María Ema Fernández, Ògúntókejobí


Ayer, 20 de febrero, hubieras cumplido noventa y un años. Hace seis que emprendiste el gran viaje para postrarte a los pies del Padre, dejándonos el recuerdo maravilloso de quien ha sido hija, madre, compañera de ruta, perro guardián, maestra de generaciones...

Siempre digo que esta casa no sería nada sin tu presencia, sin tu carisma, sin esa férrea terquedad que caracterizara cada acto de tu vida.

Vives entre nosotros siempre, porque ¿quién podría sacarte de tu casa, esta casa que con amor y tesón construiste junto a Elbio para albergarnos a todos?

Quienes te amamos y añoramos bendecimos tu memoria, tu devoción a los orisha, caboclos y kimbandas, tus manías y tu modo de ver las cosas con obstinación y fe indestructible.

Que Ògún -tu eléda maravilloso- te tenga entre Sus manos creadoras de fuego y conocimiento. Que tu recuerdo me sobreviva en cada uno de los hermanos a quienes ayudaste a crecer y formarse en esta casa que llevará tu nombre y tu huella para siempre. Y se prolongue en la próxima, porque plantaste la semilla de este árbol que deberá ser trasplantado a otro terreno con tu bendición de ancestro.

Hija amada, madre del corazón, fiel co-conductora de este ashé por veintiséis años, te recordamos con alegría porque viviste y partiste del modo como has querido: entre nosotros, tu familia elegida y no impuesta.