIAR CON LOS CAMBIOS.”

Bertolotti y la mayor parte de las Fuerzas Armadas parecen encaminarse hacia otra cosa muy distinta, y -pese a las críticas que le realiza el general Pereira- el nuevo comandante es visto con muy buenos ojos por el equipo que Vázquez colocó en Defensa. Aunque no hubo mensajes demasiado alentadores respecto a un cambio ni mención a la búsqueda que se propone Vázquez, al nuevo gobierno el discurso de Bertolotti le cayó bien. Bayardi lo calificó como “muy importante” porque apuesta a una relación fluida entre la autoridad civil legítima y las instituciones militares. El nuevo comandante resaltó que la fuerza es “firme en cuanto a los valores y los estrictos principios éticos que nos rigen” pero al mismo tiempo “versátil, progresiva y dinámica” y dispuesta a “lidiar con los cambios”. Algunos puntos sin embargo son vistos como preocupantes desde la izquierda y las propias Fuerzas Armadas. Cuando el nuevo comandante dijo que para defender al país, la Constitución y las leyes hace falta “un poder militar de disuasión sustentable”, algunos oficiales hubieran preferido hablar de “defensa cooperativa”, más acorde a los tiempos de integración regional. En otra parte, cuando se alude a “la seguridad, como fenómeno multidimensional y sectorial que abarca todos los sectores del quehacer nacional”, desde la izquierda ven rémoras de la doctrina de la seguridad nacional que sirvió como soporte ideológico a las dictaduras del Cono Sur hace ya más de tres décadas.


* Citado en Lo peor de Mondo Cane, de Homero Alsina Thevenet. Montevideo, Cal y Canto, 2000.

** La Defensa Nacional. Aportes para un debate. Documento de Trabajo. Ministerio de Defensa Nacional. Montevideo, 2005.



El hombre uruguayo del Plan Cóndor

El 31 de enero, a los 84 años, murió el general Julio César Vadora. Algunas de sus opiniones fueron:

• La vocación de la Conferencia de Ejércitos Americanos es “luchar a muerte contra la subversión marxista nihilista en toda América. (...) Nuestros uniformados han vuelto a teñirse honrosamente de sangre en una batalla sin cuartel que bien puede calificarse de segunda independencia americana”. (Del discurso de Vadora en la inauguración de la XI Conferencia de Ejércitos Americanos, Montevideo, octubre de 1975)

• “Por eso, mi general, nos sentimos hoy hondamente complacidos y estamos junto a usted. Porque sabemos y valoramos su lucha contra un enemigo que es común a nuestras patrias. Ese enemigo -embozado o abierto, pero siempre presente- nos obliga a estrechar nuestras filas y oponerle la coraza de la hermandad de nuestros pueblos y ejércitos.” (Discurso del general Vadora en el acto de la condecoración al general Alfredo Stroessner en ocasión de su visita a Montevideo, en marzo de 1976)

• “El ejemplo chileno, de verdadera revolución contra la infiltración y opresión del marxismo leninismo expresada en las múltiples formas de subversión, es un ejemplo que hoy honramos en la presencia del primer ciudadano y soldado de esa nación hermana.” (Discurso del general Vadora durante el acto de condecoración del general Augusto Pinochet en ocasión de su visita a Montevideo, en abril de 1976)