Día de expropiaciones


Hugo Chávez estatizó Siderúrgica del Orinoco (Sidor), la puso bajo el control de una comisión de funcionarios e insistió en pagar sólo 800 millones de dólares por el 60% de la compañía, en poder de Ternium, subsidiaria del grupo argentino Techint. Es alrededor del 20% de su valor de mercado. Eso sí: el ejército venezolano no copó la planta ni Chávez la confiscó, sino que seguirá negociando la indemnización. Pequeñas atenciones en homenaje al vínculo bolivariano que lo une con Cristina y Néstor Kirchner.

Tal vez sea hora de declarar el 1° de mayo “día de la estatización latinoamericana”. Hace dos años, Evo Morales capturó para el Estado los activos de empresas gasíferas, entre ellos los de la brasileña Petrobras, en cuyos yacimientos entró con el ejército. El año pasado, en la misma fecha, Hugo Chávez expropió cuatro petroleras extranjeras en la Faja del Orinoco. Anteanoche, otra vez sobre el filo de esa efemérides, el presidente de Venezuela estatizó la participación de Techint en la siderúrgica de su país. Y, ayer, Morales anunció la nacionalización de tres petroleras de capitales británicos, alemanes y peruanos, y de la mayor compañía telefónica del país. Además, firmó un acuerdo con Repsol mediante el cual el Estado boliviano pasará a controlar, en los papeles y en los hechos, la petrolera Andina.

En el caso de Sidor, cuya incautación fue anunciada hace 15 días, la reacción del gobierno argentino fue sobria: no emitió pronunciamiento alguno. Sin embargo, la Presidenta se comunicó en dos oportunidades con Chávez para hacerle conocer su preocupación. El lunes pasado, después que el venezolano amenazara con confiscar la compañía, Néstor Kirchner se comunicó con el coronel para también hablarle de manera "franca". El matrimonio se reunió ese día con el titular de Techint, Paolo Rocca, y le prometió más gestiones para atenuar el costo de la expropiación. Se las encargó a Julio De Vido.

Desde el primer minuto de la crisis, Rocca se puso en manos de la Presidenta y hasta ahora confiesa sentirse acompañado por ella. Ya le escribió varias cartas para demostrar que Chávez justifica su embestida en falacias sobre el régimen laboral y ambiental de la empresa. El coronel advirtió el domingo pasado, desde su tribuna de Aló Presidente : "Yo le hago un llamado a los empresarios de la llamada Ternium Sidor. Vamos, dejen la mamadera de gallo, que aquí hay gente seria. No les voy a pagar 4000 ni 3000 millones de dólares por Sidor, y si no llegamos a un acuerdo en las próximas horas, el martes firmo el decreto de expropiación y mando a ocupar la fábrica".

Esas amenazas no se consumaron de modo pleno, acaso por las llamadas de los Kirchner. Anteanoche, Chávez envió los papeles de la estatización al Tribunal Supremo para que los convalide. Su principal argumento: "Promover el fortalecimiento de la industria nacional y todas aquellas actividades que permitan el desarrollo endógeno". Ahora el conflicto se centra en la valuación de las acciones que Venezuela debe pagar a Ternium.

Los tratados con ese país sobre inversiones determinan que las estatizaciones deben ser indemnizadas según el valor de mercado del bien incautado. Para eso, Ternium propuso cinco criterios alternativos: a) precio de empresas similares de la región que cotizan en Bolsa; b) precio de operaciones recientes de activos comparables; c) valores comparables de capacidad instalada en términos de precio por tonelada de producto; d) reportes de bancos de inversión; e) valor presente del flujo de fondos. En todos los casos se llega a unos 4000 millones de dólares por el 50% de Sidor (en la hipótesis de que el gobierno invitará a la empresa a permanecer en la operación con un 10% de la propiedad).

Gallina flaca

El gobierno venezolano en cambio, pretende valuar esos activos según la inversión original de la privatización en 1997, descontando la amortización. Chávez calculó US$ 800 millones. Los titulares de acciones clase B, entre los que hay empleados de Sidor, alertaron: "No vamos a admitir un precio de gallina flaca". La principal central empresarial venezolana, Fedecámaras, recomendó que "la tasación sea realizada por una entidad independiente".

Es posible que el gobierno de Kirchner no pueda hacer mucho más en defensa de la principal empresa industrial del país en este trance. La dependencia argentina con Venezuela es cada día más rigurosa. Está previsto que la semana que viene un grupo de funcionarios viaje a Caracas para discutir la colocación de un nuevo bono. El mercado internacional sigue cerrado para el país, cuyo riesgo superó el martes al venezolano. Además, en la negociación con el Club de París la Presidenta quizá perdió un discreto abogado -el titular del FMI Dominique Strauss-Kahn- por negarle el voto en la reforma que impulsa en la entidad.

El otro respirador bolivariano al que la administración Kirchner está conectada es energético. El Gobierno está urgido por importar fueloil para compensar el enorme déficit de gas. ¿Cómo enojarse, entonces, con el coronel? Pero también hay razones políticas para la prudencia presidencial. La estatización de Sidor se llevó adelante con una hostilidad que estuvo ausente en operaciones similares sobre empresas privadas mexicanas, francesas y estadounidenses. Chávez sólo atendió las llamadas telefónicas de la señora de Kirchner después de anunciar la incautación. Y no podía alegar desconocer el desvelo de sus amigos argentinos por Techint: desde 2005, Néstor Kirchner lo había interesado en tres oportunidades a favor de la empresa. Además, el discurso que envolvió la expropiación fue tan insultante que habría que indagar si esa agresividad tiene alguna vinculación con el cambio de actitud de los Kirchner ante los avatares judiciales del caso Guido Antonini Wilson. Una vez eliminada la Argentina de los alegatos, Alberto Fernández declaró que lo que se discutía era "un caso de espionaje venezolano en los Estados Unidos". La solidaridad bolivariana alcanzó ese día su grado cero.

Venezuela está acosada por la inflación -7% en el primer trimestre -y por la crisis energética -el martes pasado hubo un apagón en 40% del país-. Herido por la derrota en el referéndum constitucional del año pasado, Chávez teme otro traspié en los comicios de octubre próximo. En la dificultad, sustituyó a sus colaboradores más equilibrados -Juan Vicente Rangel, Alí Rodríguez- por los elementos más arcaicos del régimen. Envuelto en la bandera del socialismo, el emir caribeño tomó la vía rápida de la radicalización. La estatización de Sidor es una escala en ese viaje. Sería crucial saber qué opinan los Kirchner. No sólo sobre la embestida contra la principal compañía industrial argentina sino sobre un fenómeno de mayor alcance: la estrategia de su amigo Chávez para enfrentar la adversidad.

Carlos Pagni
para LA NACION