Testimonios fotográficos


Resulta un deleite ver la fiesta de Yemoja con -a través de, por- los ojos de Alejandro Frigerio. Estuvo en Montevideo, bajó a la playa, apuntó la cámara y nos ofrece esta imagen realmente mágica: una mujer devota y desconocida (carece de signos visibles de esa parafernalia de "ciondolloni" que los afroumbandistas solemos lucir ante los demás) mira arrobada su ofrenda de amor.

Enmarcada en un corazón de velas, una barquita minúscula rodeada de rajas de sandía espera el momento de ser devuelta a las aguas maternales... Quién sabe qué pedidos lleva a Nuestra Madre Universal, qué agradecimiento por milagros ocurridos -porque el milagro es un hecho cotidiano- qué aromas derramados en la simplicidad del artefacto perfumarán el camino de la diosa desde las aguas a la orilla...

Los demás, el corro entorno, distraídos. Viendo tal vez la llegada de uno de esos grupos grandes que van para ser vistos más por la concurrencia que por la monumental diosa venerada. La ofertante, impasible, sólo deja deslizar su mirada por esa ofrenda rodeada por -y salida de- su devoto corazón.

Ruego con humildad a la Madre, benigna y generosa, que entre todos los asuntos que deba atender, acepte en su seno junto al corazón, los que esa barca pequeñita le consigna con la esperanza resignada de esa sencilla y maravillosa mujer captada por Alejandro.