Vigencia

Hay muertos que siguen sonando después de muertos y hasta con mejor ritmo. Tal es el caso del famoso compositor de "Cambalache" (1935), Enrique Santos Discépolo (1901-1951) Setenta y tres años después de haber sido compuesto, "Cambalache" sigue como si tuviera un día de nacido, y Discépolo, casi medio siglo después de muerto, sigue viviendo y sonando en el corazón de Argentina y del mundo.

"Como los criminales, como los novios y como los cobradores, yo regreso siempre", solía decir Discépolo, y parece que su espíritu sigue regresando en la letra de sus tangos, que llegaron incluso hasta ser censurados. Poeta de las cosas turbias de la vida, Discépolo sacó a flote un sentir de la existencia, poniéndole poesía y música a la Metamorfosis de Kafka y a la Peste de Camus (y eso que estaba por escribirse) para darnos un resumen filosófico, existencial, profético y político del siglo XX, aunque tuviera todavía seis décadas y media por vivirse. Y ahora en pleno siglo XXI el "Cambalache" de Discépolo sigue igual de vigente ya que Discépolo no estaba analizando solamente una época, sino las contradicciones internas del ser humano.


Nomás de entrada, el tango nos define el lugar donde vivimos: "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también". Cualquiera hubiera podido acusar a Discépolo de pesimista, alarmista o comunista... aunque seguramente la porquería que él vio en el 1935 de un lugar del planeta llamado Argentina fue la misma porquería que se viviera en el 506, tal vez durante el reinado de Alarico II en la Península Ibérica o durante la dinastía Liang en la China, y que ya vivimos en el año 2008 por todo el planeta con la coronación en los USA de George W. de la dinastía Bush como rey moderno de la porquería actual.

Y seguimos con el "que":

"Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos,

contentos y amargaos, valores y dublés,

pero que el siglo veinte es un despliegue

de maldá insolente ya no hay quién lo niegue;

vivimos revolcaos en un merengue

y en un mismo lodo todos manoseaos".

Y en estos versos ya empieza a colarse el "lunfardo", una especie de lengua alternativa con la que los tanguistas subvertían el orden gramatical establecido y le daban un golpe de estado al vocabulario de academia, ya fuera inventándose palabras o escribiendo mal las que ya existían. Tanto así que existen verdaderos diccionarios "lunfardos" a los que hay que remitirse (generalmente si no somos argentinos) para entender las palabras de este tango prodigioso, y de miles más. En lunfardo, "chorro" no es lo que sale del lavamanos cuando abrimos el agua, sino simplemente un ladrón. "Merengue" aquí no es ninguna música caribeña sino "desorden". No obstante, no necesitamos saber el significado de estas palabras para entender el espíritu de la letra: lo bueno y lo malo siempre han coexistido. Sin embargo Discépolo va aún más allá. Ya nos definió en qué planeta vivíamos (la porquería), cómo vivíamos (en un mismo lodo) pero ahora nos va a mostrar cómo es el mundo que él ha vivido y que según él, seguiremos viviendo:

"Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor,

ignorante, sabio, chorro,

generoso, estafador.

Todo es igual; nada es mejor;

lo mismo un burro que un gran profesor.

No hay aplazaos ni escalafón;

los inmorales nos han igualao.

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición,

da lo mismo que sea cura,

colchonero, rey de bastos,

caradura o polizón".

Con sus frases "todo es igual; nada es mejor" y "los inmorales nos han igualao", Discépolo desvela con un solo tangazo la falta de moral (política, social, mental) que habría de manifestarse en el mundo del siglo XX y continuarse en el XXI. No solamente los "inmorales nos han igualao" sino que también los ignorantes, estafadores, impostores y "chorros" ahora son los reyes de bastos que gobiernan el planeta y lo llevan a su destrucción. Sin embargo, si esto fue cierto en el 506 es aún más cierto en el tercer milenio, ya que en épocas de Alarico II el rey, por más poder que tuviera no gobernaba todo el planeta; hoy en día tenemos un remedo de rey planetario fumigando o invadiendo naciones y asesinando a quien le venga en gana sin tener que rendir cuentas a nadie.

"Lo mismo un burro que un gran profesor" parece ser también el lema del mundo actual, ya que ministerios, alcaldías, gobernaciones y hasta presidencias están en poder de verdaderos burros y los profesores son asesinados impunemente, porque saber la verdad y decirla es un delito.

En este punto notamos que el lunfardo de Discepolín empieza a colársenos por las venas y nos hace caer en cuenta que el idioma es una camisa de fuerza que nos ahoga el pensamiento. Entonces aparece el famoso "cambalache", montepío o casa de compra-venta en que se ha "trocao" nuestra vida:

"Qué falta de respeto,

qué atropello a la razón;

cualquiera es un señor,

cualquiera es un ladrón.

Mezclaos con Stavisky,

van Don Bosco y la Mignon,

don Chicho y Napoleón,

Carnera y San Martín.

Igual que en la vidriera irrespetuosa

de los cambalaches

se ha mezclao la vida,

y herida por un sable sin remaches

ves llorar la Biblia contra un calefón".

Aquí hay mucho para pensar. Sabemos que todos los anteriores son personajes dispares que Discépolo ha mezclado, de los cuales, puede que sólo reconozcamos a Napoleón, Carnera (el boxeador Primo Carnera), Don Bosco, (fundador de la orden de los salesianos) y San Martín. Ni don Chicho (jefe de mafia argentina de la época), ni la Mignon (¿la querida?) ni Stavisky (estafador ruso) están a la altura de los demás, y de ahí el irrespeto. El verso final: "herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia contra un calefón", es la última estocada que se le da al toro de este cambalache, no sólo se hiere la Biblia sino que a más deshonor, se hace con un "sable sin remaches", y la Biblia, personificada, llora junto a un vulgar calentador de agua.


Y llegamos al último verso de este cambalache, que nos recuerda que viviremos para siempre en ese siglo XX "problemático y febril", así lleguemos al XXX, empantanados en la porquería del lodo que por algún motivo para Discépolo empezara en el 506, (¿sería culpa de Alarico y su ridículo nombre?)

"Siglo veinte, cambalache

problemático y febril;

el que no llora, no mama,

y el que no afana es un gil.

Dale no más, dale que va,

que allá en el horno nos vamo a encontrar.

No pienses más, echate a un lao,

que a nadie importa si naciste honrao.

Que es lo mismo el que labura

noche y día como un buey

que el que vive de los otros,

que el que mata o el que cura

o está fuera de la ley".

Ahora que hasta la ley opera por fuera de la ley es que entendemos en verdad el mensaje discepoliano, ya que la humanidad en vez de avanzar ha retrocedido: Los inmorales no solamente nos han "igualao" sino "superao" y hasta "dejao" atrás. Discépolo nos pintó un retrato vivo y realista del ser humano "desde el 506 hasta el 2000", y seguimos contando. Este retrato -como un campanazo a la conciencia- nos urge a recapacitar en nuestro papel de seres humanos, como hacedores de historia y no meros receptores de la misma. Y la pregunta es ¿estaremos "condenaos" a bailar el mismo tango hasta el final de los tiempos o le podremos cambiar de ritmo al son que por siglos nos han impuesto las castas y las clases dominantes? Paradójicamente, tal vez sea un tango el "encargao" de despertar la conciencia política de las masas para que no vivamos una vida de letra de tango sino de seres conscientes y pensantes que pueden- más, deben- transformar su futuro y su destino.

Eduardo Rey-Healy