Máa jékí Orí mi rí ìjà Ògún!


Ikú es en sí la muerte misma, la que por mandato de Olófin viene a buscar a aquellos que se les ha acabado el tiempo en la tierra, para que luego se decida el destino de ellos: si irán al Ilé Ará Orún, o deberán volver al Aiyé para terminar su misión. Ikú no es Orisha por su arrogancia, sino un antiguo y poderoso imolé de los cielos que pasó a comandar a los Ajogún ó guerreros negativos (aro, ofo, eje, egba, fitiwó, akobá, etc) Viste de negro, ceniza oscuro o marrón oscuro. Perdió un reñido duelo con Orumila que lo venció por traición de su mujer, y por eso Ikú debe respetar a sus protegidos y llevarlos únicamente cuando Olófin lo marque. No posee culto particular, sino a través de Egun u Oro. No se le inmolan animales ni se le realizan otro tipo de ofrendas.

Al comienzo del mundo no se conocía la Muerte. Un día los más jóvenes se quejaron a Olófin de que había tanta gente que no alcanzaban los alimentos para todos. Olófin llamó a Oyá y le pidió que llevara a Ikú a la Tierra, pero ésta no estuvo de acuerdo, pues no creía justo que los hombres la odiaran y pidió que se la relevara de semejante misión. Entonces Olófin entendiendo que tanto los jóvenes como la orisha Gbàlé tenían razón, le dijo:
–Bueno, eso podemos arreglarlo; primero enviaré a Obalú Aiyé para que lleve a Arun(enfermedad) a la Tierra y cuando los hombres se enfermen, entonces tú les llevarás a Ikú. A Ikú y a Ogún...
Cuando Olofin confió su misión destructiva a Ikú y Ogún, no se conocían las enfermedades ni los sufrimientos de la guerra. Un día en que los jóvenes organizaron una fiesta, uno de ellos compró otín en el mercado y le brindó a Ogún, que bebió hasta emborracharse porque no conocía límites. El dueño de la forja y de los metales se acostó a dormir. Al rato llegó Ikú, que debía consultarle unos problemas urgentes y quiso despertarlo. Ogún, furioso, le cortó una mano a su compañero con el cuchillo. La sangre de Ikú corrió por todas partes, y todo aquel que la pisó enfermó gravemente. Fue así que se conoció la enfermedad en la Tierra.
Una de las leyendas de Ògún cuenta que estaba en lo alto de la montaña, para donde iba cuando salía a cazar, pues El es también un Òrìsà Ode (Cazador)
Esa leyenda se inicia por: “OJÓ NTÍ ÒGÚN SÓRÓKÈ BO...” (el día en que el Vigilante de la Casa - Ògún - estaba en lo alto de la montaña y descendió...) Ese era el día que se había marcado para su retorno a la ciudad. Mas, dice esa misma leyenda, que Ògún es un Òrìsà que no soporta que lo ignoren. Es un ÒRÌSÀ PÀTÀKÌ (importante), que no tolera que no le den la debida importancia o atención. En esa ciudad moraba en la misma epoca un enemigo de Ògún, que era conocido como un gran hechicero (Òsó), que se llamaba Àparò Degbeaha. Sabedor de ese punto débil o vulnerable de Ògún, Àparò organizó una cerimonia ritual en ciudad en la que las personas no podían hablar, comer o beber por un dia entero. Y ese dia, por supuesto, coincidía con el dia de la llegada de Ògún, para irritarlo.
Cuando Ògún llegó a la ciudad, nadie hablaba con Él, nadie lo saludó como Òrìsà importante, y aquello lo dejó enfurecido... Aún más, como estaba con mucha hambre, se dirigió a un puesto del mercado para que le servieran comida y emu (vino de palma) Llegando allá, nadie lo saludó, nadie le dirigió la palabra, nadie se apresuró a echar trozos de carne sobre la parrilla, nadie se afanó a servirle una calabaza rebosante de emu. Con la sangre revuelta pidió que le sirvieran comida y bebida, pero ninguno de los presentes respondió a su pedido, nadie le sirvió nada, y ni siquiera demostró la deferencia de responderle con cortesía ... porque aquél dia era el dia de abstinencia total.
Cuando insistió, mucho más fue ignorado, porque nadie pensó que un òrìsà tan principal e importante desconociera las minucias de los ritos del festival. Entonces sin ponerse a razonar, empuñó su faca y la golpeó contra los odres de vino de palma derramando todo el contenido en el suelo. Cuando acudieron para impedir que siguiera haciendo eso, cortó a las personas al medio, pues se dice que cuando Ògún esta nervioso, pierde completamente el juicio. Y asi fue: mató mujeres, hombres, niños, perros y todo lo que se le enfrentase; y después se fue para su casa más aliviado. Al dia siguiente fueron a su casa los ancianos para pedirle que no siguiera continuando con la matanza del pueblo y explicaron que ese dia se desarrollaba un festival religioso dedicado a los ancestros organizado por Àparò. Cuando tomó conocimiento de todo, Ògún se enfureció todavía más, pero esta vez contra Àparò. Porque al saber que había matado a tantas personas inocentes por causa de Àparò, sintió un gran arrepentimiento, pero el mal ya estaba hecho. Salió decidido a encontrar a Àparò, que cuando avistó a Ògún dirigiéndose en su dirección, se fugó sin pensarlo dos veces. Ògún lo persiguió con su acostumbrada saña.
Àparò estaba desesperado, pues sabía que Ògún no tendría jamás compasión. Entonces corrió y corrió, mas Ògún lo persiguió tenazmente hasta que cuando estaba casi siendo alcancazado, Àparò se transformó en una codorniz y voló para lo más alto de igi opé (la palmera sagrada, sede de Òrúnmìlà) Como era una palmera sagrada, el supuso que Ògún no lo tocaría en medio de ese santuario natural. Pero no contaba con el hecho de que Ògún estava tan enojado que comenzó a golpear la palmera, acabando por derrumbarla. En un último esfuerzo de esperanza, Àparò se escondió entre las hojas tiernas de la palmera, pues entendía que Ògún no cometería el sacrilegio de destruir toda la palmera celestial. Estaba Ògún tan enojado, cegado por su crimen no proyectado, que deshojó la palmera rama a rama y tomó a Àparò, que solo atinó a pedir clemencia. Ògún sin responder nada, le cortó la cabeza clavando la faca por el cogote que rodó delante de sus pies y se sintió vengado. Como Àparò era un hechicero poderoso, no murió imediatamente. Miró a Ògún y le lanzó una maldición, diciendo: “Ògún, qué insensato que eres; en la hora de mi muerte yo te maldigo con mi último hechizo: lo que hagas siempre vencido por la rabia, te hara arrepentir luego cuando las cosas no puedan cambiarse como ha sido hoy. Esa maldición caerá sobre ti, Ògún y sobre todos tus hijos, que habrán de hacer cosas cegados de rabia para arrepentirse después, cuando ya no hubiera posibilidad de cambiar los hechos”. Y dicho esto, murió.
La história cuenta que fue a partir de ahi que Ògún siempre que iba a matar una víctima, le trababa sus manos y pies y le cerraba la boca para que no le rogase, cuidando que la maldición de arrepentirse no se cumpliera como Àparò habia predicho. De ahí también que los sacerdotes que realizan sacrificios usando la faca, que es el propio Ògún, lo harían igual: imobilizan a sus víctimas para que no se cumpliese la maldición de Àparò Degbeaha.
Hoy en dia se sigue cumpliendo, pues es lo que hacemos cuando vamos a sacrificar algún animal; cerramos sus bocas o picos, patas y alas, para que no se muevan. Este Pàtàkì es interpretado como el doble hecho de la muerte: por un lado una entrega gozosa que es parte de la obligación, por otro como la posibilidad de llevarnos una maldición del inocente a la hora de sacrificar, entonces no se le da ninguna chance a los animales de rogar clemencia. Como decia la maldicion de Àparò, Ògún no sentía paz por causa de haber matado tanta gente inocente. Y quien sacrifica, lo hace en representación de Ògún, para lo que debe cuidar permanecer en un clima sereno y sin enojo. El mito continúa: "Entonces reunió a las personas de la ciudad que aún quedaban vivas y les dijo que se retiraba de la tierra, que volvería solamente en aquellos casos en los que su pueblo lo necesitara. Pero que tambiém deberían reverenciarlo y saludarlo “Pàtàkì òrìsà”, pues sin su faca no habría alimento ni vida posible. Finalmente enfiló su espada en el suelo y se sumergió dentro de la tierra. Se dice también que Òrúnmìlà no permitió que la maldición cayera por sobre todos los hijos de Ògún que fueran inocentes, y por eso enseñó un oríkì que dice:
“Máa jékí Orí mi rí ìjà Ògún". (Não permita minha cabeça que eu veja a briga de Ògún) Pues la cabeza que siente la furia de Ògún tiende a cegarse, a enloquecer. La historia fue un poco tal vez un tanto larga, pero tiene relación con el prejuicio del mal comportamiento de Ògún y en especial de Sórókè - que no es una cualidad sino un oficio - y nos enseña algo más de Abàgàn.